Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - Capítulo 58: "Silencios Que Pesan Demasiado"
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Capítulo 58: “Silencios Que Pesan Demasiado”
La mañana llegó sin prisas, pero también sin alivio.
El bosque alrededor de la cabaña estaba quieto de una forma extraña, como si incluso el viento estuviera escuchando. No había cantos de aves cercanos, ni el crujir habitual de ramas. Solo ese silencio espeso que no era paz, sino contención.
En la cocina, el desayuno avanzaba con movimientos mecánicos.
Platos que se apoyaban con cuidado excesivo sobre la mesa. Tazas llenándose sin mirar. Sillas arrastradas apenas unos centímetros.
Summer estaba sentada entre Darek y Aisa, con las piernas colgando, balanceándolas suavemente. Tenía un trozo de pan en la mano… pero no lo comía.
Miraba.
Observaba.
—Papá —dijo de pronto, con una voz tan normal que dolía—. ¿Los demonios pueden mentir?
El movimiento de la cuchara de Darek se detuvo en el aire.
Aisa sintió cómo el estómago se le cerraba.
Kevin levantó la mirada, confuso. —¿De dónde salió eso?
Summer se encogió de hombros. —No sé… solo quería saber.
Darek bajó la cuchara con cuidado, como si el sonido pudiera romper algo. —Algunos sí —respondió—. Otros dicen verdades… pero no completas.
—¿Y las personas? —insistió ella, sin mirar a nadie en particular—. ¿También pueden mentir sin querer?
Aisa apoyó una mano suave sobre la espalda de Summer. —A veces las personas dicen cosas porque tienen miedo —dijo—. No siempre porque quieran hacer daño.
Summer frunció el ceño. —Entonces… si alguien dice algo feo, ¿puede ser porque tiene miedo de perder algo?
Silencio.
Bonnie intercambió una mirada rápida con Kevin. Neithan no estaba desayunando: observaba desde el marco de la puerta, brazos cruzados, como si la escena le confirmara algo que no quería pensar.
Aqua estaba sentada al otro extremo de la mesa.
Sonreía.
Una sonrisa correcta. Practicada. Hermosa.
Pero no llegaba a los ojos.
—Summer —intervino Aqua con suavidad—, no tienes que pensar en esas cosas. Estás a salvo aquí.
La niña giró la cabeza lentamente hacia ella.
No hubo acusación en su mirada.
Solo distancia.
—Lo sé —respondió—. Por eso pregunto.
Y volvió a apoyar el pan en el plato sin probarlo.
—
Más tarde, cuando el desayuno terminó y los demás empezaron a dispersarse, Darek se quedó sentado, mirando la mesa vacía.
Aisa no se fue.
—Darek… —susurró.
Él no respondió de inmediato. —Cada vez pregunta cosas más claras —dijo finalmente—. Ya no son fragmentos.
Aisa asintió. —No son miedos infantiles.
Se sentó frente a él. —Anoche soñó —continuó—. No gritó. No lloró. Solo se despertó… y me preguntó si era posible que alguien te quisiera tanto que pudiera hacer algo horrible por no perderte.
Darek cerró los ojos.
La voz del “Demonio”, usando el timbre exacto de Aqua, volvió a resonar en su memoria.
“Solo dame a Summer.”
—Quiero estar equivocado —murmuró—. De verdad quiero.
Aisa estiró la mano y la apoyó sobre la de él. —Yo también.
Hubo una pausa larga. De esas que no se llenan con palabras.
—Pero si estamos en lo cierto… —empezó Darek.
—Entonces no podemos actuar sin pensar —lo interrumpió Aisa—. No aún.
Él la miró. —¿Por el bien de todos?
—Por el bien de Summer —corrigió ella—. Y… por Aqua también.
Darek apretó los dedos. —No sé si pueda seguir fingiendo normalidad.
—No te pido que finjas —dijo Aisa con honestidad—. Solo que no la enfrentes todavía.
Él asintió lentamente. —Está bien.
Pero en su mirada ya no había calma.
Había miedo.
—
A media mañana, Aqua buscó a Darek.
Lo encontró afuera, arreglando una viga del porche que no necesitaba arreglo.
—¿Te ayudo? —preguntó ella.
—No hace falta —respondió él, sin mirarla.
Aqua dudó un segundo… y se acercó igual. —Has estado distante —dijo—. Desde hace días.
Darek dejó la herramienta a un lado. —Han pasado muchas cosas.
—Podemos pasar tiempo juntos —propuso ella, con una sonrisa que temblaba apenas—. Como antes. Entrenar. Salir. Hablar.
Él la miró entonces.
Y Aqua lo supo.
No era rechazo.
Era duda.
—Claro —dijo Darek—. Luego vemos.
No fue un “sí”. No fue un “no”.
Fue peor.
Aqua sintió cómo algo se apretaba dentro de su pecho.
—Darek… —empezó.
Pero él ya se había levantado. —Ahora no, Aqua.
Ella asintió despacio. —Está bien.
Se quedó sola en el porche cuando él se fue.
Miró el bosque.
Por primera vez, no con anhelo.
Con temor.
—
Desde la sombra de los árboles, Neithan observaba la escena sin ser visto.
Sus dedos se cerraron lentamente.
—El tiempo se está acabando… —murmuró para sí.
Y aunque nadie lo oyó, el bosque pareció responder con un crujido bajo, profundo.
Como una advertencia.
La mañana comenzó con una calma extraña, de esas que no se sienten livianas sino frágiles, como si cualquier palabra mal dicha pudiera romperlas.
Summer estaba sentada en el suelo de la sala, dibujando con unos carboncillos que Bonnie le había regalado. Darek la observaba desde la mesa, con una taza de té ya frío entre las manos. Aisa, apoyada en el marco de la puerta, lo miraba a él antes que a la niña.
—Papá —dijo Summer sin levantar la vista—.
—¿Sí, peque?
—¿Podemos ir hoy a la ciudad… pero no a comprar cosas?
Darek arqueó una ceja, sorprendido.
—¿Y entonces a qué?
Summer levantó el dibujo: un parque, árboles torcidos pero felices, personas tomadas de la mano, un sol enorme.
—A un lugar donde no haya bosque raro ni caras tristes.
Aisa sonrió apenas, con ternura… y algo de preocupación.
—Creo que quiere decir un parque —aclaró—. A la plaza grande.
Summer asintió con fuerza.
—Para despejarnos —añadió Aisa, ahora mirando a Darek directamente—. Nos vendría bien.
Darek dudó. No porque no quisiera ir, sino porque últimamente cualquier cosa que sonara a “normal” le resultaba difícil de aceptar.
—¿Solo nosotros tres? —preguntó.
—Solo nosotros tres —confirmó Aisa—. Un día tranquilo.
Summer se levantó de un salto y se abrazó a su pierna.
—Por favor.
Darek suspiró… y finalmente sonrió.
—Está bien. Vamos.
—
El parque estaba lleno de ruido vivo.
Risas, pasos, vendedores ambulantes, niños corriendo con hechizos diminutos que explotaban en chispas de colores inofensivos. La ciudad seguía siendo la ciudad, indiferente a demonios, barreras rotas y silencios incómodos.
Summer salió disparada apenas cruzaron la reja.
—¡Papá, mírame! —gritó desde lo alto de un columpio encantado que parecía tocar el cielo.
Darek alzó la mano, sonriendo sin darse cuenta.
—¡No tan alto!
Aisa se quedó a su lado, observándolo.
—Te hacía falta esto —dijo en voz baja.
—Nos hacía falta —corrigió él.
Se turnaron para empujar columpios, comprar dulces, sentarse en el césped. Summer habló sin parar: sobre un perro enorme que había visto, sobre una estatua que “seguro cobraba vida de noche”, sobre lo rica que estaba la limonada.
Por momentos… todo parecía normal.
Demasiado normal.
——
Mientras tanto, en la cabaña…
Aqua caminaba de un lado a otro de la sala.
Había preparado todo.
Había elegido el vestido correcto, sencillo, sin armadura, sin símbolos reales. Había pensado en un paseo tranquilo. Solo ella y Darek. Algo que reafirmara lo que aún eran.
Miró el reloj por tercera vez.
—Dijo que saldríamos hoy… —murmuró.
El silencio no respondió.
Aqua apretó los labios, tomó aire… y salió de la casa.
——
De regreso en el parque, la tarde empezaba a caer.
Summer estaba cansada, apoyada contra el costado de Darek, medio dormida.
—¿Volvemos? —preguntó Aisa.
—Sí —asintió él—. Antes de que se duerma del todo.
El camino de regreso subía por la colina, el sendero conocido que llevaba a casa.
Fue ahí cuando la vieron.
Aqua estaba de pie en medio del camino.
No sonreía.
—…Darek.
Summer levantó la cabeza de inmediato.
Aisa sintió el cambio en el aire antes de que alguien hablara.
—Aqua —dijo Darek, sorprendido—. ¿Qué haces aquí?
Ella no respondió enseguida. Sus ojos pasaron de Summer a Aisa… y volvieron a Darek.
—¿No se suponía que hoy íbamos a salir nosotros dos?
Silencio.
—Yo… —empezó Darek—. No lo olvidé. Solo pensé que—
—¿Pensaste que no importaba? —interrumpió ella, con la voz tensa—. ¿O que podía esperar, como siempre?
Summer se aferró más a él.
—Papá… —susurró.
Aisa dio un paso adelante.
—Aqua, quizás—
—No —cortó Aqua, sin mirarla—. Esto es entre él y yo.
Darek cerró los ojos un segundo. Luego habló, despacio.
—Aisa… ¿puedes llevar a Summer adentro?
Summer levantó la mirada, confundida.
—¿Por qué?
—Solo un momento —dijo él, agachándose—. Ve con mami, ¿sí?
Aisa dudó. Miró a Aqua, luego a Darek.
—Vamos, pequeña —dijo al final, extendiendo la mano.
Summer no quería soltarlo. Pero lo hizo.
Mientras se alejaban, Aqua habló de nuevo.
—¿Te das cuenta de lo que parece, Darek?
—Lo sé —respondió él—. Y por eso quiero hablarlo. Pero no así. No frente a ella.
—¿Ella? —repitió Aqua, con una risa amarga—. Siempre es “ella”.
Darek levantó la vista.
—No. Es Summer. Y es una niña.
—Una niña que te tiene más tiempo que yo.
Las palabras quedaron colgando entre ambos, pesadas, irreversibles.
Desde la puerta de la casa, Aisa miró hacia atrás una sola vez.
Vio a Darek de pie, firme pero cansado.
Vio a Aqua, rígida, conteniendo algo que estaba a punto de romperse.
Summer apretó la mano de Aisa.
—…Están peleando, ¿no?
Aisa tragó saliva.
—No, cariño —mintió—. Solo… están hablando.
Pero incluso mientras lo decía, supo que ya no era verdad.
—…No era esto lo que prometimos —dijo Aqua, más bajo—. Dijiste que intentaríamos arreglar las cosas.
—Lo estoy intentando —respondió él—. Pero no puedo fingir que todo está bien.
Aqua rió, sin humor.
—Claro. Porque ahora todo gira en torno a ella. A Summer. A Aisa.
—No digas eso.
—¿Por qué no? —lo miró directo a los ojos—. Mírame, Darek. ¿Cuándo fue la última vez que me miraste como antes?
Él abrió la boca… y no respondió.
Ese silencio fue peor que cualquier palabra.
—Eso pensé —susurró Aqua, con los ojos brillantes—.
—Aqua…
—No me odias —continuó—. Pero ya no me eliges.
El viento sopló con más fuerza.
Desde la casa, a lo lejos, se escuchó la risa apagada de Summer.
Darek apretó los puños.
—No quería que esto pasara así —dijo—. No quería hacerte daño.
Aqua sonrió… pero fue una sonrisa rota.
—Entonces deja de hacerlo —dijo—. O dime la verdad de una vez.
El silencio volvió a caer.
Y esta vez, no parecía que ninguno pudiera soportarlo por mucho más tiempo.
(Recordatorio: A partir de esta parte Darek y Aqua entran a la cabaña y estos hablan otra vez antes de que ella se encierre en su cuarto)
La puerta de la cabaña se cerró con suavidad.
No fue un portazo.
Fue peor.
El sonido fue tan cuidadoso que dejó claro que Aisa había entendido exactamente lo que estaba pasando… y aun así decidió irse.
Darek se quedó de pie en el sendero de la colina, con la luz anaranjada del atardecer cayendo entre los árboles. Frente a él, Aqua respiraba agitada, los puños apretados, los ojos brillando con algo que no era solo enojo.
—Así que… —dijo ella, rompiendo el silencio— ¿ese era nuestro paseo?
Darek frunció el ceño.
—Aqua, no—
—No —lo interrumpió, dando un paso adelante—. No me expliques todavía. Respóndeme primero.
Él tragó saliva.
—Fue una idea espontánea. Summer estaba inquieta. Aisa pensó que—
—Claro. —Aqua sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos—. Aisa pensó. Siempre piensa cosas que tú aceptas.
Darek sintió el golpe, no por la acusación… sino porque una parte de él sabía que no era del todo falsa.
—No fue así —dijo, más firme—. Yo acepté porque quería pasar tiempo con Summer. Y contigo también, si hubieras venido.
Aqua soltó una risa corta, quebrada.
—¿Conmigo? —repitió—. Darek… ¿te escuchas?
Se acercó más. Demasiado.
—Llevo días intentando estar contigo —continuó—. Proponiendo cosas. Buscando momentos. Y siempre pasa algo. Siempre alguien.
Darek dio un paso atrás, no por miedo, sino por necesidad de espacio.
—No es una competencia —dijo—. Nadie te está quitando tu lugar.
Ahí fue cuando Aqua cruzó la línea.
—¿Estás seguro?
El silencio se volvió pesado.
—Porque desde donde yo estoy —siguió ella, con la voz temblando—, ya no me miras como antes. Me hablas, sí. Me cuidas. Pero… ya no me buscas.
Darek abrió la boca… y la cerró.
Ese segundo fue suficiente.
Aqua lo vio.
—No lo niegues —susurró—. Por favor, no me mientas también tú.
—Aqua… —dijo él al fin—. Te quiero. Eso no ha cambiado.
—Pero cómo me quieres sí —respondió ella, con los ojos húmedos—. Y eso es lo que me estás quitando sin decirlo.
Darek apretó los puños.
—Estoy cansado —admitió—. Cansado de sentir que cada paso que doy lastima a alguien. Summer tiene miedo. Aisa está preocupada. El bosque está raro. Y tú… tú estás sufriendo.
—¿Y tu solución es alejarte de mí? —preguntó Aqua, alzando la voz por primera vez.
—¡No! —respondió él, casi de inmediato—. Mi solución es no seguir fingiendo que todo está bien cuando no lo está.
Aqua respiró hondo. Luego dio un paso más… hasta quedar frente a frente.
—Entonces dime algo —dijo en voz baja—. Mírame y dime que si Aisa no existiera… todo sería igual.
Darek la miró.
Y no pudo hacerlo.
No pudo mentir.
No dijo nada.
Ese silencio fue devastador.
Aqua retrocedió como si la hubieran empujado.
—Ya entendí —murmuró.
—Aqua, no es así de simple—
—Nunca lo es —respondió ella, secándose una lágrima con rabia—. Pero siempre termina doliendo igual.
Se dio la vuelta, caminó unos pasos hacia la casa… y se detuvo.
—Solo dime una cosa más, Darek —dijo sin mirarlo—. ¿Todavía quieres luchar por nosotros?
Darek tardó demasiado en responder.
—Sí —dijo al final—. Pero no de la forma en que tú quieres ahora.
Aqua cerró los ojos.
—Entonces tal vez —susurró— ya llegamos tarde.
Entró a la cabaña sin mirar atrás.
Darek se quedó solo en la colina, con el viento moviendo las hojas y una certeza amarga asentándose en su pecho:
No había gritado.
No había magia.
No había demonios.
Pero algo se había roto.
Y esta vez… había sido entre ellos dos.
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