Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 62
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Capítulo 62: “Lo Que no se Calma”
La casa estaba en silencio cuando regresaron.
No un silencio incómodo, sino ese tipo de quietud que llega después de un día largo, cuando el cuerpo está cansado pero la mente sigue despierta. La puerta se cerró con suavidad, y durante unos segundos nadie dijo nada.
Aqua dejó su capa sobre la silla, con un movimiento lento, casi automático. Darek la observó desde la entrada, dudando.
—¿Quieres té? —preguntó él, rompiendo el silencio.
—No… gracias —respondió ella sin mirarlo—. Estoy bien.
No era mentira.
Pero tampoco era verdad.
Subieron a la habitación poco después. Summer ya dormía con Aisa, y la casa entera parecía contener la respiración. Darek se sentó en el borde de la cama mientras Aqua se acomodaba del otro lado. No hubo prisas, ni gestos exagerados. Solo dos personas compartiendo un espacio que conocían bien… y que ahora se sentía distinto.
—Hoy fue… lindo —dijo Darek al fin—. Gracias por aceptar.
Aqua asintió.
—Sí. Lo fue.
Se recostaron, cada uno mirando al techo. Darek cerró los ojos primero, agotado de tantos días tensos, de tantas decisiones mal dormidas. Aqua, en cambio, permaneció despierta.
El recuerdo del día volvió a ella en fragmentos.
La forma en que Darek había sonreído al caminar por la ciudad.
La risa genuina, no forzada.
El esfuerzo sincero por estar presente.
Y aun así…
También vio otras cosas.
Cómo miraba instintivamente hacia atrás cuando escuchaba una risa infantil.
Cómo se detenía medio segundo de más cuando veía algo que sabía que a Summer le gustaría.
Cómo, incluso estando con ella, una parte de él seguía atada a algo más grande.
Aqua apretó ligeramente la sábana entre los dedos.
“No es culpa suya”, se dijo.
Lo sabía.
Siempre lo había sabido.
Pero el conocimiento no apagaba el dolor.
Giró la cabeza apenas para mirarlo. Darek dormía profundamente, el ceño relajado por primera vez en días. Esa imagen le apretó el pecho.
—Yo también te amo… —susurró, tan bajo que ni el aire pareció escucharlo.
Y fue ahí donde el conflicto volvió a clavarse como una espina.
Porque el amor seguía ahí.
Firme. Real. Intacto.
Pero ya no era exclusivo.
Ya no era suficiente para sostenerlo todo.
Aqua cerró los ojos con fuerza.
Quería creer que la cita había arreglado algo.
Que ese día juntos había sido un paso adelante.
Pero en el fondo, lo sentía claro como el agua que dominaba:
solo había sido una tregua.
No alivio.
No solución.
Solo tiempo ganado.
Y algo dentro de ella —una voz que no sonaba ajena, pero tampoco del todo propia— le recordó, suave y persistente, que el tiempo… también puede volverse un enemigo.
Aqua no respondió a esa voz.
No todavía.
Pero tampoco pudo dormir enseguida.
Y mientras la noche avanzaba, el bosque, a lo lejos, parecía observar en silencio… esperando.
———
La mañana siguiente llegó sin prisa.
No hubo sobresaltos, ni sueños rotos al despertar. Solo el sonido suave del viento entre los árboles y la luz entrando por la ventana, dibujando líneas doradas sobre la habitación.
Aqua fue la primera en abrir los ojos.
Por unos segundos no se movió. Se quedó mirando el techo, respirando lento, como si necesitara confirmar dónde estaba… y con quién.
La cama estaba tibia, las sábanas ligeramente arrugadas del lado que no era el suyo. Parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de lo evidente.
Darek no estaba.
Se incorporó un poco, apoyando una mano sobre el colchón vacío. No había ansiedad inmediata, solo una pequeña punzada de vacío, como si algo esperado no hubiera ocurrido. Afuera, el bosque estaba cubierto por una luz suave de mañana, y desde la cocina llegaban sonidos apagados: platos, pasos, el roce metálico de utensilios.
Justo cuando estaba por levantarse, la puerta se abrió.
—¿Te desperté? —preguntó Darek en voz baja.
Entró con una bandeja en las manos. Pan tostado, fruta cortada, una taza humeante de té y otra más pequeña con algo dulce. Nada exagerado. Nada perfecto. Solo… hecho con cuidado.
Aqua lo miró sin decir nada por un segundo demasiado largo.
—Creí que te habías ido —admitió al fin, con voz tranquila, aunque sus dedos se cerraron levemente sobre la sábana.
Darek dejó la bandeja sobre la mesita junto a la cama.
—No. Solo… quería hacer esto antes de que despertaras.
Se sentó al borde de la cama, sin invadir su espacio. Esa distancia mínima decía más que cualquier abrazo.
—Aisa preparó algo para hoy —añadió—. Una salida. Para los cuatro. Dijo que sería bueno… despejarse.
Aqua tomó la taza, sintiendo el calor entre las manos.
—¿Los cuatro…? —repitió.
—Tú, yo, Summer… y Aisa —respondió él sin rodeos—. Si quieres, claro.
Ella bajó la mirada al desayuno. Todo estaba hecho como a ella le gustaba, incluso sin que él preguntara. Eso fue lo que más le dolió.
—Siempre tan atento —murmuró, sin ironía.
Darek la miró, serio.
—No es atención si no sirve de nada.
El silencio volvió a instalarse, pero no era incómodo. Era denso. Cargado de cosas no dichas.
Desde el pasillo se escucharon pasos pequeños y desordenados.
—¡Papi! —la voz de Summer llegó antes que ella—. ¡Mami dice que hoy hay aventura!
La niña apareció en la puerta, despeinada y sonriente. Se quedó quieta al ver a Aqua sentada en la cama.
—Buenos días… —dijo, con una timidez nueva.
Aqua le devolvió una sonrisa suave, real, aunque breve.
—Buenos días, pequeña.
Summer corrió hacia Darek y se le colgó del brazo. Él la acomodó con naturalidad, como si siempre hubiera sido así.
Aqua observó la escena en silencio.
No sintió alivio.
No sintió seguridad.
Sintió algo más peligroso.
El deseo de que ese momento no se rompiera…
y el miedo de saber que no dependía solo de ella.
—Vamos —dijo Darek al fin—. Aisa nos espera.
Aqua asintió despacio, levantándose.
Mientras caminaban hacia la cocina, una idea persistente le cruzó la mente, incómoda y oscura:
Si este día es tan frágil…
¿qué pasará cuando se rompa?
Y, por primera vez desde la cita, no estuvo segura de si estaba preparada para la respuesta.
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