Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 64
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Capítulo 64: “El Demonio no Habla… Observa”
El bosque estaba demasiado quieto.
No era la calma habitual de la mañana, esa que olía a tierra húmeda y hojas nuevas. Era otra cosa. Una ausencia. Como si algo hubiera retirado el sonido con cuidado, dejando el mundo en pausa.
Darek fue el primero en notarlo.
—¿Escuchan eso? —preguntó mientras ajustaba la mochila en su hombro.
Kevin frunció el ceño, girando sobre sí mismo.
—¿Escuchar qué?
Bonnie se quedó quieta, ladeando la cabeza.
—Exacto… eso.
No había insectos.
No había pájaros.
Ni siquiera el crujido normal de las ramas al moverse con el viento.
Neithan, unos pasos más adelante, no respondió de inmediato. Se agachó, apoyó una mano en el suelo y cerró los ojos por un segundo.
—El bosque está conteniendo la respiración —dijo finalmente, seco—. Y eso nunca es buena señal.
Aisa tragó saliva sin darse cuenta.
Summer, que caminaba tomada de la mano de Darek, se apretó más contra él.
—Papi… —murmuró—. Tengo frío.
Darek se inclinó enseguida.
—¿Frío? Pero si el sol está—
Se detuvo.
La piel de Summer estaba helada.
—Aisa… —llamó en voz baja.
Aisa se acercó rápido y tocó el brazo de la niña.
—No es normal —susurró—. No es fiebre. Es como… —buscó la palabra— como cuando ves que algo te mira desde lejos.
Aqua, que caminaba unos pasos atrás, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No venía del aire.
Venía de adentro.
Miró alrededor. Nada se movía. Las sombras estaban donde debían estar… pero aun así, tuvo la certeza incómoda de que algo estaba allí.
No presente.
Atento.
—¿Seguimos? —preguntó Kevin, intentando sonar ligero—. Porque este ambiente me está matando el ánimo aventurero.
—No —respondió Neithan sin mirarlo—. Retrocedemos.
—¿Qué? ¿Por qué? —protestó Bonnie.
Neithan se giró, serio.
—Porque cuando el bosque quiere que te vayas… lo más inteligente es escucharlo.
Darek asintió, sin discutir.
—Volvamos.
Mientras regresaban, Aqua caminó en silencio. No tocó a nadie. No habló. Cada paso era una confirmación más clara de algo que ya sabía, aunque no quería aceptarlo.
Esto ya empezó.
No había risas nerviosas.
No había explosiones.
No había demonio.
Solo una sensación persistente de estar siendo evaluados.
Summer miró hacia atrás una última vez.
—Aqua… —dijo de pronto.
Aqua se sobresaltó.
—¿Sí, cariño?
—¿El bosque siempre mira así?
Aqua no supo qué responder.
Porque ella también lo sentía.
Y porque, muy en el fondo, entendía algo que nadie más había dicho aún:
El Demonio no necesitaba aparecer.
No necesitaba hablar.
Ya había hecho suficiente.
Aqua apretó los puños, caminando tras los demás.
Y por primera vez desde que todo comenzó, tuvo una certeza que no la abandonó en todo el día:
Su decisión ya tenía eco.
———
El regreso a casa fue más silencioso de lo habitual.
No porque alguien estuviera molesto.
No porque hubiera pasado algo malo.
Sino porque el bosque no devolvía ningún sonido.
Darek fue el primero en notarlo sin decirlo en voz alta. Caminaba al frente del grupo, con Summer tomada de la mano, y cada tanto fruncía apenas el ceño, como si esperara escuchar el crujido de una rama, el aleteo de alguna criatura, incluso el viento entre las hojas.
Nada.
Kevin, que normalmente no podía pasar cinco minutos sin hacer un comentario, caminaba con las manos detrás de la cabeza, inquieto.
—Esto está… raro —murmuró al final—. Ni siquiera los espíritus menores se asoman.
Bonnie asintió, cruzándose de brazos.
—Cuando el bosque se calla así, no es porque esté tranquilo. Es porque está mirando.
Neithan no respondió.
Solo observaba los árboles, uno por uno, como si evaluara cuál sería el primero en moverse… si algo decidía hacerlo.
Summer apretó un poco más la mano de Darek.
—Papá… —susurró—. ¿Por qué hace frío si no hace frío?
Darek se detuvo.
Se agachó frente a ella, apoyando ambas manos sobre sus hombros.
—¿Dónde sentís frío?
Summer tocó su propio pecho.
—Acá… —dijo—. Como cuando algo va a pasar, pero todavía no.
Aisa sintió un escalofrío que no tuvo nada que ver con la temperatura.
Aqua, unos pasos atrás, lo sintió también.
Pero lo suyo no fue sorpresa.
Fue confirmación.
———
Esa noche, la casa estaba iluminada, cálida, llena de pequeños sonidos cotidianos: platos, risas suaves, la voz de Kevin discutiendo con Bonnie por quién había ganado la partida de Naipes.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Aqua se excusó antes de que terminara la cena.
—Voy a salir un momento —dijo, con una sonrisa tranquila—. Solo necesito aire.
Nadie la detuvo.
Nadie sospechó.
El porch estaba húmedo por el rocío nocturno. Aqua apoyó las manos en la baranda de madera y levantó la vista al bosque.
No dijo nada.
No llamó a nadie.
Pero tampoco estaba sola.
No hubo voz.
No hubo sombra definida.
Solo esa sensación conocida, desagradable, como si algo respirara al mismo ritmo que ella… justo detrás del mundo.
—Ya empezó… —susurró Aqua, más para sí misma que para otra cosa—. ¿Verdad?
El bosque no respondió.
Pero una hoja cayó.
Solo una.
Y eso fue suficiente.
Aqua cerró los ojos.
Por primera vez desde que tomó aquella decisión, no sintió orgullo.
Ni alivio.
Sintió miedo.
No de perder a Darek.
Sino de haber abierto una puerta que ya no sabía cómo cerrar.
Dentro de la casa, Summer se removió inquieta en el sillón.
—Mami… —murmuró—. El bosque está despierto.
Aisa la abrazó sin preguntar.
Y en algún lugar, entre raíces antiguas y promesas rotas,
algo sonrió sin mostrar los dientes.
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