Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 68
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Capítulo 68: “Cuando el Fuego Tiembla”
—¡Darek, cuidado!
La advertencia llegó tarde.
La llama se descontroló, rozando el tronco del árbol y dejando una marca negra humeante.
Darek retrocedió, respirando agitado.
—Maldición…
Neithan apagó el resto del fuego con un gesto rápido.
—¿Desde cuándo fallas así?
Darek evitó mirarlo.
—Estoy cansado, eso es todo.
—No —respondió Neithan con frialdad—. Estás distraído.
No siguió insistiendo. Simplemente se dio la vuelta y se fue.
Eso dolió más de lo que Darek esperaba.
Horas después, Aisa lo encontró sentado en el borde del porch, mirando al vacío. Summer dormía dentro, abrazando un peluche demasiado grande que Darek había comprado para ella.
—Te estás quemando por dentro —dijo Aisa sin rodeos.
Darek soltó una risa seca.
—Siempre fui fuego.
—No así.
Se sentó a su lado.
—Estás fallando —continuó—. Y no porque seas débil. Sino porque estás cargando demasiado.
Darek cerró los ojos.
—No sé qué hacer, Aisa.
Ella no respondió de inmediato.
—Tengo miedo —admitió él—. Miedo de que si miro demasiado de cerca… no me guste lo que vea.
Aisa apretó las manos sobre su falda.
—Entonces no mires solo.
Darek la miró por primera vez en toda la tarde.
—¿Y si tengo razón?
—Entonces —respondió ella con voz firme—, lo enfrentaremos. Pero romperte no va a proteger a nadie. Mucho menos a Summer.
Darek bajó la cabeza.
—Le hablé mal a Kevin hoy… —murmuró—. Ni siquiera me di cuenta hasta que se fue.
Aisa cerró los ojos un instante.
—Ese no eres tú.
—Pero está saliendo de mí.
Silencio.
—Darek —dijo finalmente—. Pase lo que pase… no te pierdas a ti mismo intentando salvar a otros.
El viento movió suavemente las hojas del bosque.
Y por primera vez, Darek sintió que el fuego dentro de él… temblaba.
———
El bosque estaba más lejos de lo habitual.
No físicamente —la colina seguía donde siempre—, pero Darek caminó como si necesitara poner una distancia imposible entre él y la cabaña, entre él y todos.
El suelo crujía bajo sus botas. Las ramas se abrían a su paso sin que las tocara. No porque el bosque lo obedeciera… sino porque parecía no querer acercarse.
Darek se detuvo en un claro que no usaban desde hacía años. Un círculo natural, marcado por piedras antiguas ennegrecidas por batallas pasadas. Allí había entrenado de niño. Allí Neithan lo había hecho caer una y otra vez, enseñándole a levantarse sin rabia.
Hoy no había nadie para detenerlo.
—Respira… —murmuró, apoyando las manos en las rodillas.
Pero el aire no entraba bien.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía la misma idea. No completa. No dicha en voz alta. Solo un pensamiento que se negaba a irse:
¿Y si Aqua…?
Darek apretó los dientes.
—No —dijo, firme, como si el bosque pudiera escucharlo—. No empieces.
Pero el pensamiento ya había echado raíces.
El Demonio hablando con su voz.
Summer temblando sin saber por qué.
Las barreras alteradas con precisión.
La mirada de Aqua… siempre un segundo antes de reaccionar.
—¡Basta! —gritó.
El fuego respondió.
No como siempre.
Las llamas brotaron de sus manos, rojas, vivas, obedientes… y luego cambiaron.
El color se volvió pálido. No azul. No dorado.
Blanco.
Un fuego sin humo. Sin crepitar. Silencioso.
Darek retrocedió un paso, sorprendido.
—¿Qué…?
El fuego subió por sus brazos como si lo reconociera. Rodeó su torso, sus hombros, y cuando levantó la mirada, mechones de su cabello flotaban, envueltos en esa luz blanca imposible.
No quemaba.
Pesaba.
Era como si el aire mismo se comprimiera a su alrededor.
—No… no ahora… —susurró, con la respiración entrecortada.
Pero el poder no escuchaba excusas.
El claro tembló. Las piedras antiguas vibraron, marcándose con grietas finas. El suelo no se partió, pero cedió, como si entendiera que algo antiguo había despertado.
Darek cayó de rodillas.
—No quiero esto —dijo, con la voz rota—. No quiero dudar de ella.
El fuego blanco respondió envolviéndolo más, como un capullo.
Y entonces lo sintió.
No ira pura.
No odio.
Miedo.
Un miedo tan profundo que había dormido desde la infancia. Desde la primera vez que entendió que proteger a todos significaba, algún día, tener que elegir.
—Si es verdad… —susurró— ¿qué hago…?
El fuego estalló hacia arriba, formando una columna silenciosa que atravesó el dosel del bosque.
—
En la cabaña
Neithan se detuvo en seco.
La taza que sostenía se quebró en su mano.
—…Darek.
Bonnie levantó la vista.
—¿Qué pasó?
Neithan ya estaba de pie, con el rostro pálido, los ojos fijos en la ventana que daba al bosque.
No necesitó ver nada.
Lo sintió.
Ese fuego.
Ese maldito fuego.
—Ese poder… —murmuró— no lo ha usado desde el incidente.
Aisa sintió un nudo en el estómago sin saber por qué.
Summer levantó la cabeza lentamente, como si algo invisible la llamara.
—…papá —susurró.
Neithan ya estaba tomando su abrigo.
—Quédense aquí —dijo, con una urgencia que no admitía discusión—. Pase lo que pase.
Mientras salía, una sola idea lo atravesó como una cuchilla:
Si ese fuego despertó… es porque Darek ya no está seguro de a quién está protegiendo.
Y el bosque, por primera vez en mucho tiempo, no intentó ocultarlo.
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