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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 69

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Capítulo 69: “El Fuego Que no Deberia Volver”

El bosque estaba extrañamente quieto cuando Neithan llegó al claro.

No había llamas.

No había cenizas flotando en el aire.

No había rastro del fuego blanco que había sentido atravesarle el pecho como un golpe seco.

Pero Darek estaba allí.

De rodillas, con una mano apoyada en la tierra húmeda, respirando con dificultad. Su cabello estaba desordenado, empapado de sudor, y su mirada fija en el suelo como si temiera levantarla.

Neithan no dijo nada al principio.

Se limitó a observarlo.

Ese silencio…

Ese silencio era demasiado parecido a otro.

—…Se fue —murmuró Darek al fin, con la voz rasposa—. No pude sostenerlo.

Neithan dio un paso adelante.

—Nunca pudiste —respondió con calma—. Ni entonces… ni ahora.

Darek apretó los dedos contra la tierra.

—No quería que volvieras a sentirlo —dijo—. Lo sentiste, ¿verdad?

Neithan asintió lentamente.

—Desde la casa.

Eso hizo que Darek soltara una risa corta, sin humor.

—Genial… entonces no fue mi imaginación.

Neithan se agachó frente a él, quedando a su altura.

—Darek —dijo, serio—. ¿Sabes lo que sentí?

Darek levantó la mirada, por fin.

—Miedo.

Neithan no lo negó.

—No por el poder —aclaró—. Por lo que significa.

El silencio volvió a caer entre ambos, pesado.

—Creí que estaba muerto —susurró Darek—. Ese fuego… yo lo enterré. Me prometí no volver a tocarlo nunca.

Neithan cerró los ojos un instante.

Y cuando habló, su voz era distinta. Más baja. Más antigua.

—Tenías siete años.

Darek tragó saliva.

—No digas eso.

—Estabas llorando —continuó Neithan—. No gritabas. No pedías ayuda. Solo… llorabas, abrazado a ella.

La imagen regresó sin permiso.

El olor a sangre.

El bosque ardiendo en rojo.

El Demonio riendo… hasta que el fuego cambió.

—Ese día —dijo Neithan—, el fuego dejó de ser rojo.

Darek tembló.

—Era blanco —susurró—. No quemaba… borraba.

Neithan lo miró fijamente.

—Yo llegué tarde.

Darek negó con la cabeza, desesperado.

—No. No digas eso. Tú me sacaste de ahí. Me cubriste los ojos.

—Porque no quería que vieras lo que estabas haciendo —respondió Neithan sin rodeos.

El golpe fue directo.

—Yo… —Darek se quedó sin palabras.

—Ese demonio ya estaba muerto —continuó Neithan—. Pero el fuego no se detuvo. Quemaste el suelo. Los árboles. El aire. Yo tuve que lanzarte al río para apagarlo.

Darek cerró los ojos con fuerza.

—Creí que lo había superado…

—Nunca lo hiciste —dijo Neithan—. Solo aprendiste a ser alguien que no lo necesitara.

Darek abrió los ojos.

—Pero ahora volvió.

Neithan asintió.

—Y eso es lo que me preocupa.

Darek se puso de pie con esfuerzo.

—¿Porque es peligroso?

—Porque no aparece sin una razón —respondió Neithan—. Ese fuego no nace de ira común. Nace de pérdida… de miedo… de amor llevado al límite.

Darek apartó la mirada.

—Pensé en Aqua.

Neithan no reaccionó.

No se sorprendió.

No negó nada.

Eso fue peor.

—Pensé que ella… que tal vez… —Darek se llevó una mano al pecho—. Y algo dentro de mí se rompió.

Neithan se levantó también.

—Entonces escúchame bien —dijo, firme—. Si ese poder despierta otra vez… ya no vas a ser solo tú quien lo pague.

Darek lo miró.

—¿Summer?

—Aisa.

—Aqua.

—Todo este bosque.

Silencio.

—No te estoy acusando —añadió Neithan—. Te estoy advirtiendo.

Darek apretó los dientes.

—¿Crees que no lo sé?

Neithan lo miró con dureza… pero también con algo más.

Miedo.

—Por eso estoy aquí —dijo—. Porque si vuelves a perder el control…

Darek completó la frase.

—…Dudo que haya alguien que me detenga.

Neithan no respondió de inmediato.

Luego asintió, una sola vez.

—Como aquella vez.

Ambos se quedaron allí, rodeados por un bosque que fingía normalidad.

Pero el suelo, muy abajo, aún estaba tibio.

Y algo, en lo profundo, había despertado otra vez.

———

El camino de regreso era silencioso.

Las hojas crujían bajo sus pasos mientras descendían la colina. El sol comenzaba a caer, tiñendo el bosque de tonos naranjas, como si nada extraordinario hubiera ocurrido allí hacía apenas unos minutos.

Darek caminaba con la cabeza baja, las manos aún ligeramente tensas a los costados. El fuego ya no estaba. No quedaba rastro visible de aquel poder… pero el cansancio en su cuerpo decía lo contrario.

Neithan iba a su lado, con la mirada fija al frente.

—No voy a preguntarte qué fue eso —dijo finalmente, con voz baja—. Si no quieres decirlo, no lo haré.

Darek respiró hondo.

—Gracias.

Caminaron unos metros más.

—Pero sí voy a decirte algo —continuó Neithan—. Ese poder no aparece porque sí. Y no despierta solo por enojo común.

Darek apretó los dientes.

—Lo sé.

Neithan giró apenas el rostro para mirarlo.

—Entonces deja de huir de lo que ya sabes.

No hubo respuesta inmediata.

El bosque parecía escuchar.

—Tengo miedo, Neithan —admitió Darek al fin—. No de ese poder… sino de por qué volvió.

Neithan no respondió, pero su expresión se endureció. Esa respuesta era suficiente.

—

Cuando llegaron a la cabaña, el ambiente cambió.

Kevin y Bonnie estaban en el porche discutiendo algo trivial, pero se quedaron en silencio en cuanto los vieron. Aisa, que salía justo en ese momento con Summer de la mano, se detuvo en seco.

No dijeron nada.

No fue necesario.

Aisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—…Ese fuego —murmuró apenas, más para sí misma que para los demás.

Bonnie cruzó los brazos lentamente.

—No era normal.

Kevin tragó saliva, mirando a Darek con atención.

—Yo… ya lo había sentido antes.

Darek levantó la vista, sorprendido.

—¿Qué?

Kevin evitó su mirada.

—Cuando éramos niños. No lo vi, pero… lo sentí. Igual que hoy.

Bonnie asintió, seria por primera vez en mucho tiempo.

—Yo también.

Neithan observó la escena sin intervenir. Sus sospechas acababan de ganar peso.

Summer apretó la mano de Aisa.

—Papi… —susurró—. ¿Estás bien?

Darek se agachó frente a ella y sonrió con esfuerzo.

—Sí, pequeña. Solo estaba entrenando un poco de más.

Summer no parecía del todo convencida, pero lo abrazó igual.

Ese gesto fue lo que terminó de romperlo.

—

Más tarde, cuando la tensión bajó lo suficiente y Kevin se disponía a entrar a la casa, Darek lo llamó.

—Kevin.

Él se giró.

—Oye… lo de hoy —dijo Darek, rascándose la nuca—. Te hablé mal. No tenías la culpa de nada.

Kevin parpadeó, sorprendido… y luego sonrió.

—Ya decía yo que no era tu estilo.

Darek soltó una risa corta, cansada.

—Lo siento de verdad.

Kevin le dio una palmada en el hombro.

—Tranquilo. Pero la próxima vez, mejor pelea contra un Demonio que contra tus amigos.

Bonnie, desde la puerta, levantó una ceja.

—Anotado para todos.

Una risa ligera recorrió el grupo, pero no disipó del todo la sensación que flotaba en el aire.

Aisa miró a Darek en silencio.

Ella lo había reconocido también.

Ese fuego…

…era el mismo que había visto con sus propios ojos y que nadie quería recordar.

Y en algún lugar del bosque, algo pareció responder.

El bosque no gritó.

No tembló.

No ardió.

Solo calló.

Ese silencio fue lo que la hizo detenerse.

Aqua —o lo que ahora ocupaba su forma— estaba de pie entre raíces negras y musgo antiguo cuando lo sintió. No fue una explosión. No fue una onda de choque. Fue algo peor.

Un latido.

Uno que no pertenecía al bosque.

Uno que quemaba sin calor.

Su mano se cerró lentamente sobre la tela de su vestido oscuro. No respiró más rápido. No retrocedió. No mostró pánico.

Pero por dentro… algo se tensó como una cuerda a punto de romperse.

—No… —susurró, no como negación, sino como reconocimiento.

Fuego blanco.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez.

Desde aquel niño arrodillado en tierra ensangrentada.

Desde aquel grito que no fue de rabia, sino de pérdida.

Desde el momento en que entendió que ese poder no era fuego.

Era juicio.

Aqua cerró los ojos.

Y recordó.

No el combate.

No la sangre.

No la muerte.

Recordó la sensación.

La misma que ahora volvía a rozarle la conciencia.

> “Mientras él exista… yo no puedo tocarla.”

El pensamiento no fue emocional. Fue matemático.

Darek.

No Neithan.

No las barreras.

No el bosque.

Él.

Siempre había sido él.

Aqua caminó despacio entre los árboles, deslizándose como una sombra que ya no necesitaba ocultarse. Las criaturas del bosque se apartaban sin comprender por qué. Los insectos callaban. Las hojas no se movían.

El bosque sabía.

Ella lo sentía en cada paso.

—Así que… despertaste otra vez —murmuró, con una sonrisa que no llegó a ser sonrisa.

No había odio en su voz.

Había miedo contenido.

El fuego blanco no respondía al instinto. No respondía al deseo. No respondía a la rabia.

Respondía a algo peor.

A la decisión.

Aqua apretó los dientes.

Ese poder…

ese maldito poder…

No lo había destruido a ella en su universo porque Darek no quiso usarlo contra ella. Porque dudó. Porque se contuvo. Porque amó demasiado.

Y ahora…

—Aún no lo sabes —susurró—. Aún no sabes qué eres capaz de hacer.

Eso era lo aterrador.

Si Darek despertaba completamente ese fuego…

si dejaba de contenerse…

si dejaba de creer que siempre debía proteger a todos…

Aqua no tendría oportunidad.

Ni con demonios.

Ni con sellos.

Ni con universos.

Nada podría tocar a Summer mientras él existiera así.

Aqua se detuvo.

Apoyó la mano contra el tronco de un árbol antiguo. La corteza se resquebrajó apenas, como si el bosque mismo se estremeciera ante su contacto.

—No… —dijo esta vez con un hilo de algo que casi parecía tristeza—. No ahora.

Atacar de frente sería estúpido.

Ella no era estúpida.

Un Darek alerta era imposible.

Un Darek completo… impensable.

Pero un Darek cansado.

Uno culpable.

Uno dividido entre amar y dudar…

Ese era otro asunto.

Aqua abrió los ojos.

Ya no había pánico en ellos.

Solo cálculo.

—No te atacaré —susurró, como si él pudiera oírla—. No todavía.

El plan se formó sin esfuerzo.

No golpes.

No fuego.

No sangre.

Distancia.

Semillas de duda.

Pequeñas grietas.

Hacerle creer que está fallando.

Que no es suficiente.

Que su amor lastima.

Usar lo que siempre había sido su mayor fuerza…

—Tu corazón —murmuró—. Siempre tan fácil de romper.

Y entonces, el pensamiento que más la desgarró llegó sin permiso.

No como estrategia.

Como verdad.

> Para salvar mi futuro… tengo que destruir a la persona que amo.

Aqua cerró los ojos otra vez.

Por un segundo —solo uno— su máscara se agrietó.

No lloró.

Los demonios no lloran.

Pero algo dentro de ella se quebró en silencio.

Cuando volvió a moverse, el bosque volvió a respirar.

Y en la distancia, muy lejos, Darek no supo por qué sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

El juego ya había comenzado.

Y esta vez…

Aqua no pensaba perder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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