Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 71
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Capítulo 71: “Cuando el tiempo deja de esperar”
La casa estaba extrañamente tranquila esa mañana.
No era el silencio cómodo de los días buenos, ni el silencio pesado después de una discusión. Era otro tipo de quietud. Una que parecía estar escuchando.
Darek estaba sentado a la mesa, con una taza entre las manos que ya se había enfriado. No había probado el desayuno. Miraba un punto fijo frente a él, como si su mente estuviera en otro lugar… o en demasiados a la vez.
Aisa lo observaba desde el otro lado sin decir nada. Había aprendido que forzar palabras en ese estado solo hacía que Darek se cerrara más.
Neithan entró desde afuera, dejando el abrigo colgado sin cuidado. Su mirada recorrió la sala en un segundo, automática, entrenada.
—El bosque está mal —dijo sin preámbulos.
Bonnie levantó la vista desde donde ayudaba a Kevin a ordenar unas cartas mágicas.
—¿“Mal” tipo… raro o “mal” tipo Neithan? —preguntó.
—Mal tipo no debería estar así —respondió él.
Kevin silbó bajo.
—Genial. Justo lo que necesitábamos.
Antes de que alguien pudiera decir algo más, pasos pequeños resonaron en el pasillo.
Summer apareció, arrastrando una manta demasiado grande para ella. Caminó directo hacia Darek y se detuvo frente a él.
—Papi —dijo con voz suave—, ¿tú también lo sientes?
Darek parpadeó.
—¿Sentir qué, cariño?
Summer dudó. Miró alrededor, como buscando las palabras correctas.
—Como cuando el aire se pone raro… antes de que pase algo malo.
La habitación se tensó de inmediato.
Aisa se incorporó apenas.
—¿Qué tipo de “algo malo”, princesa?
La niña apretó la manta contra su pecho.
—En mi otro hogar… el bosque se callaba así antes de que todo empezara a romperse.
Nadie habló.
Ni siquiera Kevin, que siempre encontraba una broma para cortar la incomodidad.
Neithan fue el primero en reaccionar.
No con palabras, sino con un paso hacia la ventana. Observó los árboles, inmóviles pese al viento que debería estar agitándolos.
—¿Cuándo fue la última vez que sentiste esto? —preguntó, sin apartar la vista del exterior.
—Anoche —respondió Summer—. Y ahora es más fuerte.
Darek cerró los ojos un segundo.
Cuando los abrió, había algo distinto en su expresión. No miedo. No duda.
Urgencia.
Neithan lo notó al instante.
—Darek —dijo en voz baja—. Ven conmigo afuera.
—Neithan… —empezó Aisa.
—No —la interrumpió él, con una firmeza que no admitía discusión—. Ya no queda tiempo para silencios.
Salieron al porche. El aire estaba frío, demasiado quieto.
Neithan se giró hacia su hermano.
—Esto se está acelerando.
—Lo sé —respondió Darek.
—No —corrigió Neithan—. Ella lo sabe desde hace tiempo. Tú recién estás empezando a verlo.
Darek apretó los puños.
—Summer dijo que algo va a pasar.
—Y cuando Summer dice eso… —Neithan dejó la frase en el aire.
Ambos miraron el bosque.
Por primera vez, Darek no lo vio como un hogar.
Lo vio como un campo de batalla que se estaba preparando.
Desde adentro, Summer apoyó la frente contra el vidrio.
No entendía todo.
Pero entendía lo suficiente para saber una cosa:
El tiempo que les quedaba… se estaba acabando.
———
La puerta se cerró con un sonido suave, casi cuidadoso.
El silencio que quedó en la casa no fue incómodo al principio. Fue… expectante.
Darek permaneció de pie unos segundos más, escuchando cómo las pisadas de los demás se alejaban por el sendero que llevaba a la ciudad. Kevin bromeando con Bonnie, Aqua caminando en silencio, Neithan serio como siempre. Luego, nada.
—¿Ya se fueron todos? —preguntó Summer desde la mesa, balanceando las piernas.
—Sí —respondió Darek—. Parece que hoy nos toca quedarnos cuidando la fortaleza.
Summer sonrió como si le hubieran confiado una misión importantísima.
Aisa recogía los platos del desayuno con movimientos tranquilos, aunque Darek notó el leve cansancio en sus hombros. No era físico. Era ese cansancio que aparece cuando llevas días sosteniendo cosas que no se dicen.
—Puedo lavar yo —dijo él, acercándose.
—No es necesario —respondió ella de inmediato… y luego se detuvo—. Bueno. Si quieres.
Summer los miró con atención exagerada.
—Van a pelear por quién lava —dictaminó—. Como cuando Kevin y Bonnie dicen que los dos ganaron.
Aisa soltó una risa breve, genuina. Darek la miró un segundo más de lo necesario.
—¿Qué tal si hacemos algo mejor? —propuso él—. Yo lavo, tú secas. Y Summer supervisa.
—¡Sí! —celebró la niña—. Yo soy la jefa.
Mientras el agua corría y los platos chocaban suavemente, la casa pareció volver a respirar. Summer hablaba sin parar, inventando reglas absurdas, cambiándolas cada minuto. Darek la escuchaba con una sonrisa distraída.
Aisa, en cambio, lo observaba a él.
No como antes. No con nostalgia.
Con preocupación.
Cuando terminaron, Summer anunció que iba a buscar sus lápices para dibujar “el bosque cuando está feliz y no raro”.
—No se vayan —advirtió antes de desaparecer por el pasillo.
El silencio volvió. Distinto esta vez.
Darek apoyó los platos secos y se quedó quieto, como si no supiera qué hacer con las manos.
—Gracias por quedarte —dijo Aisa, sin mirarlo directamente.
—Nunca fue una carga —respondió él al instante.
Ella asintió, pero no sonrió.
—No hablaba de Summer.
Eso lo desarmó un poco.
Darek apoyó la espalda en la mesa y suspiró.
—Aisa… yo—
Ella levantó la mano, suave, no para detenerlo sino para marcar un ritmo.
—No hace falta que expliques nada —dijo—. Solo… —dudó—. Solo quería asegurarme de que estás aquí. De verdad.
Él la miró entonces. De frente. Sin fuego. Sin culpa. Solo él.
—Estoy —dijo—. Aunque a veces no sepa cómo.
Aisa bajó la mirada, y por un segundo pareció más joven. Más frágil.
—Eso basta… por ahora.
Summer regresó corriendo con un montón de hojas.
—¡Papi! ¡Mami! —se detuvo de golpe—. ¿Interrumpí algo?
Ambos negaron demasiado rápido.
—No —dijo Darek.
—Para nada —dijo Aisa.
Summer los miró con sospecha infantil y luego se encogió de hombros.
—Bueno. Dibujen conmigo.
Se sentaron en el suelo. Summer en el medio, repartiendo colores como si fueran tesoros.
En un momento, sin decir nada, Summer se recostó contra Darek. Y, casi al mismo tiempo, Aisa apoyó su hombro contra el otro lado de la niña.
Fue algo pequeño. Natural.
Darek no se movió.
Sus dedos rozaron los de Aisa por accidente… o quizá no.
Ella no se apartó.
No se tomaron de la mano.
No se miraron.
Pero el contacto quedó ahí, firme, silencioso.
Afuera, el bosque seguía inquieto.
Adentro, por primera vez en mucho tiempo, el mundo pareció esperar.
Subieron las escaleras despacio, con Summer dormida entre ambos, su respiración tranquila marcando el ritmo de cada paso. Aisa abrió la puerta del cuarto con cuidado y Darek la ayudó a acomodarla entre las mantas, cubriéndola hasta el pecho.
Summer murmuró algo inentendible y se giró, aferrando una esquina de la sábana.
—Duerme… —susurró Aisa, acariciándole el cabello.
Darek se quedó unos segundos más, observándola. Esa imagen —Summer segura, tranquila— le apretó el pecho de una forma extraña.
Cerraron la puerta con suavidad y quedaron en el pasillo, envueltos por el silencio de la casa.
—Gracias por ayudarme hoy —dijo Darek en voz baja—. Sé que fue… mucho.
Aisa asintió, apoyándose en la baranda de la escalera.
—No fue una carga —respondió—. Solo… diferente.
Hubo un silencio incómodo, denso. De esos que no piden palabras, sino valor.
—Aisa… —empezó Darek, pero se detuvo.
Ella levantó la vista, encontrándose con sus ojos. No había reproche. No había duda. Solo cansancio… y algo más profundo, algo que llevaban conteniendo demasiado tiempo.
—Darek —dijo ella, casi en un suspiro.
Abajo, la puerta principal se abrió de golpe de par en par.
—¡VOLVIMOS! —gritó Kevin desde la entrada.
Ambos se quedaron congelados.
—… —silencio.
Darek parpadeó.
Aisa frunció el ceño.
—¿No… escuchaste pasos? —susurró ella.
—No —respondió él, inquieto.
Se miraron, y sin decir nada, bajaron las escaleras con rapidez contenida. Kevin estaba en la entrada, dejando una bolsa en el suelo, como si nada.
—¿Qué pasa? —preguntó Darek.
Kevin los miró raro.
—¿Por qué bajan tan rápido?
—Kevin —dijo Aisa, llevándose un dedo a los labios—. Baja la voz.
—¿Por qué?
—Summer está dormida —añadió Darek con naturalidad forzada.
Kevin alzó ambas manos.
—Uh, perdón, perdón… —murmuró—. No sabía.
Bonnie apareció detrás de él, observándolos con una sonrisa ladeada que duró apenas un segundo… lo suficiente para que Aisa lo notara.
—¿Todo bien arriba? —preguntó Bonnie.
—Sí —respondieron Darek y Aisa casi al mismo tiempo.
Silencio.
—Bueno —dijo Kevin, rompiéndolo—. Voy a guardar esto antes de que Neithan empiece a quejarse.
Mientras se dispersaban, Darek y Aisa intercambiaron una última mirada.
No había arrepentimiento.
Solo una certeza nueva… y peligrosa.
Y, en algún lugar del bosque, algo sonrió sin mostrar los dientes.
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