Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 72

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Darek: A Complicated Adventure
  4. Capítulo 72 - Capítulo 72: "Consecuencias Silenciosas"
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 72: “Consecuencias Silenciosas”

La casa amaneció como siempre… y, sin embargo, no era igual.

No hubo ruidos extraños, ni sombras en el bosque, ni presagios mágicos.

Solo silencios mal colocados.

Darek fue el primero en levantarse. Bajó las escaleras con cuidado, casi de puntillas, como si el piso pudiera delatarlo. Preparó té, revisó las ventanas, miró el bosque un segundo más de lo normal… y cuando Aisa apareció en la cocina, él ya estaba de espaldas.

—Buenos días —dijo ella.

—Buen día —respondió Darek, demasiado rápido.

Se quedaron así.

Uno frente a la encimera.

La otra apoyada en el marco de la puerta.

Antes, Aisa habría caminado hasta él sin pensarlo. Le habría robado una taza, o se habría apoyado en su hombro para mirar por la ventana.

Esta vez no lo hizo.

—¿Dormiste bien? —preguntó ella, rompiendo el silencio.

—Sí. ¿Y tú?

—…Sí.

No se miraron.

Desde el pasillo se escucharon pasos pequeños.

—¡Papá!

Summer apareció despeinada, con la camisa larga arrastrándole un poco. Corrió directo hacia Darek y se colgó de su pierna como si el mundo dependiera de eso.

—¿Vamos a desayunar juntos hoy?

Darek sonrió, genuino, y la alzó en brazos.

—Claro que sí, pequeña.

Aisa los observó.

Y algo, muy pequeño pero real, se apretó en su pecho.

Summer apoyó la cabeza en el hombro de Darek y miró a Aisa con una sonrisa soñolienta.

—Antes se agarraban más la mano —dijo, sin malicia—. Ahora no.

Aisa se ahogó con el café.

—¡¿Que?! ¿Desde cuándo…? —empezó Aisa, sin saber cómo terminar.

—Es que a veces las manos se cansan —dijo Darek rápido, con una sonrisa forzada—. ¿Verdad?

Summer frunció el ceño, pensativa.

—Ah.

No insistió.

Eso fue lo peor.

—

Más tarde, cuando la casa se llenó de voces —Kevin discutiendo con Bonnie por quién había usado su taza, Neithan revisando las barreras desde el porche, Aqua bajando las escaleras con el cabello aún húmedo—, el silencio entre Darek y Aisa se volvió más evidente.

Aqua lo notó de inmediato.

No sabía qué.

Pero lo sentía.

—¿Vamos a entrenar luego? —le preguntó a Darek mientras se servía té.

—Eh… quizá más tarde —respondió él—. Tengo que ayudar a Neithan primero.

Aqua asintió, pero su sonrisa no llegó a los ojos.

—Claro.

Aisa evitó mirar esa escena.

—

Por la tarde, Bonnie encontró a Aisa en el patio, sentada en el escalón, jugando distraídamente con una ramita.

—Tienes cara de alguien que quiere decir algo y no puede —comentó Bonnie, sentándose a su lado.

—¿Tanto se nota?

—Un poco —sonrió—. ¿Qué pasó?

Aisa dudó. Luego soltó una risa breve, nerviosa.

—Nada grave. Solo… cosas.

—Las “cosas” nunca son solo cosas.

Aisa suspiró.

—Hay errores que no se pueden deshacer —dijo, medio en broma, medio en serio.

Bonnie la miró de reojo, más atenta.

—Eso no suena a error pequeño.

—No lo es.

—¿Te arrepientes?

Aisa tardó en responder.

—No —admitió—. Y eso es lo que más miedo me da.

Bonnie no dijo nada.

Solo apoyó su hombro contra el de ella.

—

Al anochecer, Darek entrenaba solo detrás de la cabaña. Movimientos mecánicos. Llamas controladas. Demasiado controladas.

Neithan se acercó sin hacer ruido.

—Estás tenso —dijo.

—Siempre lo estoy.

—No así.

Darek apagó el fuego de sus manos.

—¿Quieres decir algo? —preguntó Neithan.

Darek abrió la boca.

La cerró.

—No —mintió—. Todo está bien.

Neithan lo observó un segundo más.

—Si lo dices tú…

Se dio la vuelta, pero antes de irse añadió:

—Solo recuerda que guardar cosas también cansa.

Darek se quedó solo otra vez.

—

Esa noche, mientras todos se preparaban para dormir, Aqua se detuvo en el pasillo.

Vio a Darek y Aisa cruzarse.

Fue solo un segundo.

Una mirada que duró un segundo de más.

No hubo sonrisas.

No hubo palabras.

Pero Aqua lo sintió.

Y, muy lejos de allí —demasiado lejos para ser visto, demasiado cerca para ser ignorado—, algo en el bosque se estremeció.

No habló.

No rió.

Solo observó.

Porque después de ese silencio…

nada había vuelto a estar igual.

El bosque no hizo ruido esa noche.

No hubo ramas crujiendo ni criaturas nocturnas marcando territorio. Ni siquiera el viento, que solía subir desde la colina como un suspiro antiguo, se atrevió a tocar la cabaña.

Y, sin embargo, algo se movía.

Muy lejos de allí —y a la vez demasiado cerca— la otra Aqua abrió los ojos.

No necesitó ver nada.

No necesitó escuchar.

Lo sintió.

No fue celos.

No fue ira inmediata.

Fue comprensión.

—Así que… al fin ocurrió —susurró, apoyando una mano contra el tronco ennegrecido de un árbol que no pertenecía a ningún bosque de ese mundo—. No fue traición… fue conexión.

Sonrió apenas.

Una sonrisa rota.

—Eso es peor.

—

Aisa despertó sobresaltada, con la respiración agitada y el corazón golpeándole el pecho.

La habitación estaba a oscuras, tranquila. Summer dormía profundamente, abrazando su almohada como si fuera un tesoro. Nada parecía fuera de lugar.

Nada… excepto la sensación.

Aisa se llevó una mano al pecho.

—Qué sueño tan raro… —murmuró.

Había sido breve, pero vívido.

Aqua estaba allí.

No la Aqua que conocía, sino otra: más pálida, con los ojos llenos de lágrimas que no caían. No decía nada. Solo la miraba… como si le pidiera algo imposible.

Como si le reclamara.

Aisa se sentó en la cama, intentando calmarse.

—Solo fue un sueño —se dijo—. Nada más.

Pero cuando apoyó los pies en el suelo, el frío le recorrió la piel.

Un frío que no venía del aire.

—

Al día siguiente, el bosque reaccionó.

No de forma violenta.

No de manera evidente.

Fue… selectivo.

Aisa caminaba junto a Bonnie por uno de los senderos cercanos, hablando de cosas triviales —comida, ropa para Summer, una broma de Kevin del día anterior— cuando las hojas comenzaron a crujir bajo sus pies con un sonido seco, antinatural.

Bonnie frunció el ceño.

—¿Siempre sonó así este camino?

Aisa negó despacio.

—No… antes era más suave.

Un tronco caído bloqueaba el sendero, aunque el día anterior no estaba allí. Las raíces parecían retorcidas, como si el árbol se hubiera arrancado a sí mismo del suelo.

Bonnie dio un paso atrás.

—No me gusta esto.

Aisa sintió un cosquilleo incómodo en las manos.

—A mí tampoco…

Dieron media vuelta.

Y en cuanto Aisa se alejó, el bosque volvió a la normalidad.

—

Neithan lo notó ese mismo día.

Estaba revisando una de las barreras externas, pasando los dedos por los símbolos grabados en el aire como si fueran hilos invisibles. Todo parecía estable… hasta que Aisa se acercó.

La barrera vibró.

No se rompió.

No se debilitó.

Reaccionó.

Neithan retiró la mano de inmediato, girándose hacia ella.

—Aisa —dijo con calma, aunque su mirada se había vuelto filosa—. ¿Sentiste algo raro ahora mismo?

Ella parpadeó.

—¿Raro cómo?

Neithan observó la barrera unos segundos más antes de responder.

—Como si tu magia… no estuviera siendo rechazada. Pero tampoco aceptada. —Hizo una pausa—. Como si alguien estuviera prestándole demasiada atención.

Aisa sintió un nudo en el estómago.

—¿Eso es malo?

—No lo sé todavía —respondió él con honestidad—. Pero no es normal.

Desde la casa, Darek los observaba sin darse cuenta de por qué esa escena le inquietaba tanto.

—

Esa noche, Aisa volvió a soñar.

Esta vez, Aqua hablaba.

No gritaba.

No acusaba.

—¿Sabes lo que más duele? —decía, con la voz temblorosa—. No que me haya perdido a él… sino que tú sí lo tengas.

Aisa intentaba responder, pero no podía moverse.

—No fue tu culpa —continuó Aqua, acercándose—. Pero tampoco fue un error.

El bosque ardía detrás de ella, envuelto en sombras que no consumían nada… solo observaban.

Aisa despertó con lágrimas en los ojos.

No sabía por qué lloraba.

Solo sabía que la culpa había llegado… sin que nadie la invitara.

—

Muy lejos de allí, la otra Aqua cerró los ojos, satisfecha.

—Bien —susurró—. No necesito destruirlos. Solo necesito que se rompan solos.

El Demonio no había creado la grieta.

Pero ya estaba dentro.

Y esta vez…

no apuntaba solo a Darek.

Apuntaba al corazón más frágil del vínculo que los mantenía unidos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo