Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 75
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Capítulo 75: “No es Suficiente”
Aqua no dejó de pensar en eso en todo el día.
No fue una escena dramática.
No hubo gritos.
Ni lágrimas.
Ni reproches.
Solo una frase, dicha en voz baja.
—Perdón… —había dicho Aisa, casi sin mirarla—. No sé bien por qué, pero… perdón.
Aqua se quedó inmóvil en ese instante.
No porque estuviera enojada.
Sino porque no entendía.
¿Perdón por qué?
Desde entonces, cada pequeño gesto empezó a pesarle más de lo normal.
En la cocina, mientras preparaba té, Aqua observaba el reflejo del agua hirviendo como si ahí hubiera una respuesta. Escuchaba risas en la sala —Kevin y Bonnie discutiendo por cualquier tontería— y, aun así, se sentía… fuera de lugar.
No rechazada.
Sobrante.
Darek pasó a su lado y le sonrió, como siempre. Fue una sonrisa cálida, sincera. Pero Aqua notó algo que antes no habría notado: no se quedó. No se detuvo a preguntarle cómo estaba. No apoyó la mano en su hombro como solía hacerlo sin pensarlo.
Nada grave.
Nada evidente.
Pero Aqua era una princesa.
Y una guerrera.
Y alguien que había aprendido, desde muy joven, a leer lo que no se decía.
“Tal vez soy yo…”
La idea no llegó como un pensamiento completo. Fue más bien una sensación, un peso en el pecho.
Tal vez ella estaba fallando.
Tal vez no estaba siendo suficiente.
Tal vez Aisa se disculpaba porque… porque Aqua ocupaba un lugar que ya no era suyo.
Más tarde, Aqua decidió hacer lo que siempre hacía cuando algo iba mal: intentó arreglarlo.
Preparó una cena especial. No anunció nada, no pidió ayuda. Solo se puso manos a la obra con una sonrisa ensayada y una energía que no sentía. Se esforzó por ser más atenta, más alegre, más presente.
—¿Te ayudo? —preguntó Darek al verla tan concentrada.
—No, no —respondió ella rápido, demasiado rápido—. Ve a descansar, yo me encargo.
Darek dudó un segundo. Luego asintió.
Ese segundo le dolió más de lo que Aqua esperaba.
Durante la cena, Aqua habló más de lo habitual. Preguntó por el día de todos, celebró pequeñas anécdotas, rió incluso cuando el chiste no era tan bueno. Bonnie la miró un par de veces con curiosidad; Kevin, distraído como siempre, no notó nada.
Aisa sí.
Aisa comía en silencio, con la espalda recta y la mirada baja. Cada vez que Aqua se dirigía a ella, respondía con educación, pero sin soltura. Como si tuviera miedo de decir algo de más.
Summer, sentada entre Darek y Aisa, los miraba a ambos con atención infantil, esa que ve cambios antes de entenderlos.
—Aqua —dijo de pronto—, hoy estás hablando mucho.
La mesa quedó en silencio un segundo.
Aqua parpadeó… y luego rió suavemente.
—¿Sí? —dijo—. Supongo que sí, cariño.
Summer ladeó la cabeza.
—No es malo —aclaró—. Solo es… diferente.
Darek le dio un pequeño golpe cariñoso en la cabeza a Summer.
—Come —le dijo—, o se enfría.
Aqua sonrió.
Pero algo dentro de ella se quebró un poco más.
Esa noche, cuando todos se retiraron, Aqua se quedó sola en la sala. Las luces bajas, el fuego casi apagado. Se sentó despacio en el sillón, apoyando los codos en las rodillas.
No había Demonios susurrándole.
No había amenazas.
No había sombras.
Solo una pregunta que no sabía cómo formular:
“¿Desde cuándo tengo que esforzarme tanto para pertenecer?”
En algún lugar del bosque, muy lejos de ahí, algo observaba.
No intervenía.
No empujaba.
No hacía falta.
La grieta ya estaba abierta.
Y Aqua, sin saberlo, acababa de dar un paso más hacia ella.
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