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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - Capítulo 76: "Perdón por Decir la Verdad"
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Capítulo 76: “Perdón por Decir la Verdad”

La casa estaba extrañamente tranquila esa mañana.

No era el silencio cómodo de los días buenos, sino uno lleno de pausas pequeñas: pasos que se detenían antes de cruzar una puerta, miradas que se desviaban justo a tiempo, frases que se quedaban a medio camino.

Darek estaba sentado en la mesa del porche, revisando unas correas de cuero que ya no necesitaban arreglo. Solo ocupaba las manos. La cabeza estaba en otro lugar.

Aisa apareció con dos tazas de té. Dejó una frente a él sin decir nada.

—Gracias —murmuró Darek.

—De nada.

Silencio.

Summer salió poco después, arrastrando una mantita detrás de ella. Caminó directo hacia Darek y se apoyó en su pierna, como si ese fuera su lugar natural en el mundo.

—¿Vamos a hacer algo hoy? —preguntó, bostezando.

—Después del desayuno —respondió él, pasándole la mano por el cabello—. ¿Dormiste bien?

Summer asintió… y luego negó con la cabeza.

—Soñé raro.

Aisa levantó la mirada de inmediato.

—¿Raro cómo, cielo?

Summer frunció el ceño, buscando las palabras.

—No feo. Solo… confuso.

Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la silla de Darek.

—Soñé con mi otra casa.

Darek se tensó apenas. No lo suficiente para que ella lo notara, pero Aisa sí.

—¿Y qué pasaba en el sueño? —preguntó con suavidad.

Summer jugó con el borde de la manta.

—Había fuego… pero no como cuando tío Neithan entrena. Era más blanco. —Sonrió—. Como el tuyo cuando te enojas de verdad, papi.

Darek tragó saliva.

—¿Y quién más estaba ahí? —preguntó, cuidando cada palabra.

Summer levantó la vista, pensativa.

—Mamá estaba conmigo. —La miró y sonrió—. Como siempre.

Aisa sintió un nudo en el pecho.

—¿Y Aqua? —preguntó Darek, casi sin darse cuenta.

Summer dudó.

—Sí… también.

Ese silencio fue distinto. Más pesado.

—¿Qué hacía Aqua? —insistió Aisa, con un hilo de voz.

Summer se encogió de hombros.

—Lloraba.

Darek y Aisa intercambiaron una mirada rápida, involuntaria.

—¿Por qué lloraba? —preguntó Darek.

Summer inclinó la cabeza, confundida.

—No sé… —Luego agregó, como si fuera lo más normal del mundo—. Creo que era cuando ustedes se besaban.

El mundo no se rompió.

No hubo gritos, ni golpes, ni magia desatada.

Pero algo se movió.

Aisa sintió que el aire se le iba del pecho.

Darek se quedó completamente quieto.

—¿Cómo… cómo dices, cariño? —preguntó él, muy despacio.

Summer parpadeó.

—En mi otro hogar. —Hizo un gesto vago con la mano—. Tú y mamá estaban cerca. Aqua los vio. Y se puso muy triste.

Se levantó y caminó hacia la cocina, como si ya hubiera terminado con el tema.

—¿Hay pan con miel?

Aisa no respondió.

Darek tampoco.

No porque no quisieran.

Sino porque no podían.

Bonnie apareció desde el pasillo justo a tiempo para notar la tensión.

—¿Qué pasó? —preguntó, en voz baja.

Aisa negó con la cabeza.

—Nada… —susurró—. Nada que podamos arreglar ahora.

Darek apretó los puños sobre la mesa.

No había acusación en las palabras de Summer.

No había juicio.

Solo una verdad dicha sin entender su peso.

Y eso era lo más peligroso de todo.

Desde el borde del bosque, algo antiguo y atento sonrió sin cuerpo.

No había hecho nada.

Todavía.

Pero ya no hacía falta.

Darek cerró la puerta del cuarto de Summer con cuidado, como si el ruido pudiera romper algo más que el silencio. La niña había vuelto a dormirse después de murmurar entre sueños, aferrada a su muñeco, dejando atrás esa frase que ahora pesaba como una piedra.

Aisa se quedó de pie en el pasillo, con los brazos cruzados, mirando al suelo.

—No fue un sueño cualquiera —dijo en voz baja—. No sonaba como cuando mezcla cosas.

Darek asintió despacio. Tenía la espalda apoyada contra la pared, los ojos perdidos en un punto invisible.

—Dijo “mi otro hogar” —repitió—. Y dijo “cuando ellos se besaban”.

El silencio volvió a caer. Esta vez, incómodo.

Aisa levantó la vista, encontrándose con la de él solo un segundo antes de apartarla.

—No puede ser una coincidencia —susurró—. Summer no sabe… no debería saber eso.

—No —respondió Darek—. No lo sabe aquí.

Se pasó una mano por el cabello, nervioso, como hacía siempre que algo se le escapaba del control.

—Pero lo recuerda —añadió—. O al menos… fragmentos.

Aisa dio un paso más cerca, sin tocarlo.

—Cuando empezó a hablar del fuego —dijo ella—, de Aqua llorando… pensé que era solo miedo. Que su mente estaba llenando huecos.

Hizo una pausa.

—Pero ahora…

—Ahora encaja demasiado —terminó Darek.

Se miraron de nuevo. Esta vez no apartaron la mirada.

—En su universo —continuó Aisa con cuidado—, nosotros… tú y yo…

No terminó la frase.

Darek tragó saliva.

—No sabemos qué pasó exactamente —dijo—. Solo que algo salió terriblemente mal.

Aisa apretó los dedos contra sus brazos.

—Y que Summer estuvo ahí —añadió—. Vio cosas que una niña no debería ver.

Desde el cuarto, se escuchó el suave ronquido de Summer. Un recordatorio cruel de lo pequeña que era… y de lo grande que era lo que cargaba.

—Cuando habló —dijo Darek—, no lo hizo como si estuviera asustada.

—No —coincidió Aisa—. Sonaba… triste.

Darek cerró los ojos un instante.

—Como si estuviera recordando algo que dolía —murmuró—. No como una pesadilla. Como un recuerdo.

Aisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Entonces no solo recuerda el Demonio —dijo—. Recuerda… emociones.

—Recuerda a Aqua —respondió él.

El nombre quedó flotando entre ambos.

Aisa respiró hondo.

—Darek… —empezó, dudando—. Si Summer está recordando escenas de ese universo… entonces lo que está pasando aquí no es solo un reflejo.

—Es una continuación —dijo él, abriendo los ojos.

Aisa asintió lentamente.

—Y si en ese universo… Aqua lloraba cuando nosotros nos besábamos porque éramos esposos…

No lo dijo. No hizo falta.

Darek bajó la mirada.

—Entonces el beso no fue solo un error —dijo—. Fue… una herida que ya existía.

Aisa sintió un nudo en el pecho.

—Y Summer lo sabe —susurró—. Aunque no entienda cómo explicarlo.

Pasaron unos segundos en silencio. No incómodo. Pesado.

—No podemos preguntarle más —dijo Darek al fin—. No ahora.

—No —estuvo de acuerdo Aisa—. Pero tampoco podemos fingir que no escuchamos nada.

Darek apoyó la cabeza contra la pared, cansado.

—Estamos uniendo piezas de un rompecabezas que nunca vimos completo —dijo—. Y cada pieza nueva da miedo.

Aisa lo miró con suavidad.

—Pero no estamos solos —dijo—. Y Summer… no debería cargar esto sola.

Darek asintió.

—Ni tú —añadió, mirándola por primera vez con algo más que preocupación.

Aisa sintió que el aire se le quedaba atrapado en el pecho, pero no dijo nada.

Desde afuera, el bosque crujió suavemente, como si escuchara.

Y en algún lugar, muy lejos —o tal vez demasiado cerca—, algo más sonrió en silencio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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