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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 79

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Capítulo 79: “Ya no Puedo Quedarme Callada”

La casa estaba despierta, pero Aqua tenía la extraña sensación de ser la única que no encontraba su lugar dentro de ella.

No era algo concreto. Nadie había dicho nada. Nadie la había apartado de forma directa. Y, sin embargo, había pequeños gestos que ya no encajaban.

Miradas que se interrumpían cuando ella entraba a una habitación. Conversaciones que bajaban de volumen apenas cruzaba el umbral. Sonrisas que llegaban… pero no se quedaban.

Aqua dejó el vaso de agua sobre la mesa de la cocina y apoyó las manos en el borde, respirando hondo.

—No estoy imaginando cosas —se dijo en voz baja, más como un ruego que como una afirmación.

Desde la puerta, pudo ver a Darek en el pasillo, ayudando a Summer a acomodarse la capa que siempre se le torcía. Él sonreía con esa ternura que Aqua conocía de memoria. La misma que la había hecho enamorarse de él. Pero cuando Summer salió corriendo hacia el patio, Darek se quedó quieto… y su sonrisa se apagó apenas un segundo de más.

Aqua sintió ese segundo como un golpe suave, pero preciso.

No doloroso aún. Solo… revelador.

Summer pasó a su lado sin detenerse.

—Buenos días, Aqua —dijo la niña, educada, correcta.

Antes, Summer la abrazaba. Le tomaba la mano. Le pedía que le contara historias del mar o del castillo del que venía. Ahora no huía… pero tampoco se quedaba.

Aqua respondió con una sonrisa automática.

—Buenos días, pequeña.

Summer ya estaba lejos cuando Aqua bajó la mirada.

No me tiene miedo, pensó.

Pero tampoco me busca.

Y eso dolía más de lo que esperaba.

—

Más tarde, Aqua entrenó.

Lo hizo sola, en el claro detrás de la cabaña, donde el aire siempre olía a tierra húmeda y hojas viejas. Convocó el agua con más fuerza de la necesaria, dejando que se arremolinara a su alrededor, chocando contra las rocas, salpicando sin cuidado.

Cada golpe era más fuerte que el anterior.

—Concéntrate —murmuró entre dientes.

Pensó en Darek. En cómo últimamente parecía cansado incluso cuando no lo estaba. En cómo respondía con amabilidad… pero evitaba quedarse a solas con ella demasiado tiempo.

Pensó en Aisa. En su forma de hablarle con una suavidad extraña, como si midiera cada palabra. En aquel perdón que le había pedido sin explicación.

No me están mintiendo, comprendió de pronto, y la certeza la dejó sin aire.

Me están protegiendo.

El agua cayó al suelo de golpe, empapándole las botas.

Aqua se quedó quieta, respirando rápido.

—Eso es peor… —susurró.

Porque si la protegían, era porque había algo que podía romperla.

—

Esa noche, la casa estaba en silencio. Todos dormían… o fingían hacerlo.

Aqua entró a la cocina sin encender la luz. La luna se filtraba por la ventana, plateando la mesa de madera, las sillas, los pequeños detalles que ya sentía como su hogar.

Se sentó despacio y apoyó los codos sobre la mesa.

Por primera vez, no pensó como princesa.

Ni como guerrera.

Ni como prometida.

Pensó como una chica que tenía miedo de estar perdiendo su lugar sin que nadie se lo dijera.

—¿Qué estoy haciendo mal…? —preguntó al vacío.

No hubo respuesta.

Más tarde, cuando el desvelo no cedía, Aqua fue al cuarto de entrenamiento. Empuñó su arma y repitió movimientos hasta que los brazos le ardieron. Cada estocada era perfecta. Precisa. Impecable.

Demasiado.

Cuando se detuvo, jadeando, notó que le temblaban las manos.

—No puedo fallar —dijo, esta vez con firmeza—. No ahora.

Sacó el anillo de compromiso del bolsillo donde lo guardaba cuando entrenaba. La joya brilló suavemente bajo la luz tenue.

Lo sostuvo entre los dedos durante varios segundos.

Siempre había sido un símbolo de certeza. De futuro. De algo que no necesitaba cuestionarse.

Ahora…

Aqua cerró la mano alrededor del anillo.

No lloró.

No gritó.

No llamó a nadie.

Solo se permitió una pregunta, silenciosa y peligrosa:

¿Sigue siendo mío… o solo estoy aferrándome a algo que ya cambió?

Desde el bosque, muy lejos de allí, algo observó.

Y sonrió sin hacerlo.

———

La mañana llegó clara y fresca, demasiado tranquila para todo lo que estaba a punto de decirse.

El patio estaba lleno de risas pequeñas.

Summer corría en círculos mientras Darek fingía no poder alcanzarla, exagerando cada tropiezo.

—¡Papi, así no se corre! —se burló ella, deteniéndose con las manos en las rodillas.

—Oye, oye… esto es estrategia avanzada —respondió Darek, sonriendo de verdad por primera vez en horas.

Desde la puerta trasera, Aqua los observó.

No era celos lo que sentía.

Era algo peor.

Era la sensación de estar mirando una escena a la que siempre había pertenecido… y que, sin saber cómo, ya no giraba alrededor de ella.

Respiró hondo y salió al patio.

—¿Puedo…? —dijo, señalando a Summer.

—¡Sí! —respondió la niña antes que Darek—. ¡Pero no te lo robes, es mi turno!

Aqua sonrió con suavidad y se agachó frente a ella.

—Solo un segundo, pequeña estrella. Prometo devolvértelo entero.

Summer asintió, confiada, y volvió a correr hacia el árbol más cercano.

Quedaron solos.

El silencio cayó de golpe, incómodo, pesado.

Darek se pasó una mano por el cabello, como si ya supiera que esa conversación llevaba días persiguiéndolos.

—Aqua…

Ella levantó una mano, pidiéndole que esperara.

Se acercó un poco más. No lo tocó.

Eso fue lo que más le dolió.

—Quiero preguntarte algo —dijo, con la voz firme… demasiado firme—. Y esta vez no quiero una respuesta bonita. Quiero la verdad.

Darek tragó saliva.

—Está bien.

Aqua bajó la mirada un segundo, juntando fuerzas, y luego volvió a mirarlo.

Sus ojos estaban brillosos, pero no lloraba.

—¿Sigues siendo mío… —preguntó despacio— o solo estoy aferrándome a algo que ya cambió?

El mundo pareció detenerse.

Summer reía a lo lejos, ajena a todo.

Darek abrió la boca… y la cerró.

Por primera vez, no supo qué decir de inmediato.

Eso fue respuesta suficiente.

Aqua lo notó.

Y aun así, no se enojó.

—No te estoy reclamando —añadió ella rápidamente, casi suplicando—. Solo… necesito saber si estoy luchando por algo real o por un recuerdo.

Darek dio un paso hacia ella, por instinto.

—Aqua, yo…

—No —lo interrumpió, con una sonrisa triste—. Si dudas… no hace falta que termines la frase.

El silencio volvió a instalarse entre ambos, pero ahora era distinto.

Más honesto.

Más cruel.

—Yo te amo —dijo Aqua al fin, en voz baja—. No de una forma perfecta. No sin miedo. Pero de verdad.

Levantó el anillo con los dedos, mirándolo como si fuera algo frágil.

—Y por eso… no quiero ser la única que no se dio cuenta de que algo cambió.

Darek cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, no había rechazo en su mirada.

Había dolor.

El cambio no fue brusco.

Fue silencioso.

Y por eso dolió más.

Aqua fue la primera en notarlo… y la última en decir algo.

En los días que siguieron, la casa volvió a llenarse de risas, pero ya no eran las mismas. Darek reía con Summer mientras cocinaban algo que inevitablemente salía mal. Aisa se acercaba a ayudar, chocando con él en la cocina, disculpándose demasiado rápido, riendo demasiado fuerte. Summer aplaudía, celebrando cualquier cosa, como si el mundo entero fuera seguro mientras ellos dos estuvieran ahí.

Aqua observaba desde el marco de la puerta.

No interrumpía.

No reclamaba.

No se iba.

Solo… miraba.

—¿Quieres venir? —le preguntó Darek una tarde, sin girarse, mientras Summer intentaba alcanzar la mesa con una silla.

Aqua sonrió de inmediato. Una sonrisa perfecta.

—Ahora voy.

Pero no fue.

Se quedó donde estaba, apoyada contra la pared, sintiendo esa punzada conocida en el pecho. No era celos. No era rabia.

Era algo peor.

Sentirse de más.

Más tarde, cuando todos salieron al patio, Aqua se quedó sola en la casa. Caminó despacio hasta la sala, pasando la mano por los respaldos de las sillas, por la mesa donde habían desayunado juntos tantas veces. Recordó a Darek preparándole té cuando entrenaba hasta el agotamiento. Recordó dormirse a su lado, escuchando su respiración tranquila.

Recordó cuando ese lugar también había sido suyo.

—No me están apartando… —susurró—. Soy yo la que ya no encaja.

Esa noche, Darek la buscó.

La encontró en el porche, sentada, mirando el bosque iluminado por la luna. Se acercó con cuidado, como si temiera romper algo frágil.

—Aqua… —dijo—. ¿Estás bien?

Ella no respondió enseguida.

—Darek —preguntó al fin, sin mirarlo—. ¿Eres feliz?

Él se sorprendió.

—Claro que sí. Estamos todos juntos. Summer está bien. El bosque… más o menos estable. Tú estás aquí—

—No te pregunté eso.

Darek se quedó en silencio.

Aqua lo miró entonces. No con reproche. No con tristeza abierta.

Lo miró como quien ya tomó una decisión y necesita confirmarla.

—¿Eres feliz… conmigo?

El aire se volvió pesado.

—Aqua, yo… —empezó él—. Tú sabes que te amo.

Ella asintió lentamente.

—Eso no fue una respuesta.

Darek bajó la mirada. Y ese gesto, pequeño, involuntario, fue suficiente.

Aqua cerró los ojos.

—No hiciste nada mal —dijo, rápido, antes de que él pudiera hablar—. Nadie lo hizo. Summer llegó, y todo cambió. Aisa… siempre estuvo ahí. Yo lo vi. Siempre lo vi.

—Aqua, espera—

—No —lo interrumpió, con una calma que dolía—. Déjame terminar… por favor.

Se puso de pie. Su voz no temblaba, pero sus manos sí.

—No quiero seguir siendo la princesa que sonríe mientras observa desde afuera. No quiero convertirme en alguien que compite por atención… ni en alguien que se rompe poco a poco esperando que nada cambie.

Darek dio un paso hacia ella.

—Podemos arreglarlo. Podemos hablar. Yo puedo—

—Lo sé —dijo ella, sonriendo con tristeza—. Y por eso mismo tengo que hacerlo yo.

Aqua respiró hondo.

—Darek… quiero terminar.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

—No porque no te ame —añadió—. Sino porque te amo lo suficiente como para no quedarme donde ya no soy el centro de tu mundo.

Él no supo qué decir.

No porque no sintiera nada.

Sino porque lo sentía todo al mismo tiempo.

—Voy a volver al reino —continuó Aqua—. Necesito recordar quién soy… sin compararme, sin esperar, sin observar desde lejos.

Darek apretó los puños.

—Aqua… —su voz se quebró—. Yo nunca quise que te sintieras así.

Ella se acercó y apoyó la frente en su pecho por última vez.

—Lo sé. Por eso duele tanto.

Se separó despacio.

—Cuida de Summer —dijo—. Cuida del bosque. Cuídate tú.

Y antes de que él pudiera detenerla…

Aqua dio media vuelta y entró a la casa.

Esa noche, mientras empacaba en silencio, el bosque no se movió.

Las barreras no reaccionaron.

El Demonio no apareció.

Pero algo se había roto.

Y esta vez…

no fue por odio.

Fue por amor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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