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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 84

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Capítulo 84: “El Anuncio que Rompe el Aire”

La mañana seguía clara, demasiado tranquila para lo que estaba a punto de caer sobre ellos.

La cabaña seguía funcionando como siempre: el crujido suave de la madera, el olor a pan tostado, Neithan discutiendo con Kevin por quién había usado el último frasco de miel. Pero había algo distinto, algo que nadie quería nombrar.

Darek estaba sentado a la mesa, con Summer a su lado. Ella balanceaba los pies sin tocar el suelo, entretenida con una cuchara, mientras él miraba su plato como si no supiera qué hacer con él.

—Papá —dijo Summer de pronto, bajando la voz—. ¿Te duele la panza?

Darek parpadeó, sorprendido.

—¿Eh? No… ¿por qué?

—Porque no has comido nada —respondió ella, señalando el plato intacto—. Y siempre comes conmigo.

Aisa, apoyada en la mesa sentada al lado de él, apretó los dedos contra la madera.

—Darek —intervino con suavidad—. Aunque sea un poco.

Él tomó el tenedor, dio un par de vueltas sin ganas y dejó escapar un suspiro.

—Luego —dijo—. De verdad.

Summer frunció el ceño, pero no insistió. Se inclinó hacia él y apoyó la cabeza contra su brazo, como si eso bastara para sostenerlo.

Neithan observaba la escena en silencio desde el otro extremo de la mesa. No dijo nada. No hizo falta.

El golpe llegó minutos después.

Bonnie fue quien entró corriendo, con el rostro pálido y un papel arrugado en la mano.

—Oigan… —dijo, sin su tono habitual de burla—. Esto llegó con un mensajero del reino.

Kevin levantó una ceja.

—¿Del reino? ¿Ahora qué hicieron?

Bonnie no respondió. Extendió el papel sobre la mesa.

Aisa fue la primera en leerlo.

Y se quedó quieta.

—Aisa… —dijo Darek, levantando la mirada—. ¿Qué pasa?

Ella tragó saliva.

—Es… un anuncio oficial.

Neithan dio un paso adelante.

—Lee.

Aisa respiró hondo.

—“Por decreto real, se anuncia al pueblo y a los reinos aliados que la princesa Aqua celebrará su unión dentro de tres lunas. El reino se prepara para la ceremonia que sellará un nuevo capítulo de prosperidad.”

El silencio fue absoluto.

Summer fue la única que no entendió.

—¿Unión? —preguntó—. ¿Eso es como una fiesta?

Darek no respondió.

El mundo parecía haberse detenido justo en ese punto. El ruido del bosque, el canto lejano de algún ave, todo se volvió irrelevante frente a esa frase.

Tres lunas.

Kevin fue el primero en reaccionar.

—Eso… —empezó—. Eso no significa necesariamente—

Neithan lo interrumpió con una mirada.

Bonnie apretó los labios.

—Una boda —dijo, sin rodeos—. Están anunciando una boda.

Summer miró de uno a otro.

—¿La boda de Aqua… con papá? —preguntó, con total inocencia.

Darek cerró los ojos.

Aisa sintió cómo algo se le rompía por dentro.

—No, cielo —dijo ella con cuidado—. No es con tu papá.

Summer parpadeó.

—Ah…

Miró a Darek. Lo observó como solo un niño puede hacerlo, sin filtros, sin mentiras.

—¿Entonces por qué estás tan triste?

Darek se levantó de golpe.

La silla cayó hacia atrás con un ruido seco.

—…Voy a salir un momento.

—Darek —dijo Aisa, dando un paso—. Espera—

Pero él ya estaba caminando hacia la puerta.

Neithan lo siguió con la mirada, tenso.

—Déjenlo —dijo finalmente—. Si lo detenemos ahora, se rompe peor.

La puerta se cerró.

Summer se deslizó de la silla y corrió hacia Aisa, abrazándole la pierna.

—¿Hice algo mal?

Aisa se agachó de inmediato, tomándole el rostro entre las manos.

—No, mi amor. Nada. Nunca.

La apretó contra su pecho, mientras Bonnie desviaba la mirada y Kevin apretaba los puños.

Afuera, Darek caminó sin rumbo hasta el borde de la colina.

El viento le golpeó el rostro, pero no lo sentía.

La boda.

La imagen se le clavó en el pecho como una estaca: Aqua vestida de blanco, sonriendo como siempre… pero no hacia él.

Las rodillas le fallaron y terminó sentado en el suelo, con los codos apoyados y la cabeza gacha.

—Tres lunas… —murmuró—. Tan rápido…

Por primera vez desde que Aqua se había ido, algo cambió.

Ya no era solo pérdida.

Era urgencia.

Era la certeza de que el tiempo se estaba acabando.

Desde la puerta de la cabaña, Neithan lo observaba a la distancia.

Y por primera vez en mucho tiempo, no supo qué decir para salvar a su hermano.

———

El carruaje avanzaba por el camino empedrado como si el mundo no hubiera cambiado.

Eso era lo que más dolía.

Aqua miraba por la ventana, con las manos entrelazadas sobre el regazo, observando los campos verdes que rodeaban el reino. Todo estaba igual que siempre: las torres blancas, los estandartes ondeando, el cielo limpio. Nada reflejaba el peso que llevaba en el pecho.

—Ya llegamos, hija —dijo la voz de su padre desde el asiento frente a ella.

Aqua asintió sin mirarlo.

Cuando las puertas del castillo se abrieron, los sirvientes se alinearon de inmediato. Sonrisas, reverencias, palabras de bienvenida. Ella respondió con la elegancia que había aprendido desde niña, caminando con la espalda recta y el rostro sereno.

Solo cuando cruzó el umbral de su antigua habitación, cerró la puerta con cuidado.

Y entonces… se permitió respirar.

Se apoyó en la madera, bajando lentamente la cabeza. No lloró. No todavía. Solo dejó que el silencio la envolviera, más pesado que cualquier reproche.

—Así que… esto es volver a casa —susurró.

El cuarto estaba intacto. La cama amplia, las cortinas claras, el escritorio ordenado. Todo demasiado perfecto. Demasiado distante de la cabaña en la colina, del bosque, del desorden cálido que había aprendido a amar.

De ellos.

Aqua se sentó en el borde de la cama y miró sus manos. El anillo brillaba débilmente con la luz de la ventana. Lo giró con el pulgar, como había hecho tantas veces sin darse cuenta.

—No quería ser la que sobraba… —murmuró, con una sonrisa que no llegó a formarse del todo.

Un golpe suave en la puerta.

—¿Puedo pasar? —preguntó su madre.

Aqua respiró hondo y respondió con voz firme:

—Sí.

La reina entró despacio, cerrando tras de sí. Se sentó junto a ella sin decir nada durante unos segundos, como si entendiera que algunas palabras necesitan tiempo para existir.

—Nos dijiste que tomaste una decisión difícil —dijo al fin—. No tienes que explicarla si no quieres.

Aqua negó con la cabeza.

—No fue una huida —dijo—. Fue… aceptar algo que ya estaba pasando.

—¿Y eso te duele?

Aqua tardó en responder.

—Me duele porque aún lo amo —admitió—. Y porque sé que no hizo nada malo. Ninguno de ellos lo hizo.

Su madre apoyó una mano sobre la suya.

—El amor no siempre significa quedarse —dijo con suavidad—. A veces significa soltar antes de romperte.

Aqua cerró los ojos. Una imagen fugaz cruzó su mente: Darek riendo en la cocina, Summer tirándole de la manga, Aisa observando desde un costado. Ella misma… un paso atrás, sonriendo, sin saber cuándo había empezado a desaparecer del centro de esa escena.

—Creo que él ya había empezado a irse —susurró—. Yo solo… llegué al mismo lugar un poco después.

Más tarde, cuando estuvo sola otra vez, Aqua se levantó y caminó hasta el balcón. Desde allí podía ver el patio de entrenamiento del castillo. Caballeros practicaban con espadas de madera, chocando una y otra vez con disciplina mecánica.

—Siempre fui la princesa —dijo en voz baja—. La prometida. La fuerte.

Nunca la que tenía miedo de perder su lugar.

El viento movió su cabello. Por un instante, pensó sentir algo más: una presión leve en el pecho, una sensación conocida… como si algo, en algún lugar, hubiera reaccionado a su tristeza.

Pero no le dio nombre.

No todavía.

Aqua cerró los ojos y apretó el anillo en su mano.

—Si este es el precio de no convertirme en alguien que no reconozco… —dijo— entonces lo pagaré.

Muy lejos de allí, en una cabaña junto al bosque, Darek desayunaba en silencio con Summer.

Y entre ambos mundos, algo invisible empezaba a tensarse.

El reloj había empezado a correr.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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