Dark Beauty - Capítulo 33
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 33: Capítulo 33
—Vamos a robar un banco.
Al principio, Shelby tuvo que menear la cabeza de un lado a otro y parpadear con una sonrisa irónica en los labios, pensando que Egon quizás se había equivocado o ella había escuchado mal, pero no.
Él hablaba muy en serio. Luego de que las clases concluyeran, Egon pasó por ella con el rostro serio y preocupado. Peculiarmente pensativo. Y cuando Shelby le preguntó el motivo de su seriedad, él pronunció aquella frase que, al parecer, sonaba ridícula. “Vamos a robar un banco”.
— ¿Es una de tus bromas, no es así? —repuso ella con calma. Él conducía con rapidez y se había colocado sus lentes de sol que le hacían lucir muy atractivo.
—No. Vamos a robar un banco. Ya lo decidí
— ¿Acaso Martha no tiene dinero que pueda proporcionarte?
—Ya ha hecho suficiente por mí. Ahora es tiempo de que yo gane mi propio dinero.
—Puedes buscar un empleo…
—A veces eres tan divertida—rio con ganas.
—No puedo ayudarte a robar. Soy inexperta.
—No harás nada peligroso—dijo con naturalidad—solamente vas a ser la distracción.
—Pídele ayuda a los gemelos.
—Ellos están más que dispuestos a hacerlo. Solo faltas tú.
—Estás equivocado. Yo no tengo por qué convertirme en una ladrona—se negó rotundamente, presa del pánico—y no puedes obligarme.
Las aletas de la nariz de Egon se abrieron y cerraron como señal de frustración. Condujo unos kilómetros más y aparcó a la vuelta del banco más importante de la ciudad y Shelby estuvo tentada a lanzarse por la ventana y gatear a un lugar seguro.
Supo que estaba en problemas cuando vio a Egon ponerse un pasamontaña en la cabeza tal y como el ladrón de su cocina llevaba puesto. También se quitó la camisa y la sustituyó por una playera vieja y desgastada. Comenzó a quitarse los zapatos y ponerse unos tenis.
— ¿Qué demonios…?
Y él le lanzó una mirada feroz, haciéndola callar de inmediato. De pronto, sintió las manos de Egon situarse en su pecho y sintió el jalón de su ropa romperse y resaltar su busto con el sostén de encaje que tenía. Horrorizada, apartó las manos de Egon e intentó cubrirse, pero él le dio un manotazo y siguió hurgando en su ropa hasta hacerla parecer una prostituta.
— ¡No me toques! —gimió y forcejeó con él hasta que Egon por fin se alejó de ella con una mueca.
—Sal del auto y quédate aquí.
— ¿Qué vas a hacer?
Ella entornó los ojos al ver salir a Austin y a Egon precipitadamente y alcanzó a verles una pistola debajo de la playera.
—Ya sabes qué haré—gruñó Egon y comenzó a caminar con firmeza hacia el banco.
— ¿Qué debo hacer yo? —le gritó Shelby.
—Usar tus encantos. Eres mujer, seduce a los policías si en caso llegan, ¡No sé!
Frunció el ceño y sintió que las piernas le temblaban. Egon desapareció en una esquina y ella se hundió en el asiento, ocultando la desnudez de su pecho con ambos brazos.
— ¡No te quedes ahí! —le oyó gritar a una chica fuera del cristal y sobresaltada, volteó a verla. Era Aubrey, la gemela malvada que iba vestida con un mini vestido más arriba de los muslos, color rojo, y el maquillaje cargado de su rostro la hacía lucir graciosa.
—No voy a actuar como una demente.
—Baja del auto y haz lo que yo haga.
Arrugó la nariz al verla caminar contoneando las caderas hacia la esquina por donde Egon había ido. Se miraba ridícula e idiota y desde luego que no haría lo mismo. Si ella iba a estar involucrada en un robo, lo haría a su manera. Cogió la camisa de Egon y se la enrolló alrededor de la cara con la finalidad de que solo sus ojos se miraran, buscó en el maletero y se sorprendió ver una pequeña pistola. Estaba cargada y bajó con decisión del Audi. Alcanzó enseguida a Aubrey, que siguió caminando como una prostituta con problemas al caminar y se situó a sus espaldas con la pistola puesta en unos de sus bolsillos.
— ¿Qué rayos estás haciendo? —siseó Aubrey al verla.
—Voy a ayudar a Egon…
Y de pronto, el sonido horrible de la alarma de aquel banco comenzó a sonar y algunas personas salieron despavoridas de ahí. Alcanzó a escuchar la profunda voz de Egon en el interior. Y acto seguido, un sinfín de disparos se desataron y las sirenas de la policía resonaron por las calles cercanas. Shelby se quedó pasmada sin saber qué hacer y miró a Aubrey dar saltos en su propio eje sin decidir a donde moverse.
— ¿Qué hacemos ahora? —preguntó Aubrey en un hilo de voz.
—Haz lo que te dijo Egon. Yo voy a entrar a ayudarlo.
—Austin lo está ayudando.
—Se ve que necesita más ayuda.
Corrió torpemente al interior del banco y se detuvo en seco al ver la cantidad de personas tendidas en el suelo con agujeros en la cabeza y más allá de su campo visual, vislumbró a Egon apuntándole a la encargada para que se apresurara a meter todo el dinero posible en una bolsa. Austin tenía apresado a los demás empleados en un rincón y la miró, consternado.
Y en cuanto Egon la miró, sus oscuros ojos se mostraron inseguros y horrorizados. Pero cuando Shelby se disponía a avanzar a él, una oleada de policías hizo acto de presencia en el banco y pasaron empujándola, haciendo que el arma que llevaba escondida la ropa, saliera despedida al suelo, pero se las ingenió para cogerla. Barrió la escena con total calma y sopesó la manera correcta de actuar.
Egon no tenía ninguna posibilidad, mucho menos Austin, ya que Aubrey se encontraba afuera sin hacer nada productivo. Lo único que tenía que hacer era disparar a lo idiota para desorientar a los policías y darle tiempo a Egon de salir corriendo. Apuntó al techo, sintiendo que su cuerpo flaqueaba y las manos le sudaban. Cerró los ojos y disparó. Los policías dejaron de moverse y los fragmentos de cristal de arriba, cayeron al suelo. Todas las personas ahogaron un grito tratando de cubrirse.
Egon pateó a la encargada en las rodillas y cogió la bolsa con rapidez. Se deslizó hasta Austin y los dos apuntaron a los policías. Mientras tanto, Shelby sintió unas manos cernirse en su cintura y chilló, captando la atención de Egon.
Un segundo después, el policía que la había apresado yacía en el suelo con un disparo en la mejilla. Egon le entregó la bolsa a Austin y este salió corriendo por la puerta en busca de su hermana, pero él se concentró en ella con los ojos en llamas y la tomó del brazo para salir de ahí, ya que los policías se estaban incorporando.
Lo que ocurrió después fue a cámara lenta según el punto de vista de Shelby. Un policía apuntó furtivamente a la cabeza de Egon y otro más a la cabeza de ella. La diferencia entre Egon y Shelby; era que ella aun portaba su arma y él no.
— ¡Arriba las manos, par de idiotas! —gritó el policía con furia— ¡Ustedes no crean que serán los nuevos Bonnie y Clyde! ¡Ni lo sueñen!
Egon obedeció y le guiñó un ojo a Shelby. Era una señal. A ella no le quedaba otra opción más que matar al sujeto. En lo que el policía le quitaba el seguro a su arma, Shelby sonrió brevemente y apuntó en dirección a su corazón.
—Nosotros somos mejores que ellos—inquirió, y cuando el hombre se dio cuenta de sus intenciones, intentó protegerse, pero fue demasiado tarde, ya que la bala se había incrustado en su garganta y murió antes de llegar al suelo. Y de pronto, la visión de ella se hizo nebulosa. Sus piernas flaquearon y cayó de espaldas en algo suave y firme a la vez. Se había desmayado.
«Egon Peitz»
—No puedo creer cuan inteligente es esta chica—alardeó Austin, sonriendo como loco y se inclinó a ella para tocarle la mejilla, pero Egon se lo impidió, sujetándole la muñeca con fuerza—hey, tranquilo. Me estás partiendo el brazo.
—No la toques.
—Ya—se soltó de su agarre y alzó las manos como muestra de paz—solamente digo que me encantó la manera en la que mató al sujeto.
—No estabas presente—dijo Aubrey con los ojos en blanco.
—Pero, Egon dijo que…
— ¿Podrían callarse los dos? Shelby necesita descansar—vociferó Egon con violencia y fulminó a los gemelos para que se largaran de la habitación.
No pasó mucho tiempo para que los gemelos entendieran el significado de su mirada y abandonaran la estancia. Y cuando estuvo completamente solo con ella, se aseguró de cerrar la puerta con seguro con la intención de no ser molestados.
Se quitó la ropa en un rápido movimiento y segundos después se metió entre las sábanas que cobijaban a Shelby en su inconsciencia. La rodeó con un brazo y cerró los ojos, acoplando su reparación con la suya. Después de todo, ella no era apta para ese tipo de vida mezquina que a él le había tocado vivir.
Y estando en el banco con una pistola apuntando a su cabeza, no se preocupó en lo absoluto por él; sino por ella. Aunque el plan se realizó a la perfección, se hizo la promesa de jamás involucrarla en ese tipo de situaciones nunca más, a menos que le enseñara a cómo actuar en momentos críticos.
A pesar de que la manera de maniobrar, horas atrás, fue asombrosa, pudo haber muerto. Le molestaba la idea de pensar que se enfadaría y se pondría muy mal si a ella le hubiera alcanzado alguna bala. Y quizás, mataría a media ciudad tratando de apaciguar su desesperación.
Él mataría por ella sin dudarlo.
«Shelby Cash»
Sentía demasiado calor y sentía un tipo de bulto sobre sus hombros que le provocó rigidez en el cuerpo. Abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba en el departamento de Egon y las luces estaban apagadas. Giró sobre su cuerpo y quedó petrificada al encontrarse con el rostro relajado de Egon a unas pulgadas de distancia.
Estaba dormido y la tenía abrazada entre sus brazos. ¿Qué había pasado? No lograba recordar nada con claridad. Solo veía borrosos recuerdos de haber estado apuntándole a un policía con la pistola y nada más.
Ni siquiera sabía si todo había sido un sueño o estaba muerta. ¿Pero quién demonios soñaría con Egon Peitz? ¿O quién moriría y aparecía con él en el limbo? Se deslizó fuera de su alcance y notó que no tenía la misma ropa que recordaba haberse puesto.
Andaba una bata de tela suave y palpó distraídamente su cuerpo y se puso histérica al darse cuenta que solamente tenía sus calzones. No tenía sostén y miró que Egon se encontraba en bóxer.
— ¿Qué me has hecho? —se acercó a él y lo sacudió con fuerza hasta que lo despertó.
Lo primero que hizo Egon fue ponerse en pie y gritar del susto.
— ¡Qué pasa! —dio vueltas en círculo y se tranquilizó al ver que se trataba de ella—Puppy, me asustaste.
Bostezó con relajación.
— ¿Qué pasó? ¿Por qué estás en mi cama? ¿Por qué estoy con otra ropa y sin sostén? —se cubrió el busto con los brazos, haciéndolo sonreír.
—Te desmayaste después de asesinar al policía.
— ¿Asesinar al policía… yo? —le tembló la voz. Él asintió y se rascó la cabeza con cansancio.
—Lo mataste. Y luego te desmayaste. Te traje aquí y pues…
—Me desnudaste.
—La ropa que traías puesta se miraba incómoda y pensé que necesitabas comodidad.
—Disfrutaste la vista, ¿no? —arqueó las cejas y se sentó a los pies de la cama, ruborizada.
—No puedo mentirte—bromeó—tienes un maldito cuerpo digno de ser poseído por un hombre.
Shelby sintió que el rubor de sus mejillas abarcaba toda su cara y ocultó el rostro entre la maraña de cabello para no verlo.
—No me hiciste daño, ¿verdad? —preguntó.
—No. De cualquier manera, prefiero que la chica esté despierta—replicó de mal humor—lo mío no es la necrofilia.
—Me alegro escuchar eso.
—Entonces no tienes por qué asustarte. Ahora vuelve a dormir.
— ¿Y por qué estás aquí sin ropa?
—Quería cerciorarme que estabas a salvo y me dio calor.
—Ponte los pantalones, por favor.
— ¿Por qué? ¿Acaso te asusta? —preguntó con malicia y ella volteó a verlo en la oscuridad. Y, a decir verdad, los ojos de Egon parecían ser los de un felino dispuesto a devorar a su presa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com