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Dark Beauty - Capítulo 39

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Capítulo 39: Capítulo 39

Paralizado, Egon miró de soslayo a Shelby, quién le miraba con una expresión horrorizada, tratando de evitar que matara a su cuñado, que se había pasado de listo con él. Egon apretó los puños y se relajó por un instante.

Shelby ya había tenido demasiado por ese día y lo que menos quería era volver a lastimarla. Sacudió la cabeza de un lado a otro y se inclinó a recoger su dignidad junto con el libro. Se volvió para verla y esbozó una sonrisa tranquilizadora.

—Te veré luego, Shelby.

Y despidiéndose de ella con la mano, les echó una mirada furtiva a los novios y abandonó la habitación con elegancia que solo él portaba. Los pulmones de Shelby dejaron escapar el aire retenido y fulminó a Evan como jamás lo había hecho con nadie, Ni siquiera con Egon.

— ¿Cuál es tu maldito problema, Evan?

Caroline, que tenía afianzada sus manos en el brazo de su chico, entornó los ojos y frunció el ceño cuando él se acercó a su hermanastra.

—Mi maldito problema es que ese sujeto no me da confianza y no me agrada la cercanía que tiene contigo—respondió Evan, haciendo una mueca.

— ¿Y a ti qué te importa mi vida?

—Eres la hermana menor de mi novia y eso te hace parte de mi familia—replicó—y como tal, tengo que cuidarte.

—Caroline, por favor, saca a Evan de aquí—dijo Shelby en un suspiro ahogado.

—Shelby… —comenzó a decirle la chica, pero la recién mencionada se dio la vuelta sobre la cama, indicándole que no quería hablar más.

—Pequeña, yo solo estaba cuidándote—titubeó Evan con decepción—tienes razón, yo no soy nadie para decirte que hacer o decir.

Shelby gruñó, en espera de su ausencia. Escuchó el murmullo entre Evan y Caroline durante un breve momento hasta que la puerta se abrió y se cerró. Al poco rato volvió a abrirse y el suspiro fatigado de su hermanastra le hirvió la sangre.

—Queda prohibido que Evan venga a verme—le siseó.

—Descuida. No lo hará más—espetó Caroline en respuesta. Su voz era filosa e irritante. Shelby cerró los ojos y suspiró con aire despistado.

Nunca tendría una vida normal si seguía rodeada de personas más locas que ella. Evan era un buen chico, pero no tenía ningún derecho a ordenarle nada, ni mucho menos tratar como mierda a Egon—aunque se lo merecía—pero solo ella podía retarlo. Nadie más. Además, Evan iba a morir si llegaba a enfrentarse a Egon. De eso no cabía duda.

«Norman White»

La prisión a la que lo habían metido era para atacarse de risa. Los barrotes estaban tan oxidados que incluso acariciándolos podría partirlos en dos.

Había actuado como un chico inútil y débil para que no optaran por recluirlo a alguna parte menos fácil de escapar. Deseaba escapar e ir directamente a Shelby Cash y al estúpido de Egon Peitz. ¿Cómo pudo haber sido tan idiota de no darse cuenta antes? Ellos eran amigos o al menos ella confiaba en Egon y viceversa.

Algo que jamás pensó que pasaría, teniendo en cuenta que conocía a Egon a la perfección. Quizás también planeaba llevársela a Marlon. Y como esa noche se sentía exhausto; decidió posponer su huida hasta la noche siguiente.

Ya que, para escapar, necesitaba tener fuerzas y tener un plan. Había sido tan fácil ponerle un rastreador a Shelby en el collar y engatusar al idiota de Trenton para que le pusiera otro en la piel si en caso se lo quitaba; pero como era de esperarse: Egon logró descubrirlo.

Pero gracias al collar; supo su residencia. Atacó como un animal silencioso, empero no contaba con que Egon tuviese a dos personas más con él y que alguien llamaría a la policía. Sus planes se fueron a la mierda dos veces en un día.

Lo único que tenía que hacer era llamar a Lola y decirle lo que él era. Amenazarla junto a su novio para que lo ayudasen a atrapar a Egon y a Shelby, con la condición de no matarlos.

Ya tenía a la madre de Lola comiendo de la palma de su mano gracias al buen sexo que le había brindado las noches anteriores y la señora ansiaba más de él, así que no dudaba con que lo ayudaría también. Esbozó una sonrisa y se relajó en la angosta cama de su celda, imaginando las gloriosas maneras de matar a Egon. Era su oportunidad.

Desde que supo de su existencia, deseó poder probar de que estaba hecho. Pero la rivalidad entre ellos aumentó y no solo deseó pelear con él, sino matarlo. Ahora ya contaba con el permiso de Marlon de matarlo. Aunque bien, también Egon tenía su permiso para llevarle su propia cabeza a Marlon, lo cual nunca iba a suceder.

Y era tanta su locura, que se echó a reír como un demente, haciendo que los demás reos lo abuchearan presas del sueño. Alzó sus rubias cejas hasta casi el nacimiento de cabello y resopló. ¿Qué tenía de especial Shelby Cash para que Egon Peitz la protegiera tanto?

La imagen de él abrazándola en el estacionamiento del hospital no dejaba de darle vueltas en su cabeza. ¿La estaba protegiendo para que Marlon la recibiera sana y salva? Cuanto más lo pensaba, menos lógico le parecía.

Es como si de la nada un instinto protector saltara hacia Lola. Arrugó la nariz de solo pensarlo. Lola, sexy y malditamente tonta, ¿Él podría algún día estar protegiéndola, así como Egon hizo con esa fémina? Quizás era buena idea protegerla, pero de su propia estupidez. No se imaginaba cuidándola como Egon cuidó a Shelby. De solo pensarlo sintió náuseas.

Quizás pasaba que Egon se había vuelto demente o que tenía un fabuloso plan. La segunda opción sonaba más razonable.

—Oye, tú—levantó un poco la cabeza y miró al policía que estaba frente a su celda con solamente un ojo abierto—tienes derecho a realizar una llamada.

— ¿Y si no tengo a quién llamar? —dijo con torpeza. Su maldito inglés iba en decadencia.

—Entonces te quedarás aquí por tres días.

Asintió y volvió a cerrar los ojos. El sujeto lo miró perplejo durante un momento, pensando que Norman se pondría a llorar o algo parecido. Tiempo después se fue y volvió a quedar solo con su conciencia y con más hombres a su alrededor que dormían incómodamente.

«Egon Peitz»

—Oh, Egon eres un perfecto idiota y un imbécil en el gran sentido de la palabra—se dijo al salir del hospital con el libro bajo el brazo que con tanto ímpetu había conseguido para Shelby.

Su mugrosa mochila había quedado allá, pero le importaba poco. Estaba furioso y necesitaba descargar su rabia con alguien. De no haber sido por ella, en estos momentos hubiera estado desmembrándole las extremidades al noviecito de su hermanastra.

Su paciencia había llegado al límite con Norman y no iba a soportar que un imbécil como Evan—sin—apellido, viniera y tratara de darle órdenes o tratar como mierda a Shelby. Esperó un rato fuera del hospital porque sabía que Shelby no iba a quedarse de brazos cruzados, echaría al idiota y él lo tomaría de sorpresa.

Cuando se cercioró de que Evan bajaba las escaleras, corrió al Cadillac y aguardó a que él se subiera en el suyo. Miró al chico subirse a su auto y encendió el motor. Cuando Evan salió del estacionamiento, él salió también.

Como era de madrugada, las calles estaban desiertas, por lo que decidió ir a una velocidad muy reducida para no levantar sospechas. Y desde donde estaba, lograba verle la cara a través del espejo retrovisor. El idiota iba con el rostro rígido y ensombrecido.

—Hubiera dado mi brazo izquierdo para saber lo que le dijiste, Puppy—susurró Egon, esbozando una sonrisa demente. Aceleró un poco más cuando comenzó a alejarse. Dobló a varias esquinas y luego rodeó Central Park para después regresar por una calle luminosa— ¿Qué carajos haces? —musitó. Apretó el volante y la mandíbula. De pronto, el coche de Evan se detuvo y Egon frenó de golpe antes de incrustarse en él. La puerta del piloto se abrió y el chico salió con el rostro endurecido. Egon lo imitó y ambos se quedaron de pie, frente a frente, fulminándose amenazadoramente con la mirada.

— ¿Por qué estás siguiéndome? —espetó Evan con frialdad. Egon sonrió.

—Vaya que eres listo—recargó un brazo sobre el techo del Cadillac y miró a todas partes para después clavar su oscura mirada en él.

Todo rastro de humor se había ido y el brillo de la locura sopló en sus ojos, haciendo flaquear a Evan. Comenzó a retroceder, pero Egon sin si quiera esforzarse, lo embistió hasta su auto y le rodeó el cuello con las manos, apretándolo con mucha fiereza.

Evan era más bajo que él, pero también contaba con algo de fuerza, logró patearle la entrepierna a Egon y liberarse. El dolor hizo que Egon trastabillara hacia atrás, pero la demencia y adrenalina fue más fuerte y al tiempo que Evan subía a su vehículo, se le fue encima y lo sacó a rastras del cabello.

La calle estaba iluminada, pero no había ninguna otra alma presente.

— ¿Qué te pasa? ¡Suéltame! —vociferó Evan.

— ¡Nadie me da órdenes! —y comenzó a golpearlo en el rostro, una y otra vez, esquivando las manos de Evan que intentaban golpearlo de vuelta.

Lo golpeó hasta que sus nudillos se mancharon de sangre, pero no de la suya.

Lo golpeó hasta que sus brazos se cansaron. Lo golpeó hasta que Evan dejó de moverse. Lo golpeó hasta darse cuenta que tenía minutos que Evan había dado su último suspiro entre burbujas de sangre que salían de su nariz y boca. Lo golpeó hasta que se percató que su rostro estaba tan desfigurado que era imposible saber su identidad. Lo golpeó hasta saciar su furia. Lo golpeó hasta… matarlo.

«Shelby Cash» [PERSPECTIVA NARRADA POR ELLA]

Me dieron de alta al día siguiente porque vieron que mi herida se encontraba en buen estado y regresé a casa pasada la una de la tarde. Echaba de menos a Egon y a los gemelos, pero estaba lo suficientemente furiosa con mi familia, que mi orgullo impedía que les preguntara por él.

A la que noté decaída fue a Caroline, desde que llegamos a casa no paró de ver la pantalla de su teléfono ni un segundo. Por mi parte, estaba segura que se trataba de Evan. Maldito Evan. Me había llegado a agradar tanto, pero su manera de pensar y actuar había echado a la borda mi cariño hacia él.

Era estupendo que fuese el novio de mi hermanastra y me viera como su familia, pero no le daba ningún derecho de ordenarme con quién debía de estar y con quién no. Incluso sonreí al ver la expresión devastada de Caroline. No sentía ningún tipo de lástima.

A lo mejor él había roto con ella después de nuestro enfrentamiento y yo estaba feliz.

—Deberías dejar un momento ese aparato—canturreé, llena de energía.

—Evan no me ha llamado—contestó con vaguedad.

—No creo que lo haga después de lo que le dije—caminé a la cocina con mi madre pegada a mis talones—mamá, estoy bien, solo quiero un jugo—repetí por quinta vez, azorada.

—Sigues débil y tengo que cuidarte—se defendió. Y fue por mi jugo.

—Mejor deberías acompañar a Charlie a seguir buscando a ese sujeto que desapareció de tu trabajo—bufé y me senté junto a Caroline.

—Ya es caso perdido. Dicen que quizás huyó del país—repuso, dejándome el jugo en las manos y se sentó en el sofá. Abrí el empaque y dándole un sorbo, me encogí de hombros. Al menos Egon ya estaba a salvo.

—Ha ocurrido tantas cosas en la ciudad—resopló mi madre—la supuesta huida de mi amigo, el ataque del robo aquí en la casa, el robo del banco donde murió un policía—tragué el jugo con dificultad y miré a mis pies—y después el ataque en el departamento de tu amigo. Y para rematar, el atentado del hospital.

—Sí, ha pasado muchas cosas—objeté.

—No debiste hablarle de esa manera—susurró Caroline con un nudo en la garganta. Sus ojos seguían fijos al teléfono.

— ¿Qué pasó? —interrogó mi madre.

—Shelby le habló de una manera poco decente a Evan.

—Dile por qué lo hice—espeté, esperando una respuesta y jamás llegó, por lo que me vi obligada a decirlo—sucede que Evan trató como mierda a Douglas. Él me había dado un libro y el novio de Caroline me lo quitó de las manos y se lo lanzó a mi amigo a los pies como si eso tuviera sentido.

Mi madre me miró interrogante y después a Caroline, quién había comenzado a llorar.

—Bueno, no estoy de parte de nadie, porque Evan no tenía por qué hacer eso, y pues… Douglas ya no puede ser tu amigo, Shelby.

— ¡Y vas de nuevo con eso! —salté a la defensiva.

—Ya te dije que no.

— ¿Por qué?

—Es curioso que, a partir de su llegada, ha pasado tantas cosas.

—Solo falta que le eches la culpa del ataque terrorista en las torres gemelas.

—No exageres, pero así lo veo yo y al parecer Charlie, Caroline y Evan lo ven igual. También tu otro amigo, el rubio que conociste en esa discoteca y, además, se parecía mucho al que estaba peleando con Douglas.

—Es buen chico—titubeé.

—Y un galán—admitió mi madre—pero no es para ti. Ahora haz el favor de no sacar más el tema.

—No dejaré de verlo—me crucé de brazos.

Mi madre ignoró mi resistencia y resoplando, subí a mi habitación. Desde luego que tenía que verlo, porque aparte de saber cómo estaba, mis cosas estaban en el departamento de Martha Beck. A juzgar por mi ropa, me di cuenta que estaba hecha una basura, así que me duché cuidadosamente para no lastimarme accidentalmente.

La mera idea de no ver a Egon me tenía estresada. Me había golpeado una vez, y me había asustado con su temperamento muchas veces, pero, aun así, algo me decía que él necesitaba mi ayuda.

Desde mi punto de vista, Egon tenía oculto muchos secretos tormentosos, en los que sólo él era capaz de reprimirlos y ahogarse en su dolor. Mientras me duchaba, mi mente solo estaba con él. Al poco rato cuando ya me hallaba secando mi cabello con una toalla, mi madre entró inesperadamente a mi habitación con un semblante triste y preocupado.

—Evan está desaparecido.

Volteé a verla con los ojos entornados.

— ¿Qué? —logré decir.

—Sí. Encontraron su coche vacío cerca de Central Park. Tu hermana está devastada—apretó los labios.

—Pero, ¿cómo? —sentí náuseas.

—También encontraron algo que no quisimos decirle a Caroline.

— ¿Qué cosa? —sentí que no podía respirar.

—Encontraron sangre en el vehículo, mechones de su cabello y un zapato suyo tirado a dos calles de distancia.

«Egon», fue lo único que pensé en ese momento.

«Norman White»

En la mañana, a la hora del almuerzo, el mismo policía de la noche anterior llegó a arrojarle un trozo de pan y una botella de agua con una sonrisa radiante; como si le encantase ver el sufrimiento de los demás. Norman le devolvió la sonrisa y cogió la botella de agua, ignorando por completo el pan rancio; y borrando la sonrisa del policía.

—Eres el sujeto más raro que he visto.

Norman, mientras bebía de la botella, alzó sus rubias cejas y asintió. Cuando bebió toda el agua, agregó ensanchando su sonrisa:

—Sé buen samaritano y no me dirijas la palabra.

— ¿Por qué debería de obedecerte? —inquirió el sujeto con aires de suficiencia. Norman no respondió y siguió mirando al vacío. Haciendo irritar la paciencia del policía, quién presa de la indiferencia del rubio, se apresuró a abrir la puerta de la celda. El austríaco clavó de pronto sus ojos grises en él y esbozó una sonrisa maquiavélica, dejando perplejo al hombre de uniforme policíaco.

— ¿Ves que rápido puedo hacer que me obedezcas sin que yo te lo diga?

— ¿Obedecerte? —el policía junto las cejas con desdén.

—Cierra la puerta otra vez, es por tu bien.

La boca del policía se contrajo en una firma línea recta y sopesó la advertencia. Cogió de nuevo las llaves y volvió a cerrar la celda, siendo presa del escrutinio de los demás reos.

—Te vas a quedar tres días aquí—le ladró con desprecio—Ni siquiera vendrán a buscarte y probablemente te quedes más tiempo.

Norman solo se limitó a asentir con aire despreocupado. Ya después se encargaría del idiota, lo que ahora tenía en mente era llevar a cabo su plan de huida. Era la primera vez que lo atrapaban en prisión, ya que siempre había logrado escapar. Y por eso su nombre no estaba dentro de los más buscados como lo estaba Egon. Egon. De solo pensar en él le provocaba toda serie de demencia con respecto a la mejor manera de matarlo junto con su amiga. Shelby Cash. A ella la iba a matar de todas maneras porque le había propiciado una paliza cuando robaba en su casa. Vaya coincidencia…

«Shelby Cash»

Lo único que albergaba en su cabeza era Egon Peitz. ¿Era posible que se hubiese deshecho de Evan por puro coraje? Pensar en Evan torturado y muerto le causó escalofríos. Se quedó pensativa mientras su madre le detallaba lo que sabía.

—… ¿tienes alguna idea de quién pudiera haberle hecho algo?

— ¡Douglas no lo mató! —exclamó en un arranque de locura; dejando perpleja a su madre—es decir, no sé. Discutió con Douglas, pero él se fue mucho antes de que Evan se fuera.

—No pensé en Douglas—su madre frunció el ceño, descontenta.

—Sigo alterada. Y con esto de Evan creo que he empeorado.

—Ya, cariño—le palmeó la espalda y suspiró—la que me preocupa es Caroline. No quiero que lo sepa, ya que, es probable que al chico le haya ocurrido algo grave.

—Tiene que saberlo.

— ¿Podrías decírselo tú? Charlie no tiene el valor de hacerlo y yo tampoco.

—Mamá…

—Por favor.

La tristeza que albergaba en los ojos de su madre la conmovió. Y asintió sin dudarlo. Ahora ella tenía que hacer la peor parte. Miró con compasión a su madre y esta apretó los labios tratando de sonreír.

— ¿Ahora tengo que hacerlo? —preguntó con incertidumbre.

—Cuando estés lista, cariño. Pero que sea hoy—se levantó y se acercó a la puerta con aire despistado—por cierto, hace un momento llamaron ese par de gemelos queriendo hablar contigo, les dije que no. Pero dejaron dicho que vendrían a verte más tarde y quiero que aproveches para cortar amistad con ellos y Douglas. ¿Okey?

Shelby asintió y su madre, complacida, abandonó la habitación. Angustiada y enfadada, se desenredó el cabello, pensando en la manera más sutil de hablar con su hermanastra. Tal vez Evan estaba bien y Egon no tenía nada que ver.

La extraña culpa la tenía con muchos nervios y Ni siquiera se sentía fuerte para hablar sobre ese asunto. Aún tenía molestias con su muñeca y eso la estresaba. Miró por el balcón y dejó que el sol le tostara la piel durante unos minutos.

Al otro lado de la calle, a unos metros de distancia de la casa, Shelby alcanzó a ver un sujeto oculto detrás de un coche, acechándola. Y supo rápidamente quién era. Salió de su habitación y bajó corriendo hacia la calle, miró de reojo a Caroline, quién seguía pegada a su teléfono sin moverse del sofá. Se mordió los labios con inseguridad y salió al exterior.

Miró a todas direcciones y escuchó con atención cada sonido. Posó la mirada con interés en el sitio donde había visto al sujeto y desde ese nuevo ángulo no lograba ver nada más que un auto.

—Shelby, por aquí.

Giró en redondo ante la voz femenina de Aubrey que surgió de la nada. La divisó escondida entre unos arbustos y la llamó con la mano. Shelby, conteniendo la risa, se acercó a ella con una leve sonrisa. Aubrey se había disfrazado de chico y era idéntico a Austin, salvo el color de sus ojos.

—Tus padres me alucinan. También a Austin y a Egon —masculló en voz baja y sonrió.

—Ellos alucinan a medio mundo.

—Pobre de ti—bromeó y luego la seriedad atravesó su rostro—te he traído todas tus cosas. Egon me dio órdenes de traértelas cuanto antes.

— ¿Por qué no vino? —sintió una punzada de desesperación—necesito hablar con él—Aubrey miró a todos lados y salió de su escondite con la valija de Shelby y su mochila de la escuela en el hombro.

—Shelby, Egon se fue—le informó—Ni siquiera hemos hablado con él personalmente desde ayer, solo nos dejó una nota con órdenes claras. No dijo a donde iba ni cuando volvería—un espasmo de pánico recorrió el cuerpo de Shelby y se quedó con la mirada pérdida unos segundos. Cuando reaccionó, notó la azulada mirada de Aubrey sobre ella.

— ¿Cómo que se fue? ¿Qué decía la nota exactamente?

—Puedes leerla si quieres—dejó la valija en el suelo y palpó sus bolsillos en busca de la nota. Al fin la encontró y se la entregó. Las letras de Egon, muy parecidas a garabatos, la estremecieron y comenzó a leer con suma atención.

«Gemelos, lleven las cosas de Shelby a su casa en cuanto lean esto y procuren vigilarla bien durante el tiempo que yo estaré fuera. Me iré unos días porque tengo unos asuntos que atender. Si necesitan algo, vayan con Martha. Ella ya está enterada.

Egon.»

—Debe estar bromeando—dijo Shelby y estrujó la hoja en sus manos.

—No. Se llevó algunas cosas consigo.

— ¿Tienes algún número donde pueda localizarlo?

— ¿No tienes su teléfono?

—No he visto mi teléfono desde hace días, pero necesito hablar con él.

—Toma el mío. Está registrado como Jefe Peitz—le entregó un móvil anticuado y con las manos temblorosas, buscó su número en la agenda. Mientras esperaba que contestara, se mordió la uña del dedo pulgar y se dedicó a caminar en círculos. Aubrey se sentó sobre la valija a esperar.

—Aubrey, te dejé claro que…

En cuanto su voz apareció en el auricular, Shelby tosió con toda la intención y después se animó a interrumpirlo.

— ¿A dónde te vas, Egon? —masculló. Al parecer, él se sorprendió porque tardó en responder.

— ¿Qué haces con el teléfono de Aubrey? —su voz era mezquina y dura.

— ¿Qué haces tú, mejor dicho?

— ¿Qué?

— ¿A dónde vas? —repitió.

—Necesito tiempo para aclarar lo que estoy haciendo.

— ¿Has pensando que Norman quizás ya ha escapado y que vendrá por mí?

—Eso me ha tenido con migraña desde ayer—suspiró—pero los gemelos estarán cuidándote.

—Me siento más segura si estás conmigo—no quería sacar lo cursi, pero si así podía hacerlo regresar, lo haría.

—Tengo otros asuntos que atender, Puppy.

— ¿El asunto se llama Evan?

Hubo un repentino silencio fúnebre que inundó el ambiente por ambas partes. Se escuchó otro suspiro ahogado y un gruñido.

—No sé de qué hablas.

—Sí. Sí sabes. Evan ayer desapareció de la nada y con el único que discutió fue contigo.

— ¿Estás acusándome de algo que Ni siquiera tenía idea que había pasado? —siseó con voz cautelosa.

—Es simple sospecha, además, te estás yendo cuando casualmente pasa este disturbio. ¿Y no es mucha coincidencia?

—Maldita sea, Shelby—ladró, furioso—no te tengo que dar explicaciones de mis jodidos actos. Soy libre para ir a donde yo quiera. No estoy atado a ti ni a nadie.

—Me da igual que te largues—era obvio que mentía. No le daba igual, de hecho, lo necesitaba.

—Entonces no veo el motivo de tu llamada—repuso con frialdad.

— ¿Qué te he hecho yo para que me hables así? —se mostró ofendida. Y sí que lo estaba.

—Nada. Solamente quiero que me dejes hacer las cosas a mi manera, ¿okey? No me iré para siempre. No puedo dejarte deambular sola por ahí, regresaré pronto.

— ¿Lo prometes?

—Lo prometo

Y la línea quedó muda. Aubrey la miraba con desdén y guardó su teléfono cuando Shelby se lo entregó. Estaba cabizbaja y pensativa.

—Sea lo que sea que te haya dicho el señor Peitz, no le tomes importancia. Martha dijo que era un tipo de pocas palabras, pero de buen corazón.

—Egon es incapaz de sentir cariño por nadie.

—Digan lo que digan, él te tiene cariño, aunque no lo acepte. Y viceversa.

—Es difícil no quererlo a pesar de que sea un idiota.

Aubrey sonrió ampliamente y la ayudó a meter sus cosas a unos pasos dentro de la casa.

—Me tengo que ir. Y no te preocupes, tanto Austin y yo vamos a estar afuera de tu casa vigilando si ese rubio vuelve. Tú tranquila.

—Con mucho cuidado, por favor.

—Descuida —se despidió con la mano y se echó a correr por la calle. Suspiró agobiada y pateó sus cosas para poder cerrar la puerta. Tardó unos minutos en golpearle la realidad: tenía que hablar con Caroline, quién se había puesto a ver la tv sin ánimos. Sigilosamente, se deslizó junto a ella y la tomó de las manos. Los ojos llorosos de su hermanastra le sonrieron con cariño.

—Hola, Cash—dijo con una sonrisa débil.

— ¿Sabes algo de Evan?

Procuró sonar lo más serena posible para no exaltarla. Caroline meneó la cabeza en negación y con una sonrisa triste, se frotó el puente de la nariz.

—No—respondió—no responde a mis llamadas ni a mis mensajes. Hablé a su casa y me dijeron que desde anoche no se ha reportado con nadie y tampoco lo han visto.

— ¿Qué crees que haya hecho?

— ¿Qué quieres decir? —la miró con extrañeza.

—Me refiero a qué cuál será la razón por la que no te devuelve las llamadas—se acomodó dos mechones de cabello detrás de las orejas.

—Haciendo hipótesis de todo lo que pudo haberle ocurrido, llegué a la conclusión de dos teorías—añadió con determinación—la primera es que está enfadado por lo que le dijiste, pero es poco lógico. La segunda es que algo le pasó y está en problemas. Evan jamás me desecharía por una estupidez.

Aquellas palabras le provocaron una serie de sentimientos encontrados. Después de todo Evan había sido su novio más lindo jamás visto. Tragó saliva con incertidumbre y se atrevió a sonreír brevemente.

—Caroline, hermana… —comenzó a decir Shelby, sintiendo que su garganta se le cerraba—me han dicho algo sobre Evan.

— ¿Dónde está? ¿Él está bien? —un brillo infantil y esperanzador atravesó su mirada.

—Encontraron su coche vacío cerca de Central Park. Había rastros de sangre en él, mechones de su cabello y, además, un zapato suyo fue encontrado a unas calles de distancia.

Cuando concluyó de hablar, la sonrisa de Caroline se ensanchó y se congeló en sus labios, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.

— ¿Caroline? —deslizó una mano hacia su barbilla para que la mirara a los ojos—debes guardar la calma… —Y ahí fue donde Caroline se levantó bruscamente y salió corriendo a la calle. Sobresaltada, Shelby fue tras ella y paró en seco al verla caer de rodillas a la sucia acera. Un grito desesperado salió de su garganta y Shelby sintió pena, antes de verla correr sin rumbo.

«Egon Peitz» [HORAS ATRÁS]

Luego de haber golpeado a Evan hasta la muerte, guardó la calma durante unos minutos antes de arrastrar su cuerpo inerte a su auto sin importar que el rastro de sangre y cabello quedase por todos lados y que su miserable zapato quedara en medio de la calle. Observó con desprecio la cara destrozada del chico y lo lanzó a la cajuela del Cadillac. Se deslizó dentro del coche y comenzó a conducir sin rumbo. Se había puesto nervioso al llevar dentro de su vehículo el cadáver de alguien, ya que, no estaba preparado para ocultarlo.

Había reaccionado sin pensar y ahora tenía que buscar la manera de deshacerse del mezquino cuerpo. Se agarró de los cabellos en un semáforo y se percató que sus nudillos estaban manchados de sangre.

Maldijo durante todo el trayecto al departamento. Se cercioró de que los gemelos no estaban a la vista y entró a hurtadillas, en busca de dinero y ropa extra. El cadáver no iba a quedar en Nueva York, sino en otro lugar y ni siquiera iban a encontrar una parte entera.

Lo eliminaría por completo. Sin rastro. Tenía que sacrificar la seguridad de Shelby por la suya. Sin embargo, cuando encontró lo necesario y lo guardó en el auto, se encargó de dejar una nota para los gemelos con indicaciones. Se frotó el puente de la nariz con brusquedad y gruñó con severidad, sopesando la situación.

No tenía alternativa. Debía huir.

Se refrescó la cara y lavó sus manos, viendo como el agua se teñía de sangre y se iba por el lavabo. Dejó absolutamente todo limpio para que nadie sospechara ni evidenciara nada. Sacudió la cabeza y salió apresuradamente cuando escuchó un ruido en la planta alta.

Comenzó su marcha en dirección a una ciudad cercana. Moría de cansancio, pero era lo que debía hacer, además, Shelby no tenía por qué enterarse de la muerte de ese chico. Condujo hasta el amanecer a base de cafés de las diferentes tiendas de autoservicio que encontraba a su paso y de chocolates, aunque bien, prefería las cosas saladas como una hamburguesa, pero como estaba muy preocupado, incluso el hambre se le fue de las manos.

Se detuvo a descansar por un rato debajo de un árbol hasta que se sintió lo suficientemente estable para continuar. Arrugó la nariz pese al fétido olor que emanaba de la sangre del bastardo que ocupaba la cajuela y escupió, sacando la cabeza por la ventana. Tiempo después, su teléfono comenzó a sonar y pensando que se trataba de Aubrey, contestó, pero se llevó la sorpresa de que era Shelby y no tuvo el valor de cortar la llamada. Era estúpido pensar que incluso ahora la voz de esa chica lo ponía nervioso.

Cuando concluyó la llamada incómoda con ella, miró el libro que había querido regalarle y gruñó. Se sorprendió de lo lista que ella era. Había adivinado rápidamente que él había sido el asesino del novio de su hermanastra en un primer momento. Vaya. Sonrió entre dientes.

Y de pronto, mientras conducía, miró un lado de la carretera con fascinación. Estaba en un lugar alejado de Nueva York y aquel lugar era perfecto: Árboles secos entrelazados entre sí, entre rocas y tierra con basura. ¿Quién sospecharía que un ciudadano de Nueva York estaría ahí enterrado, esperando a fusionarse con la porquería de ese lugar?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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