Dark Beauty - Capítulo 52
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Capítulo 52: Capítulo 52
—¡No! Esto no está bien, no quiero besarte. ¡Deja de besarme! —gimió ella presa de los labios de aquel chico que tanto la abrumaba, pero Ni siquiera intentó apartarse de él, sino todo lo contrario.
Le rodeó el cuello con los brazos y le revolvió el cabello mientras el beso se intensificaba. Sus piernas, sorprendentemente, llegaron alrededor de la cintura de él y apenas y podían respirar. Era como si cada uno dependiera de los besos del otro para vivir.
—Tienes el universo en tus labios, Shelby Cash—susurró él con sus labios aún presionados con los de ella.
Y cuando por fin dejó de besarla, deslizó su boca por su mandíbula y fue descendiendo poco a poco al cuello; donde la dejó presionada, sintiendo el temblor de Shelby bajo su cuerpo. A Egon le hubiese gustado seguir besándola, pero, viéndolo desde la perspectiva de ella, le pareció que era inoportuno querer forzarla a tener su primera vez con él ahí.
En ese sitio inadecuado y se apartó lentamente, teniendo demasiado autocontrol. Shelby, todavía aturdida por lo que acababa de ocurrir, deseó volver a tenerlo cerca. Los besos que él le había dado aún le quemaban la piel.
—¿Qué es lo que haces? —jadeó, al verlo caminar unos pasos lejos de donde ella estaba.
—No sucederá esta noche, Puppy, lo siento.
Shelby tardó unos segundos en volver en sí y comprender lo que estaba diciendo.
—¡Cómo te atreves a dejarme con ganas de más! —gritó, alterada y ruborizada—es la última vez que me besas. Y por supuesto que no sucederá nada esta noche ni nunca, ¿Entiendes? Jamás.
Y a pasos torpes, se dirigió a la salida sin mirarlo. Le ardía la cara de vergüenza y cólera. ¿Quién se creía para besarla de tal modo y luego dejarla con ganas de más? Estaba realmente loco. Y ella estaba aún más por haberle seguido el juego. Se lo tenía merecido por ser tan idiota. Pero tenía que admitir que le sorprendió la abstinencia de Egon.
Se suponía que él se moría por tener relaciones y minutos atrás había tenido la oportunidad, pero se retractó, dejándola enfadada. Y le sorprendió mucho más darse cuenta que ella había estado dispuesta a entregarse a él en ese momento.
«¡Qué chica tan más idiota eres! ¡Te lo dije, ingenua, caíste redondita a sus redes, ahora calla!», le gritó su subconsciente racional en tono burlón.
«No eres ingenua, lo disfrutaste y eso no lo puedes cambiar», susurró la voz de la locura. Sacudió la cabeza y se percató que la puerta de cristal estaba cerrada.
Azorada, se dio la vuelta y se encontró a Egon a unos metros, mirándola.
—Supongo que esperabas más que unos besos, ¿no? —se atrevió a decir él, cínicamente. Ella desvió la mirada a otra parte—antes que nada; te informo que mi autocontrol está al límite y que me detuve por ti.
—¿Por mí? Pero yo sí estaba dispuesta a hacerlo—se sintió ofendida—fuiste tú él que se detuvo a sabiendas que esta era la única oportunidad conmigo para que tu fantasía se hiciera realidad.
—¿Fantasía? —elevó una ceja en su dirección con incredulidad.
—Sí. La fantasía de tener sexo conmigo—decirlo la hizo ruborizar más de lo que había pensado y él ahogó una risa nasal.
—Cariño, no es una fantasía, simplemente te deseo—replicó, casual y se acercó a ella—y tú me deseas a mí.
—Eres un idiota.
—Soy un idiota que amas besar.
—No digas estupideces y déjame salir de aquí. Ya es muy tarde y debo llegar a casa.
—En eso tienes razón—estuvo de acuerdo y juntos salieron de los pies de la estatua de la libertad.
Regresaron a la orilla de la ciudad en menos tiempo de lo que habían llegado a la estatua. Se marcharon casi derrapando porque el reloj marcaba furiosamente las once de la noche y Shelby tenía un presentimiento espantoso. Además, Austin se había llevado su auto y era probable que su madre y Charlie lo tuviesen bajo un interrogatorio.
Le instó a Egon para que se diera prisa y él con gusto aceleró, pasándose semáforos en rojo y yendo a una velocidad excesiva. Shelby solamente se aferró al asiento y al cinturón de seguridad.
De vez en cuando, ella sentía la mirada de Egon sobre su persona, pero estaba tan ocupada pensando en las posibilidades que tenía para no quedar castigada o las numerosas excusas para defenderse como para estar segura si de verdad la estaba viendo.
—Para el auto—dijo Shelby al momento que divisó a lo lejos a Austin de pie, junto al escarabajo y enfrente suyo estaban sus padres con cara de pocos amigos—no aparques detrás del escarabajo. Quédate aquí.
Egon se detuvo a dos casas lejos de la suya y ella cogió su mochila y se apresuró a bajar. Corrió hasta detenerse entre Austin y sus padres. El pobre chico estaba tratando de no perder el control y en cuanto la vio, respiró aliviado.
—¡Shelby Cash! —gritó su madre y se le fue encima, cogiéndola del brazo con brusquedad y jalándola hacia la casa—¿Dónde estabas? ¿Cómo es posible que hayas dejado tu auto en manos de este chico?
—Austin, vete a casa—le dijo al gemelo y este asintió, pero Shelby no contaba con que Charlie le bloquearía el paso, evitando que se fuera. Sujetó a Austin del cuello de su playera y lo empujó al suelo con violencia.
—¡No te le acerques a mi hija! —vociferó el hombre con rabia. Shelby entornos los ojos al ver descender a Egon del Jetta con los ojos lacerantes de ira. Se dirigió directamente a Charlie mientras Austin se incorporaba con enfado.
El problema era que Egon, a juzgar por su rostro endurecido y su mirada en llamadas, se encontraba a punto de darle una paliza a su padrastro y si Austin se le unía, quizás terminarían matándolo y eso no lo iba a permitir. Se soltó de su madre y echó a correr para interponerse entre ellos.
—¡No! —exclamó con nerviosismo—Charlie ve a casa con mamá y Douglas… no te atrevas a dar un paso más.
Sin embargo, Charlie arrugó la frente y la echó hacia atrás como gesto protector.
—Shelby ve a casa—replicó su padrastro con voz queda y la madre de Shelby se acercó con paso inseguro a ellos. Pero Egon miraba con demencia a la pareja.
—¡Jamás, en su puñetera vida, vuelva a agredir al chico! —le gritó Egon a Charlie con las venas sobresaliéndole del cuello y señaló a Austin, quién permanecía tras él.
—¿Quién te has creído para hablarme de esa manera, idiota? —replicó Charlie con cólera y Shelby supo que eso acabaría mal si no se apresuraba a arreglarlo. Detuvo a su padrastro antes de que avanzara hasta Egon.
—No, papá—suplicó, muerta de pánico—si me consideras como tu hija; por favor, detente.
—Por supuesto que eres mi hija, no de sangre, pero lo eres y no voy a dejar que ningún imbécil venga y te lleve a quién sabe dónde—gruñó.
—No conoces a Douglas. No sabes de lo que es capaz, por favor—lo empujó, pero Charlie logró liberarse de su agarre con facilidad. Y el mundo pareció detenerse para Shelby. Su padrastro se acercó lo suficiente a Egon y le propició un puñetazo directo a su mejilla, pero en vez de que él aullara de dolor, se quedó quieto en su sitio, sin inmutarse. Detrás de él, Austin entornó los ojos sorprendido y sujetó enseguida a Egon de los hombros para detenerlo.
—Vámonos—tiró de él hacia atrás—es el padre de Shelby, vámonos. Amigo, vámonos.
Egon apretó la mandíbula y asintió a regañadientes. Se dio la vuelta para irse, pero de pronto, giró sobre sus talones y embistió al padrastro de Shelby, dándole un puñetazo en el abdomen, dejándolo sin aire. Y hecho eso, se echó a correr con Austin rumbo al Jetta y se marcharon a toda prisa.
—¡Charlie! —gritaron Shelby y su madre al unísono y fueron a auxiliarlo.
—¡Se supone que no volverías a ver a ese idiota! —masculló él, incorporándose con dificultad. Shelby no dijo nada; y ayudaron a Charlie a entrar a la casa. Estando dentro, Trixie Cash le preparó un té a su esposo y mandó a su hija a ponerle unos hielos en el estómago. La piel del estómago de Charlie estaba enrojecida y habían huellas de los nudillos de Egon en ella.
—¿A dónde demonios te fuiste con ese delincuente, Shelby Anne Cash? —espetó su madre, encolerizada. Por un segundo, Shelby pensó que ya se había dado cuenta del verdadero trabajo de Egon, pero luego recordó que su madre le decía delincuente a cualquiera que hiciera cosas que ella miraba mal.
—Me lo encontré por la casa de Thomas y me invitó a dar una vuelta—contestó, con los ojos fijos en el golpe de su padrastro.
—¿Y por qué ese otro idiota trajo tu auto? —preguntó Charlie, haciendo una mueca.
—Hizo el favor para que mi escarabajo no quedara en la casa de Thomas.
—Bueno. ¿Quieres quedar castigada?
Shelby volteó a ver furtivamente a su madre y esta se cruzó de brazos.
—No.
—Entonces olvídate de ese muchacho y sus amigos. ¡Mira lo que le hizo a Charlie! Lo golpeó el muy infeliz.
—Solamente se defendió porque Charlie lo golpeó primero—masculló.
—Estupendo—gruñó Charlie con rigidez.
—No se preocupen. Estoy molesta y le diré que ya no quiero tener ningún tipo de conexión con respecto a él—prometió Shelby con dureza. Sin miramientos, dejó a su padrastro postrado en el sofá y subió a su habitación con frustración. Egon se había pasado de la maldita raya. Lanzó su mochila a alguna parte y se tumbó a la cama con el rostro hundido entre las sábanas. Sopesó la idea de llamarlo y gritarle hasta de lo que iba morir, pero no quería que él volviera para provocar otra disputa, por lo tanto, decidió quitarse la ropa y darse una ducha fría para pensar las cosas.
Había sido víctima de sus malditos besos y hasta capaz de tener sexo con él; y vaya que estaba demasiado loca para haberlo permitido. Cuando concluyó la ducha, se vistió con su pijama favorita y se echó a dormir con los nervios de punta.
Los días consiguientes, Egon le envió recados a través de Aubrey en la escuela. Le mandaba escritos donde decía de todo, menos una disculpa por lo que le había hecho a Charlie y ella se negó a responderle.
Los ensayos con Thomas fueron, a petición de su madre, en su casa. Tanto Charlie y su madre le cogieron cierto cariño a su compañero de baile y de clase, en nueve días. Incluso ellos estaban presentes en el ensayo que hacían en la sala y un par de veces fueron a visitar a Caroline con Thomas.
A decir verdad, el chico tomó con calma la situación de su hermanastra y eso ocasionó que Shelby le tomase más aprecio. Hasta Caroline lo saludó amistosamente cuando Thomas se presentó por segunda vez a verla. Era como si Lola Calvin jamás hubiera existido y él tomase su lugar sin pedir permiso.
La rubia, por su parte, volvía a ser la de antes al igual que Trenton; solo que en sus miradas no permaneció el brillo vivaz de siempre. Y cuando estaban a un día del concurso de baile, Thomas se hallaba cenando animadamente en la casa de Shelby, hablando sobre el tema.
—Es realmente buena, lo digo en serio—agregó Thomas sonriendo, cuando Charlie le preguntó sobre la manera de desenvolverse su hijastra en los ensayos.
—Hago lo que puedo—añadió Shelby, ruborizada.
—Eso lo veremos mañana—dijo su madre, sonriendo con emoción—estoy segura que van a ganar esos puntos.
—Eso espero—repuso él, comiéndose un brócoli con una sonrisa.
A Shelby le gustaba mucho verlo a los ojos. Ese matiz verde agua le provocaba cierta ternura. A veces dudaba de la orientación sexual de su amigo, pero le importaba muy poco. Era guapo, sexy, estudioso y muy tierno. ¿Cómo era posible que no tuviese novia?
—¡Hasta mañana! —exclamó él, al despedirse—recuerda que a las seis de la tarde en punto tienes que llegar para estar a tiempo.
—No lo olvidaré. Nos vemos mañana.
Charlie y su madre se despidieron de él con la mano, y lo observaron irse en su coche.
—Me encantaría que fuera tu novio—objeto Trixie Cash.
—Eso dijiste de Douglas.
—Estaba equivocada. Thomas es el correcto.
—Mejor dejémosla descansar para mañana —interpuso Charlie con los ojos en blanco.
Más tarde, mientras Shelby se preparaba para dormir, aunque no iba a dormir de tantos nervios, se acomodó en la cama, miró al techo y le sonrió a Dylan O’Brien.
Y suspiró. El día esperado era mañana y tenía una ligera sensación de desasosiego e incertidumbre implacable que le presionaba el pecho con dureza. Cerró los ojos y respiró tranquilamente para relajar la tensión, pero se fue al carajo cuando su teléfono comenzó a sonar.
Era Egon. Era la milésima vez del día que la llamaba. Desde el incidente con su padrastro, él la llamaba a todas horas del día y ella no atendía a la llamada. Hizo una mueca y respondió.
—Me has llamado tantas veces que ya me he aprendido de memoria tu número de teléfono.
—He marcado tantas veces tu número que incluso puedo deletrearlo al revés.
—¿Qué se te ofrece?
—¿Por qué no atendiste a mis llamadas?
—No tengo obligación de hacerlo.
—Tampoco respondiste a mis recados con Aubrey—rugió.
—Oye, le diste un golpe a mi padrastro que casi lo deja sin aire; y creo que eso es la explicación a lo que preguntas.
—Agredió a Austin y también me golpeó.
—Sí. Pero estaba protegiéndome.
—Te protegía del sujeto equivocado—replicó.
—Norman White ya es del pasado. Ya no me preocupo por él.
—Al menos estoy tranquilo que podrás defenderte si él te encuentra.
—¿En serio me llamaste solo para mencionar a ese idiota? —graznó—porque mañana es mi concurso y debo estar relajada…
—Iré a verte. Es a las seis y media de la tarde, ¿no?
Ella entornó los ojos.
—¿Cómo sabes la hora…?
—Mañana nos vemos ahí—y le colgó.
«Norman White»
En los días transcurridos, el rubio se había vuelto cada vez más demente. Cada noche salía de excursión con Anthony y dejaba a Patrick de vigilante en la casa de Lola.
Mientras que Lola y su madre se la pasaban acurrucadas en el sótano en espera del rubio. Una tarde, cuando comían en silencio, a Lola se le escapó mencionar sobre el concurso de baile para ganar puntos extras frente a Norman.
—¿Qué has dicho? —preguntó con interés. Ella negó con la cabeza, tratando de cambiar su comentario.
—Le estaba diciendo a mi madre que habrá tareas extras para ganar unos puntos para los exámenes.
—Oí algo sobre un concurso.
—No fue lo que dije—le contradijo, con palidez en el rostro.
Su madre tragó saliva y continuó comiendo en silencio.
—Sí. Lo dijiste—espetó—ahora dime cómo está eso del concurso. Quiero escucharte.
—No viene al caso. No es importante.
—¡Habla! —vociferó.
—Es un concurso de baile—titubeó—la mayoría entrará y ganarán puntos.
—¿Entraste a concursar? —ella negó con la cabeza— ¿Y Shelby?
—Creo que sí.
—¿Y cuándo se ejecutará esa basura?
—En unos días… ¿Por qué?
—Vamos a ir.
—¿Qué?
—Vamos a ir todos—sentenció con locura—si Shelby va, es más que obvio que Egon también.
«Día del concurso, 5:30 pm»
Shelby se moría de los nervios mientras se dirigían al Instituto con sus padres y Caroline. Su hermanastra había salido de rehabilitación solo para ir a verla. Y le alegraba darse cuenta que ya se encontraba mucho mejor desde la muerte de Evan.
—Debiste haberte vestido para que no te precipites llegando a la escuela.
—Oh, vaya. La señorita sabelotodo ha hablado—bromeó Shelby ante el comentario de su hermanastra.
—Estoy segura que perderás los estribos cuando te des cuenta que tuve razón— rio Caroline y todos le siguieron.
Iban apretados en el escarabajo, pero estaban felices y eso era lo que Shelby podía pedir. Armoniosamente todo estaba volviendo a su sitio, todo comenzaba a coger de nuevo el rumbo de siempre y era un alivio.
Cuando llegaron a la Universidad; se percataron que había un genuino embotellamiento que se extendía hasta a más de tres calles de distancia del Instituto y eso estresó a Charlie, ya que él conducía.
Shelby miraba momentáneamente a todas partes a través del cristal, buscando involuntariamente a Egon o a los gemelos, pero solo miraba caras adultas tratando de entrar al estacionamiento de la escuela con irascibilidad.
—Vaya. ¿Dijiste que el concurso era para tener puntos extras? —preguntó Caroline, arrugando la nariz y Shelby asintió—entonces hay demasiados burros que necesitan esos puntos.
—No te burles porque yo soy una de ellos.
—Los necesitas porque estuve enferma.
—Es igual. Formo parte de ellos.
Avanzaron a paso lento y estresante. Ahí fue donde Shelby le dio la razón a Caroline sobre no haberse puesto el vestuario, pero viéndolo de otra manera, si le hubiese hecho caso, en esos momentos esa ropa estaría curtida en sudor a causa del amontonamiento. Se relajó en el asiento y vio su teléfono. Tenía una llamada pérdida de Thomas y un mensaje de texto de Lola. Era demasiado extraño. Y sin más, abrió el mensaje.
«Shelby, cuando termine tu baile, estaré esperándote con Trenton en la cafetería. Ven sola.»
Juntó las cejas con extrañeza. Lola Calvin la estaba citando a que fuera a solas a la cafetería donde estaba claro que no habría gente, pero quizás se trataba de algo privado que quería contarle, por lo que le respondió:
«Ok. Después de que termine el show te veo ahí.»
Buscó después a Thomas en sus contactos y le devolvió la llamada.
—No hablen. Voy a llamarle a Thomas.
Pero de todas maneras nadie le hizo caso y marcó.
—Cash—dijo él en cuanto tomó la llamada.
—¿Qué pasó? Vi tu llamada.
—¿Dónde estás?
—Tratando de entrar al estacionamiento con mi familia, ¿y tú?
—Ya estoy en los camerinos. Deberías bajar y adelantarte en lo que tus padres encuentran donde estacionarse, la mayoría se bajó del auto y nos reunimos aquí. Tal parece que algunos profesores están en medio de los autos, por lo que tienes tiempo de bajar y venir conmigo.
—De acuerdo. ¿Dónde están los camerinos?
—El escenario está montado en el campus y los camerinos están por el edificio que ya no se utiliza. Ven.
—Voy para allá.
Colgó y se echó la mochila a los hombros.
—Tengo que adelantarme a entrar—dijo y se abrió paso entre su hermana y su madre para poder bajar.
—¿Dónde te encontraremos? —preguntó Charlie.
—Vayan directamente al campus, ahí voy a estar con Thomas.
Se deslizó fuera del escarabajo y corrió al Instituto en medio de los autos, y los demás concursantes, al verla bajar y echarse a correr, hicieron lo mismo. Se bajaron de sus vehículos y la siguieron.
Recorrió todo el estacionamiento cuidando de no ser arrollada por algún coche y por fin entró a las instalaciones de la escuela, donde se encontró con un cartel que decía “No hay paso. Rodee el edificio para llegar al escenario”. Bufó y retrocedió. Rodeó la escuela hasta que divisó el campus y parte del escenario.
Había muchas sillas, muchas a decir verdad y un escenario enorme con muchas personas a su alrededor. Rápidamente se escabulló hasta internarse más allá de donde estaba el escenario y percibió que no había ningún camerino cerca del edificio. Todo estaba desierto y sucio.
Hizo una mueca y echó un vistazo más de cerca, en caso de que Thomas se encontrase ahí, pero no había nadie más. Solo ella. Y a sus espaldas se escuchaba el murmullo de la gente acomodando el escenario y algunas cosas que faltaban. Cuando se disponía a abandonar ese sitio, una mano rodeó su pecho y otra su boca.
Por instinto, como recordaba que Egon le había enseñado, mantuvo la cordura y sujetó en un ágil movimiento a su atacante de la mano que estaba sobre su pecho y giró en redondo, haciéndole una llave e inmovilizándolo con el brazo hacia atrás con rudeza.
—¡Ay! Espera, soy yo, Thomas—se quejó el individuo al que tenía intención de fracturarle el brazo.
—¡Con un demonio, Thomas! ¡Jamás me des un susto así! —lo liberó enseguida y el chico trastabilló hacia adelante casi perdiendo el equilibrio.
—No pretendía asustarte, simplemente iba a hacer el típico “arriba las manos” para ver cómo reaccionabas, pero fue una pésima idea—se frotó el antebrazo con incertidumbre.
—No quería lastimarte. Lo siento—se sintió avergonzada.
—Descuida, el idiota fui yo—suspiró agobiado y hasta en ese momento Shelby observó su ropa: ya tenía puesto la vestimenta, medias negras y una playera blanca sin mangas. Se miraba lindo y a la vez sexy—tienes buenos reflejos.
—Me encanta golpear personas—bromeó y él rio.
—Procura no golpear a tus amigos—la miró con el fantasma de una sonrisa y la animó a andar en dirección a los verdaderos camerinos.
—¿Por qué me dijiste que aquí estarían los camerinos?
—Porque quería asustarte, pero ya recibí mi merecido—se frotó de nuevo el antebrazo para hacer énfasis en sus palabras. Shelby se encogió de hombros y se dirigieron detrás del escenario. Aún no había la mayoría de concursantes, pero estaban comenzando a llegar conforme pasaban los minutos.
—¿Crees que es buena idea que me cambie? —preguntó a Thomas.
—Sí. Porque no creo que te dé tiempo después, sígueme—la condujo hasta una puertecilla de madera y le indicó que entrara—estaré afuera si me necesitas—dijo y ella cerró la puerta tras de sí.
El minúsculo cubículo a penas y era de un metro cuadrado. Dificultosamente había espacio para moverse y quitarse la ropa. Se enfundó las medias negras, la pequeña falda que le quedaba más arriba de los muslos y la blusa sin mangas del mismo tono.
Se sentía ridícula vestida así, que incluso pensó en la mejor manera de escapar y fingir su muerte para no salir a bailar como una loca. Cuando salió de ese espacio incómodo, se encontró con alguien que pensaba ver, pero no en ese preciso instante.
Egon Peitz dejó de hablar con Thomas en cuánto sintió su presencia y le envió una mirada fija a toda su persona. De arriba abajo para ser exactos y Shelby se ruborizó. No obstante, él comenzó a retroceder con las cejas elevadas y desapareció hacia al frente del escenario.
Miró ceñuda a Thomas y este se encogió de hombros y ella estuvo casi segura de que había ocultado una sonrisa.
—¿Qué quería él? —le preguntó avanzando a donde su amigo se hallaba y componiendo las correas de su mochila en la espalda. Su cabello era un desastre y se lo recogió en una coleta.
—Douglas—le oyó mencionar a Thomas, esbozado una sonrisa—tu querido novio solamente ha venido a saludarme y a ver qué tal estábamos.
Con los ojos estrechados, Shelby escaneó la expresión del chico con dudas. Era obvio que Egon no había llegado a hablarle a Thomas solo para saludarlo, e intentó presionarlo.
—Él no pudo solamente saludarte—repuso—tienes que decirme qué te ha dicho.
—Nada—reiteró—solo me saludó y nos deseó suerte. Va a estar en primera fila con unos chicos.
—¿Otros chicos? —pensó en los gemelos y sonrió levemente. Los chicos habían llegado a verla. Y de pronto, se acordó de la anciana Martha y deseó que ella también hubiese llegado. Aunque no habían sido del todo “amigas”, ahora sabía que era una buena mujer a pesar de ser una loca.
—Sí. No entró en detalles—replicó y vio que sus ojos habían perdido el interés en la charla. Hubo unos minutos de silencio entre ellos y el ambiente se tornó un poco incómodo hasta que él habló de nuevo—te queda perfecta la vestimenta.
—Me veo patética.
—Eso no es lo que pensó tu novio hace unos minutos—replicó con malicia—ahora acompáñame a dar una última vuelta para ver si alguien necesita ayuda con la escenografía.
La agarró de la mano y juntos rodearon el escenario, donde lograron ver que gran parte de las sillas ya estaban ocupadas y parte de los concursantes se encontraban vistiéndose en la penumbra del edificio abandonado.
Y entre las personas de la audiencia, localizó a Egon enseguida. Los gemelos estaban a cada uno de sus costados y Martha estaba delante de ellos leyendo un libro. Shelby suspiró aliviada de verla y continuó andando con Thomas hacia unos sujetos que peleaban contra los reflectores.
Cuando se ofrecieron a ayudar, los sujetos no lo dudaron dos veces y les entregaron algunos cables y enchufes. Ella gruñó y tuvo que obedecer. Mientras lo arreglaba, sintió que el sudor comenzaba a surgir de sus poros y se detuvo abruptamente.
—No. Thomas, no es nuestro deber acomodar los reflectores—graznó, enfadada—estamos todos sudados y no hemos bailado. Si quieres ayudar a estos estúpidos, hazlo. Yo iré a sentarme para refrescarme.
Dejó enredado los cables y avanzó, azorada, hacia la parte trasera del escenario. Thomas continuó con los cables y ella aprovechó a echar un vistazo a Egon y a ver si su familia ya había ocupado un asiento.
Primero vio a Egon que miraba a todas partes con los ojos alertas y atentos. Los gemelos hablaban entre sí y Martha seguía sin apartar la mirada del libro que tenía sobre el regazo. Percibió la presencia de su familia justamente cuando se situaron en la parte de en medio de las sillas. Pestañeó al ver llegar a Lola Calvin con Trenton Rex pegado a sus talones. Ambos miraban en todas direcciones con la misma expresión de Egon: Atentos y alertas.
Sin embargo, a Shelby le importaba un rábano si todos ellos buscaban a Norman esa noche. Ella iba a bailar y a conseguir puntos extras. Ese era su plan. Nada más. Luego de quince minutos, una mujer de edad madura, pero demasiado guapa; se filtró a la parte trasera del escenario y dio unas leves palmadas que captó la atención de todos los concursantes. Shelby les echó un vistazo a sus atuendos y casi rompió a reír. Si ella se sentía ridícula, ellos de verdad lo eran.
—¡Todos, acérquense! —exclamó la mujer y todos se juntaron a su alrededor con los ojos bien abiertos. Y Shelby tuvo que hacerlo también, gracias a Thomas, quién la empujó hacia adelante para que escuchara las indicaciones—bueno, muchachos. Como ya saben, es la primera vez que hacemos esto y quiero que tengan en mente que esto los ayudará a conseguir esos puntos que tanto anhelan. La mayoría que concursa, de seguro son los que más lo necesitan y les deseo mucha suerte—continuó diciendo la mujer guapa—habrá tres parejas ganadoras.
—Somos diez parejas en total—objetó alguien que Shelby no logró reconocer entre la tenue oscuridad.
—Y con más razón le echarán ganas—replicó la mujer, sonriendo—los jueces son muy estrictos, así que esfuércense al máximo—suspiró y sacó algo de sus pantalones. Extendió la palma de una mano hacia arriba donde dejó a la vista unos papelitos hechos bolita y miró a cada uno de los presentes con ojos curiosos—elijan un solo papel y ahí sabrán qué número de concursantes son.
Thomas picó la espalda de Shelby con el dedo y la instó a dar un paso y meter la mano en busca del papelito. Ella se acercó y cogió una bolita. No quiso abrirla, y se la entregó a Thomas para que él le dijera que número sería. De pronto todos comenzaron a susurrar sus números con entusiasmo.
—Somos el uno—chilló una chica, dando saltos con su pareja.
—Somos el cuarto—canturreó un chico, con excitación.
—¿Qué número somos, Thomas? —Shelby miró a su compañero, él desdobló el papel y arqueó ambas cejas con los ojos puestos en el número.
—Somos el décimo número, Cash.
Entonces Shelby suspiro de alivio y esbozó una sonrisa radiante. Tenía tiempo de sobra para relajarse. Minutos más tarde, ya se escuchaba con claridad el murmullo de voces de la audiencia esperando ansiosamente el momento de la apertura del concurso.
—¡Buenas tardes! —dijo alguien en el escenario a través del micrófono—esto no se hace a menudo, por lo que esperamos que sea de su total agrado—siguió diciendo y hubo aplausos de por medio—con ustedes, el primer número; Candace Parker y Henry Howe.
Y el aplauso resurgió con más frenesí. Shelby miró a la pareja dar saltitos nerviosos antes de entrar al escenario con una enorme sonrisa. Esperó unos segundos y notó que la luz de los reflectores bajó de intensidad y de las bocinas comenzó a sonar la canción de SIA, Elastic Heart.
Shelby suspiró aliviada, ya que había sido una barbaridad que hubiesen bailado la misma canción. Thomas, quién también suspiro de alivio, le regaló una sonrisa reconfortante.
—Siento que vomitaré—murmuró, ansiosa.
—Tranquilízate. Es un baile nada más, no es un concurso televisivo donde medio mundo te verá. Recuerda que, si ganamos, tendremos una calificación excelente.
Asintiendo, Shelby se relajó y se sentó en una escalerilla para recuperar el aliento. Se quitó la mochila de los hombros y la colocó en su regazo. Estar descalza le desagradaba a la brevedad, ya que, el suelo de madera estaba húmedo y sucio.
Esperaron pacientemente a que cada número terminara de bailar y cada vez faltaba menos para el momento del suyo. Thomas se había sentado junto a ella y miraba el cielo con la boca abierta. Shelby no entendía que era lo entretenido que le veía hasta que él le respondió a su pregunta como si le hubiese leído la mente.
—El cielo es enorme, ¿no crees, Cash? —preguntó. Era una pregunta retórica—es tan inmenso que incluso podrías perderte en él. Es como un camino que puedes elegir y perderte. Aunque en sí, lo que te detiene es la gravedad, más no los deseos de adentrarte a un nuevo mundo, lejos de este. Es decir, sería fabuloso poder tener acceso al camino que lleva el cielo e ir en busca de aventuras y misterios del infinito.
Shelby lo miró boquiabierta. Definitivamente, Thomas era todo un estuche de monerías y le agradaba. Él, desde luego, leía también, pero quizás más que ella.
—¿Te gusta el cielo solo por el simple hecho de querer escapar de este mundo? —le preguntó, muy interesada en sus palabras.
—No. Escapar no. Yo más bien pienso que la palabra adecuada sería “descubrir” otro mundo—comentó, sin apartar sus ojos verdes del cielo.
Asintió sin replicar y se quedó observando el cielo con él, en absoluto silencio.
Y se quedaron absortos que no se percataron que ellos eran los únicos que faltaban para concursar y que habían estado mencionado sus nombres varias veces. El momento había llegado y Shelby sintió que el estómago se le revolvía y que la sangre abandonaba su rostro. Thomas fue el primero en reaccionar y se incorporó de un salto.
—Vamos—le dijo, extendiendo su mano—deja la mochila aquí. Es hora.
Tragando saliva, obedeció y dejando la mochila en el suelo, lo agarró de la mano y esperaron a que dijeran de nuevo sus nombres para salir al escenario donde muchos ojos los escrutarían.
—¡Y LA DÉCIMA Y ÚLTIMA PAREJA ES SHELBY CASH Y THOMAS WILSON! —repitió el sujeto con algo de desesperación.
Thomas dio el primer paso en el escenario y ella lo siguió con una sonrisa en el rostro. Él le devolvió el gesto y se miraron fijamente. Comenzó a sonar la canción y Shelby, ruborizada, empezó a bailar como había practicado.
Thomas la seguía con la mirada mientras ella se deslizaba por el escenario al ritmo de la canción y después él se acercó y la levantó en el aire, haciéndola girar y luego soltándola, fue pasándole las manos por la cintura mientras que Shelby giraba. Cuando la canción se tornó más intensa, ambos se agarraron de las manos y acercaron sus rostros hasta el grado de rozar sus narices y entonces Shelby se impulsó hacia arriba y él la levantó por encima de su cabeza y giró con ella encima, hasta que la deslizó al suelo lentamente.
Concluyó la canción y habiendo así un lapso de silencio, la gente comenzó a aplaudir con emoción. Ella, sudorosa y con el corazón golpeando sus costillas, se levantó con ayuda de Thomas y miró a las personas que la miraban, maravillados. Entre ellos su familia, los gemelos y Martha. Más atrás estaba Lola y Trenton mirándola con una débil sonrisa. Todos las miraban, excepto Egon.
Él se había levantado de su asiento y se encaminaba al escenario con una sonrisa maliciosa en los labios. Ella frunció el entrecejo y se volvió a Thomas, quién ya se hallaba fuera del escenario, mirándola con picardía. Los jueces seguían esperando algo más y se estremeció. Retrocedió unos pasos hasta llegar a su amigo y este la empujó de vuelta al escenario y entonces comprendió que algo pasaba y que Egon tenía mucho que ver. Tragó saliva al verlo subir al escenario con sus ojos negros puestos solo en ella. Le hizo una seña a su amigo y este asintiendo, le lanzó el micrófono.
—Para ti, Shelby Cash—dijo Egon en el micrófono. Sus ojos se desviaron al público y su rostro se iluminó de algo parecido al narcisismo en su máxima potencia. Shelby se quedó pasmada en su sitio y se situó cerca de Thomas. Él estaba manipulando las bocinas. La chica iba a preguntarle qué estaba haciendo cuando la canción “Lonely Boy” del grupo The Black Keys resonó en las bocinas. Pero lo que más le impactó fue ver cómo Egon comenzaba a cantar en el micrófono como todo un profesional.
—Well I’m so above you and it’s fine to see but I came to love you anyway so you tore my heart out and I don’t mind bleeding any old time to keep me waiting…
La verdad es que no esperaba que él hiciera algo así. Mirándolo con la boca abierta, Egon le guiñó un ojo y comenzó a desabrocharse el cinturón y el botón de su pantalón sin dejar de cantar y de mirarla a los ojos. Su voz era gloriosa.
— Oh, oh, oh I got a love that keeps me waiting… —cantaba, moviéndose al ritmo de la canción y de pronto las personas comenzaron a corear con él, excitadas—I’m a lonely boy…
Estupefacta, miró a sus padres que tenían el rostro perplejo y sintió que sus mejillas ardían. Egon se quitó la camisa por completo y la lanzó a sus pies y con las manos temblorosas la recogió y la sostuvo en sus brazos, sonriendo.
— Oh, oh, oh I got a love that keeps me waiting well your mama kept you but your daddy left you and I should’ve done you just the same, but I came to love you any old time you keep me waiting…
Y cuando se acercaba el final de la canción, mientras cantaba, se deslizó los pantalones por las piernas y dando una patada, se deshizo de ellos y avanzó a ella con un glorioso bóxer negro que le quedaba malditamente bien. Sosteniendo el micrófono en una sola mano, se plantó justo frente a ella y cantando el final de la canción, le plantó un beso en los labios.
Cuando por fin la música cesó, la gente había perdido la cabeza y gritaba enloquecida de locura.
—¡PERFECTO! ¡ASOMBROSO! —gritaba la mujer guapa con los jueces.
Sin embargo, Egon hizo una mueca al darse cuenta que el público lo miraba con demasiada fascinación y su rostro se ensombreció.
Recogió sus pantalones y tomando a Shelby de la mano, dieron la vuelta al escenario para hablar en privado, aunque ni tanto, porque ahí estaban los otros concursantes con el rostro neutro y serio.
—¿Qué es lo que acabas de hacer? —preguntó Shelby tras recuperar su voz, luego de la impresión. Él se puso los pantalones y la camisa demasiado rápido.
—Lo amaste, ¿A qué sí? —sonrió de lado y alargó su mano para acariciarle el rostro.
—No debiste hacerlo. Nos van a descalificar.
—No lo harán. Y si lo hacen, se la verán seriamente con mi pistola—susurró con voz fría. Shelby negó con la cabeza.
—Sigo molesta contigo por lo que le hiciste a Charlie.
—Olvídate de ese asunto, ¿okey? —gruñó—mejor vive el presente, eso es más importante, además, no le provoqué ningún daño. Yo solo me defendí.
—Ya—espetó y le dirigió una mirada furtiva—entonces la idea de cantar de repente en el escenario se lo contaste a Thomas cuando los vi hace un rato.
Él se mordió los labios y asintió.
—¡Lo tenías planeado! —lo acusó.
—Necesitaba que me perdonaras con respecto a tu padrastro—titubeó—bueno, no te pedí perdón, pero quiero que no estés molesta conmigo, no lo soporto.
—Nunca vas a poder controlarte y yo no quiero que termines matando a mi familia por el mínimo descontrol tuyo—puntualizó—pero despreocúpate, solo porque me gustó la canción y lo que hiciste, ya no estoy enfadada.
—Puppy, tuve que lidiar con mi maldito orgullo para cantártela; así que de igual manera deseaba que volvieras a hablarme o de lo contrario… no sé qué hubiese hecho—se frotó el puente de la nariz—quizás te habría raptado para mí solo, todo el día de mañana.
—¿Por qué motivo? —alzó la barbilla con aire desafiante y él gruñó— ¿Acaso para ser tu esclava y enseñarme su definición?
—Probablemente—jadeó y la sujetó del cuello con rudeza. La acercó a sus labios y la besó de nuevo, pero ahora ferozmente.
«Norman White»
—Mándale el mensaje a Shelby, idiota—le espetó a Lola, viéndola escribir en su teléfono—dile lo que acabo de ordenarte.
—Ya lo envié.
—Ahora, vámonos. Dile al imbécil de tu novio que mueva el trasero, nos vamos—carraspeó y le hizo señas a Patrick y a Anthony para que se apresuraran también. Miró sonriendo mientras los miraba moverse, pero sus ojos repararon en los ojos de la madre de Lola. La mujer lo miraba horrorizada—y tú, quedarás en el sótano con Gilbert.
Tanto Lola y Trenton se dirigieron a la puerta con Patrick picándoles la espalda con una escopeta. Norman caminó hacia ellos y se adelantó a subir al Volvo de Trenton. Se sentó en el copiloto para que Rex condujera y Lola, en el asiento trasero con Patrick.
—Rápido—siseó el rubio, poniéndole la boquilla de su arma en la sien de Trenton—ya va a comenzar y no quiero perderme el espectáculo.
«Shelby Cash»
Shelby, Thomas y Egon, habían tomado asiento en la escalerilla en espera del resultado de la premiación. Y todos los otros números de concursantes no dejaban de murmurar y de señalar con la mirada a Shelby y a Egon, incluso a Thomas. Estaban molestos, claro estaba. Él apretaba su puño cada que escuchaba el siseo de alguna voz y Shelby le acariciaba el antebrazo para tranquilizarlo. Thomas, por su parte, continuó con su escrutinio en el cielo, absorto de todo lo que ocurría a su alrededor. Y Egon aprovechó a hablar con ella en voz muy baja, casi inaudible.
—No puedo seguir por más tiempo aquí. Si no regreso a mi asiento y sigo escuchando a estos idiotas, no sé de lo que seré capaz para hacerlos callar.
—De acuerdo. Por el bien de ellos y el tuyo; será mejor que me esperes sentado ahí—le aconsejó y él asintió, incorporándose.
—Te veré en un rato más—le aseguró y se marchó hacia el público, quién al verlo, chillaron de emoción y Shelby casi podía jurar que Egon sonrió forzadamente. Un rato después, al cambiarse de ropa, recordó el mensaje que Lola le había enviado y se apresuró a buscarla.
—Thomas, regreso en un minuto—le dijo—si nos hablan, di que fui a hablar con una amiga. No tardaré.
—¿Quieres que vaya contigo?
—No. Aguarda aquí y sí Douglas regresa, dile que no tardo.
Perplejo, el chico asintió y se quedó con su mochila y la miró hasta verla desaparecer entre los arbustos. Estaba lo suficientemente oscuro para pasar de desapercibida entre las personas y más de Egon.
Se escabulló en silencio hasta el edificio y corrió a la puerta que daba a la cafetería, que tiempo atrás se había mantenido cerrada y entró con los ojos bien abiertos.
—¿Lola? —preguntó tras escuchar unos pasos deslizarse al interior de la escuela, en dirección de los pasillos. Apretó los labios y se debatió en seguirla o volver al concurso.
—Sígueme—dijo Lola en la oscuridad.
—¿A dónde?
—Quiero enseñarte algo, Cash. Ven.
Miró por encima del hombro las destellantes luces del escenario y meneó la cabeza. Suspirando, comenzó a seguir a la rubia en la densa oscuridad del Instituto.
—No entiendo por qué exactamente aquí. Vamos afuera—intentó convencerla, pero de pronto sintió la presencia de alguien más en la estancia. Los vellos del cuello se le erizaron, percibiendo peligro. Cerró los ojos a pesar de que todo estaba oscuro y se puso en guardia, acordándose de Egon. Podía apostar su brazo izquierdo a que el individuo, aparte de ella y Lola que se encontraba ahí, era Norman White.
—Lo siento, Shelby—le oyó decir a su antigua amiga en algún punto del pasillo—es tu vida o la mía.
—¿Qué? —espetó, furiosa y de repente sintió unas manos agarrarla por detrás. Acto seguido, Shelby se contorsionó a tal grado, que su oponente la liberó unos segundos, dándole tiempo de propiciarle un puñetazo en la nariz con todas sus fuerzas.
Se escuchó el ligero sonido sordo de la espalda del tipo chocar contra un casillero y Shelby enfocó la vista, pero era incapaz de verse las manos. La oscuridad era absoluta y necesitaba a Egon. Estaba segura que al que había golpeado no era Norman, así que su mecanismo de defensa aumentó.
Y cuando comenzaba a caminar a tientas hacia la cafetería, de nuevo unas manos la apresaron, dejándola sin posibilidades de volver a defenderse, ya que otro par de manos la sujetó contra la otra persona y sintió un repentino horror al escuchar la voz de Norman en su cuello.
—Hola, Shelby Cash. Volvemos a vernos, belleza.
Cerró los ojos angustiada y sintió como un par de manos se separaba de ella para quedarse solamente en manos de Norman.
—Fuiste buena chica en venir al llamado de tu estúpida amiga.
—¡Eres un imbécil! ¡Egon te matará! —le gritó con veneno.
—Egon no está aquí ahora—chasqueó los dedos y las luces se encendieron. Shelby lo miró furtivamente. Él la miraba con sus fríos ojos grises sin dejar de sonreír. Ella tenía que admitir que era demasiado atractivo, pero estaba muy trastornado como para sacarle partido a su asquerosa cara, intentó empujarlo y como vio que era inútil, miró en torno y divisó a Lola en un rincón, con los labios entre sus dientes y la mirada en sus pies, abrazándose a sí misma.
Y a unos pasos estaba Trenton cubriéndose la nariz con un pañuelo, del cual escurría sangre. Y ella se dio cuenta que a él le había propiciado el golpe y se alegró por ello.
—Suéltame, Norman—le ordenó—yo no te he hecho nada.
—¿Nada? —repitió el recién mencionado con una risa idiota—me golpeaste con un bate el día que se fue la luz, ¿lo recuerdas?
—Sí. Lo recuerdo—repuso con brusquedad y esbozó una sonrisa. Ya sabía que Norman había sido el ladrón, pero deseaba que no lo fuera—te hice mierda y debí matarte en ese instante.
Entonces el rubio la liberó y Shelby aprovechó para echarse a correr, pero se detuvo antes de dar el segundo paso frente a un sujeto con cara de pocos amigos que empuñaba una escopeta en las manos, en dirección a su cabeza.
—No irás a ninguna parte—le informó Norman al tiempo que buscaba algo en una maleta—eres una excelente mercancía para mi jefe. Los rusos querrán tenerte y también a Lola. A las dos les irá bien en el negocio de prostitutas—guardó silencio y al encontrar lo que buscaba, se dio la vuelta con una sonrisa demencial. En sus manos había cinta adhesiva color negra con la que amenazaba atarla. Enseguida Shelby giró sobre su propio eje en busca de una salida y se encontró con los ojos de Trenton, él la miraba horrorizado al igual que Lola. Ambos habían retrocedido—sujétala, Patrick—gruñó el rubio y Shelby sintió que su mundo se derrumbaba cuando el sujeto logró inmovilizarla sin titubeos—ahora haz que sus manos queden cruzadas por encima de su cabeza.
El sujeto obedeció y Norman se aproximó a ella y comenzó a atarla con cinta adhesiva. Después, al darse cuenta del principio de un grito que estaba por salir de la garganta de Shelby, se apresuró a sellarle los labios. No le asustaba morir, pero quedó aterrorizada cuando le oyó decir al rubio claramente al sujeto que la tenía inmovilizada:
—A mi jefe le encanta las chicas vírgenes. En el caso de Lola, ya es inútil—rio burlonamente—yo me hice cargo de joderle a mi jefe la satisfacción de quitarle la virginidad y ahora con esta chica, Shelby—la miró con intensidad y perversidad—también lo haré. Si es virgen, yo me haré cargo de arreglarlo y si no lo es, de todos modos, no puedo desaprovechar la oportunidad—los ojos de Shelby se desorbitaron al ver como comenzaba a desabrocharse los pantalones—colócala en el suelo y átala a esa columna—le ordenó al sujeto y fue arrastrada hasta la columna de concreto con los ojos llorosos.
Miró a Trenton y a Lola una vez más. Él apretaba los puños sin importarle que su nariz levemente sangraba y la rubia lloraba en silencio. Después, Shelby se centró en el rubio demente que tenía frente y cerró los ojos cuando él le puso las manos encima.
¿Así era como tendría su primera vez? ¿A la fuerza? Estaba tan indefensa que no podía parar de sollozar. Y él la miraba con tal perversidad que sintió que iba a desfallecer.
—Norman—gimió Lola detrás de él—por favor, por lo que más quieras… no le hagas daño a Shelby. Ella no merece…
—Ella lo disfrutará como tú—le aseguró el rubio, riéndose. Shelby se encogió cuando él volvió a tocarle las piernas. Comenzaba a quitarle el pantalón cuando un estruendoso golpe los sobresaltó a todos y el corazón de Shelby dio un vuelco, e intentó gritar a través de la cinta, pero solo un grito adormecido salía de sus labios—encárgate de quién sea, Patrick. Y llama a Anthony de ser necesario—ordenó, volviendo a ella— ¿En qué estábamos? Ah, sí. Ya he recordado… —sus ojos grises le recorrían el cuerpo de arriba abajo de una manera obscena y desagradable. Una serie de golpes y disparos se atravesaron el aire y sobresaltaron a los presentes. Norman endureció el rostro tal y como Egon solía hacerlo y se apartó de ella para echar un vistazo a lo que estaba pasando—si uno de ustedes intenta ayudarla, le cortaré el cuello con una navaja sin filo y pondré su cabeza en conserva—los amenazó antes de abandonar la estancia. Sin embargo, Shelby miró a Lola con la esperanza de que la ayudara, pero la rubia, en vez de acercarse, le volteó el rostro. Sintió una repentina oleada de decepción y juntó las cejas con furia. Ella no necesitaba de nadie para librarse de ese problema.
—¡Eres una imbécil, Lourdes! ¡Es tu mejor amiga! —bramó Trenton, caminando hacia Shelby y se acuclilló junto a ella. Le quitó la cinta de la boca y luego comenzó a quitársela de las muñecas.
—¡No lo hagas! ¡Te va a matar! —chilló Lola, con horror.
—Prefiero la muerte antes de seguir obedeciendo sus órdenes—repuso él, con desprecio. Pero un disparo se escuchó cerca de ellos y Shelby ahogó un grito cuando vio a Trenton Rex poner los ojos en blanco y caer de espaldas al suelo. Lola gritó horrorizada y se echó a correr lejos. Norman tenía todavía la mano extendida al frente a pesar de haberle disparado por la espalda al chico.
—Egon Peitz será hombre muerto—fue lo único que dijo Norman antes de dar la vuelta y regresar por donde había llegado.
La fémina reunió todas sus fuerzas y logró romper lo que le faltaba a la cinta de sus muñecas. Se acercó temerosamente a Trenton y le verificó el pulso.
Estaba vivo, pero inconsciente. Le dio la vuelta para divisar el disparo y lo halló debajo de un omoplato. Miró a su vez al pasillo por donde Norman había desaparecido y después a Trenton.
Él la había ayudado y no podía dejarlo ahí. Como pudo, lo agarró de los brazos y comenzó a arrastrarlo por el pasillo que daba a los salones. Ahí, él estaría a salvo. Cuando llegaron a un salón, lo dejó tendido sobre el suelo y echó un vistazo al pasillo. Estaba vacío y apenas percibía el murmullo y algunos golpes fuera.
—¡Cash!
Dio un respingo al reconocer la voz de…
—¡Shelby, maldición!
De Thomas y Egon. Abrumada, salió a encontrarlos y los vio girar en una esquina.
—¡Aquí! —chilló. Y los pasos cambiaron de rumbo. Se acercaron rápidamente a donde ella se hallaba y cuanto Egon la miró, se aproximó a abrazarla y a inspeccionarla de arriba abajo.
—¿Estás bien? —le preguntó con el rostro iracundo. En una mano sostenía una pistola y detrás de él estaba Thomas con su mochila en las manos.
—Sí—logró decir—pero Trenton no. Le ha disparado Norman y tengo miedo…
—Tienes que salir de aquí. Los gemelos y Martha se están encargando de despistarlos en lo que me hago cargo—tiró de ella hacia afuera del salón.
—¿Te haces cargo? ¿No estarás pensando en enfrentarte a él o sí? —lo miró, asustada.
—Sal de aquí con Thomas. Vayan y llamen a una ambulancia para que auxilien a Rex—masculló Egon.
—¡No! No dejaré que te le enfrentes—puso resistencia.
—¡Vete! —le gritó enfurecido y Thomas tuvo que jalarla para que ella caminara— ¡Llévatela a un lugar seguro!
—Sí—replicó Thomas, usando todas sus fuerzas para hacerla caminar. Shelby daba pasos absurdos sin dejar de mirar a Egon por encima del hombro. No quería abandonarlo. Era probable que él no saliera vivo y de solo pensarlo le entraban ganas de llorar.
Le quitó la mochila a Thomas y se la puso. Corrieron por los pasillos de la escuela a oscuras hasta que llegaron a la puerta principal. Su amigo la abrió de una patada y salieron al estacionamiento, donde todas las personas estaban reunidas, incluidos sus padres. Todos tenían el rostro pálido y esperaban alguna noticia.
—¡Apártense! —gritó una voz proveniente de un megáfono—nadie se acerque a la entrada. Está prohibido.
—¡Shelby! —gritó su madre en algún punto de la multitud.
—¡Mamá! —corrió a ella con Thomas detrás. Abrazó a su madre con fuerza.
—¿Qué ocurre, cariño? ¿Qué ha pasado? Oímos disparos.
—Pase lo que pase, quiero que sepas que los amo, a todos—le tembló la voz al hablar.
—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? —su madre la apartó para verle el rostro curtido en lágrimas, pero Shelby se negó a darle la cara.
—Thomas, no dejes que nadie vaya detrás de mí, por favor y llama a una ambulancia—le dijo a su amigo, dejándolo perplejo. Y de pronto, él cayó en la cuenta a que se refería y asintió—ahora—susurró Shelby. Se las ingenió para zafarse de las manos de su madre y echó a correr otra vez dentro del Instituto, lo cual fue motivo de gritos ahogados por parte de todos, y más de su familia.
Thomas apenas y logró detener a los padres de ella. Shelby no iba a dejar que Norman se saliera de la suya. A tientas encendió varias luces que la hicieron bizquear.
Cuando se cercioró de que podía correr bajo la luz de las bombillas, emprendió una carrera rumbo a la cafetería. Se detuvo en seco al escuchar la voz jocosa de Norman hablar con tan singular tranquilidad.
—He esperado tanto este día que incluso me parece un sueño. Al fin tendremos un verdadero enfrentamiento a muerte, sin armas ni nada de por medio. Solo tú y yo, nada más—decía Norman y Shelby alcanzó a ver que el rubio estaba frente a Egon, pero a espaldas a ella. Los dos desarmados y mirándose hostilmente. Divisó a los gemelos que detenían al tan Patrick con una pistola cada uno y a unos pasos se hallaba Martha apuntándole a un hombretón de un solo ojo con un rifle. En ese momento, la anciana parecía tener veinte años—cuando acabe contigo, me follaré a Shelby tantas veces quiera hasta que mi libido desaparezca totalmente, puesto que habré saciado todas mis ganas con ella—gruñó y rompió a reír. La mandíbula de Egon se tensó, pero no dijo nada.
—Haz lo que quieras. Ella me importa una maldita mierda—siseó con repugnancia y desdén—Shelby no tiene nada que ver conmigo; así que no la metas en esto.
En otras circunstancias, hubiera saltado dentro de ahí y patearle la cara a Egon por sus dolorosas palabras, pero todo aquello tenía un propósito: Salvarla.
—Bueno, a mí me vale una mierda que esa chica te importe una mierda—replicó el rubio con aburrimiento.
—Deja de hablar, idiota. Pelea, si te crees capaz de matarme—le instó el otro con una sonrisa de lado, pero cuyo gesto se congeló al verla a ella, agazapada en la puerta. Sus ojos perforaron los de Shelby, dejándola aturdida, e incluso Martha y los gemelos se horrorizaron de verla ahí. Pero disimularon perfectamente porque Norman no la había visto. Egon abrió más los ojos, indicándole que se ocultara y ella se escondió un poco más adentro del pasillo.
—Bien. ¿Y a hora que esperamos? —musitó el hombre de un solo ojo en un bufido.
—Cállate—le espetó Norman, el hombre cerró la boca y asintió—prepárate, Allen.
—¡No me llames así! —vociferó Egon.
—Ese es tu segundo nombre y con ese te conocí.
—Yo te conocí como Benjamin. Patético, ¿no? —masculló—pero ahora eres Norman y así es como te llamas. Ahora sé menos imbécil y pelea.
No obstante, el que dio el primer paso fue Norman. Shelby apenas y podía respirar tras la pared. Egon avanzó al rubio y se posicionaron para pelear.
Estremecida por lo que estaba a punto de presenciar, miró todo a su alrededor en busca de algún tipo de arma de defensa con el cual poder ayudar, pero solo era una maldita Universidad. Ni escarbando la propia tierra encontraría algo útil para matar.
Chilló al tiempo que Norman embestía a Egon y este caía de espaldas al suelo con dureza, pero el triunfo del rubio no fue duradero, ya que Egon se levantó de un salto y lo empujó lejos para después sujetarlo del cuello y elevar la rodilla hacia atrás y luego adelante con bastante fuerza a su estómago.
Norman se dobló del dolor, pero Egon no se detuvo hasta que su oponente se giró a él y le dio una patada enviándolo lejos. ¡Era un lío! Y los golpes sordos no tardaron en llegar. Ninguno de los dos se quedaba atrás con sus golpes. Egon le partió la nariz a Norman. Norman le partió el labio inferior a Egon. Ambos comenzaban a sangrar incontrolablemente y Shelby se sentía impotente.
Egon estaba siendo masacrado y ella no podía quedarse de brazos cruzados. Ni siquiera los gemelos podían ayudarlo porque estaban vigilando a los cómplices de Norman, al igual que Martha.
—¡Tú puedes, Egon! ¡Masácrale los testículos a golpes a ese hijo de perra albino! —gritaba la anciana, riéndose, pero sin vacilar con el rifle. Egon, riendo entre dientes, hizo caso a lo que la anciana le aconsejó.
Ni siquiera supo cómo fue que le hizo, pero logró aturdirlo y se dio la oportunidad de darle dos toscas patadas a su entrepierna. Sin embargo, a pesar del dolor, el rubio lo cogió del cuello y comenzó a asfixiarlo con una llave de lucha. Egon se contorsionó, logrando así, dejar libre un brazo.
Y buscando el mejor ángulo, elevó el codo hacia arriba y luego lo proyectó hacia abajo con tal rudeza, que incluso los demás hicieron una mueca de dolor. La piel del rubio sonó secamente y tropezó con sus propios pies al sostenerse el costado. Shelby notó enseguida que el rostro de Egon, salpicado de la sangre que le escurría del labio, se había tornado más expresivo y psicópata.
Cogió a Norman de las solapas y lo estampó a la pared, sin darle tiempo de meter las manos cuando comenzó a molerlo a puñetazos en la cara. Su rostro giraba de un lado a otro con crudos sonidos hasta que un grito enfurecido salió de su garganta y de una patada alejó a Egon de su cuerpo.
Y los papeles se invirtieron, solo que Norman en vez de golpearlo, le rodeó el cuello con las manos y comenzó a asfixiarlo.
—¡No! —gritó Shelby con desesperación y corrió a ellos con la intención de distraer a Norman, pero eso ocasionó que él se diera prisa a matarlo. Aunque bien, la distracción de ella le sirvió bastante a Egon porque se las arregló para enrollar sus piernas con las del rubio y cambiaron de lugar. Y de un manotazo apartó sus manos del cuello. Y del pantalón sacó el arma que Shelby conocía y le apuntó justo en medio de los ojos a Norman.
—¿Lo ves? He ganado, ahora te enviaré al infierno y allá nos veremos algún día—siseó Egon, preparado. Y todo pasó tan precipitadamente rápido, que Shelby apenas fue consciente de haber salido ilesa.
Egon apretó el gatillo, pero la bala no se incrustó en la cabeza del rubio, sino en el suelo, gracias a que el hombretón de un ojo tacleó a Martha y se le fue encima a él, haciendo que perdiera el equilibrio. Los gemelos tuvieron que forcejar con el otro hombre de menor tamaño, pero que, por desgracia, logró quitarles un arma y los amenazó.
Egon, de una patada en la cara, se quitó de encima al sujeto de un ojo y este rodó por el suelo con la nariz hecha trizas. Shelby corrió a ayudar a Martha y esta se lo agradeció. Norman White sostenía el arma en sus manos, ahora en dirección a Egon.
—¡No lo harás! —gritó Aubrey y siendo una chica tan valiente, le disparó a Norman en la espalda, haciendo que el rubio cayera de bruces al suelo y aullara de dolor. Contorsionándose, el chico de gélidos ojos grises, logró recoger la pistola nuevamente y titubeando, aspiró aire profundamente como un animal y le apuntó a Aubrey justo en la frente.
—¡Eres una maldita zorra!
Shelby vio todo a cámara lenta y a pesar de que Egon corrió hasta hacia Norman e impedir una desgracia, fue demasiado tarde.
El rubio jaló el gatillo y la bala salió directo a la frente de la chica, reventándole la parte trasera de la cabeza al atravesarla por completo. Su cuerpo se desvaneció hacia el suelo y el grito ahogado de su gemelo inundó la cafetería.
Austin le arrebató el arma a su hermana y sin pensarlo, le disparó al cómplice de Norman en la cabeza. Y con rabia en los ojos, le apuntó a Norman White, que sonreía en el suelo.
El hombre de un solo ojo también seguía inconsciente.
—Hazlo. Mátame—le instó el rubio al gemelo. Y Egon detuvo del brazo a Austin.
—Detente. Yo me haré cargo, chico—y le quitó el arma. Tanto Martha y Shelby miraban horrorizadas el cuerpo de Aubrey bañado en sangre. Corrieron a sostener a Austin, ya que este había perdido el conocimiento de la impresión.
—Has matado a una niña, grandísimo infeliz…
—Oh, vamos. Es sólo una muerte más.
—Tú también serás una muerte más.
Y en eso, se escuchó un sinfín de sirenas de la policía afuera de la escuela. Egon se apresuró a dispararle, pero el sujeto de un ojo despertó aturdido y saltó sobre él y haciendo que disparara a lo idiota. Norman gruñó de dolor y se sujetó la pierna.
—¡Imbécil! —gritó y comenzó a incorporarse. Un minuto después, se alejaba cojeando por el pasillo, tal fue la adrenalina que lo hizo poder moverse, puesto que tenía un disparo en la espalda; y de repente, el sujeto de un ojo tiró a Egon al suelo y lo siguió.
Egon, tras recuperar el equilibrio, sostuvo el arma, apuntó directamente a la parte trasera del hombretón y le disparó. La cabeza del hombre estalló y cayó muerto casi encima de Norman.
—¡No! ¡Tienes que matarlo! —le ordenó Martha.
—No. Será después y cuando eso suceda, ustedes no estarán presentes—masculló, acuclillándose frente a Aubrey. Shelby había comenzado a llorar en silencio, tratando inútilmente de reanimarla, pero era demasiado tarde. La sangre ya formaba una tela alrededor de ella.
—El chico no podrá soportar la pérdida de su hermana—jadeó Shelby, con los dientes apretados.
—Debes irte, Egon. Vete lejos con Shelby—le ordenó Martha. Los ojos negros del joven asesino se mostraron sorprendidos al igual que la recién mencionada—Norman buscará venganza—espetó la anciana—y si dejas a Shelby aquí y tú te vas, ella podría morir como Aubrey.
La mera idea lo estremeció. Unas voces comenzaron a escucharse demasiado cerca y Shelby miró a Egon de soslayo. Entonces él se levantó del suelo y sacudiendo la cabeza, gruñó. Miró con incertidumbre el rostro desconcertado de la chica que tenía frente a él y extendió su palma hacia ella.
—Ven conmigo, Puppy. Si estás conmigo, nada malo te pasará—prometió—si estamos juntos, estaremos bien.
—¿Qué hay de Martha y Austin?
—Ellos se las arreglarán—aseguró, no muy seguro. A él también le preocupaba ese asunto. Se arrodilló y se inclinó a ella y le acarició la cara levemente, siendo consciente de las lágrimas que derramaba. No era justo que la involucrara en su mundo cuando no tenía la culpa. Pero si la dejaba sola, la perdería. Por lo que decidió que era buena idea moldearla como él para que fuera incapaz de sentir tanto dolor.
—Tienes que ir con él—la presionó Martha y ella, sin dejar de ver a Egon a los ojos, asintió—la policía debe haber encontrado a Norman y pronto vendrá hacia acá. Así que váyanse ya.
Shelby sorbió por la nariz y se incorporó con ayuda de Egon. Martha sonrió cálidamente y agarrando la mano de él, dijo:
—Vayan a mi casa. Recoge todo lo que necesites y en mi habitación hay una tarjeta donde podrás sacar dinero…
—No…
—Sí. Hazlo. Soy una anciana que tiene mucho dinero y quiero que lo uses.
Y Egon no pudo negarle nada a esa mujer. Agarró a Shelby de la mano y mirando una vez más a Martha y a los gemelos, suspiró.
—Cuida del chico, por favor—le pidió.
—Lo haré. Ahora largo.
Salieron al campus en donde solamente quedaba el escenario vacío. Las sillas estaban tiradas y los reflectores apagados. Escucharon a las personas que se encontraban en la entrada de la escuela y Shelby se estremeció mientras corría hacia el edificio abandonado de la mano de Egon.
Aunque él sangraba de los labios y su cuerpo se movía con cierta rigidez, no dejó de correr. Norman White seguía vivo y ahora con más razón buscaría venganza.
—Tu familia va a estar bien—la tranquilizó, como si le hubiese leído el pensamiento—Norman solo quiere matarnos a nosotros. A ellos no.
—Mi cabeza es un completo desastre—a ella le tembló la voz—tengo miedo, Egon.
—No lo tengas, sé fuerte. No dejaré que nadie te lastime, te lo juro—la abrazó brevemente sin dejar de correr—mira, tenemos que llegar al Jetta rodeando la escuela. ¿Puedes correr más deprisa?
—Eso creo.
Cuando al fin llegaron al auto; Shelby se sentó en el asiento del copiloto y Egon al volante. Se quedaron un momento meditando sin hacer el menor ruido.
—Vamos a ir a tu casa primero. Traerás la ropa suficiente y cosas que puedas necesitar, pero lo harás rápido.
Ella asintió. Condujo a una velocidad excesiva. Pero Ni siquiera sintiendo la frescura del aire en su rostro, podía hacerle olvidar el asesinato de Aubrey.
Egon deseaba con toda su alma poder matar a Norman. Era la primera vez que sintió dolor al ver a Aubrey muerta, con la cabeza destrozada.
Y se debía porque ella era su amiga. Su familia. Llegaron derrapando a la casa de Shelby y esta bajó lo más rápido posible. Egon se quedó afuera a esperarla y a vigilar la zona. Mientras miraba a su alrededor, suspiró agobiado. ¿En qué momento de su vida las cosas cambiaron tan de pronto?
Jamás se había involucrado con tantas personas, hasta llegar al grado de sentirles aprecio. Y honestamente, le perturbaba. No tardó ni diez minutos, cuando Shelby regresó al coche con una pequeña maleta en la mano.
Se apresuró a ayudarla y después reanudaron la marcha. Shelby no tenía idea sobre lo que iba a pasar a partir de ese momento, pero dejó de pensar al respecto cuando Egon se estacionó en la casa de Martha tiempo después.
—No voy a tardar. Quédate aquí, ¿okey? Estarás asegurada, pero si notas algo extraño, tocas el claxon, ¿de acuerdo?
—Sí, pero no tardes.
—Vuelvo enseguida—le aseguró y bajó corriendo. La verdad es que ya nada le interesaba, salvo Egon Peitz. Le era imposible creer que ese chico había estado dispuesto a protegerla a pesar de que él pudo haberse largado, dejándola sola.
Recargó su frente en el cristal y cerró los ojos. Volvió a abrirlos y sacó de la mochila su teléfono; donde tenía varias llamadas perdidas de sus padres y de Thomas.
Se sobresaltó cuando su amigo le llamó justo en ese momento. Sopesó la idea de contestar o apagar el teléfono.
—¿Thomas? —respondió finalmente.
—Cash, ¿dónde estás? Tu familia está como loca buscándote al igual que la policía. Hay tres muertos y Trenton está estable. Parece ser que hay una anciana y otro chico desmayado.
Se tranquilizó un momento, pero luego recordó a Norman y a Lola.
—¿Qué hay de Lola? ¿Dónde está?
—¿Lola? Ella no estaba aquí.
—Olvídalo.
—¿Dónde estás? —repitió—¿Por qué no contestabas? ¿Estás con tu novio?
—Sí—repuso—pero no se lo digas a mis padres.
—Bien. ¿A qué hora vuelves? Esto es un asco—alcanzó a escuchar los gritos histéricos de las personas a través del teléfono.
—No lo sé. Pronto.
—No entiendo.
—No puedo contártelo, porque si lo hago, estaría poniendo en peligro tu vida—susurró con los ojos puestos en la puerta de la casa—dile a mi familia que me iré por un tiempo, pero que estaré en contacto. Y que no intenten buscarme porque no me encontrarán.
Y apagó de una vez el teléfono. Egon salió cargando muchas cosas pesadas y corrió a guardarlas en la cajuela. Después se deslizó en el asiento con el rostro curtido de sudor revuelto con sangre.
—¿A dónde iremos? —quiso saber ella.
—A Boston—contestó con una leve sonrisa, pero en sus ojos se notaba el dolor y cansancio—ahí estaremos seguros por unos días.
Egon tomó la carretera libre y se dirigieron a Boston. Eran las nueve y media de la noche, y él previó que quizás llegarían a su destino a eso de la una de madrugada.
Le echaba breves vistazos a la chica que yacía dormida en el asiento continúo mientras conducía. Suspiró y volvió a fijar la mirada en la negrura de la noche. Casi ningún coche se cruzó en el trayecto y eso lo tranquilizó.
Había sacado varias armas y municiones del sótano de Martha y las había guardado en la cajuela. Y a regañadientes se obligó a tomar dinero y la tarjeta donde la anciana tenía su fortuna. Era como robarle. Pero, era demasiado idiota para sentir remordimientos.
Él era un ladrón, secuestrador, violador y asesino. Y no podía darse el lujo de ponerse sentimental. Le dolía todo el maldito cuerpo. Su mandíbula más que nada. Todavía saboreaba el sabor metálico de la sangre en su lengua y gruñó. Definitivamente mandaría al carajo a Marlon Blake.
Ya no quería seguir trabajando para él ni para nadie. Pensaba dedicarse a vivir por un tiempo como una persona normal. Y si Shelby aceptaba vivir con él; ya era ganancia.
[HORAS MÁS TARDE, AL DÍA SIGUIENTE]
Shelby rodó sobre una superficie suave y tibia. Aún con los ojos cerrados, sus manos llegaron a un cuerpo, sí, un cuerpo de piel firme que despedía calor, y resultaba reconfortante.
Abrió los ojos tenuemente y se percató que no estaba en el auto de Egon, sino en un estupendo hotel. Escrutó a su alrededor y se estremeció. Las paredes eran color ocre, había una tv, un buró y otra puerta que de seguro era el baño.
Volvió el rostro hacia sus manos que descansaban en alguien y se encontró con Egon, durmiendo junto a ella. Estaba sin playera, boca arriba. Sus labios heridos, estaban entreabiertos y respiraba tranquilamente. Tenía el rostro rojizo y algo morado por los golpes y su torso,
¡Ni qué decir! Shelby pensó que no estaba tan herido hasta que lo vio. Tenía unos gigantescos hematomas en las costillas y rasguños en los antebrazos.
¡Necesitaba ayuda médica urgente! Saltó fuera de la cama y corrió a la puerta que parecía ser el baño. Se lavó el rostro y se enjuagó la boca deliberadamente. Husmeó en las gavetas y encontró un botiquín.
Echó a correr hacia él, sacó algodón y alcohol. Le importaba poco si él se despertaba furioso, lo iba a limpiar. Comenzó por recorrerle por la piel el algodón con alcohol sobre los rasguños, miraba de vez en cuando su rostro para ver si hacía una mueca; pero no.
Su hermosa cara masculina estaba relajada y su respiración continuaba siendo tranquila. Prosiguió con su papel de enfermera y luego encontró un par de vendas con las que decidió vendarle los costados.
Le costó bastante poder levantarlo y enrollarlo, pero, al fin y al cabo, lo logró. Humedeció otro trozo de algodón con agua del lavabo y comenzó a limpiarle la sangre seca de sus labios, que gracias al cielo ya no salía de su labio inferior.
Se había quedado absorta admirando su perfecta boca, que no se percató que la respiración de él se había acelerado y que llevaba unos minutos mirándola fijamente. Cuando por fin se dio cuenta, se encontró con los ojos negros del chico.
Se apartó enseguida, pero la atrapó en sus brazos y la hizo rodar en la cama, quedando él encima suyo. Egon tenía sus manos a cada lado de su cabeza y sus ojos en los suyos.
—¿Qué haces, Puppy? —ladeó la cabeza.
—Estaba limpiando tus heridas—titubeó.
—Lo has hecho bien, gracias a la venda, no me duele mucho—arqueó una ceja. Ella no dijo nada. Lo miró parpadeando y sintió que no podía respirar. Podía sentir absolutamente todo el cuerpo de Egon sobre ella, todo. A pesar de que él no la aplastaba, sus cuerpos estaban tan unidos que incluso la ropa parecía haber desaparecido—ha llegado el día—le informó él, sonriendo con malicia—hoy es el día que serás mi esclava y que te explicaré la definición.
Y acto seguido, deslizó una de sus manos al interior de los muslos de Shelby y ella dejó escapar un gemido.
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