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Dark Beauty - Capítulo 61

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Capítulo 61: Capítulo 61

Cuando entró a la habitación del hotel, con el recepcionista de ahí, quién se había ofrecido a cargar a Egon en cuanto la vio llegar con él desmayado, Shelby sintió náuseas. El olor a sangre la mareaba, pero tenía que ayudarlo.

—¿Necesita ayuda, señorita? Su novio está herido y ha perdido mucha sangre.

—Necesito alcohol, vendas y algodón—dijo distraída. Se lavó las manos y regresó para comenzar a quitarle aquella ropa manchada de su propia sangre.

El recepcionista asintió y echó a correr fuera de la habitación. Le acarició la mandíbula y besó sus labios mientras le quitaba la ropa, dejándolo solamente en bóxer.

—Me dijiste te amo—susurró, emocionada—no pensé que salvándote la vida me lo dirías.

Egon juntó las cejas sin abrir los ojos. Movió de un lado a otro la cabeza, provocando que la herida de su sien sangrara de nuevo. Shelby se quitó la camisa y la sustituyó por una blusa sin mangas para no mancharse. Llamaron a la puerta y se apresuró a abrir. Era el recepcionista.

—Aquí tiene—dijo y depositó lo encargado en la cama. Shelby comenzó a limpiarlo— ¿Puedo preguntar qué le pasó?

—Un sujeto le disparó por accidente mientras comíamos—hizo una mueca—fue un roce de bala. Se salvó por gracia divina.

—Oh—asintió—hace un rato hubo disparos cerca de aquí, en un McDonald’s.

—Fue exactamente ahí donde una bala perdida lo atacó sin previo aviso—apretó los labios y le pasó una bola de algodón remojado en alcohol a Egon, cerca de la herida. Él gruñó.

—Entonces deberían ir a la policía.

—No. Así estamos bien—repuso ella y miró de soslayo al recepcionista—y un favor voy a pedirte.

—Claro.

—Ni una palabra a nadie de esto. Nosotros no estuvimos aquí y mucho menos en medio de ese atentado, ¿okey?

Había imitado a la perfección la expresión oscura y neutra que Egon siempre optaba para que nadie interrogara sus indicaciones. Había creado una máscara de piedra igual a la suya.

—Eh, sí. Por supuesto—frunció el ceño— ¿Puedo ayudar en algo más?

—No. Muchas gracias, ahora necesito limpiarlo y dejar que descanse.

Dicho eso, el recepcionista hizo un gesto afirmativo y abandonó la estancia cerrando la puerta tras de sí.

A medida que borraba las manchas de sangre de su rostro y cuello, sintió un dolor profundo en el pecho al verle el rostro relajado de ese chico que yacía inconsciente en la cama. De la herida fluía un hilillo tenue de sangre que logró evitar con vendas y algodón.

Le acunó la cara entre sus manos y besó sus labios, después sus mejillas y luego su frente. Besó sus ojos, sus pestañas negras, largas y rizadas. Sus pobladas cejas oscuras y la punta de su nariz.

—Despierta, Egon. Despierta—murmuró con los labios contra su piel cálida.

Pasó las manos por su pecho descubierto y besó cada una de sus cicatrices, señal de peleas antiguas o de torturas. Y se estremeció. ¿Cuánto había sufrido ese chico y aguantado tanto? Ella misma hubiera perecido a ese punto.

No le gustaba saber que había tenido una infancia agradable y él no. Apretó los puños y deseó que Egon no sufriera más. Cada golpe que había sentido él, cada dolor, cada lágrima comprimida en su alma, a ella le dolía.

Le acarició la cara durante bastante tiempo, susurrando su nombre en silencio, tratando de hacerlo volver a la consciencia. Y no se dio cuenta en qué momento se quedó dormida, porque despertó mucho después y en otra posición. Y Egon ya no estaba a su lado. Abrió los ojos poco a poco y se encontró el rostro más bello jamás visto frente al suyo, que la miraba con una sonrisa dulce. ¡Una sonrisa dulce!

—¿Estás bien, Puppy?

—¿Tú lo estás?

—Gracias a ti sigo vivo.

Shelby curvó las comisuras de sus labios hacia arriba y se estremeció cuando él le pasó un dedo por la mejilla hasta detenerse en su barbilla, y poco a poco la levantó hasta quedar a su altura. La besó. Y un simple roce de labios fue lo que a Shelby la reconfortó.

—No debiste salvarme—dijo él, al cabo de un momento. Rodó sobre su cuerpo hasta situarse junto a ella. Ya se había puesto una bermuda y una playera gris.

—No iba a permitir que te dispararan entre dos imbéciles.

—Estuviste fantástica—reconoció.

—Aprendí de ti.

—No. Tú ya eres fantástica desde siempre—suspiró y cerró los ojos.

—Egon—titubeó, no muy segura de hacérselo saber. Él movió la cabeza sin abrir los ojos— ¿recuerdas que pasó antes de que te desmayaras?

—Uhmm, vagamente recuerdo que me llevaste casi a rastras al auto y después me desmayé.

—¿No recuerdas nada más?

Él negó con la cabeza.

—¿Por qué? —quiso saber— ¿pasó algo más? —abrió los ojos y la miró.

Ella meneó la cabeza en negación y se mordió los labios. Quizás se lo había imaginado cuando Egon le dijo que la amaba. A lo mejor le había dicho otra cosa y ella fantaseó con algo imposible…

—Te amo—susurró Egon. Y ella volteó a verlo fugazmente—dije que te amaba, Shelby Cash—parpadeó, mirándola fijamente—y es cierto. Creo que es cierto.

—Pensé que no te acordarías.

—Podré ser una escoria, pero jamás olvidaría algo importante—reconoció él—jamás jugaría con tus sentimientos y mucho menos con tu corazón.

—¿En serio me amas? Dijiste que…

—He dicho tantas estupideces en mi vida, Puppy. Me quité la armadura de Príncipe Sádico, tal como pediste, y bueno, incluso hoy sentí miedo frente a esos estúpidos y desde que maté a mi padre no lo había sentido. El miedo es el peor asesino. Sin embargo, el miedo que sentí, no fue por mí, sino por ti.

—Tienes derecho a tener una vida normal, Egon y yo voy a ayudarte a conseguirla.

Alargando una de sus manos hacia él, Shelby arqueó las cejas y lo atrajo hacia ella hasta quedar en una posición apasionada. Egon presionó su cuerpo con el suyo y se fundieron en un beso feroz y ardiente.

—¿Podrás hacerlo con tu herida de la cabeza? —jadeó Shelby, riéndose.

—Puedo hacerlo incluso con los ojos cerrados. Conozco a la perfección tu cuerpo, Puppy—gruñó mordisqueándole el cuello—ya no me duele en absoluto el roce de la bala, no te preocupes.

Él le dio una palmadita en la pierna a Shelby y ella arqueó de nuevo las cejas con escepticismo.

—No puedes conocer mi cuerpo a la perfección—le contradijo, riéndose. Le provocaba risa la lengua de Egon recorriendo su cuello.

—Tienes un lunar en forma de corazón en mi lugar favorito—rio.

—¿Qué? ¿Dónde? —parpadeó, aturdida. Egon seguía besando y lamiendo su cuello con ferocidad, mientras que sus manos se deslizaban hacía en medio de sus muslos.

—Ya sabes qué parte de tu cuerpo es mi lugar favorito—gruñó y atacó sus labios y ella perdió toda resistencia, dejándose llevar por él.

«Austin Williams»

Desde que salió del hospital, regresó a la casa de Martha con los nervios y los sentimientos hechos trizas.

Cuando dormía, en las noches despertaba sudoroso gritando el nombre de su gemela, intentando sin éxito salvarla, sintiéndose cada vez más miserable consigo mismo.

Por otro lado, había otro detalle que lo tenía con los pelos de punta y era Thomas Wilson, el amigo de Shelby, quién no se había querido largar de su lado desde que le dieron de alta del hospital y estaba abrumado de tenerlo a todas horas del día cerca, excepto cuando iba a la escuela, pero volvía en la tarde y se iba hasta muy noche.

Comenzaba a detestarlo. Lo único que sí le gustaba de ese chico era que les llevaba información de Norman White. El mezquino rubio seguía de gravedad en el hospital y con eso bastaba para que Martha le abriera a Thomas las puertas de la casa. Austin sospechaba que ese chico de lentes era homosexual y le intimidaba la idea de que fuese posible que estuviera enamorado de él.

Optaba por ignorarlo cada que le dirigía la palabra o lo dejaba hablando solo cuando cenaban. Austin no tenía humor para interactuar en la cena con nadie, ni siquiera con Martha y mucho menos con Thomas.

—Hola, Thomas, pasa—le oyó decir a Martha justo cuando pensaba que el chico no llegaría a molestar a la casa; y poniendo los ojos en blanco, Austin se dirigió a la escalera en dirección a su habitación, sin si quiera mirarlo.

—Hola, Austin—balbuceó Thomas en cuanto lo vio, pero el mencionado le volteó el rostro y subió con pasos firmes.

—Déjalo. Ya sabes que no ha tomado bien la muerte de su hermana—Martha le palmeó la espalda—no dejes que te afecte, él es así.

—Creo que me odia—se mordió el interior de las mejillas y miró a la anciana.

—Él odia a medio mundo, y eso me incluye a mí—bromeó ella y le hizo una seña para que la siguiera—vamos, preparé té.

En el piso superior, Austin se encontraba mirando a través de la ventana el radiante sol que se proyectaba en el horizonte, listo para ocultarse en cualquier momento.

Miró su reflejo en el espejo de cuerpo entero que tenía en la habitación y miró a su hermana también.

—¿Qué hubiera pasado si yo hubiese recibido la bala por ti, Aubrey? —preguntó al espejo—quizás todo sería diferente.

Suspiró ahogadamente sin despegar la mirada de encima de su reflejo. Y después volvió a mirar al sol.

Sus ojos se aclararon por el brillo solar y se tornaron casi amarillos. Parpadeó, alejando las lágrimas que de nuevo amenazaban con salir y apretó la mandíbula.

Se sentó a los pies de la cama, deleitándose con el panorama y se tumbó de espaldas con los ojos al techo.

—¿Puedo pasar?

Se incorporó de inmediato al escuchar la voz de Thomas del otro lado de la puerta y el semblante de Austin se ensombreció.

—No.

—Sé que no te agrado, y también sé que piensas que soy un gusano que se mete en donde nadie lo llama y sinceramente lo soy—replicó con voz divertida—pero me gustaría poder ser tu amigo.

—Vete.

—Jamás había encontrado personas tan interesantes como Shelby, Martha, Egon y tú. Son perfectos—continuó diciendo como si Austin le hubiera dado la invitación a que siguiera hablando—siento que puedo ayudarte a salir adelante con lo que pasó con tu hermana. Déjame ser tu amigo.

—No me conoces, idiota.

—Por eso quiero conocerte—comenzó a girar del pomo de la puerta.

—¿Eres homosexual? —preguntó repentinamente Austin. Y Thomas no respondió. Se quedó en silencio, meditando su respuesta.

—No—dijo por fin, sin embargo, era mentira. Y Austin se dio cuenta de la falsedad de su respuesta, pero no objetó nada— ¿Por qué lo preguntas?

—Simple curiosidad.

—¿Puedo pasar?

—Mmm, no estoy de humor y no quiero ser más grosero.

—Tranquilo, resistiré lo más que pueda—bromeó y Austin esbozó una leve sonrisa.

—Eres un chico rarísimo.

—Gracias, ahora, ¿puedo abrir? Siento raro hablarle a la puerta.

—Pasa.

Thomas abrió y entró con una sonrisa. Llevaba sus lentes puestos y el sol aclaró también sus ojos, poniéndolos casi amarillos como los de Austin.

—Siéntate. Estaba a punto de ver el atardecer.

—Excelente—se sentó a una distancia apropiada de él y miró por la ventana. Ambos se quedaron en silencio viendo como el sol se ocultaba lentamente y el cielo iba oscureciendo a su paso— ¿puedo preguntarte algo, Austin?

—Siempre y cuando tenga seriedad—le advirtió.

—¿Has tenido novia alguna vez? —el rubor del chico se camufló gracias al calor de haber estado mirando directo al sol durante varios minutos.

Austin también transpiraba y sus mejillas estaban rojas.

—Tuve tres cuando estaba en la preparatoria, pero fueron unas zorras—arrugó la nariz— ¿y tú?

—Ninguna—se acomodó los lentes y miró a otra parte.

—¿En serio? ¿ninguna?

—No.

—¿Pero ya has besado…?

—Tampoco—confesó ruborizado—no he besado a nadie, tengo veinte años y sigo siento virgen. Patético, ¿no?

—Mucho—se sorprendió—es impresionante que seas virgen. Me acosté con una chica a los quince años y fue horrible, en serio. No se lo deseo a nadie.

Ambos chicos se partieron de la risa.

—¿Por qué? —interrogó Thomas muy interesado.

—Como era inexperto, me lastimé gravemente el pene al equivocarme de… ya sabes… de lugar.

Y hubo otra explosión de carcajadas.

—Así que, cuando tengas tu primera vez, haz que la chica esté bien lubricada y apunta bien en donde meter a tu amigo o si no, lo lamentarás.

—Es increíble. ¿Y ya no te sucede?

—No. Ahora ya sé cómo va el asunto—se dio aires de galantería y a Thomas se le dilataron los ojos al verlo expresarse así.

Estuvieron un rato más charlando al respecto hasta que dieron las nueve de la noche y de no haber escuchado la voz de Martha llamándoles a cenar, hubiese seguido hablando sin parar.

Thomas se levantó de un salto con la intención de bajar, pero Austin lo detuvo del hombro, dejándolo helado.

—Me ha hecho bien hablar contigo, Thomas. Necesito un amigo en quién confiar, gracias.

—Por nada. Si necesitas hablar de lo que sea, no dudes en llamarme.

—Tenlo por seguro—le pasó el brazo por encima de los hombros y le revolvió el cabello como gesto de amistad—ahora vamos por la cena, Martha se pone histérica si no le obedecemos.

Thomas asintió con las mejillas ruborizadas y se dejó llevar por Austin hasta el piso inferior, donde la anciana le envió una mirada de complicidad.

—Tardaron mucho, muchachos. Hoy pedí pizza.

—Estupendo—dijo Austin, abrazando con más fuerza a Thomas—vamos.

«Lola Calvin»

Lola permanecía presa en el sótano de su casa en compañía de su madre y bajo la vigilancia de Gilbert, un maldito imbécil amigo de Norman, quién les daba de comer las sobras y porquería.

Ni siquiera la dejaba ir a la escuela ni tampoco saber qué es lo que estaba pasando en el exterior. Le preocupaba Trenton y Shelby. Tenía claro que había actuado como una idiota, pero temía que Norman los matara, sin decir que planeaba mandarla a Rusia junto con su amiga.

Se estremeció de solo pensarlo. Mientras Norman siguiera herido, no saldría del sótano. Y Gilbert no dejaba de devorar con la mirada a su madre, incluso había intentado abusar de ella, pero Lola se las ingenió para echarle mentira sobre Norman.

—Norman te matará si se entera de lo que quieres hacerle a mi madre. Ellos dos son pareja—le decía y Gilbert retrocedía.

—Vas a hacer que nos maten—susurraba su madre con ansiedad.

—No más de lo que ya nos han matado psicológicamente.

«Dorian Tyler»

—¡No es posible que sigas metido en el narcotráfico, Tyler! —le gritó Trixie Cash cuando él llamó para saber sobre el paradero de su hija.

—Quedamos en qué eso a ti no te afectaría. Me alejé de ustedes para no hacerles daño con mi trabajo, pero no viene al caso hablar de mí, sino de Shelby. ¿Dónde está?

—Se ha ido. Al parecer con un muchacho que conoció en Austria y estoy aterrada… yo no sé qué haría si la pierdo, Tyler—comenzó a llorar.

—¿Cómo se llama su amigo? —interrogó con atención. Austria. En ese país residía Marlon Blake y le provocaba ansiedad de que hubiese la posibilidad de que uno de sus hombres se hubiera involucrado con su hija, ya que, de ser así, iba a correr sangre. Por su hija mataría a medio planeta de ser necesario.

—Se hace llamar Douglas Dex, pero estoy segura que no es su nombre real.

—¿Qué aspecto tenía?

—Alto, fornido, piel bronceada, cabello negro, cejas pobladas y ojos muy oscuros. Era muy atractivo por lo que puedo recordar y bueno, Shelby enloqueció por él.

—Lo voy a encontrar—prometió—y voy a recuperar a nuestra hija.

—¡Hazlo! —suplicó, tratando de no seguir llorando—además ha tenido de nuevo su crisis del pasado.

—¿Qué? Pero ya se había recuperado, según el médico que la atendió de niña…

—A raíz de conocer a ese chico, volvió a retomar el instinto suicida de antes—reprimió un sollozo y Dorian maldijo entre dientes.

—Tranquilízate. Enviaré a mis hombres a rastrearlos. Shelby va a regresar con bien, de eso me encargo yo.

—No quiero que mates a más personas, por favor.

—Trixie, en esta vida matas o te matan. Así de simple y voy a acabar a media humanidad de ser necesario para recuperar a mi hija.

—Dorian…

—Mantén el teléfono a la mano a todas horas. Voy a estar llamándote por si algo sucede.

—¿No estarás pensando en coger un puñado de armas y provocar a más mafiosos, o sí?

—Mira—añadió con seriedad—si Shelby conoció a ese chico en Austria y después de eso su instinto suicida volvió, y ahora desapareció, es porque ese idiota no es un chico común y corriente, Trixie.

—¿A qué te refieres?

—En Austria reside un narcotraficante muy poderoso, incluso más que yo, que es sumamente peligroso y tiene un sinfín de hombres con él para realizar sus trabajos, y opta por utilizar a jóvenes criminales para engatusar a las muchachas y después prostituirlas en países muy sofisticados como Rusia. Y hay probabilidades de que ese chico sea un peón de ese sujeto y se llevó a Shelby consigo.

—¿Estás diciendo que le abrí las puertas a un delincuente? —se horrorizó.

—No. Le abriste la puerta a un criminal entrenado y muy peligroso. Y aparte de eso, dejaste que nuestra hija se involucrara con él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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