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Dark Beauty - Capítulo 76

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Capítulo 76: Capítulo 76

«Está embarazada, está embarazada…»

Aquellas dos únicas palabras hacían eco en la cabeza de Egon, una y otra vez. Aún mantenía presionado el teléfono a su oreja y escuchaba la voz de Caroline muy lejos.

—¡Egon! Estúpido idiota, ¿Estás ahí o te ha comido la lengua el ratón?

Cohibido y perplejo, se frotó el puente de la nariz y aspiró profundamente.

—¿Qué has dicho? —articuló las tres palabras con dificultad.

—Vas a ser padre, Egon. Shelby está embarazada y obviamente ese bebé es tuyo.

—¿Cuánto tiempo tiene? —quiso saber. Era un completo imbécil al tener sus dudas, pero es que no podía ser posible, ella había tomado pastillas anticonceptivas y la había dejado a merced de otro sujeto durante dos semanas.

—Dos semanas y unos días más. No se sabe con exactitud.

—Háblame por cualquier cosa, ¿okey? —dijo con voz trémula.

—¿No estás feliz de saber la noticia?

—Tengo cosas más importantes que atender—colgó. Egon colocó el aparato en un sofá del ático y se dejó caer en el suelo, recargó su espalda en la pared y cubrió su rostro con las manos; sin si quiera importarle que Trenton, Austin, Kevin e incluso Gabbe, centraran su atención en él—necesito salir de aquí—expresó y se levantó de un salto, cogiendo a su paso el teléfono y su arma

—No puedes. Mis padres te verán—replicó Kevin con nerviosismo. Egon apretó los labios y asintió. Desistió de salir por la puertecilla y se encaminó a la única ventana del lugar y para llegar al suelo eran quizás unos ocho o nueve metros más o menos.

—No estarás pensando en saltar, ¿o sí? —cuestionó Trenton, poniéndose de pie junto con Austin. Kevin yacía junto a Egon y Gabbe gruñó desde el sofá, ya que la hinchazón de sus ojos seguía igual.

—No tengo otra opción—respondió Egon con determinación.

—¿De qué te enteraste para actuar como un loco? —preguntó Austin, agarrándolo del codo.

—Gabriel—vocalizó Egon con severidad—no te atreviste a tocar a mi novia, ¿verdad?

—Sabes bien que nunca le pondría una mano encima a Shelby.

—Me refiero a… —apretó los puños—a meterte a su cama.

Aquel comentario dejó desconcertado a todos los chicos. Gabbe juntó las cejas y después rio.

—Shelby te ama demasiado como para haberme dejado dormir o algo más en su cama.

—Más te vale, idiota—espetó y en un movimiento rápido, aprovechó a que los demás no estaban en guardia y saltó por la ventana. El cristal se hizo añicos y se escuchó un sonido sordo en el exterior. Todos, menos Gabriel, corrieron a verlo con horror y lo encontraron tumbado sobre un montón de flores recién cortadas y con cara de pocos amigos.

—¡Estás loco o qué? —balbuceó Kevin, horrorizado.

—Prometo que volveré en la noche. No haré un escándalo—prometió y se levantó titubeante. Aún le dolía el cuerpo y la cara.

Los sirvientes lo miraron con desdén y continuaron sus deberes sin inmutarse, como si ver a alguien saltar desde el tercer piso fuera de lo más normal. Cojeando, Egon llegó hasta la reja y salió a la calle con aire pensativo. No podía sacarse de la cabeza que Shelby estuviese esperando un hijo. Un hijo suyo. Un bebé que llevaba su sangre. Un mini Egon o una mini Shelby.

Mientras caminaba cojeando por la acera, se dio cuenta que en sus labios había una leve sonrisa ante el pensamiento, pero cuyo gesto se desvaneció al recordar que Shelby se encontraba de gravedad y, por lo tanto, el bebé y ella estaban en peligro. Y todo por culpa suya. En primer lugar, ¿por qué había elegido a esa hermosa chica? Es decir, ¿Por qué no lo pensó bien? Le desgració la vida a una hermosura de persona sin pensar en las consecuencias, pero por lo menos estaba consciente de que en ese entonces, él no era el mismo de ahora.

Él estaba cegado por la muerte y el dolor. Shelby le había dado una razón más para valorar mejor la vida. No le quitó la deliciosa satisfacción de matar personas, pero si le redujo el nivel de demencia.

Y ahora se sentía impotente. Y más que nada debía matar a Marlon Blake y tratar de hablar con Dorian Tyler, por el bien de Shelby. Pero para remediar su vida, lo mejor era entregarse al FBI y vivir de por vida en prisión, pagando por sus crímenes. Aunque eso significaría que no vería crecer a su hijo ni vería a Shelby nunca más. Era un sacrificio muy bueno. Nadie merecía morir por él. Nadie más. Solo Marlon Blake y Norman White. Y bueno, un poco Gabriel McCall.

Caminó unas calles y llegó hasta un pequeño parque que desconocía por completo y se situó en una banca de cemento para seguir pensando. Iba a ser papá. Alguien más llevaría su sangre y su apellido. Claro, si es que Shelby lo dejaba. A pesar de que independientemente no llevase el apellido Peitz, se conformaba con saber que estaba vivo.

En esos momentos deseó poder estar a su lado y decirle que la amaba con toda su alma y su cuerpo. Decirle que mandaría todo al carajo por ella y se entregaría a las autoridades para así, algún día no muy lejano, su conciencia estuviese tranquila.

Lo más probable fuese que jamás conocería a su bebé, ni siquiera en fotografía. Ya que moriría antes de verlo nacer o estaría en prisión. Sonrió ligeramente y miró al cielo que comenzaba a oscurecer.

Miró disimuladamente a una pareja de novios que sostenían a su hijo de cada mano, ayudándole a caminar y entre risas, el niño lograba dar pasos lentos y pesados, pero sin dejar de sonreír. Cuando pasaron junto a él, Egon le sonrió al niño y este le devolvió la sonrisa entré pucheros. Un hijo…

«Shelby Cash»

Días después, una semana para ser exactos… Shelby reaccionó. Caroline y Trixie Cash se hallaban dentro de la habitación, aseándola con ayuda de las enfermeras. Ella seguía con los ojos cerrados y respirando pesadamente.

Tanto Trixie y Caroline se preparaban para limpiarme la cara con pañuelos, cuando Shelby abrió los ojos de repente y ahogó un grito que asustó de muerte a todos los presentes. Caroline ahogó un gritito y se lanzó a abrazarla, mientras que su madre le acariciaba la frente con dulzura.

La chica se contorsionó en sus brazos, queriendo liberarse. Sus ojos mieles miraban de un lado a otro con desesperación.

—Tranquilízate—le dijo su madre y ella se dejó caer en la camilla. Su respiración estaba agitada y frunció el ceño.

—¿Dónde… dónde está Egon? —fue lo primero que logró decir. Su voz era ronca y apagada. Entornó los ojos y los cerró de golpe.

—No está aquí—espetó su madre—ahora cálmate. Casi mueres al abrirte los brazos como jamones.

—Quiero a Egon… quiero a…

Caroline observó como una de las enfermeras pinchaba el brazo de su hermana con una jeringa y Shelby prácticamente se desvaneció nuevamente en la inconsciencia.

—¿Qué le ha hecho? —le ladró a la mujer.

—Un sedante.

Continuaron aseándola durante quince minutos más. Caroline salió a decirle a su padre que Shelby había reaccionado y el hombre se levantó a abrazarla con alegría.

—Ella es fuerte. Ella nunca se rinde.

—Lo sé, papá.

Entonces, el rostro del hombre se ensombreció.

—No pensarán decirle sobre el bebé, ¿o sí?

—Todavía no.

—Presiento que tu madre tiene una locura en la cabeza, hija.

—¿Qué clase de locura?

—Ella no quiere al bebé. No quiere tener un nieto de un delincuente.

—Ella misma se contradice, porque Shelby es hija de un delincuente, asesino, secuestrador, narcotraficante… —enumeró con los dedos en voz baja—y yo no permitiré que le haga daño a ese bebé. Es asunto de mi hermana, no de ella.

—De haber sabido que Trixie fue la mujer de un delincuente, no me caso con ella y tampoco te involucro a ti, cariño.

—A pesar de eso, encontramos una familia que hizo olvidarnos un poco de mamá.

—Eres un amor, hija. Te amo mucho—la jaló y fundiéndose en un caluroso abrazo, le susurró a su hija: —estoy orgulloso de ti y lo que menos quiero es verte sufrir. Daría mi vida por verte sonreír una vez más.

—Mi sonrisa se apagó una cuarta parte cuando mamá murió y luego de la muerte de Evan… se apagó casi por completo. Shelby y tú mantienen lo que queda de mi sonrisa.

—¿Y Trixie?

—No estoy segura.

Tiempo después, Trixie se reunió con ellos y se sentó en los asientos. Sus labios estaban apretados y sus ojos muy demacrados. Habían estado hospedados en un hotel durante días y a pesar de ello, sus rostros eran cenicientos. Trixie más. No se notaba feliz, sino furiosa. Se cruzó de brazos y le regaló una gélida mirada a cada uno.

—¿Por qué nos miras así? Deberías estar feliz de que tu hija ya ha despertado luego de una semana de agonía.

—Cállate, Charles, estoy pensando en la manera de interrumpir ese embarazo.

—¿Qué? —espetó Caroline, sin dar crédito a lo que había escuchado.

—No hablas en serio—masculló Charlie, estupefacto.

—Oh, claro que hablo en serio. No quiero tener de nieto al hijo de ese bastardo muerto de hambre. Shelby es mi hija, por lo tanto, tengo que ver por su bienestar.

—Matando a su hijo no solucionarás nada. Shelby y ese chico se quieren muchísimo y no vas a separarlos—graznó Caroline con los puños cerrados—además, si tocas al bebé, Egon vendrá por ti y te matará, mamá.

—No le tengo miedo. Mi ex marido es más poderoso que él y lo voy a llamar para que esté enterado—advirtió y sacó su teléfono, dejándolos helados.

—No, Trixie—dijo Charlie al tiempo que le quitaba el teléfono de las manos.

—¡Dame eso! —intentó quitárselo, pero fue inútil.

—Si le llamas, yo le llamó a Egon y que se haga el infierno ahora mismo—amenazó Caroline, sacando el suyo—a decir verdad, le enviaré un texto diciéndole que Shelby ha despertado.

—Él está muerto.

—No. No lo está. Me he mensajeado con él en estos días—la mujer se asustó.

—¡No te atreverías!

—Pruébame.

«Egon Peitz»

Había transcurrido una semana entera desde la última vez que tuvo contacto con Caroline a través de una llamada. Se habían enviado textos sobre la salud de Shelby y nada más.

Y en ese tiempo le ayudó a recuperarse de la pelea con Gabbe Ambos ya estaban mejor y podían volver a moverse con normalidad. El chico de mirada agradable ya podía abrir los ojos y solamente un ligero color púrpura, rosa y verde le adornaba alrededor con leve hinchazón, dándole un toque tierno.

Los leves moretones que tenía Egon le daban un toque duro, siniestro y sexy. No se había atrevido a confesarle lo del embarazo de Shelby, por lo que sentía que iba a estallar en cualquier momento si no se lo contaba a alguien. Gabbe había contactado con sus hombres porque ya era hora de llevar a cabo el plan. Trenton, Austin, Gabbe y Egon ya estaban preparándose también. Mochilas repletas de armas y cosas ilegales.

Ropa militar y perfume de hombre. Kevin se mareó por el olor, y no se quejó. El chico suplicó querer acompañarlos, pero era demasiado peligroso. Le dieron las gracias por ayudarlos a localizar a Marlon y bajaron al interior de la casa, la cual estaba vacía. Los padres de Kevin no tardaban en regresar, por lo que se dieron prisa a salir, donde las camionetas de Gabbe los esperaban.

—¡Esperen! —exclamaron Egon y Austin al unísono.

—Me entró una llamada—anunció Austin ruborizado y se alejó unos pasos para contestar.

—Me llegó un texto—carraspeó Egon y se quedó de pie, leyéndolo.

“Shelby ha despertado. Y tienes que venir cuanto antes. Su madre no quiere que el embarazo siga su curso y yo no sé qué hacer si en caso logra interrumpirlo. Caroline”

Egon apretó la mandíbula y le dio un puñetazo a la pared con demasiada fuerza que dejó la marca de su puño en ella, asustando a todos. Gabbe se acercó a él con preocupación.

—¿Qué te pasa?

De pronto, Egon sintió que sus piernas eran gelatina y sus mejillas dos volcanes.

—Voy a ser papá y la madre de Shelby quiere interrumpir el embarazo.

La reacción de los chicos fue cómica. Gabbe, abrió la boca con perplejidad y entornó los ojos. Trenton se quedó pasmado sin decir una sola palabra. Kevin silbó, sorprendido. Y Austin dejó de hablar por teléfono solo para mirar la reacción de Egon ante aquella noticia que él también sabía.

—Ya. Sí, seré papá y eso es algo asombroso.

—¿Shelby te dará un hijo? —preguntó Gabbe, con tristeza.

—Felicitaciones—le palmeó la espalda Trenton, sonriendo. Kevin lo abrazó sin dudarlo y Egon sonrió.

—Te hablo después, Thomas—dijo Austin y guardando el teléfono, se aproximó a Egon y lo abrazó con fuerza—felicidades, amigo.

—Supongo que me alegro de que vayas a ser papá—añadió Gabbe, desanimado. Egon arqueó las cejas.

—Algún día encontrarás a tu chica—repuso Egon.

—El problema fue que pensé haberla encontrado.

—Lamento decirte que desde un principio te diste cuenta que Shelby solo vivía para Egon, así que te hiciste ilusiones falsas, querido amigo—canturreó Austin con malicia. Gabbe asintió, devastado. Egon flotaba en las nubes al escuchar los comentarios de sus amigos, aunque le dio lástima Gabriel.

—Bueno, Shelby ya despertó y su estúpida madre quiere interrumpir el embarazo—vociferó Egon de repente; encolerizado—y eso, chicos, no lo voy a permitir. Primero mato a quién le ponga las manos encima a mi novia y a mi hijo.

—Y nosotros quemaremos los pedazos—agregó Trenton.

—¿Qué pasará con el plan? —preguntó Gabbe—mis hombres nos están esperando afuera.

—Marlon Blake puede seguir pudriéndose en vida un poco más—gruñó Egon, saliendo al jardín, seguido por ellos—mi familia es más importante. Así que decide de una vez, Gabriel, ¿Estás conmigo o en mi contra? Si decides estar de mi lado, serás mi familia y te protegeré como tal, pero si decides estar en mi contra, te mataré. Soy capaz de descuartizarte en mil pedazos y darles tus restos a los perros.

Gabbe rio.

—¿Eres idiota o te haces?

Egon estrechó los ojos.

—¡Estoy de tu lado, idiota! —le dio un golpe amistoso en el hombro. Egon arqueó una ceja en su dirección y le devolvió el golpe en el pecho con la misma fuerza.

—Esto es perturbador—se quejó Austin.

—Deben irse ya. Mis padres deben estar por volver—insistió Kevin, mirando a todos lados. Egon reaccionó y asintió. Se ajustó la mochila a su espalda y se giró al chico rubio.

—Muchas gracias, Kevin. Te he dejado un obsequio en tu habitación. Ábrelo cuando ya nos hayamos ido, ¿okey? —le revolvió el dorado cabello y sonrió. El chico sonrió de vuelta y sus ojos grises brillaron. Los demás chicos se despidieron y salieron enseguida a la calle.

—Cambio de planes—avisó Gabbe a todas las camionetas por medio de la radio—les digo en el camino. Ahora vámonos.

Se subieron fugazmente a una camioneta con Gabbe al volante y Egon de copiloto. Se despidieron del pequeño rubio con la mano y se pusieron en marcha. Y cuando Egon se disponía a sacar la cabeza y continuar diciéndole adiós al chico, se horrorizó al ver el cielo siendo opacado por un helicóptero que conocía a la perfección.

Tragó saliva y gritó a los chicos:

—¡GABRIEL, ACELERA Y SUJÉTENSE! NOS TIENEN EN LA MIRA DESDE UN HELICÓPTERO.

Gabbe, desconcertado, aceleró y las camionetas lo imitaron. En eso, un sonido estruendoso cruzó el aire y Egon palideció. Y de pronto, se escuchó una explosión a unas calles de distancia. Habían lanzado una bomba… ¡Habían lanzado una bomba a la casa de Kevin Black!

—¡No! —gritó Egon, enfurecido. Tanto Trenton y Austin se miraron entre sí con el rostro pálido. Y Gabbe aceleró aún más— ¡no! —repito Egon. ¿Por qué tenían que ser tan crueles? ¡Era solo un niño! Apretó los puños con fuerza y Ni siquiera le dio tiempo de enfadarse porque de nuevo el helicóptero se cernió sobre ellos— ¡diles a los demás que se distribuyan en calles diferentes y que nos veremos en Central Park! —gritó Egon a Gabbe por encima del ruido de las hélices. Gabbe obedeció y dio indicaciones exactas. Egon tenía un plan. Entonces, una maldita lluvia de balas los envolvió. Iban derrapando con balas queriendo perforar el auto, pero gracias al cielo, eran vehículos blindados. Las camionetas se esparcieron y Gabbe hizo lo mismo. El helicóptero se alejaba y se acercaba por ratos.

—¡Asesinaron a Kevin! —gritó Trenton tiempo después. Estaba sudando frío y Austin temblaba de furia.

—Conozco a ese estúpido del helicóptero. Marlon ya nos ha encontrado—dijo Egon—van a pagar caro todo lo que están haciendo.

—¿Cuál es tu plan? —le instó Gabbe con desesperación. Maniobraba la camioneta como un demente.

—En Central Park hay una infinidad de árboles que pueden darnos unos segundos de ayuda y también hay coches por doquier. Tendremos solo un segundo para bajar del maldito auto y correr a robar otro—explicó—uno de los que van en las otras camionetas tendrá que conducir este y así ayudarnos a escapar.

—¿Quieres que mueran mis hombres?

—¿Quieres vivir? —replicó Egon.

—Sí, pero…

—En esta vida tienes que buscar la manera de sobrevivir y si tienes que sacrificar a alguien, lo haces—y cogió el radio. Comenzó a dar indicaciones, pero solo logró que se rieran de él.

—¡Háganle caso! —corroboró Gabbe—Egon Peitz está a cargo ahora—siseó.

Egon juntó las cejas y lo miró.

—¿Por qué dijiste eso?

—Porque es cierto. Yo solamente estoy siguiendo tus órdenes.

—Me alegra oírlo.

—Qué egocéntrico eres.

—Y tú qué simpático.

Trenton rodó los ojos y Austin no dejó de temblar de coraje sobre lo que a Kevin le había pasado. Él tan solo era un niño. No merecía morir en mil pedazos.

Llegaron a Central Park casi derrapando sobre la acera y divisaron a las demás camionetas salir de otras calles y oyeron las hélices cerca.

—Prepárense—anunció Egon y colocó su mano en la manija. Llegaron a un punto en donde los árboles obstruían el cielo y aprovecharon a salir corriendo a la calle. Egon miró a todos lados y halló a unos pasos un lujoso Cadillac dorado que era convertible.

—¡Vamos! —gritó y lo siguieron. Gabbe se despidió de sus amigos con tristeza y ellos asintieron, listos para llevar el plan a cabo. Egon solamente maniobró unos segundos y logró abrir la puerta. Se deslizó en el suave asiento y quitó el seguro a las demás puertas para que ellos subieran. Se inclinó hacia adelante y tiró de unos cables que se hallaban por sus pies y los unió, haciendo que el motor rugiera—sujétense. Soy un maldito incluso para conducir—avisó y aceleró con tal brusquedad, que todos se proyectaron sin miramientos hacia adelante con fuerza. Gabbe era su copiloto y se aferró al cinturón.

Por el espejo retrovisor vieron el helicóptero irse tras las camionetas. Y minutos después, escucharon otra detonación. Gabbe cerró los ojos. No eran lo que se decía amigos. Pero a Egon le conmovió ver el rostro de ese chico. Había dolor.

—La verdad es, que lo que menos quería era ver correr sangre inocente—era malísimo dando pésames—pero lo que quiero decir, es que, si me ayudas en mi cometido, prometo vengar la muerte de tus amigos.

—Vengaremos la muerte de todos los inocentes—le corrigió.

—Bien dicho.

—Ahora vamos a evitar que tu suegra le ponga una mano encima a tu novia.

—Sí—asintió Egon y redujo un poco la velocidad al darse cuenta que había pasado el peligro—quiero confesarles algo más, para que ya no haya malentendidos después porque sé que lo habrá más adelante.

—Adelante—le instó Austin.

—Shelby tiene una hermanastra llamada Caroline—comenzó a decir. Ellos asintieron, incluso Gabbe, aunque no la conocía—bueno, ella tenía un novio…

—Evan. Recuerdo que falleció—interrumpió Trenton.

—Sí, Evan—corroboró Egon y cambió las velocidades—el caso es… —se revolvió incómodo en el asiento y se rascó el cuello—yo lo maté. Fue por un malentendido.

—¡¿Mataste al novio de Caroline?! —espetó Trenton.

—Sí. Tuvimos una discusión en el hospital cuando Shelby estuvo ahí y me dejé llevar—hizo una mueca con desagrado—y antes de que digan algo, Shelby ya lo sabe. Se lo conté poco después y me dijo que ya lo sospechaba.

—Wow. Shelby sabe tanto de ti y aun así te ama—Gabbe estaba aún más impactado.

—Bueno, es que también asesiné al chico porque trató mal a Shelby en mi presencia. Aproveché ese momento porque ya desde antes lo tenía atravesado en la garganta. Era demasiado raro.

—Privaste de la vida a una persona por raro. Qué vintage—bromeó Gabbe.

—¿Y tú a qué tipo de personas has matado? —quiso saber Egon.

—Una vez me tocó matar a una pobre anciana. Ella se rehusaba a cooperar y simplemente la empujé al suelo y murió. Y fue algo estúpido porque ella misma se ofreció a ser mula para transportar las drogas a París y después se negó a provocarse el vómito y entregarla. Y como me encontraba fastidiado por el vuelo, la asesiné de un empujón—se encogió de hombros y rompieron a reír todos—y eso no fue lo peor, sino que incrementó mi nerviosismo al darme cuenta que la señora ni siquiera se tragó la pepa que contenía la droga. La mujer solamente quería ir a París de vacaciones y, por lo tanto, tuve que huir por mi vida porque iban a matarme.

—Vaya. ¿Y por qué no les dijiste la verdad?

—No tuve oportunidad. El mafioso al que tenía que entregarle la mercancía era un sujeto demente, que mataba sin pensar.

—Uhm. Matar sin pensar…

—Quizás lo conozcas. Es muy solicitado por muchos narcotraficantes. Te daré una pista—dijo divertido, Egon asintió—tiene un tatuaje de rosa marchita en el cuello y usa un collar parecido al de los perros. Es un sujeto obeso y no tiene un ojo…

—Claro que sé quién es. Le dicen El Perro Tuerto. Por supuesto que lo sé—elevó los ojos al techo—mi jefe es su colega. No es un mal tipo, es ridículo, pero sabe cómo congeniar. A mí me invitó un día a trabajar para él, pero claro, Marlon se negó a dejarme en sus manos…

Trenton se inclinó a Austin y le susurró:

—Esta conversación es la más extraña que he presenciado.

—Es fenomenal—replicó Austin escuchando con atención las palabras de Egon.

—Ay. Yo que tú, mando al carajo a tu jefe y me quedo con El Perro Tuerto—alardeó Gabbe, riéndose.

«Por otro lado»

Marlon miraba perversamente las cintas guardadas de las cámaras de seguridad horas después de que Norman y Lola Calvin hicieran un súper vídeo pornográfico que iba a ser un buen hit en el mundo de la pornografía.

Estaba esperando la llamada de Jasen, el mejor piloto que tenía tras haberlo enviado directo a Egon, quién se hallaba en Nueva York. Por milagro lo logró localizar y no estaba dispuesto a perder el tiempo.

—¡Una llamada, Sr. Blake! —exclamó un sujeto con un teléfono inalámbrico en la mano—es Jasen, dice que es urgente.

Marlon no lo escuchó dos veces, chasqueó los dedos y cogió el teléfono.

—Jasen—dijo de mal humor.

—Señor, hemos llegado al objetivo, pero tal parece que logró escapar en mis narices.

—¡Con un demonio! Explícate.

—Resulta que estaba con más personas, hice estallar una casa y varias camionetas en las que él se transportaba y pensé que lo había matado, pero el rastreador dice que va rumbo a… —el sonido de las hélices era ensordecedor—Atlanta.

Al gemelo le hubiese gustado pasar a ver a Thomas a su casa, pero dadas las circunstancias… decidió olvidarlo. Lo que importaba era llegar cuanto antes a Atlanta y salvar a Shelby, le envió un mensaje de texto a Thomas para mantenerlo al tanto.

“Me hubiera gustado ir a verte, pero ocurrió una emergencia. A la mamá de Shelby le entró el demonio y amenaza con interrumpir el embarazo de ella. Más pronto que tarde te iré a ver. Vamos a Atlanta. Austin.”

Guardó el teléfono y se dedicó a seguir escuchando la conversación de Egon y Gabbe.

«Shelby Cash»

La camilla en la que se hallaba postrada comenzaba a incomodarle. Le dolían los brazos vendados y la cabeza. Le habían dicho que llevaba muchos días ahí, sin reaccionar y ya estaba impaciente por largarse.

Sus brazos estaban curándose poco a poco, pero aún necesitaba estar en observación. Tuvo náuseas y mareo, empero supuso que quizás se debía a las medicinas. Notó que la relación entre Caroline y su madre se había tornado sombría y fría, incluso con Charlie y no entendía por qué. También pensaba a menudo en Egon, Gabbe, Thomas y Austin.

Por lo que Caroline le contó, Thomas regresó a su casa por órdenes de sus padres, y que se enviaban mensaje de texto de vez en cuando.

—Me hubiera gustado que conocieras a Gabbe—susurró Shelby—es un buen chico y quizás… si llegas a conocerlo, te enamores de él.

—Nadie podrá ocupar el lugar de Evan, querida hermana. Nadie—replicó su hermanastra con tristeza—Evan era único.

—Gabbe también es único.

—Hablas como si te urgiera deshacerte de ese chico.

Shelby parpadeó.

—No, claro que no. Solamente decía…

—¿Acaso ocurrió algo entre ustedes dos? —preguntó Caroline, alzando las cejas y se apresuró a darle una cucharada de gelatina a Shelby.

—No—hizo una mueca al tragar la gelatina y se rascó distraídamente los brazos y Caroline gruñó.

—¿No se supone que Egon es tu novio?

—Sí.

—Entonces, ¿pasó algo con ese chico Gabbe?

—Solamente nos dimos un beso, pero solo uno y fue un error.

—¿Solo uno? ¿Qué querías? ¿Dos, tres?

—Mira, él me besó y yo no tuve ninguna culpa.

—Si se entera tu novio…

—Egon no tiene por qué enterarse.

De pronto, el teléfono de Caroline comenzó a sonar. Ella echó un vistazo a la pantalla y se disculpó para contestar. Salió de la habitación y atendió la llamada.

—¿Thomas?

—Hola, Caroline.

—¿Qué pasa?

—Te comunico que Egon va rumbo a Atlanta.

—¿Qué?

Caroline palideció. Había sido una tonta al enviarle el mensaje y tragó saliva.

—Austin me envió un mensaje hace unas horas.

—Mi madre no quiere al bebé y se lo dije a Egon, pero no pensé que vendría.

—Hiciste mal—bufó el chico—pero de todas maneras necesita ver a Shelby, por cierto, ¿está despierta?

—Sí. Pero le administran sedantes cada determinado tiempo.

—Quisiera hablar con ella.

—Amm… no sé si sea buena idea, Thomas. Ella no sabe aún de su embarazo.

—Por favor. Necesito escuchar su voz y saber que está bien. No mencionaré nada.

—De acuerdo. Pero que sea rápido—eludió y entró de vuelta a la habitación de Shelby donde ella se devoraba lo que quedaba de gelatina. Sus brazos seguían vendados, pero en mejor estado.

—Alguien quiere hablar contigo—le avisó Caroline. Los ojos de Shelby brillaron y el corazón se le aceleró. Le pasó el teléfono y ella se aclaró la garganta para contestar.

—¿Hola?

—¡Shelby! —gritó Thomas y ella suspiró, pensando que se trataba de Egon, pero de todas maneras se sintió feliz de hablar con su amigo.

—Hola, Thomas.

—¿Cómo estás? Me diste un susto de muerte.

—Estoy bien. Aunque me duelen las muñecas, pero fuera de ello, estoy mejor que nunca.

—Me alegra mucho escucharlo. He estado muy preocupado por ti.

—¿Por qué te fuiste?

—Mis padres me obligaron a volver a casa y no tuve más remedio que retirarme con ellos.

—¡Vuelve!

—No puedo, al menos de momento. Pronto encontraré la manera de ir a verte.

—¿Y qué hay de Gabbe? —se ruborizó al pensar en él— ¿dónde está?

—Intenta que no te dé un ataque, ¿okey?

—¿Por qué?

—Gabbe fue a buscar a Egon.

A Shelby se le cayó el alma a los pies.

—No te preocupes. Extrañamente han logrado hacer las paces y se han hecho aliados.

—¿Aliados? —repitió, incrédula.

—Sí. Aliados para matar a Marlon Blake y salvarte.

—Pero eso no tiene sentido.

—Sí que lo tiene. Además, también buscarán a tu padre para aclarar las cosas y así no asesine a Egon.

—¿Egon tiene teléfono?

—Sí. Y también Caroline lo tiene, puedes pedírselo.

—Creo que lo haré, pero más tarde.

Shelby sintió ganas de vomitar y le entregó el teléfono a su hermana antes de devolver la gelatina en un recipiente que encontró más cerca. Tuvo más arcadas y después su estómago quedó vacío y sintió que todo le daba vueltas.

—Sí. Está vomitando, te hablo luego—colgó Caroline al tiempo que ayudaba a Shelby a incorporarse. La fémina negó con la cabeza y se recostó con los ojos cerrados en la camilla. Caroline presionó el botón rojo y entró corriendo una enfermera—mi hermana vomitó—explicó, señalando el recipiente. La enfermera asintió, no muy contenta y se lo llevó con cara de asco.

—Estos medicamentos me van a sacar los intestinos por la boca—se quejó Shelby, sintiendo un ardor abrasador en la garganta, gracias al ácido estomacal.

—Debes tranquilizarte.

Ella asintió y suspiró.

—¿Qué te dijo Thomas?

—Que quiere estar aquí, pero por el momento no puede.

—¿Te dijo algo de Egon?

—Sí. Mi amigo Gabbe fue a buscarlo y que extrañamente se hicieron amigos solo para protegerme.

Shelby no sabía hasta qué punto su hermanastra sabía del asunto, y optó por quedarse callada.

«En otro lugar»

Dorian Tyler estaba furioso. No, furioso se quedaba corto. Estaba encolerizado. No había tenido noticias de Gabbe en más de dos semanas y comenzaba a desesperarse. Trixie le había enviado un último mensaje hacía dos días sobre el estado de salud de su hija, nada más.

—¡¿No pueden encontrarlo?! —gritó por centésima vez.

—No, señor. McCall no aparece en el mapa. Dejamos de saber su ubicación hace días.

—Igual que Egon Peitz—susurró Dorian, entre dientes. De pronto, el maldito aparato comenzó a sonar desesperadamente. Era su ex esposa— ¡Qué!

—No quería decírtelo, Tyler, pero creo que es debido que lo sepas.

—¿De qué diablos hablas?

—Nuestra hija está esperando un hijo de Egon Peitz y no voy a dejar que ese niño nazca—a Dorian le dio un tipo de espasmo que lo dejó mudo durante unos segundos—voy a interrumpir ese embarazo.

—Si tocas a mi nieto, juro que te mato, Trixie—le advirtió a la mujer en un siseo—sea hijo de quién sea, es mi nieto.

—¿Qué demonios le pasa a todo el mundo? Hablamos del hijo de un asesino.

—Hablamos del hijo de nuestra hija.

—¿Te has vuelto loco?

—No. Estoy siendo razonable. Una cosa es el bastardo de Peitz y otra cosa es el bebé de mi hija. Ese niño no tiene culpa de nada.

—Voy a evitar que nazca. No habrá más delincuentes en mi familia—sentenció.

—Estás jugando con fuego, mujer. No hagas que envíe a mis hombres a matarte y a traer a mi hija conmigo para cuidarla en todo su embarazo.

—No seas ridículo.

—¿Cuánto tiempo tiene?

—Tres semanas, más o menos.

—Entonces, iré a verla.

—¿Qué? No hablas en serio…

—Hablo muy en serio, Trixie.

—Llamaré a la policía si pones un pie en el hospital.

—Tus amenazas me tienen sin cuidado. Mi prioridad es Shelby.

—No debí decirte nada.

—Tarde o temprano me enteraría.

Dorian suspiró y le colgó con furia. ¿Matar a su primer nieto? Ja. Estaba demente si acaso creía que lo iba a permitir. Al que sí estaba en sus planes matar era a Egon Peitz. A nadie más.

—Señor, hemos localizado a Egon Peitz y también a Gabbe—le informó un sujeto con emoción.

—¿Qué has dicho? —echó a correr hacia el hombre y lo cogió del hombro con mucha fuerza, mirando la pantalla de la computadora.

—¡Mire! —señaló la pantalla y leyó los nombres de ambos chicos; los cuales se dirigían a Atlanta.

—Maldita sea—masculló, claramente azorado—¡Marshall, Hank, Eustace! —vociferó y tres hombretones se abrieron paso por una puerta, listos para obedecer—preparen el jet más grande. Nos vamos a Atlanta, ahora mismo.

«Muchas horas más tarde»

Gabbe conducía ahora el Cadillac convertible. Quitó el capote y el aire los despeinaba violentamente. Egon se hallaba en el copiloto, observando la noche. Y tanto Austin y Trenton dormían plácidamente en el asiento trasero con el cabello revuelto por el viento.

Estaban a pocas horas de llegar a Atlanta. Mientras conducía, Gabbe le echó una mirada rápida a su acompañante y este le devolvió la mirada a su vez. Los ojos negros de Egon se encontraron con los azules de Gabbe y ambos desviaron la vista.

—Sigo sin creer que Shelby está esperando un hijo tuyo—dijo Gabbe, en voz un poco alta, ya que por el aire no se escuchaba casi nada y más porque iban a toda velocidad.

—También yo. Voy a ser padre y la verdad me parece imposible.

—¿Por qué imposible? Estuvieron juntos, ¿no?

—Más de una vez—Egon esbozó una sonrisa torcida y algo pervertida. Gabbe rodó los ojos y fijó la vista al frente.

—¿Entonces por qué te sorprende?

—Ella tomó pastillas todas las veces que estuvimos juntos y, por ende, es imposible.

—¿Pastillas anticonceptivas? —preguntó Gabbe y Egon asintió—oh, por favor, esas porquerías nunca han sido un buen método anticonceptivo. A veces funcionan, a veces no.

—¿Qué sabes tú de eso?

—Una vez estaba aburrido en un vuelo de treinta y seis horas y como no había nada que hacer, excepto leer un folleto de métodos anticonceptivos y ahí decía que no siempre funciona. El único método anticonceptivo más seguro es el preservativo y la abstinencia.

—Me alegro mucho saberlo—reconoció Egon, suspirando—porque llegué a pensar que…

Gabbe juntó las cejas, apartando un momento los ojos del camino y al ver la expresión de Egon, gruñó y presionó el botón para activar el capote para así poder hablar sin gritar. Cuando el coche dejó de ser convertible, abrieron los cristales y se acomodaron mejor.

—Ahora sí—gruñó Gabbe—dime lo que no quisiste decir.

—Olvídalo.

—No. Dime.

Egon hizo una mueca y se frotó el puente de la nariz con irritabilidad.

—Pensé que ese bebé quizás era tuyo. Pero supongo que no te atreviste a tocarla y qué tampoco ella se dejó, ¿verdad? —los ojos de Egon ardían en llamas, apretando los puños, tratando de disimular su enfado y mirando a otra parte—porque de ser así, juro que…

—¡No puedo creer que hayas pensado semejante tontería! —saltó Gabbe a la defensiva— ¿todavía piensas que Shelby te sería infiel conmigo?

—La besaste y ella te correspondió.

—Admito que hubo veces que le insté a olvidarte, pero ella se mantuvo recta y con la mente despejada. Jamás la toqué. Nunca le falté el respeto y tampoco te fue infiel—le espetó—Shelby no es una cualquiera, y creí que ya lo sabías.

—¡No desconfío de ella, sino de ti! ¿Qué pensarías si la chica que amas se va conmigo dos semanas, después resulta embarazada; y luego recuerdas que habían usado protección al estar juntos?

—En cierto punto tienes razón, aunque ahora espero que confíes en mí, así como yo estoy confiando en ti y le estoy dando la espalda a mi propio bando al ayudarte.

—Yo le di la espalda a mi bando desde que conocí a Shelby y créeme, ha sido lo mejor que he hecho en la vida.

—Al menos lo hiciste por una chica. Yo lo estoy haciendo por ti y eres un bastardo—arrugó la nariz—pero mejor pensaré que lo he hecho por una amiga.

—Nuestros temperamentos son diferentes, pero a la vez tan parecidos.

—Nos detestamos, pero nos une la muerte, ¿no?

—Exacto. A decir verdad, me desesperas. ¿Por qué siempre tienes que ir a por ahí sonriendo amigablemente a todo el mundo? Es patético.

—Por lo mismo que tú vas por ahí asustando a las personas con tu mal genio. Son nuestros toques personales—se burló Gabbe—nuestro toque único. El tuyo es ser intolerante, impaciente, y estar con rabia y cólera casi las 24 horas del día; en cambio yo, soy paciente, pero tengo un límite, tolero mucho, sonrió amablemente a todos para conseguir más rápido lo que quiero en vez de amenazarlos.

—Entonces serás de ayuda cuando lleguemos al hospital. La madre de Shelby no te conoce y así podrás despistarla para que yo entre a verla.

—Claro. Sacaré mis encantos.

—Te oíste muy homosexual.

—Ese es el punto—habló afeminado—así podré ser más rápido—Egon rio, mirándolo.

—Estás loco.

—No más que tú.

Mientras charlaban, Trenton los escuchaba en silencio con los ojos entornados. Dos homicidas, que días anteriores se odiaban, hablaban amistosamente y bromeando entre ellos y lo que era peor, ambos querían a la misma chica.

—Solo espero que no se maten cuando llegue la hora de luchar entre ellos por el amor de Shelby—pensó Trenton y volvió a cerrar los ojos—o habrá una tercera guerra mundial.

Llegaron al amanecer. El cielo de Atlanta estaba teñido de celeste claro y las aves volaban a sus anchas, cantando o simplemente estirando las alas. Egon ahora conducía bajo las indicaciones de Gabbe, pero ambos se sentían tan cansados, que decidieron estacionarse cerca del hospital y dormir un poco para recuperar fuerzas.

Y sin previo aviso, el suelo comenzó a vibrar deliberadamente, sobresaltándolos.

«En el hospital»

Trixie se hallaba dormida en el regazo de su esposo cuando escuchó un ruido estruendoso en todo el hospital. El edificio comenzó a temblar y absolutamente todos comenzaron a correr hacia el estacionamiento.

De pronto, las instalaciones dejaron de crujir y quedó en total silencio. Caroline, Charlie y Trixie se asomaron al estacionamiento junto con las demás personas y la mujer palideció. Dorian Tyler se desplazaba con tal elegancia de un jet del tamaño de una casa mediana que estaba situado en el estacionamiento sobre varios autos y se dirigía a ella con tres hombres gigantescos con armas en las manos.

Al parecer, ya había muchísimo talento en la tecnología y dinero para crear aquel medio de transporte tan gigante.

Charlie frunció el ceño y echó hacia atrás a su hija como gesto protector. Dorian vestía un atuendo poco visto en él: Pantalones negros, una sudadera gris debajo de una gabardina.

Su cabello bien recortado estaba despeinado y sus ojos avellana estaban puestos en su ex mujer, quién parecía más un zombi que una persona normal. Las personas del hospital miraban perplejas la escena.

—Trixie, llévame con mi hija—ordenó. Su voz era autoritaria, tan dura y áspera, que ninguno dijo nada. Trixie asintió y mirando con cara de pocos amigos a su esposo y a su hijastra, entró con Dorian Tyler pisándole los talones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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