Dark Beauty - Capítulo 87
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Capítulo 87: Capítulo 87
La seguridad que por unos meses había comenzado a reinar volvió a tornarse turbia y siniestra. Lola no podía quejarse; porque contaba con dos excelentes chicas que estaban al pendiente de ella como si de una princesa se tratase, aunque había veces que Roxanne y Harper desaparecían por días enteros y volvían hechas un desastre y un manojo de nervios.
—¿Qué pasó? —les preguntaba cada que sucedía y el par de féminas simplemente negaban con la cabeza, incapaces de responder.
La tediosa espera de algo imposible la estaba debilitando día a día. No sabía con exactitud qué es lo que pasaría al momento de dar a luz a su hijo. Su embarazo había sido camuflado por numerosas vendas y playeras extra grandes para que nadie sospechara.
Lo que la tenía más nerviosa era la constante mirada de Norman sobre ella los últimos días. Luego de haber compartido tantas noches de pasión sin dolor de ningún tipo, comenzó a sentir un extraño y nuevo trato de él sobre ella. No solo la cuidaba o le preguntaba qué tal estaba todas las mañanas, sino que la protegía de los idiotas que habían estado presenciando los abusos en el cubículo desde las cámaras de seguridad.
De hecho, una noche cuando Lola se preparaba para dormir en la habitación que compartía con las chicas sin la presencia de ambas, alguien entró a asustarla. Ese alguien la inmovilizó rudamente de espaldas a la cama, le cubrió la boca con un pañuelo, la infeliz chica intentó sin éxito identificar su rostro, pero la oscuridad absoluta reinaba y lloró en silencio cuando sintió que la desnudaba sin miramientos.
Forcejeó una vez más, sin embargo, recibió un fuerte puñetazo en la mejilla que la hizo ver estrellas. Aturdida, luego de unos segundos de sentir la asquerosa boca del hombre en su cuello, una segunda persona se unió a la fiesta siniestra y chilló.
—¡Aléjate de ella, imbécil! —gritó una voz ronca y masculina que tanto conocía, y que no esperaba oír en ese instante. Y el sujeto que la estaba violentando la soltó de inmediato. Lola se retiró rápidamente de ellos y se arrastró a un rincón de la cama con los ojos bien abiertos.
—¡Ella no es tuya, White! —replicó el sujeto con voz rasposa y mezquina.
Entonces vio la silueta de Norman lanzarse encima del hombre. Gruñidos, golpes, maldiciones y más, se escucharon a continuación. La rubia estaba horrorizada y sopesaba la idea de largarse de ahí antes de que la hirieran también.
Pero de pronto, un golpe extraño y una rasgadura de algo con demasiada fuerza fue lo que la dejó sin aliento, puesto que el sujeto que luchaba con Norman aulló de dolor y acto seguido quedó en silencio.
—Si te vuelvo a ver qué entras a esta recámara o te acercas un paso a ella, te cortó las bolas, bastardo—siseó Norman con asco y le propició una última patada.
Lola se abrazó a sí misma con los ojos entornados. Observó una silueta alejarse en dirección a la puerta y la luz hizo acto de presencia. Lo que ella vio a continuación, la dejó helada y aterrorizada. White tenía las manos, cuello y boca cubiertos de sangre, pero no era suya.
Le sonrió a Lola al darse cuenta del miedo que provocaba. Ella miró al sujeto que yacía en el suelo y se cubrió la cara por el horror. Junto a la cabeza del hombre estaba un trozo de carne lleno de sangre que palpitaba, era su lengua.
—¿Lo has matado? —preguntó ella en un susurro.
—Todavía no—respondió Norman sin dejar de mirarla. Parecía un felino de ojos grises listo para atacar.
—¿Le quitaste la lengua?
—Le comí la lengua—le corrigió y se limpió la sangre de la boca con la mano—lo que ves ahí—señaló lo que quedaba de lengua—es solo un pedazo. Lo demás me lo comí.
Un estremecimiento repentino abrasó a la rubia y una serie de arcadas se abrió paso en su interior. No lo pensó dos veces y corrió a devolver lo que había comido en todo el día.
Por su parte, Norman se las arregló para sacar al hombre moribundo de la habitación. En el pasillo se encontró con los compañeros del tipo y les obligó a sacarlo de ahí con todo y lo que quedaba de su lengua. Impactados, obedecieron sin decir una palabra. Y para cuando Lola salió del baño, lo halló limpiando la sangre del suelo con un trapeador.
—¿Era necesario comerte su lengua? Es decir, que asco—dijo ella con escalofríos.
—Solo así no podrá delatarme con Blake y tampoco volverá a molestarte.
Por un momento la rubia se quedó viéndolo y después apartó la mirada al sentir la suya encima. La duda y la incertidumbre la estaban matando. ¿Por qué él se comportaba tan protector con ella, después de tantas humillaciones y maltratos?
—¿Podrías decirme qué es lo que estás planeando, Norman? Este juego no me está gustando en lo absoluto—increpó la rubia con los ojos estrechados, guardando una distancia de casi dos metros.
—¿Juego? —juntó sus rubias cejas y la miró perplejo— ¿de qué juego hablas?
—¡Por favor! —exclamó rudamente—te has portado tan lindo, tan dulce y tan protector conmigo y tú no eres así. Dime qué planeas.
Norman chasqueó la lengua, asintió y se sentó al borde de la cama con el trapeador en sus manos. Sus ojos grises se postraron en los de ella y suspiró.
—Solo quiero que tengas un embarazo normal, Lola—habló por fin—ese niño no tiene la culpa de ser hijo de alguien como yo.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero que nazca lo antes posible y así poder darlo en adopción en un país lejos de aquí.
—Mi hijo se queda conmigo—musitó la rubia con frustración—no me van a separar de él.
—¿Crees que contigo tendrá un buen futuro? —la miró con ironía—por favor. No tienes a donde ir, Lola. Ambos morirían.
—Al menos moriremos juntos.
—Vaya—Norman alzó las cejas y se levantó—estás diciendo que prefieres que mi hijo muera en vez de que sea feliz en una familia de verdad. Quieres matar a tu propio hijo solo para fastidiarme. ¡Eso es lo que quieres! —gruñó, lleno de rabia. Enseguida tiró el trapeador al suelo y la sujetó del brazo con fuerza— ¡Quieres matarlo!
—¡No! ¡No! —gimoteó ella, forcejeando con él— ¡Es mío y yo decido su bienestar!
—¡No es tuyo! ¡Es mío! —gritó él a su vez— ¡Al igual que tú! ¡Ambos son míos!
—¿Tuyos? ¡Estás demente! Nunca serás capaz de ser padre, ¡Jamás! Y el bebé que llevo dentro es solo mío, Norman—lo empujó y él la liberó—y yo no soy tuya, nunca lo fui ni seré.
—Ese niño salió de mí—espetó el rubio—sin mí, tú no hubieras quedado embarazada.
—No me importa. Padre es el que cría, no el que engendra.
—¿Y qué crees que acabo de hacer? Le quité la lengua a ese tipo para que dejara de molestarte a ti y a mi hijo. ¿Eso no es cuidar? Si no lo es, entonces dime lo que significa.
—¿En serio quieres a nuestro hijo, Norman? —Lola se quedó estática.
—Todavía no lo sé. Es nuevo para mí—se frotó el puente de la nariz—tengo claro que no siento nada por ti; pero por ese bebé siento un instinto protector más allá de mi cordura—reconoció y a partir de esa noche, Norman comenzó a dormir en la habitación de Lola sin importarle las protestas de Roxanne y Harper.
—Debes estar loca, chica. Norman es un animal y nunca actúa de buena manera, de no ser porque está planeando algo—le advirtió Harper cuando Norman se encontraba fuera de la habitación.
—Él es un sujeto inestable, cariño—susurró Roxanne—se pone violento a la menor provocación y puede terminar matándote.
—La muerte dejó de asustarme cuando vi morir a mi madre—contestó Lola, encogiéndose de hombros sin dejar de doblar las sabanas limpias.
Semanas después, el vientre de Lola había aumentado considerablemente, pero seguía camuflado. Aquella tarde soleada y tranquila se convirtió en un caos total. Había mucho movimiento y gritos enfurecidos por parte de Blake.
Tenía deseos de indagar acerca del tumulto, pero desistió de la idea cuando vio pasar a Norman con el semblante sombrío junto a ella. Su ropa era tan ruda que Lola casi se olvidó de lo que iba a preguntarle.
¿Quién no perdería el aliento al ver a un chico rubio, majestuosamente fornido, alto y de pantalones tipo militar ajustados, botas de montaña y una playera gris totalmente pegada a su cuerpo?
—Norman, ¿Qué pasa? —lo interrogó.
—Nada. Solo mantente lejos del cubículo y del despacho de Marlon—fue lo único que dijo antes de desaparecer por una esquina. Haciéndole caso, se encontró con las chicas en la cocina. Ellas también se morían de curiosidad.
—Están diciendo que Blake acaba de capturar a Dorian Tyler, su mayor enemigo—cuchicheó Harper en voz demasiado baja—dicen que también trajo a su esposa.
—Oh por Dios—se lamentó Roxanne—pobre mujer. Lo que les espera a manos de Blake.
—¿Por qué no nos acercamos a averiguar? —sugirió Lola, sonriendo.
—¿Quieres morir? —le preguntó Harper con los ojos entornados.
—Descubrí un agujero que conecta al despacho de Marlon.
—¿Dónde? —ambas chicas se mostraron interesadas.
—En las duchas del quinto piso. Vamos.
Roxanne y Harper se quedaron unos segundos meditando la respuesta, pero al final de cuentas, siguieron a Lola por la escalera. Caminaron lo más normal posible, llevando consigo toallas con el pretexto de entrar al baño sin levantar ningún tipo de sospechas. Estaban por llegar a las duchas cuando se cruzaron con dos sujetos que acababan de asearse. Uno de ellos era al que Norman le había quitado la lengua y al verla, se horrorizó. Comenzó a manotear y su colega lo arrastró lejos de la rubia con nerviosismo.
—¿Qué le pasa a ese tipo? —inquirió Harper con cara de pocos amigos.
—No tengo idea—respondió Lola, esbozando una sonrisa.
Se escabulleron hasta que por fin llegaron a las duchas y se cercioraron de que nadie más se encontrase adentro para cerrar las puertas. Hecho eso, Lola se apresuró a abrir la última ducha que era extensa y que constaba de cortina especial para no ser vistos.
—Esta es la ducha que a veces usa Blake—susurró Harper, lívida como la nieve.
—Por lo mismo es que hay un acceso a su despacho—susurró la rubia y se tendió sobre el azulejo. Le costó trabajo remover varios de ellos con la mano hasta que por fin dio con una tabla de madera que tapaba el agujero. La quitó de encima y un agujero de un metro de diámetro saltó a la luz.
—¡Dios Santo! —chilló Roxanne—pensé que era un agujero de unos centímetros.
—Puede ser un método de salida—chilló Harper, ilusionada.
Lola se preparó para saltar al interior con sigilo y descendió lentamente hasta que sus pies tocaron fondo. Su cabeza sobresalía del agujero y miró a las chicas.
—Una se quedará montando guardia.
—Yo me quedo—se ofreció Roxanne—dense prisa.
El túnel se extendía a varios metros más adentro y era muy difícil caminar sin ningún tipo de luz. A medida que caminaban, el espacio fue reduciéndose hasta que terminaron por ir arrastrándose con sumo cuidado.
—¿Estás segura que vamos al sitio correcto? —preguntó Harper, arrugando la nariz. Lola asintió.
A Lola se le pegó una telaraña a la cara y la apartó de un manotazo. Avanzaron unos metros más hasta que la rubia se detuvo justamente en una pequeña grieta en la pared, donde se alcanzaba a oír voces. Harper se deslizó hacia adelante para que ambas pudieran ver en ese diminuto sitio y escuchar con atención.
Divisaron a Marlon sentado detrás de su escritorio con las manos entrelazadas entre sí y mirando un punto fijo en la estancia. Su rostro estaba ensombrecido y sus labios eran dos finas líneas rectas contraídas de furia.
—Tenerte aquí es el mejor regalo que pudo darme el universo—dijo. Pero su voz era más amarga y contenía un dejo de resentimiento. Y Lola frunció el ceño. ¿A quién le hablaba, acaso a los recién llegados? De pronto vieron la rubia cabellera de Norman pasar y situarse detrás de Blake con la misma cara inexpresiva que optaba tener antes de atacar.
—Actuaste a la mala, imbécil. Me tomaste desprevenido y por eso lograste capturarme—siseó otra voz masculina que jamás había escuchado. Trataron de ver más allá de la mitad del despacho para ver al sujeto, pero solamente pudieron verle los pies—sabes bien que, si yo hubiera estado en mi base, jamás…
—Norman, encárgate de cerrarle la boca—ordenó Blake, con aire aburrido. Y el rubio a zancadas se abrió paso hacia el hombre y el sonido de los diversos golpes asustó a Lola. El hombre apenas y se quejó—ahora tráelo hasta mí—masculló, ansioso. Dicho eso, el rubio comenzó a arrastrarlo con brusquedad, dejando a su paso un camino de sangre y por fin pudieron verle el rostro al sujeto, el cual estaba desfigurado y destrozado— ¿dónde está tu asquerosa hija? —el hombre, a pesar de estar herido, sonrió, pero, no respondió— ¿dónde está tu asquerosa hija? —repitió Blake, perdiendo la paciencia.
—¿Qué te hace pensar que sé su paradero? —espetó el otro sujeto con rabia—y aunque lo supiera, jamás te lo diría.
—Perfecto—argumentó Blake con suavidad. Era una nueva locura, claro estaba—entonces estarás bajo mi poder hasta que te dignes a darme la ubicación de Shelby Cash, porque ella está con mi fiel asesino, Egon Peitz y lo quiero de vuelta.
—¿Qué ganas tú con eso? Puedes rastrear a ese maldito sin meter a mi hija.
Lola apenas podía salir del shock. ¿Shelby era hija de ese sujeto?
—Considerando que tu hija está involucrada con mi chico, no puedo pasarla por alto; ella es la culpable de que él se olvidara de sus raíces, de que olvidara la Belleza Oscura que lleva en el alma y eso no lo voy a tolerar.
—¿Y qué quieres que haga, idiota?
—Vas a quedarte aquí hasta que ellos dos estén ante mí.
—¿Cómo lo harás, si Ni siquiera sabes su ubicación? —Dorian se rio.
—No, pero él sí—dijo Blake, señalando a Norman, quién dio un paso al frente con aire arrogante. Dorian arqueó las cejas—Norman es experto en localizar satelitalmente a alguien a través de los teléfonos. Rastreará las últimas llamadas de Egon y de tu hija, las va a unir a un sistema de códigos hasta dar con su paradero.
—Eso es algo ridículo—Dorian soltó otra carcajada, haciendo que un montón de sangre saliera de su boca.
—Incorrecto, señor Tyler—oyeron decir a Norman—estuve investigando y la última llamada que estuvo cercana a Shelby Cash fue hecha por un tal Trenton Rex a un ex policía de nombre Sean Rex. Así que no será difícil hallarlos.
A Dorian se le borró la sonrisa y se le aceleró la respiración. Norman sonrió.
«Días después…»
—¡Feliz cumpleaños, hermanita!
Shelby no esperaba otra celebración aparte de la que había tenido junto con Egon. La vez pasada Caroline no asistió y en ese momento, ella misma la organizó, aunque no era nada parecido a una reunión; porque no hubo pastel ni obsequios.
—¡Tienes que ponerte guapa! —canturreó Caroline justo a las ocho de la mañana y la envió directamente al baño.
—¿Qué? Ni siquiera he despertado del todo… —balbuceó adormilada y ahogó un bostezo al entrar al baño.
—Solo hazlo—le instó desde afuera. En ese momento se dio cuenta que Egon no estaba en la cama cuando ella despertó. Se encogió de hombros y se duchó con agua tibia. Sintió unas ligeras pataditas en el estómago y sonrió abiertamente.
—Dentro de poco estarás en mis brazos—susurró tiernamente al frotar el jabón en su estómago, ocasionando más patadas—oye, tranquilo.
Pero las pataditas continuaron un buen rato hasta que por fin terminó de ducharse. Se envolvió en una toalla y salió a vestirse. No esperaba encontrar una hermosa mudada de ropa especialmente para ella en la cama.
Era nueva y de algodón puro. Era un vestido color vino que le llegaba quizás a la altura de la rodilla. Un suéter negro, mallas y unos zapatos del mismo tono. Dando pequeños saltitos se vistió y se miró al espejo de cuerpo entero que había en la habitación y no pudo evitar llenarse de felicidad y de nostalgia a la vez.
Su bebé estaba a punto de nacer y nada la ponía tan feliz que pensar en ello. Se maquilló levemente y se recogió el cabello con una diadema de pequeñas piedras brillantes que Trenton le había regalado. Al salir, se encontró con Egon. A Shelby se le secó la boca al verlo tan hermosamente guapo recargado en el umbral, sonriéndole tiernamente.
Estaba bien duchado, el pantalón negro de vestir, los zapatos del mismo color y la camisa vino, desabrochada unos botones del inicio, lo hacían lucir como esos modelos de televisión y de revistas importantes. Y lo mejor de todo era que él era suyo. Solo suyo.
—Te ves preciosa—observó él, inclinándose a besarla en la frente. Shelby cerró los ojos y olfateó su perfume.
—Te ves guapísimo—replicó ella, buscando sus labios. Se besaron por unos segundos y el beso, tras intensificarse, Gabbe interrumpió con una risilla. Egon gruñó y se separó de Shelby sin soltarla de la cintura.
—¿Listos? —preguntó el recién llegado sonriendo de oreja a oreja. Shelby entornó los ojos al verlo. ¿Por qué todos estaban tan sexys ese día? Los ojos de Gabbe estaban más llamativos que nunca. La camisa azul rey que portaba y el pantalón negro de vestir ajustado hacía que pareciera un rey griego que tenía el poder de enamorar con la mirada. Shelby tragó saliva y miró a Egon para no decir alguna idiotez.
—¿Listos para qué? —concilió preguntar la fémina.
—Se supone que no debo decirlo—hizo una mueca y Egon le envió una mirada severa a Gabriel—por ser tu cumpleaños y porque Caroline se muere por saber si tendrá un sobrino o una sobrina, te ha pagado una consulta para que te hagan ultrasonido y así saber si esperas un niño o una niña.
—¡Era sorpresa, idiota! —gruñó Egon. Gabbe rompió a reír y se fue corriendo con una sonrisa. A Shelby se le saltaron las lágrimas, aunque no sabía si porque estaba feliz o porque últimamente había estado muy sentimental—no llores, mi bella dama—agregó Egon con rapidez—hoy es tu día y…
—Te amo—lo abrazó y se dejó envolver por él—estos meses han sido los mejores de mi vida.
—Verte llorar me parte el alma y te doy mi palabra que a partir de que nazca nuestro hijo, todo va a mejorar—le acomodó un mechón de cabello a Shelby detrás de su oreja—él o ella van a nacer en un mundo normal. En un núcleo familiar lleno de amor y calidez.
—¿Y si el problema no termina? —balbuceó, temblando ante la idea— ¿y si Marlon nos encuentra en el momento menos esperado?
—Lo detendré. Yo inicié todo esto y voy a detenerlo.
—¿Habrá manera humana de matarlo?
—Es un simple ser humano, mi perfecta dama. No es un Dios. Y con un arma cargada de balas y buena puntería, lo haré desaparecer de este mundo—Shelby asintió, tranquila por sus palabras. Egon besó su sien y le acarició los hombros—pero basta de pensar en él. Ahora vamos, nos esperan—bajaron al primer piso lenta y cuidadosamente hasta que por fin llegaron a la calle donde Martha, Thomas, Austin, Caroline, Gabbe, Trenton y Kevin los esperaban. Y todos ellos estaban bien vestidos como si tuvieran pensado ir a una fiesta.
De pronto, Egon la sujetó de la mano y la animó a caminar hacia el jardín que estaba a unos metros. Shelby frunció el ceño, pero no dijo nada. Los demás los siguieron. Era muy sospechoso. Entonces Egon se volvió a ella con una gran sonrisa y se arrodilló de forma dramática. Se palpó los bolsillos del pantalón y sacó una cajita negra de terciopelo. Shelby entornó los ojos y miró a sus amigos con la boca abierta.
—Puppy—le oyó decir a él y lo miró sorprendida—sé que quizás tú querías un ambiente más romántico, pero mi amor por ti sobrepasa todo tipo de cursilerías. Nunca pensé que llegaría a hacer algo como esto, pero… —se pasó una mano por su perfecto cabello y tomó de nuevo la mano de Shelby, quién no podía salir del shock—Shelby Anne Cash, ¿me darías el maravilloso honor de casarte conmigo y dejar que yo te haga la chica más feliz del mundo?
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