De Dama de Honor a... Novia!!! - Capítulo 13
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13: Capítulo 13.
Una cita romántica.
13: Capítulo 13.
Una cita romántica.
Una cita, tendría una cita real con Ryan.
Admitía que estaba muy emocionada como una niña pequeña, una adolescente.
Este cosquilleo que sentía en el estómago no lo sentía desde hace años.
Hasta ahora las citas era algo a lo que me había negado por completo, no tenía ni ganas ni tiempo para salir y tener que poner una cara agradable y charlar de cosas triviales con un sujeto que no conocía.
Sin embargo, ahora me sentía emocionada, eufórica todo el cansancio del día se hace pequeño en comparación y eso que fue un día agotador.
Habíamos llegado a la casa nuevamente, me dirigí rápidamente a la cabaña a prepararme para esa noche, pero luego del baño no pude hacer otra cosa que sentarme frente al tocador mirando a la nada misma pensando en todos mis sentimientos que se agolpaban en mi sin parar.
Necesitaba centrarme, retomar el control y la calma.
No pude evitar y pedí ayuda a mis amigas quería su apoyo porque en estos momentos no era capaz ni de elegir la ropa que usaría.
Era un desastre.
– Gracias chicas por venir – digo cuando las veo ingresar a mi habitación con una gran sonrisa en sus rostros.
– No puedo creer que mi amiga la demente del control esté desesperada porque no sabe que ponerme para una cita – exclama Ximena burlándose de mí.
– Bueno, no te preocupes estamos aquí.
Pongámonos manos a la obra – dice Daniela queriendo desenrollar mi toalla – ¿Qué haces aún en toalla?
Ni siquiera la ropa interior te has puesto ¿Qué estuviste haciendo?
– Es que, de verdad, me nublé.
Hace tanto que no salgo a una cita.
– Y en España no salías a citas – pregunta Dani toda curiosa en plan cotilla.
– Tenía mis aventuras sí, pero eran eso.
No necesitaba esforzarme tanto.
Además, no tenía tiempo para esas cosas.
Mis amigas se quedaron sorprendidas, es que yo no era así en el pasado.
Siempre había sido la enamoradiza, ¡Por Dios Santo!
Estuve por casarme.
Era chapada a la antigua, pero cuando Esteban me traicionó algo en mí murió y todo lo que me definía en gran parte murió.
Igualmente, estos cambios en personas que sufrían algún tipo de ruptura o engaño eran bastante normal, incluso era muy común que buscaran desahogar sus penas enrollándose con diferentes hombres todos los días.
Mi forma de actuar era algo similar, pero al contrario de hombres había elegido mi trabajo, trabajaba horas y horas sin pensar en volver a casa y cuando lo hacía llevaba trabajo conmigo, el único momento que pensaba en hombres era cuando mis “amigos con derechos” llamaban o yo los llamaba y venían para lo que se esperaba que sucediera.
Sin esperar nada de nadie, ningún tipo de compromiso.
Mientras las chicas estuvieron balbuceando viendo que vestido podría usar y hurgando entre mis cosas, me perdí en mis pensamientos.
Sabía que las cosas con Ryan estaban yendo rápido, pero todo en nosotros no era normal.
Fuimos algo así como amor a primera a vista.
Lo triste es que nadie más lo sabía, sería solo un secreto suyo y mío.
Pensar que estaba insegura al venir, me encontraba confundida segundos antes de conocerlo, pero cuando posé mis ojos en los suyos todas esas inseguridades y dudas desaparecieron.
En lo único que podía pensar era en lo hermoso que era, lo varonil que se veía y lo increíblemente sexy que olía.
También cuando descubrimos que seríamos los padrinos en la misma boda, había pensado solo en que caminaríamos juntos hasta el altar acompañando a nuestros amigos.
Desde ese primer momento todo había desaparecido de mi mente y solo Ryan Ryder lo ocupaba.
El hombre más bueno, caballeroso y sexy que pude haber conocido.
Cuando terminaron las chicas se volvieron a colocar a mi lado y me estaban observando muy detenidamente, estaba tan sumida en mis pensamientos que cuando regresé a la actualidad me sonreían de una manera tonta.
– Vaya que te tiene mal – me dice Ximena Ambas mostraron las varias opciones que habían preparado sobre la cama, agradecía internamente haber metido varios vestidos hermosos para noche.
Sabía que había tomado una decisión buena al llamar a mis amigas para que me dieran una mano esta noche ya que no recordaba ni la mitad de los vestidos que había traído.
Daniela con el secador en mano mencionó que se encargaría de mi pelo, lo estuvo admirando y no paraba de decirme lo valiente que había sido en teñirlo de gris.
Debía admitir que lo amaba, el contraste que hacía con cualquier prenda me fascinaba.
Ximena mientras tanto había tomado la misión de maquillarme con la idea de un maquillaje bastante natural, pero que tapara algunas imperfecciones, de esas que molestan a una y que nadie más los ve.
Por suerte ella era especialista en ese tipo de maquillaje ya que para las entrevistas en cámara siempre trataba de verse lo más natural posible sin que resalte kilos y kilos de maquillaje en su rostro, sabía que siempre había odiado a esas mujeres que exageraban con el maquillaje logrando cambiar por completo su apariencia.
Finalmente, cuando ambas habían terminado simplemente faltaba elegir el vestido y los zapatos.
Como no estábamos segura de que color vestiría Ryan las tres optamos por un vestido sobrio de color negro, entallado al cuerpo y de mangas largas con un hermoso escote de estilo bote.
Acompañando al vestido unas sandalias de verano no tan altas de color blanco y una cartera de mano del mismo color.
– No puedo creer lo que lograron, les agradezco mucho – digo emocionada viéndome en el espejo, mi reflejo no parecía ser yo.
El trabajo de amabas había quedado perfecto.
– Eso si amiga – dice Dani picarona – Para mañana queremos los detalles más minuciosamente contados.
– ¡Daniela!
– La regaña Ximena, pero yo sabía que ella también esperaba esos detalles.
Las chicas se habían marchado mientras yo me quedé dando vueltas en la habitación, estaba por hacer un maldito agujero en el maldito suelo esperando a que Ryan venga por mí.
Habíamos quedado que vendría por a las 9.30 p.m.
y eran las 9.00 pero mi ansiedad no me permitía quedarme quieta.
Como ya no sabía que más hacer y aún faltaba algunos minutos decidí abrir mi mail para estar al tanto, sabía que tendría alguno de los clientes que no entendían de que me encontraba de vacaciones entonces vería cuales eran sus dudas, aunque resolverlas no creía poder.
<<Toc.
Toc>> Finalmente había llegado, dejé olvidado el mail mientras me retocaba un poco frente al espejo antes de abrir la puerta.
Quería que no se me notase en la cara los nervios que tenía, pero creo que no soy una buena actriz así que desistí y fui a ver quién era.
– Por un momento temí que te hubieras quedado dormida – me dice Ryan mientras me planta un beso fugaz – Wow!
Estas hermosa.
– Y tú estás muy guapo también Y sí que lo estaba, esa tez bronceada que presumía junto con ese cabello rubio todo desprolijo hacía que se me cayera baba de la boca, además, el jean azul oscuro que tenía puesto marcaba cada parte de los músculos de sus piernas y la remera blanca era perjudicial para cualquier mujer.
Si que me había sacado la lotería cuando me lo encontré porque ahora era todo mío.
– Maldita sea, de ahora en más siempre que salgamos tendré que espantar buitres.
Eres malditamente guapo.
Comienza a reír mientras me agarra por la cintura acercando su rostro muy cerca de la mía, con la punta de la nariz recorre mi cuello provocándome escalofríos cuando su aliento roza mi piel.
Besos dulces y lentos, malditamente lentos cautivaron mi esencia e hicieron que perdiera la noción del tiempo hasta que un jadeo de su parte me devolvió a la realidad.
– El que debería de preocuparse soy yo, sabes en las peleas que me meteré por defender mi lugar como tu hombre.
– ¡Mmmm!
Mío, me gusta eso.
Pero basta de estupideces ¿Nos vamos?
– ¿Ansiosa?
– pregunta aún sin soltarme, estábamos frente a frente él mantenía fuertemente su agarre mientras nuestros labios estaban a centímetros de cada uno, incluso cada que hablábamos se rozaban entre ellas.
– Mucho es que aún no caigo en que estemos juntos.
– Bueno más vale que lo creas porque pretendo que estemos juntos durante mucho tiempo.
Ryan a duras penas había decido soltarme para irnos a esa cita que tanto estuve esperando.
Y bastante fue mi sorpresa cuando vi que salíamos de la Estancia, en un momento había creído que se limitaría en una cena en los alrededores del lugar, que había encontrado algún espacio especial, pero lejos de eso nos encontrábamos yendo al centro de la ciudad.
Mientras él conducía admiraba el paisaje que iba viendo, además, obvio del que ya tenía adentro del auto porque el maldito era toda una obra de arte.
Luego de casi una hora de viaje en la que más o menos a mitad de ella simplemente observaba al hombre que tenía a mi lado, habíamos llegado a un hermoso lugar.
Un restaurante pequeño rústico pero delicado, con unas lámparas de botellas y las paredes con ladrillos a la vista.
Al ingresar al lugar supe apreciar a Frank Sinatra de fondo, a este lugar sin dudas ya lo amaba.
– ¡Buenas noches!
¿Puedo ofrecerles una mesa?
– De hecho, ya tenemos una reservación, a nombre de Ryan Ryder.
¿En qué momento había reservado en este lugar?
¿Cómo es que lo había encontrado?
Cada día me sorprendía con sus detalles, era todo un caballero y no lo podía negar.
Se aseguraba cada día de enamorarme con todo lo que hacía y la verdad es que lo lograba.
– Por supuesto.
– nos dice el chico que nos había atendido.
– Por favor síganme.
En un principio creí que nos dirigíamos hacia una mesa común, pero resulta que nos tenían preparado un lugar mucho más reservado pero lo que lo hacía especial era que el lugar se encontraba en la terraza del restaurante donde quizás normalmente habría más mesas, pero esta noche solo se encontraba la nuestra y luego en una zona más apartada un diván que a su lado había otra mesita con unas copas puestas.
Suponía que serán las de champagne que servirán después de la comida.
La verdad era que me había quedado fascinada, la pulcritud con la que había organizado todo esto me llegó al corazón.
Por primera vez sentía que alguien realmente me valoraba por lo que valía, por lo que era yo en verdad.
Me sentía amada y descubro que también yo podía ser capaz de amar de esa forma.
– Gracias, por esto.
Es hermoso.
– digo luego de que terminamos la cena.
– Gracias a ti por dejarme ser parte de tu vida.
Y por lo tanto quiero que hagamos las cosas bien.
– me dice mientras deja su servilleta a un lado y se pone de pie para acercarse donde estaba yo.
– ¿Qué haces?
– digo sorprendida, veo que saca una caja roja mientras se arrodilla frente a mí y mi corazón se detuvo por unos segundos.
– ¿Qué estás haciendo?
– Tranquila no me estoy apresurando más de lo debido.
Simplemente quiero hacer las cosas mejor para ti.
Al momento que termina de decir esto, abre la cajita roja que resulta tenía una nota pegada en la parte superior de la misma, una nota que decía “¿Quieres ser mi novia?” y entonces vi el collar que venía con la nota y no pude evitar reír.
El collar era de plata bastante simple, fino y delicado del que colgaba un dije en forma de un frappuccino de Starbucks, detrás del vaso donde vendría el nombre de la persona estaba nuestras iniciales.
Aquel detalle hizo que lágrimas rodaran por mi mejilla, era la cosa más hermosa y romántica que me habían dado nunca, un recordatorio de cómo nos conocimos, la cosa más absurda nos había llevado a este lugar a este momento y estaba muy contenta por eso.
– Amor, por favor dime que lloras, pero de felicidad.
Sonreí y lo abracé llorando y si, de felicidad porque era tierno pero cursi a la vez y yo estaba derretida por este bombón.
No lo iba a negar lo amaba como una loca demente, lo amaba y sabía que me tenía en sus manos.
– Te amo.
Te amo.
Y nuevamente te digo que sí y te advierto no te dejaré ir, pero ni en mis más locos sueños.
– Ni tampoco lo quiero.
– responde, mientras toma de mi mano para ponerme en pie, Ryan hace que me gire y así colocarme el collar.
A pesar de que ya lo había colocado, sus manos seguían acariciando mi cuello, luego lentamente bajaba por mi espalda al mismo tiempo sentía su respiración volverse agitada un momento después sentí sus labios besando mi piel muy lentamente, tan dolorosamente.
Mi respiración fallaba, no lograba concentrarme no podía frenar por más tiempo mis jadeos.
El maldito sabía dónde presionar esos labios que estaban hecho para pecar, donde colocar sus manos y lograr que mis malditas piernas flaquearan.
Entre besos y caricias hizo que caminara hacia el diván, cuando mis piernas tocaron el mueble sentí como sus manos bajaban el cierre del vestido y sus labios rápidamente ocupaban su lugar.
Podía sentir cuan ansioso se encontraba él también, cuanto lo afectaba la excitación que se sentía en el aire era enorme.
Mi mente no podía pensar en otra cosa más que en lo que ocurría en este momento en la terraza, ni tan solo me podía preocupar en si en los alrededores no se encontraba algún mozo o personal alguno del restaurante.
Toda yo estaba pendiente tan solo en Ryan y sus mágicas caricias.
– Dime si quieres que pare y lo haré.
¿Está loco?
No iba decirle tal cosa.
– No quiero.
Ni siquiera lo pienses.
– respondo y siento como sonríe en mi piel – Me alegra escuchar eso – dice mientras me gira para que nuestros rostros se encuentren enfrentados, yo ya me encontraba con la parte superior del vestido enrollado en la parte del estómago completamente expuesta para él.
– Por cierto, no te preocupes, ordené que nadie más nos interrumpiera luego de servirnos la cena y este lugar es todo nuestro hasta la hora que queramos.
Sonrío sabiendo que él había anticipado muy bien todo, sin nada más frenándome me lanzo a atacar su boca deseosa de que me bese con la misma vehemencia que sentía.
Esta noche será larga y lo único que agradecía eran esas largas horas en el gimnasio ya que pondría en evidencia la resistencia que tenía mi cuerpo luego de todo un día de excursión y lo que me esperaba, pero estaba segura que lo disfrutaría y mucho.
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