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De esposa traicionada a reina multimillonaria - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 Mentiras por amor planes de poder
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3: Capítulo 3: Mentiras por amor, planes de poder 3: Capítulo 3: Mentiras por amor, planes de poder Lisette colgó la llamada, aferrando con fuerza el teléfono que aún sentía caliente en la palma de la mano mientras un sudor frío le recorría la espalda.

—Tobias, ¿por qué has vuelto?

—preguntó, tratando de mantener la voz serena.

Tobias la miró de reojo, con un atisbo de curiosidad.

—Olvidé un archivo.

Su tono era monótono, sereno…, indescifrable.

Lisette sintió que el corazón se le calmaba un poco.

Así que…

¿no lo había oído?

¿O tal vez no lo había entendido bien?

No estaba segura.

Fuera como fuese, tenía que mantener la calma.

Se apartó de la puerta.

—Ah, de acuerdo.

Adelante.

Tobias entró sin más y se dirigió al estudio.

Rebuscó en un maletín, con un gesto concentrado y preciso.

Lisette se quedó inmóvil en el salón, siguiendo sus movimientos con la mirada sin poder evitarlo, hasta que él sacó el plan de un proyecto para un parque de producción cinematográfica.

Y de repente, los recuerdos de su vida pasada la golpearon con fuerza.

Ese mismo estudio de cine había sido descartado por todo el mundo, incluido Tobias, que solo había invertido como una apuesta secundaria.

Pero acabó convirtiéndose en la mayor base cinematográfica de todo el país.

—¿Vas a invertir en una base cinematográfica?

Pues mira, justo tengo una propuesta.

¿Quieres echarle un vistazo?

Tobias interrumpió su búsqueda y entrecerró los ojos ligeramente, visiblemente sorprendido.

—¿Tú has escrito una propuesta?

Ese destello de incredulidad le tocó una fibra sensible.

Así que, ¿tan poco la había valorado en su vida pasada?

Lisette no podía seguir interpretando el papel de ama de casa ingenua.

Esta vez, tenía que mostrarle una faceta diferente de sí misma.

—Solo necesito unos minutos —dijo a toda prisa antes de correr hacia el estudio.

Encendió el ordenador y, recurriendo a todo lo que recordaba, redactó un borrador de la propuesta.

No era perfecto, pero los programas de televisión, las series web y los programas de variedades que incluía eran precisamente los que habían gozado de una popularidad explosiva en su momento.

Tras imprimirlo, se lo entregó.

—Los he elegido basándome en un análisis exhaustivo, y estoy segura de que serán un éxito rotundo.

Si te preocupa la inversión, yo también puedo contribuir.

Si perdemos dinero, compartimos las pérdidas.

Si hay beneficios, los repartimos.

Tobias tomó el documento y lo ojeó con escepticismo, hasta que empezó a leer.

Entonces, algo cambió.

Ahora, su expresión reflejaba reconocimiento.

—No está mal —dijo—.

Pero este tipo de programas y formatos no son tendencia ahora mismo.

¿Cómo puedes estar tan segura de que tendrán éxito?

Lisette le sostuvo la mirada, serena pero firme.

—Veo muchísimas series y programas de variedades.

Tras años siguiendo las tendencias, puedo asegurarte que las historias emotivas y los temas de superación personal siempre conectan con el público.

Si apuestas por esto, no te arrepentirás.

Por supuesto, no podía soltarle lo de «vengo del futuro».

Sería una locura.

La verdad era que nadie conocía el futuro del mundo del espectáculo para los próximos tres años mejor que ella.

En su vida pasada, se había volcado en el ascenso de Maverick al estrellato.

Desde conseguirle guiones y papeles hasta coordinar la más mínima maniobra publicitaria, e incluso dirigir personalmente sus clubs de fans…

En la práctica, había vivido la carrera de él por él.

Pero al final, lo único que consiguió fue una familia destrozada y un corazón roto.

Tobias mantuvo una expresión impenetrable mientras ella hablaba.

Justo cuando Lisette pensó que seguía sin creerla, él dijo, simple y llanamente: —De acuerdo.

Haré que el equipo lo revise a fondo y aumente la inversión.

Lisette parpadeó.

—¿Un momento, en serio?

Había sido muy rápido.

La había pillado con la guardia baja.

Tobias la miró, con el rostro en blanco y los ojos muy abiertos, y no pudo evitar sonreír levemente.

Guardó la propuesta en su maletín y se dirigió a la puerta.

Al pasar a su lado, se detuvo un instante.

—Me voy a la oficina.

—Su voz seguía siendo serena, pero ya no tenía el filo gélido de antes—.

La cena está en la cocina.

Todos tus platos favoritos.

Come algo y después descansa.

Lisette se quedó paralizada, mirándolo conmocionada.

Hacía un momento estaba furioso, incluso la había amenazado con el divorcio.

Y a pesar de todo, ¿se había acordado de asegurarse de que alguien le preparara la cena?

¿Estaba hablando de poner fin a lo suyo y aun así le preocupaba si ella había comido?

—Tú…

—Lisette abrió la boca, pero se le hizo un nudo en la garganta.

Lo que quería preguntarle era: ¿cómo es que sabes siquiera qué me gusta comer?

Pero las palabras no salieron.

En su lugar, se las arregló para decir: —Tú también deberías comer.

No te saltes la cena y no trabajes hasta muy tarde.

Tobias no respondió.

Su mirada se detuvo en el rostro de ella un instante antes de decir simplemente: —Ajá.

Me voy.

La puerta se cerró suavemente tras él.

Al volver en sí, Lisette fue al comedor y encontró la mesa puesta con varios platos elegantemente servidos, e incluso su postre favorito.

Una oleada de culpa la golpeó directo en el pecho.

¿Cuánta ternura, cuánta calidez, escondía bajo esa máscara de indiferencia?

Justo cuando la emoción la embargaba, su teléfono vibró.

Lo cogió y vio el mensaje en la pantalla.

Era de Maverick.

Maverick: [Lisette, ¿qué ha pasado?

¿Te ha vuelto a hacer algo Tobias?

¡Ese imbécil!

No te preocupes, te ayudaré con el divorcio, ¿de acuerdo?

Y en cuanto al dinero, déjamelo a mí.

¡Tengo un plan!]
Al leer el mensaje, a todas luces exagerado, los labios de Lisette esbozaron una sonrisa fría y burlona.

El pez había picado el anzuelo.

Era evidente que Maverick iba detrás de la fortuna de la familia Cavendish.

No se atrevería a que la familia de ella se enterara de los planes de divorcio; no hasta haberse asegurado algo a cambio.

Probablemente empezaría a liquidar los bienes que tuviera solo para demostrar su «sinceridad».

¿Pero su capital?

Aun liquidándolo, no sería gran cosa.

Así que, sin duda, intentaría pescar más.

Probaría todos los trucos habidos y por haber.

Justo lo que ella quería: ya vería con qué tácticas rastreras salía esta vez.

Para que la actuación resultara aún más convincente para Maverick, Lisette cogió el teléfono y marcó un número.

La llamada se estableció casi de inmediato y, al otro lado, sonó una voz alegre y llena de energía.

—¡Lisette, cielo!

¿Qué pasa?

¡No me esperaba tu llamada!

Era Scarlett Graham, la heredera de la familia Graham y la mejor amiga de Lisette.

En su vida pasada, cuando todo el mundo le había dado la espalda, Scarlett fue la única que permaneció a su lado.

Por ayudarla, casi acabó siendo víctima de las maquinaciones de Maverick.

Al oír su voz de nuevo, Lisette sintió un escozor en la nariz y cómo las emociones la desbordaban.

—Scarlett, necesito una gran suma de dinero.

—¿Dinero?

¿Cuánto?

¡Tú solo dilo!

—respondió Scarlett sin dudar—.

Todavía tengo bastante liquidez.

¡Y si no llega, le doy la lata a mi padre!

Lisette le dijo una cifra que habría dejado boquiabierta a cualquier persona normal.

Hubo un momento de silencio al otro lado de la línea.

Entonces, la voz de Scarlett regresó, tan desenfadada como siempre: —¿Solo eso?

Creí que sería mucho peor.

—Mi padre me dio la escritura de una propiedad hace unos días por mi cumpleaños.

Una villa de lujo en el Lado Este; un sitio genial, por lo visto.

A mí me pareció que estaba muy lejos y no la quería.

¡Es el momento perfecto!

¡Te la doy y ya está!

Debería valer más o menos lo que necesitas.

¡Me pongo con el papeleo ahora mismo!

Lisette se quedó paralizada, aferrando el teléfono con fuerza.

Sabía que a Scarlett le importaba.

¿Pero esto?

¿Darle una villa de lujo sin dudarlo?

¿Sin siquiera preguntar por qué?

Qué afortunada era de tener a alguien como ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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