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De Hombre a Dios (Descontinuado) - Capítulo 56

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  3. Capítulo 56 - 56 Capítulo 433 Naturaleza demoníaca
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56: Capítulo 43.3: Naturaleza demoníaca 56: Capítulo 43.3: Naturaleza demoníaca N-Necesito ser cauteloso… o… este podría ser nuestro final.

Pensé fríamente, dejando sonar nada más que mi respiración.

Habían pasado unos diez minutos desde nuestra exitosa huida de la celda de piedra, y por suerte, gracias a la pesada celebración que tuvieron los mercenarios, aún no habían descubierto nuestra fuga ni los cadáveres que dejé atrás, algo que sabía que cambiaría irremediablemente con el pasar de los escasos minutos que nos quedaban.

Después de dejar a Zoe descansando en una grieta rocosa donde no corría tanto peligro, me despedí de ella, quedando en que ella se encargaría de liberar a Mork y Ness aprovechando que no había guardias por esa zona, mientras que yo provocaría la distracción para ganar los segundos suficientes para escapar de esa zona.

Empezando a moverme por la periferia del campamento, me escabullí en absoluto silencio entre las rocas para llegar al otro lado de la hondonada, justo al extremo opuesto de donde tenían encadenados a los dragones.

Aprovechando la oscuridad y la libertad de mis manos, asomé ligeramente la cabeza por encima de un peñasco, analizando por primera vez el campamento con mis propios ojos, ya que durante todo el trayecto me habían mantenido vendado y sin la posibilidad de usar mis habilidades como Perception.

Vaya…

esto es mucho más grande de lo que imaginé.

Pensé, frunciendo el ceño al notar la cantidad de tiendas armadas en el centro del campamento.

Por suerte, gracias a la fiesta que hubo, había un gran silencio que solo era interrumpido por los ronquidos de los mercenarios dormidos y las pisadas de los cinco únicos guardias que hacían sus rondas.

Sin embargo, mientras me escabullía por las sombras, noté que no todos eran combatientes, porque al pasar cerca de una de las tiendas más lejanas, escuché la voz de una mujer y la de un niño.

“Mamá, ya tengo sueño… quiero irme a dormir.” Dijo con cansancio una voz infantil del otro lado de la tienda, voz que fue respondida por una mujer.

“Lo sé, cariño, pero tenemos que esperar a que tu padre acabe su turno para darle la buena noticia, recuerda que recién mami se enteró de que tendrás un hermanito, y quiero que estemos ambos para darle la buena noticia lo antes posible.” “Sí, mami… sé que eso se hace, pero… ya no creo aguantar más…” “Ay, hijo… Mira, solo esperamos diez minutos más, si no viene hasta ahí, puedes dormir y mañana te unes a nuestra celebración.” ¿Guardia?

Espero que no fuera uno de esos dos… Dije, antes de volver a enfocarme y seguir en mi trayecto hasta llegar a un punto ciego en la parte trasera del campamento, lejos de la vista de los guardias.

Agachado en la oscuridad mientras mi corazón empezaba a latir poco a poco más rápido, detuve mis movimientos por un instante, dudoso de si usar el convertidor que me había dado Angélica o no.

Ahhh… ¿qué hago?

Pensé suspirando, sacándolo de mi runa dimensional para después volverlo a poner en mi muñeca, al igual que los viejos tiempos.

Con la yema del pulgar, acaricié la fría superficie del cristal que me dejó Angélica hace varios años atrás, aquel extraño objeto encantado que guardaba pasivamente todo el maná de los seres vivos que morían cerca de él.

Por el color rosado que tiene ahora…

debe de contener una gran cantidad de maná por todo lo que absorbió.

Pensé, sabiendo que esa energía me serviría muchísimo para una situación como esta.

Pero…

Apretando los dientes, negué con la cabeza, recordando lo que significaba gastar ese recurso ahora.

Decidido a no usarlo de momento, lo dejé conmigo como seguro mientras pensaba en que solo lo usaría cuando en verdad estuviera en una situación totalmente desesperada.

Descartando esa idea y sintiendo el peso del tiempo en mi contra, usé Atlas nuevamente para sacar de mi espacio dimensional un par de piedras con una propiedad que conocía, un vaso metálico y un odre de cuero que contenía agua, colocando todo en el suelo de tierra con sumo cuidado.

Haciendo un pequeño agujero en el suelo cerca de las ramas secas con mis manos, puse las piedras ahí, para luego posicionar el vaso y perforar la parte baja del odre con la daga de Zoe.

La idea era simple y silenciosa: el agua gotearía llenando el vaso, cuyo peso terminaría venciéndolo y haciéndolo caer sobre las piedras que contenían grandes cantidades de sodio puro, provocando una reacción violenta de fuego parecida a una pequeña explosión en más o menos unos seis minutos.

Dejando todo preparado, empecé a alejarme lentamente para no hacer ruido, hasta que un crujido de grava a mis espaldas me hizo pensar que me habían descubierto.

Girando la cabeza con lentitud, me topé de frente con la pequeña silueta de un niño que había salido a orinar en la oscuridad.

El niño, pareciendo estar medio dormido y con los ojos achinados, me miró de pie a escasos metros.

Frotándose un ojo y girando la cabeza hacia un lado, confundido por mi presencia.

“¿Q-qué pasa…?” Preguntó con una voz adormilada.

“¿Tú quién eres?” Sintiendo mi respiración atascarse por un momento, tomé aire antes de sonreír, aferrándome a la calma de mi núcleo.

“Shhh… Soy el nuevo niño.” Dije, poniendo mis dedos en mis labios pidiendo que guardara silencio también.

“Este lugar está ocupado, así que mejor ve a orinar a otro lado.” El niño, sin entender mucho la situación y demasiado cansado como para procesar, simplemente asintió con la cabeza y se dio la media vuelta, alejándose a paso lento para ir detrás de otras rocas.

Mierda…

no pensé que alguien vendría hasta aquí.

Pensé, dándome cuenta de mi dependencia de Perception para cosas como estas, antes de retomar rápidamente mi camino hacia los dragones, sabiendo que el tiempo para la explosión ya estaba corriendo en mi contra.

Pasando de nuevo por detrás de las tiendas, me detuve en seco al ver cómo uno de los cinco guardias armados se acercaba lentamente hacia donde me encontraba, deteniéndose a escasos metros para vigilar el perímetro.

Maldición, ¿por qué justo ahora?

Reclamé en mi cabeza, retrocediendo un paso con sumo cuidado para fundirme con la oscuridad, pegando mi espalda contra la áspera lona de una de las tiendas más grandes.

Me quedé en cuclillas, completamente inmóvil.

Un minuto.

Dos minutos.

Tres.

La fría influencia de mi núcleo demoníaco mantenía mi respiración superficial a raya, pero mi naturaleza y recuerdos humanos me gritaban que el tiempo se acababa.

Al llegar al cuarto minuto, el ácido láctico empezó a acumularse en mis pantorrillas, creándome una sensación de cansancio que se transformó en temblor gracias a la ayuda de las recientes quemaduras que sufrí por culpa de Eris.

El tiempo se agota.

Deben quedar menos de dos minutos para que el agua toque el sodio y… todo empiece.

Pensé, sintiendo una ligera molestia punzando mi frente.

El guardia seguía ahí, estático, mirando hacia la oscuridad del desierto mientras revisaba de vez en cuando el centro del campamento.

En un intento casi imperceptible por aliviar la tensión, cambié el peso de mi cuerpo hacia mi pierna izquierda para evitar un calambre, creando lo que podría ser mi fin.

–CRACK– Una maldita rama seca, oculta bajo el polvo, se partió bajo mi suela, rompiendo el silencio que envolvía la noche.

Mierda, esto es malo.

Pensé, enfocándome en el guardia para ver si se había dado cuenta o no del sonido.

Girando y viendo al guardia tensado, supe que mi error había sido fatal.

Llevando su mano hacia la empuñadura de su espada, giró su cabeza directamente hacia mi posición, empezando a caminar hacia la sombra de la tienda para investigar el ruido que acortaba la distancia a zancadas pesadas.

Viene para acá… ¿Qué hago?

¿Me muevo?

¿O lo mato?

Pensé fríamente, levantando la daga de Zoe, listo para cortarle la garganta antes de que pudiera gritar.

No, no puedo atacarlo, ya que está con la guardia alta y puede que sea uno de rango leyenda.

Pensé aceleradamente, descartando la idea solo para que otra similar pasara por mi cabeza.

¿Y si solo uso uno de los tres cañones de piedra comprimida con mi runa Atlas__?

Pensativo y a tan solo dos segundos de que tuviera ángulo para descubrirme, dudé, indeciso de qué hacer mientras sostenía la daga de Zoe.

Ah… supongo que no tengo opción.

Pensé suspirando, viendo cómo el guardia levantaba su espada a un segundo de verme.

Girando mi rostro hacia la áspera lona que tenía a mi costado, enfoqué la densa energía de mi corazón de maná demoníaco para usar nuevamente Immaterial, atravesando la pared de tela de la tienda que tenía al lado.

Apenas recuperé mi solidez, el fuerte y conocido hedor del alcohol me golpeó el rostro, casi haciéndome toser.

Este lugar… Agachado en el suelo de tierra y con la daga de Zoe aferrada en mi mano, analicé con cuidado el interior de la tienda a la que había entrado, encontrándome en la oscuridad con cinco mercenarios profundamente dormidos.

Aprovechando la poca luz que se filtraba desde el exterior, vi cómo algunos estaban tirados sobre sus sucios sacos de dormir en el centro, mientras que los demás descansaban a los bordes de la tienda, rodeados de botellas vacías y roncando fuertemente en su profunda embriaguez.

Phew… menos mal.

Estando un poco más tranquilo dentro de la oscura y apestosa tienda, me tomé un momento para organizar mis ideas, sabiendo que mi distracción no tardaría en estallar en cualquier momento.

Si Zoe ya está esperando cerca de Mork y Ness, ocupándose de quitarles esas malditas cadenas de maná, mi deber es asegurar que nadie nos siga por los aires una vez escapemos.

Pensé rápidamente, repasando mi plan mientras miraba a los cinco hombres vulnerables tendidos en el suelo.

Lo mejor será aprovechar Immaterial y las pocas habilidades ofensivas que me permite usar este núcleo, matando a todos los que pueda ahora mismo para reducir sus números.

Concluí con frialdad, tomando una decisión que mi parte demoníaca respaldó sin dudar.

Sabiendo que me quedaban muy pocos segundos antes de que el sodio y el agua hicieran su trabajo, dejé escapar una sutil sonrisa, acercándome con sumo cuidado hacia los mercenarios borrachos, manteniendo mi presencia y mis pasos completamente ocultos en la penumbra.

Me gustaría incluir a la fiesta al de afuera, pero supongo que no se podrá si quiero hacerlo bien… ni modo, tendré que conformarme con estos cinco.

Pensé de forma sombría, deteniéndome junto al mercenario más cercano y extendiendo la palma de mi mano izquierda a centímetros de su cara.

Por lo menos me cobraré con ustedes las quemaduras que me hicieron, bastardos.

Casi al instante, un fuerte estruendo rompió la tranquilidad de la madrugada, resonando a lo lejos para alertar a todo el campamento de que estaban siendo atacados por un punto en específico.

El repentino estallido hizo que los mercenarios dentro de la tienda abrieran los ojos de golpe, despertando sobresaltados y completamente desorientados por el caos.

“Sorpresa.” Susurré con frialdad al hombre que tenía a mis pies, antes de liberar por completo mi runa Atlas.

Sin darles tiempo a reaccionar, solté el hechizo Deflagration que tenía almacenado desde mi pelea con Zoe, liberando una violenta y expansiva llamarada que inundó el interior de la tienda en una fracción de segundo, calcinando a todo lo que se encontraba mientras el infierno era apenas contenido momentáneamente por las gruesas telas que se extendían violentamente.

Estando en medio de la explosión, vi cómo la estructura se derrumbaba, seguida de un pequeño hongo que se elevaba al cielo.

Con Immaterial activo, noté cómo los escombros atravesaban mi cuerpo como si no fueran nada más que simples ilusiones.

Volviendo a enfocarme, me moví rápidamente para salir del infierno que acababa de crear mientras dejaba atrás las lonas ardiendo.

Saliendo, corrí hacia la oscuridad del páramo hacia formaciones rocosas, formaciones que empecé a atravesar sin problemas para usarlas como camuflaje mientras corría hacia Zoe.

Espero que al menos uno de esos cinco fuera de Rango Leyenda.

Pensé, alejándome rápidamente del lugar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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