De Hombre a Dios - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capítulo 26 Un pasado problemático II
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29: Capítulo 26: Un pasado problemático II 29: Capítulo 26: Un pasado problemático II Punto de vista de Kadian Helkar Año 190 del Dios Inmortal.
¿Qué significa ser un Rey?
¿Qué significa ser un Dios?
¿Qué debo de hacer con el nuevo poder que me darán?
Fueron las preguntas que rondaban mi cabeza, la mañana siguiente en la que me enteré que sería el nuevo poseedor del Fragmento del Dios Dragón.
Desde que tengo memorias me dediqué a entrenar, a hacerme fuerte, y todo… todo porque eso se esperaba de mí, como segundo hijo del Rey de Clifland.
Pero ahora, ahora que llegué al rango Semi-Dios, ¿qué se espera de mí?
Ya me convertí en el guerrero que todos querían, pero… a pesar de lograr mi meta, me siento vacío… Abrumado por los pensamientos y sentimientos que me invadían, abrí los ojos lentamente, y vi el mismo techo blanco de mármol pulido de siempre.
Mi habitación estaba oscura, creando el ambiente perfecto para descansar sobre la mejor cama del Reino.
Moviéndome con cuidado, me levanté de la cama con un cuerpo adolorido, adolorido de mi último entrenamiento.
Descansando, empecé a caminar por el liso y limpio piso hasta llegar a uno de los extremos del cuarto, en donde, levantando mi brazo derecho, deshice el hechizo de piedra que mantenía unidas las robustas cortinas que bloqueaban la luz del exterior.
Al moverlas, el brillo no tardó en inundar mi cuarto, revelando mi lujoso estilo de vida.
“Ahh…” Suspiré, tocando el grueso cristal transparente que tenía enfrente con una mano.
“Hoy es el día, el día en donde me haré responsable de toda esta gente.” Aumentando mi visión con maná, empecé a ver las cercanías del enorme castillo en el que estaba, notando cómo varias personas de la nobleza salían a caminar de sus mansiones en este tranquilo día.
Inyectando más maná en mis ojos, pude ver el centro de Cherphy, la capital del Reino.
“Me pregunto si algún día, cuando tenga un control perfecto de mi maná, podré ver el final de esta infinita ciudad.” En Cherphy, la capital del Reino de Clifland, vivían alrededor de tres mil millones de personas, una cifra que había aumentado tras la guerra con Alister, en donde el Reino de Clifland, al salir victorioso, se había convertido en el Reino más grande de todo el mundo después de tomar gran parte de su territorio.
Sintiéndome derrotado por mi reto diario, me separé del cristal para estirar mi cuerpo.
Caminando con un fuerte bostezo, me dirigí a darme un baño, y cuando estaba completamente limpio, me alisté con las mejores prendas que tenía, ya que mi audiencia con mi padre, el Rey, empezaría en un par de horas.
Cuando finalmente estuve listo, abrí las dos puertas que me llevarían al pasillo, en donde estaba esperándome de rodillas Kurt Rainhard, mi sirviente personal.
“Hola, Kurt.” Dije levantando una mano para saludarlo, antes de pasar por su lado para dirigirme al centro del castillo, empezando a caminar por uno de los inmensos pasillos que había en las partes más altas de mi hogar.
“Buen día, Lord Kadian.” Respondió Kurt, siguiéndome en silencio por todo el camino.
Después de cruzar por un gran arco que daba fin al pasillo por el que caminaba, llegamos al puente principal que llevaba a la sala del trono.
El centro del castillo era un bello lugar porque estaba separado de todo lo demás, unido únicamente por cuatro largos puentes que te llevaban a un hermoso y cuidado jardín.
Jardín que rodeaba la gran sala del trono, combinando armoniosamente con el color del castillo que era casi blanco.
Cruzando el puente, vi a una de las sirvientes de mi familia, que al darse cuenta de quiénes éramos, me invitó inmediatamente a esperar en una de las estructuras que había en el jardín.
Estructura que cubría a las personas de los rayos del sol, siendo el lugar perfecto para sentarse y esperar.
Por lo que parece, Kurt ni su hermana Fay saben exactamente por qué estoy aquí… aunque bueno, yo tampoco debería de saberlo.
La entrega del fragmento del Dios Dragón debía de ser un evento histórico en el Reino, porque era algo que pasaba cada 200 años aproximadamente.
Pero, por alguna razón que desconocía, mi madre me dijo en secreto durante mi entrenamiento que yo sería el nuevo portador del fragmento.
Al principio no le creí, pensando que estaba jugando conmigo, porque únicamente el primogénito de la familia Real tenía el derecho a reclamarlo, como había pasado con mi padre, mi abuelo, bisabuela y demás antepasados.
No entiendo por qué.
¿Por qué quieren que sea yo?
¿Por qué no Celina?
Si ella es la heredera.
Aún confundido por la noticia, miré de reojo a un costado, encontrándome con la mirada alejada de Kurt, que estaba apoyado sobre el delgado parapeto de piedra que separaba el centro del castillo con el abismo que lo rodeaba, atento a las cosas que pasaban a mi alrededor.
Parece que recalcar que debo estar solo en algunos momentos dio sus frutos.
Pensé mientras cerraba los ojos, antes de volver a imaginar qué pasaría una vez entrara a la sala del trono.
En un mar de sentimientos contradictorios, el miedo, nervios y emoción destacaron, hasta que una voz familiar acercándose iluminó mi entendimiento, dándome una idea de lo que pudo haber pasado para que las cosas acabaran de esta manera.
Tiene sentido, fue ella.
“Kadian ¿me escuchaste?” Levantando la mirada, me encontré con la característica mirada alegre y despreocupada que tenía mi hermana mayor, Celina Helkar.
Al verme preocupado, ella levantó una de sus manos hasta la altura de mi cabeza, para después darme un leve golpe que me separó de los pensamientos que tenía.
“¿Qué pasa hermanito, por qué estás con esa cara que da pena?” preguntó tranquila, sentándose a mi costado mientras se relajaba.
“¡Oye!
¡No preguntes como si nada no me hubieras golpeado!” reclamé molesto, tocándome la cabeza para calmar el dolor.
“¿Eh?
No seas delicado hermanito, más bien deja de quejarte y dime qué te pasa.” dijo mientras miraba al frente, observando el vacío que había detrás del parapeto de piedra.
Frunciendo el ceño me puse de pie con la ayuda de un salto, poniéndome enfrente de ella para señalarla y observarla directamente.
Celina era la futura reina del Reino de Clifland y la mayor de cuatro hermanos.
Le seguía yo, luego nuestro hermano menor Boris, y el más pequeño de todos, Leo.
“No te hagas la tonta, sabes perfectamente lo que me pasa.” dije, confrontándola directamente, poniéndola nerviosa para que confesara y confirmara mi teoría.
“¿Qué…?
¿Pe-pero de qué hablas?
Yo no sé nada de nada.” respondió mirando a un costado, haciendo obvia su complicidad en la decisión de mis padres.
“¿Fuiste tú, verdad?” dije sin sorpresa alguna, haciendo que Celina me mirara y me agarrara de los hombros para sacudirme con fuerza.
“¡No fue con mala intención!
¡Lo juro!” “¡¡Ahh!!
¡Así que en verdad fue por tu culpa!” … Ya más calmados después de algunos minutos, Celina me contó lo que había pasado.
Al parecer, mis padres estaban pensando en darle el trono a mi hermana, algo que todos ya sabíamos, pero, para concretarlo, había un problema: ella todavía no llegaba al rango Semi-Dios.
El Rey o Reina debía tener el Fragmento del Dios Dragón incrustado en su núcleo, pero esto solo se podía hacer si el núcleo del usuario alcanzaba el rango Semi-Dios.
Esto era así porque la persona que tuviera el Fragmento del Dios Dragón no podría escalar más en poder, o, para ser más específicos, su progreso sería demasiado lento, algo que el Rey no podía permitirse.
Además, había otro inconveniente si esta persona tuviera el Fragmento sin ser de rango Semi-Dios: esta persona no debía usar el maná del fragmento bajo ninguna circunstancia.
El motivo era simple, pero aterrador.
El maná que desprendía el Fragmento era demasiado puro, demasiado denso y poderoso para que un núcleo común pudiera soportarlo.
Si alguien que no había alcanzado el rango Semi-Dios intentaba canalizar ese maná, su núcleo empezaría a agrietarse poco a poco, sin que siquiera lo notara.
Y aunque al principio los efectos no fueran evidentes, ese daño se acumularía con el tiempo hasta volver su núcleo inestable, frágil… y muerto.
Por esas razones, mis padres no podían darle el Fragmento a Celina.
Sin embargo, tampoco podían seguir postergando el otorgamiento del nuevo usuario del Fragmento, porque mi padre, el Rey, ya comenzaba a sufrir las consecuencias de haber llevado el Fragmento del Dios Dragón por tanto tiempo.
Lo había usado en incontables ocasiones a lo largo de los siglos, y aunque su dominio era admirable, el fragmento había empezado a debilitar y dañar lentamente su núcleo, causándole mucho dolor.
Por eso, aproximadamente cada doscientos años, se realizaba el cambio de Rey.
No por costumbre, sino por necesidad, algo que solamente la Familia Real sabía.
“Es por eso que te sugerí.” continuó diciendo mi hermana, sentada a mi lado mientras balanceaba sus piernas como si fuera una niña.
“Además Kadian, recuerdo bien que desde pequeño este era tu sueño, porque siempre decías: Ya verás hermana, yo seré el nuevo Dios Dragón, el encargado de proteger todo el Reino.” Al escuchar las antiguas palabras que habían salido de mi boca me avergoncé, encogiéndome de hombros mientras mi cara se ponía roja.
“¡E-Eso fue algo del pasado!
¡Cuando era un niño!” reclamé desde mi rígida postura, mirando al suelo para evitar que me viera de esa manera.
“Jajaja, venga venga, no te pongas así, ahora podrás cumplir tu infantil sueño.” dijo Celina de una forma burlona, riendo mientras me miraba.
Antes de querer defenderme, me tuve que quedar callado al ver a Fay, la hermana de Kurt, acercándose al quiosco en donde estábamos sentados.
“Lord Kadian, Lady Celina.” saludó con reverencia, agachando levemente la cabeza antes de indicarme que el tiempo de mi audiencia con el Rey había llegado.
Tragando saliva, me puse de pie verificando si mi ropa estaba como debía.
Empezando a caminar, fui detenido por Celina, que había puesto una de sus manos sobre uno de mis hombros, llamando mi atención.
“Tranquilo Kadian, sé que en todo el reino eres el más capaz para algo como esto, así que….” dijo en voz baja después de acercarse a mi oído, haciendo que sintiera un impulso eléctrico por la espalda.
“así que cálmate, pequeño soñador.” Volteando rápidamente, quise confrontar a mi hermana por las últimas palabras que había dicho, pero me contuve al escuchar cómo Fay aclaraba la garganta.
–EJEM– “Lord Kadian, lo acompaño hasta la puerta.” Sintiéndome molesto pero ya no nervioso, caminé hacia la puerta principal.
¡En serio me molesta cómo juega conmigo!
Además, ya debería de dejar de comportarse de esa manera, porque no es lo que haría una futura Reina.
Aún molesto por la actitud relajada de Celina, llegué a la puerta principal, en donde, tras sacudir la cabeza, volteé atrás, notando cómo ya no estaba Fay a mi lado.
Al mirar atrás, vi a los guardias de la entrada junto a Kurt y Fay, mirándome con una mirada expectante.
A pesar de que no sepan a qué vine o por qué estoy aquí, saben dentro de ellos que es por algo grande.
Se nota que son personas de confianza para el Reino.
Abriendo las dos puertas, pasé a la inmensa sala del trono, en donde lo primero que vi fue a mi padre sentado en lo alto, tan imponente y serio como siempre.
“Yo cerraré la puerta, Lord Kadian, pase usted al centro.” dijo Cael, el padre de Kurt y Fay.
Asintiendo, pasé por su lado mientras se rompía el silencio de la sala con los pasos que daba.
Caminando tranquilamente, eché un vistazo disimulado a toda la sala del trono.
Como siempre, el lugar estaba completamente iluminado gracias a los grandes cristales que dejaban entrar la luz natural, y a los Luminorbs que estaban situados en puntos estratégicos.
Gracias a toda la luz, pude confirmar que solo había tres personas en la sala además de mí.
Al llegar al lugar perfecto, me arrodillé después de ver el rostro de mi padre, Elion Helkar.
Mi madre, Naela Helkar, y el sirviente del Rey que ya se había teletransportado al lado de mis padres, Cael Rainhard.
“Padre, heme aquí como lo solicitaste.” anuncié con los ojos cerrados, mostrando el mayor respeto que podía a la persona que gobernaba el país más grande de todo el mundo.
“Levanta la cabeza, Kadian, no hay nadie además de nosotros cuatro en toda esta sala.” dijo con serenidad, levantando una de sus manos para demostrarlo.
Dejando a un lado su puesto como Rey, empezó a hablarme con el tono de un simple padre, algo que casi nunca había hecho.
“Gracias por venir, por ser tan puntual y responsable como siempre.
Me alegra ver en lo que se está convirtiendo mi primer hijo.” Sintiéndome confundido por sus repentinas palabras, levanté la mirada para verlo directamente.
Al hacerlo, lo encontré parado, con una suave sonrisa puesta en mi mirada.
No entiendo ¿por qué?
¿Por qué que diga esas palabras me hacen sentir… raro, extrañado, como si nunca lo hiciera?
Es verdad, es porque no lo hace.
Elion Helkar, por las distintas labores que tenía con el Reino, no pasaba mucho tiempo conmigo, y las pocas veces que lo hacía, nunca me había hablado de esa manera, tan cariñosa y personal.
Dando un paso hacia adelante, mi padre se separó del trono de oro que tenía a su espalda, dejando atrás a las dos personas en las que más confiaba en todo el mundo.
“En los 93 años que tienes, has demostrado ser digno para este momento.” dijo tranquilamente, bajando por las escaleras que nos separaban.
“Digno para ser el portador temporal del Fragmento del Dios Dragón, aquel que ha permanecido en nuestra familia generación tras generación a lo largo de los milenios.
Algo que le perteneció al primer y último Dios Dragón, que le fue dado por aquel Dios entre los Dioses.
Por el creador de todo este planeta y el resto del universo.” Al escuchar sus palabras y sentir su presencia cada vez más cerca de mí, hizo que comenzara a sudar y sentir cómo un nudo se empezaba a formar en mi garganta, haciendo que mi mente divagara por un momento mientras miraba al suelo, hasta que finalmente, tras tenerlo enfrente, volví a la realidad.
“Hijo, tranquilo, sé de lo que hablaste con tu madre y hermana, y además, sé que te sientes nervioso y confundido, pero escucha mis palabras cuando te digo que estás preparado para esto.” dijo con una ligera sonrisa, extendiendo su mano derecha en mi dirección.
Al mirar su rostro y notar la expresión que tenía, sentí una extraña calidez y confianza.
Agarrando su mano, mi padre apretó su agarre hasta ponerme a su altura, pudiendo verlo de frente por primera vez.
Ahora lo entiendo….
Pensé mientras mi corazón se resquebrajaba.
“Nunca te lo dije, pero… quiero que sepas que estoy orgulloso de ti, Kadian.” dijo finalmente, dándome un cálido abrazo, algo que había pensado que sería imposible hasta ese momento.
“Estoy orgulloso de lo que eres y te convertirás.” Ahora entiendo que en todos estos años no buscaba ser un guerrero para no decepcionar a mi familia, para cumplir con sus expectativas.
Sino, únicamente lo hacía para que no se olvidaran de mí, para así ganarme su afecto y amor, amor que jamás tuve.
“Gracias, padre.” dije, dejándome llevar por los sentimientos que reprimí todas estas décadas.
Sonriendo, Elion redirigió su mano derecha a la altura de mi núcleo, diciendo unas palabras que apenas pude escuchar por las lágrimas que salían de mis ojos y los sentimientos que me envolvían.
“Magia de Nivel Divino, Traspaso.” … Año 208 del Dios Inmortal “¡Date prisa, Boris!
¡Si queremos atrapar al Conde Waite, debemos hacerlo antes de que salga de su casa!” Grité desde el otro lado de la puerta de mi hermano.
“Sí, sí, lo sé, solo estaba buscando algo para ese maldito.” Dijo molesto antes de salir apresuradamente de su cuarto con su equipo de batalla.
“Bien, ahora vamos a por él.” Habían pasado casi dos décadas desde que había recibido el Fragmento del Dios Dragón, y en todo este tiempo, muchas cosas habían cambiado en mi vida.
Cosas duras como el fallecimiento de mi madre a causa de la Muerte Verde, una enfermedad muy rara que consumía el cuerpo de la persona lentamente con brotes verdes, parecido a plantas en un campo fértil que expanden sus raíces por todo lado hasta que se apoderan del campo completo, dejándolo sin vida.
Además de ese triste acontecimiento en mi vida, habían pasado cosas más alegres, como la boda de mi sirviente Kurt con Aria, una chica de nuestra raza proveniente del Reino de Mitian.
Recuerdo que concretar su sellamiento fue difícil, porque Aria, al no ser alguien del Reino y menos de la Realeza, tuve que verme forzado a intervenir por ellos, creando muchos problemas en esas fechas hasta que tuvieron a su hija.
Por suerte, en todos esos momentos conté con la ayuda de mi amada esposa, Irisha Helkar.
Al ser de otra raza, fue complicada nuestra relación al principio, pero una vez mis padres la aceptaron, aprendieron con los años a ganarle cariño, considerándola parte de la familia.
Ahora que mi madre no estaba, me vi forzado a apoyar a mi padre y hermana en varios asuntos del Reino.
Asuntos como la detención del Conde Waite, que fue el responsable de la muerte de cientos de personas a causa de su negligencia y corrupción en la construcción de una presa en la ciudad de Whitford, ubicada al noroeste de la capital.
Espero que lleguemos a tiempo para atraparlo y juzgarlo como indicó nuestro padre.
Pensé mientras corríamos a toda velocidad por los techos y pasillos del castillo.
Al llegar a las afueras del castillo no tuvimos que correr mucho más, porque Waite, al ser un Conde, vivía bastante cerca de la familia Real.
Ocultando nuestra presencia un par de kilómetros antes, Boris y los tres hombres que había traído conmigo estuvieron siguiendo mis pasos hasta colarnos en la mansión del Conde Waite.
Bien, llegamos a tiempo.
Pensé agitadamente, sintiendo su presencia mientras avanzábamos por su techo.
Con una seña, todos nos separamos al instante para cubrir todas las posibles salidas, dejando boquiabierto al Conde Waite cuando rompimos sus ventanas y puertas para sorprenderlo al lado de su esposa y único hijo.
“Conde, bajo órdenes directas del Rey, queda bajo arresto por ser el responsable directo de la muerte de 461 personas en el incidente de Whitford.” Dije rápidamente, mientras Boris y mis hombres se acercaban a ellos para rodearlo.
Aún con una cara de sorpresa, el Conde Waite miró alrededor para arrodillarse y levantar ambas manos después de un largo suspiro y mostrar una sonrisa.
Con el llanto de su pequeño hijo siendo consolado por su madre, inmovilizamos al Conde Waite, haciendo que la situación sea más calmada.
“Escucha, quiero que vayas a avisar a mi padre de la detención, diciendo que el Conde planeaba escapar, además de… de que tenía razón con el infiltrado en el castillo.” Dije en voz baja al oído de Ray Rainhard, uno de los primos de Kurt que estaban a mi cargo.
Pensativo, me puse a ver de reojo cómo Boris revisaba las maletas listas del Conde Waite, antes de que este le reclamara a mi hermano, diciendo que no le iba a pasar nada, porque después de todo, esas personas que murieron solamente eran humanos y estúpidos hombres bestia.
Ignorando sus arrogantes palabras, me fui a un lado para ver cómo estaba su esposa e hijo, que aún seguían en la habitación siendo resguardados por uno de mis hombres.
“¡ENTIENDA, LORD BORIS!
¡SOLAMENTE ERAN UNOS SERES INFERIORES!
¡UNOS ANIMAL—” Gritó en voz alta, hasta que fue callado por el sonido de una espada.
Girando rápidamente, vi junto a todos en la sala cómo media cabeza del Conde Waite se separaba de su cuerpo, dejando únicamente su boca y parte de la nariz unidas al resto de su cuerpo, antes de terminar desplomándose a un lado.
Con un profundo silencio, la sangre no tardó en salir del cuerpo inerte, seguido de los fuertes gritos de la esposa del Conde y su hijo.
Pero qué MIERDA….
Furioso, redirigí mi mirada hacia Boris, que, manchado de sangre, se agachó para ver directamente el cuerpo de Waite.
“Soberbio ignorante, nunca entenderás el daño que le hiciste a esas familias.” Dijo antes de ponerse de pie y caminar hacia nuestra dirección, sosteniendo aún con fuerza su espada.
Pasando por mi costado e ignorándome completamente, se acercó hacia la mujer y niño que se habían puesto a llorar por todo lo ocurrido.
“Con esto, este Reino se convertirá en un lugar mejor.” Dijo nuevamente, levantando rápidamente su espada con la intención de asesinar al resto de la familia del Conde Waite.
Antes de que lo lograra, agarré mi lanza y me moví enfrente de él para detener su ataque, creando una onda de choque por el impacto de nuestras armas.
Completamente furioso, lo miré directamente, haciendo que se detuviera en su intento de matarlos.
“¡TODOS!
¡FUERA DE LA HABITACIÓN!” Grité, agarrando la espada de mi hermano para evitar que él se moviera.
“P-Pero señor, no podem—” “¡¡AHORA!!” Con mis órdenes, los guardias sacaron a la esposa e hijo del Conde, dejándonos completamente solos a mí y a Boris.
“¿¡Se puede saber qué rayos haces!?” Pregunté mientras soltaba su espada y guardaba mi lanza en mi runa mágica.
“¡Ellos merecen morir!
¡Por su culpa muchas personas murieron!
¿¡Acaso eso no es justicia!?” Reclamó mientras tomaba distancia de mí, algo que fue inútil porque al oír sus estúpidas palabras no dudé en golpearlo, tumbándolo al suelo.
“¡Claro que no!
¡Tú no puedes juzgar eso!
¡Esa no es tu responsabilidad!” Grité seguidamente, dejando que el maná que normalmente contenía escapara.
Con un ambiente mucho más pesado, Boris se levantó con dificultad antes de mirarme directamente, con una expresión que nunca esperaba ver en su rostro dirigida hacia mí, una expresión que buscaba mi muerte.
En silencio, recogió su espada que había salido volando, dejándome solo mientras murmuraba varias cosas antes de salir por la ventana.
¡MIERDA!
¿¡En qué te estás convirtiendo, Boris!?
¿Qué pasó con el hermano amable y dedicado que conocía…?
Pensé, tocando mi cabeza con fuerza mientras varios pensamientos la recorrían.
¿Qué… Qué te pasó?
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Joshua_Goose: Por favor, si te gusta la novela, no olvides añadirla a tu biblioteca, me anima a seguir escribiendo 🙂
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