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De Hombre a Dios - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 29 Recuerdos intensos
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32: Capítulo 29: Recuerdos intensos 32: Capítulo 29: Recuerdos intensos ¿P-por qué me molesté tanto?

¿Por qué me puse así por Zoe?

Si ella solo es… mi hermana.

Pensé, con un silencio incómodo que se había formado después de las palabras de Markus.

¿Pero qué diablos me pasa?

Reflexionando por el calor e ira que empecé a sentir cuando confronté a Markus, decidí no decirle nada más en el resto de la noche, algo que también hizo Markus, haciendo que el ambiente se pusiera muy pesado.

Por mi parte, solamente me puse a mirar a la oscuridad, mientras mi propia estupidez me carcomía la cabeza una y otra vez.

Espera…

¿Y si me puse así porque a mí me gusta Zoe?

Pensé, antes de que unas imágenes nauseabundas inundaran mi mente, imágenes que me obligaron a sacudir fuertemente la cabeza de un lado a otro.

¡No!

¡Qué mierda estás pensando, imbécil!

Grité en mi mente, sintiendo como esa pregunta creaba aun más imágenes en donde dejaba de ver a Zoe como mi hermana.

¡Contrólate!

¡Es tu hermana!

¡TU HERMANA!

Dije finalmente, calmándome, y haciendo que jurara en ese mismo momento con rabia que nunca más volvería a permitir que esos pensamientos cruzaran por mi cabeza.

Sin poder aguantar más, y sintiéndome asfixiado en esa tortura silenciosa, decidí bajar una hora antes de que mi turno de vigilancia terminara, poniendo como excusa a Markus que no me sentía bien.

Él, mirándome, simplemente aceptó, diciéndome que me cuidara mientras yo ya empezaba a bajar por las escaleras, molesto conmigo mismo.

Llegando al segundo nivel y abriendo la puerta de la habitación, todo estaba oscuro, debido a que el sol no se asomaba todavía.

Sintiéndome completamente sucio por las cosas que había pensado, me dirigí directamente a la ducha sin pensarlo mucho, pero cuando quise abrir la puerta esta se abrió, revelando a Zoe, quien solo llevaba un par de toallas para cubrirse el pelo y una parte del cuerpo.

¡Maldición!

¿Por qué ahora?

El tiempo pareció detenerse, y nos quedamos quietos por un par de segundos, mirándonos sin saber qué hacer, hasta que Zoe cerró rápidamente la puerta, ocultándose y apoyándose en ella mientras hablaba con una voz temblorosa.

“¿D-drake?

¿Q-qué haces acá?” “Lo siento, volví porque no me sentía bien.” Balbuceé, mientras un calor conocido gracias a Angélica subía por mi cuello hasta la cara.

“Ah… entiendo.” Dijo nerviosa.

“Saldré, así que por favor sal de la habitación por un momento.” Continuó, a lo que asentí sin pensar, casi desesperado por escapar de esa situación.

Cerrando la puerta que daba con el pasillo, escuché cómo se abría la puerta del baño, seguido de unos pasos que hacían que mi corazón temblara.

¿¡Por qué!?

¿¡Por qué mi cuerpo reacciona así!?

¡No tiene sentido!

Dije en mi mente, intentando calmar mis instintos.

Con Zoe diciendo desde el otro lado que pasara, entré sin mirarla directamente, para evitar que ella mirara la cara que tenía en ese momento.

Entrando al baño, el aire aún estaba húmedo, oliendo a jabón y a ella, haciendo que las cosas solo empeoraran.

¡Joder, joder, JODER!

¡Sal de mi cabeza!

… Pasó una semana entera, y ese sentimiento confuso, carnal e instintivo hacia Zoe fue disminuyendo casi tan misteriosamente como llegó, trayendo paz a mi alma.

Abriendo los ojos, me golpeó un débil rayo de sol que se coló por el cristal superior de nuestra habitación, obligándome a cerrarlos nuevamente con incomodidad.

Poniéndome de pie aún con media conciencia despierta, noté que Zoe ya no estaba en la habitación, preguntándome si había salido ella sola.

Caminé torpemente hacia el baño, y tras quitarme toda la ropa me puse a pensar en las cosas que estaría haciendo mi hermana allá afuera, hasta que el agua caliente de la ducha me hizo volver al presente.

Saliendo de la ducha desnudo, me sequé con una de las toallas que teníamos en el baño, hasta que me detuve en seco al ver de casualidad una figura en el espejo.

Espera… ¿y este tipo quién es?

Dije en mi mente con una sonrisa pícara.

Joder… ¿Y desde cuándo me puse tan bueno?

Pensé sonriendo al ver que mi cuerpo de jovencito cada vez se transformaba en uno más varonil.

Supongo que comer mis verduras desde pequeño sí dio resultados.

Bromeé, mientras apretaba y posaba los pequeños músculos que empezaban a formarse en todo mi cuerpo por los años de entrenamiento.

Con mejor ánimo, terminé de secarme y ponerme la ropa que siempre llevaba.

Una vez cubierto, agarré uno de los anillos de la pequeña mesa junto a la cama para ponérmelo.

Viéndolo directamente mientras estiraba mi mano, supe que este era el que funcionaba como llave, el pase a todos los servicios de la caravana.

Después, tomé el de Kadian, aquel que emitía esa débil pero constante señal a mis padres.

Girando a un lado, estiré la mano para agarrar el recuerdo que me había dejado Angélica, que eran dos plumas conectadas con un hilo rojo para el pelo.

Sonriendo por cómo me quedaban, me enfoqué en el convertidor que aún seguía en la mesa, ese que nos había dado a Paul y a mí.

Revisándolo, noté que la gema ahora tenía un color más azulesco, haciendo que me preguntara cuánto maná había acumulado ya en todos estos años.

Finalmente listo para salir con mi equipamiento habitual, tomé a Belarus que descansaba contra la pared al lado de mi cama.

Bien, ahora vamos a buscar a Zoe.

Pensé alegre mientras me dirigía a la salida del carromato.

Ayer habíamos llegado a un pequeño pueblo, una de las tantas paradas que hacía la caravana para reabastecerse.

Al empujar la puerta y salir hacia el exterior, miré hacia atrás por costumbre, viendo no más que un simple carromato de madera, uno que no medía más de dos metros de alto.

A pesar de que Zoe y Markus intentaron explicarme cómo funcionaba exactamente, aún no entiendo cómo funciona este tipo de magia.

Pensé confundido, intentando entender cómo algo tan grande se podía guardar en algo tan pequeño.

Una vez afuera, estiré los músculos mientras tocaba el poco pasto que había en el lugar, hasta que cerrando los ojos activé Perception, logrando ubicar a Zoe no muy lejos de donde estaba.

Veamos qué hace mi hermanita.

Punto de vista de Zoe Rainhard “Gracias.” Le dije al amable humano que me había traído una taza de té caliente.

Nunca pensé que viajar sin Mork y Ness fuera tan molesto.

Pensé mientras daba un leve sorbo a mi bebida, y observaba pensativa las lejanas montañas rocosas que mostraban la frontera con el Reino de Dunumese.

Habíamos llegado a nuestra primera parada en el trayecto hacia Skiple, y con ganas de respirar aire fresco decidí no dormir, esperando el momento exacto en el que llegaríamos al pueblo para salir por fin del encierro que sentía.

Ahora estaba sentada en una de las mesas de la posada del pueblo, un lugar rústico pero acogedor.

La luz del sol en el horizonte se alzaba cada vez más, logrando atravesar una parte de las plantas que adornaban el local.

Suspirando, observé cómo varias personas empezaban a salir de las demás carretas, en donde se podía distinguir la riqueza de los que iban cerca de la nuestra.

No tengo muchos recuerdos de cuando vivía en el castillo de Clifland cuando era niña, pero estoy segura de que ninguna persona de las que allí vivía se atrevería a viajar de forma tan rústica como lo estoy haciendo ahora.

Pensé, con una sonrisa sarcástica mientras recordaba cosas del pasado.

Tomando otro pequeño sorbo de té, mi sonrisa cambió a una melancólica, cuando mi mente voló nuevamente hacia Drake y su extraño comportamiento de las últimas semanas.

Su irritabilidad, su confusión y sus ganas de acercarse más a mí.

No esperaba que la Época de Apareamiento le afectara de esa manera.

Pensé, sintiendo un nudo en la garganta por la culpa de ocultarle la verdad de su cambio de humor.

En nuestra raza, cuando las mujeres llegan a los 50 años empezamos a secretar feromonas, feromonas que incitan agresivamente a los varones de nuestra raza a aparearse con nosotras por una temporada, algo que es natural para nosotros, pero no para Drake, que creció apartado de las costumbres de su raza.

Me alegró que no supiera nada de esto….

Continué, mirando las hojas de té flotando en el fondo del vaso.

Porque si lo supiera, también sabría que nosotros no somos hermanos biológicos, ya que esas feromonas no deberían afectarle, ya que cree que somos familiares directos.

Suspiré, apartando esos pensamientos antes de que terminaran consumiéndome.

Bueno, no todo hasta ahora salió mal, ya que me preocupaba que Drake usara el Fragmento del Dios Dragón en las batallas contra los monstruos, pero por suerte no lo hizo hasta ahora.

Pensativa por lo que pasó las últimas semanas y en especial por lo que pasó entre Drake y Markus, mi dedo trazaba distraídamente los patrones de la veta de madera en la mesa, hasta que una mano se posó con suavidad en mi espalda.

¿Eh?

¿Ya se despertó?

Sin girar, un calor familiar recorrió mi cuerpo al instante, sabiendo con exactitud quién estaba detrás de mí sin usar magia.

Una pequeña alegría floreció en mi pecho, pero rápidamente la oculté tras una máscara de neutralidad antes de voltear.

“Vaya, vaya.

¿Veo que por fin despertaste?” Bromeé, levantando una ceja al verlo con un aura distinta.

Drake se había arreglado por completo, el brillo en sus ojos no era el mismo que el de las últimas semanas, y además, mostraba claramente una actitud más jovial.

Soltando una ligera risa por mis palabras se sentó en la silla frente a mí.

“Ja ja.

¿Y bien?

¿Qué te parece el pueblo?” Preguntó, antes de llamar al personal de la posada para pedir una bebida fría.

“Mmm… está bien.” Respondí, observando nuevamente el exterior por la ventana.

“Porque a pesar de que todo sea más seco que en casa, extrañaba un lugar poco poblado como este.” “Es verdad, el viaje está siendo más incómodo de lo que había previsto.” Dijo asintiendo, antes de que le llegara la bebida que había pedido.

“Por cierto Zoe, desde hace varios días quería pedirte un favor.” “¿Eh?

¿Y cuál es ese?” Pregunté con curiosidad.

“Verás, quería que me ayudaras con esto.” Dijo, mientras sacaba de uno de sus bolsillos un pequeño cristal irregular de color blanco, al observarlo con detalle, noté que era el cristal rúnico que le había dado Kadian por pasar su Augurio.

Sorprendida por su repentina propuesta, una sonrisa burlona se apoderó de mis labios.

“¿Ah, sí?” Incliné la cabeza para mirarlo fijamente.

“¿No me digas que el gran Drake Helkar que presume sus habilidades y experiencias a Jael y Kaito no pudo descifrar un simple cristal rúnico por su cuenta?” Al escuchar mis palabras y la forma en que lo dije, el rostro de Drake se tiñó de un rojo intenso.

“¡N-no es eso!” Replicó, un poco alterado.

“Nunca lo intenté, ¿vale?

Solo… creí que ya era hora de investigarlo, y quería hacerlo contigo, porque tú ya tienes una runa.” Soltando una pequeña risa, vi cómo se encogía ligeramente en su asiento, claramente avergonzado.

“Tranquilo, solo bromeaba.” Dije, con una sonrisa más sincera, que solo hizo que Drake se sonrojara más.

“Pero, está bien Drake.

Por supuesto que te ayudaré.” … Los Cristales Rúnicos son increíblemente escasos actualmente, ya que su creación se atribuye a Liberto Ozdem, el primer Dios de los Espíritus, y el mismo que descubrió la Fruta de Liberto.

Kadian tenía acceso a ese tipo de Cristales solo porque era de la realeza, así que, por sus recientes viajes antes de la traición de Boris, él guardó dos cristales junto a otras cosas en lugares secretos para así evitar que lo hurtaran de su habitación en el castillo, así que cuando huimos de la capital de Clifland, tuvimos que visitar esos lugares para recuperarlos.

Según los registros en los libros, Liberto vivía en el Árbol del Principio, y fue ahí en donde se dio cuenta de que los cristales de maná con un nivel de compresión extremo podían ser alterados, para así obligar al cuerpo de una persona a adquirir una runa cuando este maná se liberara.

El proceso es un poco riesgoso, porque si no tienes suficiente fuerza para controlar el maná que desprende, puedes sufrir fallas o cambios en tu núcleo de maná, algo que afectaría al resto de tu cuerpo.

“Escucha Drake, una Runa se genera en el cuerpo de manera similar a crear un hechizo.” Dije, sentados en una roca cerca de un árbol, un poco alejados de la caravana y las personas.

“Cuando el maná del cristal se libere, tienes que controlarlo y desviarlo a un punto en tu cuerpo, y si lo mantienes ahí, este se convertirá en una runa.” “¿Qué?

¿Pero eso no suena tan complicado como dijiste en la posada?” Dijo con una cara confundida.

“Sí, sé que no suena complicado, porque en verdad no lo es.” Admití, viendo cómo su confusión solo aumentaba.

“Estos cristales ya están programados para convertirse en una runa, el verdadero peligro está en el control.” “Entiendo, o eso creo.

Pero si es como un hechizo, ¿eso significa que puedo decidir qué runa quiero?” Preguntó con curiosidad mientras los ojos le brillaban como si esto fuera un deseo.

“No no no, así no es como funciona.” Respondí negando con la cabeza.

“Las runas no se eligen Drake.

Es más como si ella te eligiera a ti.

Se adapta y se forma a partir de la naturaleza de tu propio maná, así que nunca sabes con exactitud cómo saldrá.” Asintiendo, aunque con una mueca de duda, Drake sacó el cristal para agarrarlo con ambas manos.

Espero que todo salga bien.

Me dije un poco preocupada antes de activar Perception.

Enfocándome en el entorno, sentí cómo el maná ambiental fluía a nuestro alrededor, antes de terminar centrándome en Drake.

Cerrando los ojos, Drake empezó a fluir maná puro desde su núcleo, para después dirigirse hacia sus manos e imbuirse en el cristal.

Al tener una exposición directa, este respondió casi de inmediato, brillando levemente con una luz morada que se extinguió a los pocos segundos.

Maná de espacio….

Pensé, reconociendo la naturaleza de la cerradura mágica.

“Detente, no podrás abrirlo.” Le dije, haciendo que Drake se detuviera y se confundiera rápidamente.

“Ese Cristal Rúnico requiere maná de espacio, y no podrás alcanzarlo hasta que llegues al menos a rango Leyenda, ya que nuestra raza recién puede sentir ese tipo de maná cuando llegamos a ese grado de comprensión.” Poniéndome de pie, solté un suspiro de resignación.

“Bueno, al menos lo intentamos.” Dije en voz alta, más para mí que para él.

Aumentando el rango de mi Perception, empecé a buscar qué podíamos hacer en el pueblo hasta que la caravana partiera en la noche.

“Espera.” Dijo, cortando mis pensamientos y pasos.

“¿Eh?

¿Qué pasa?” Volteé para verlo, y al hacerlo, noté que tenía la cabeza agachada, con una mirada fija en el suelo mientras era claro que estaba pensando en algo.

“Puedo abrirlo.” Continuó en voz baja, levantando la vista para mirarme directamente y luego ponerse de pie.

“Puedo abrirlo pero… necesitaré que no te asustes o sorprendas por lo que va a pasar.” ¿Qué?

¿Pero de qué está hablando?

Pensé un poco nerviosa por el extraño comportamiento que tenía, ya que no era nada común verlo en ese estado tan serio.

Al querer acercarme para preguntarle directamente qué le pasaba me detuve instantáneamente, por un claro cambio en él….

¿D-Dr-Drake?

Su cálida y familiar presencia que siempre reconocía tan bien como la mía se había extinguido en un instante, provocándome un helado escalofrío que me recorrió la espalda mientras mi respiración se detenía.

Retrocedí instintivamente, tropezando con una raíz del árbol y cayendo pesadamente al suelo.

Mis ojos, abiertos por el pánico veían al mismo Drake a un lado de la roca, pero… cubierto por un maná completamente distinto, un maná opresivo y violento que sentía gracias a Perception, un maná que no quería recordar, un maná que era el mismo que el del demonio que asesinó a mis padres.

“N-no puede ser.” Susurré débilmente, hasta que la desesperación me invadió al recordar esos momentos que me habían traumatizado.

“N-no… No ¡NOO!

¡¡NOOOO!!” .

.

.

Siguiente Capítulo: 29.5: Infiltrados en Clifland

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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