De Hombre a Dios - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- De Hombre a Dios
- Capítulo 47 - Capítulo 47: Capítulo 40.3: Infiltrados en Clifland II
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 47: Capítulo 40.3: Infiltrados en Clifland II
Tras mi investigación en Chiple, tomé la decisión de guardar silencio sobre las cosas que descubrí esa noche, porque tanto para mí, como para varios de nuestro grupo, esta era una verdad demasiado pesada, una que amenazaba con destruirnos la moral antes de siquiera llegar a la capital.
Con un sabor agridulce en la boca, partimos finalmente un par de días después de nuestra llegada.
Para nuestro nuevo camino hacia las montañas, decidimos dejar atrás las caravanas y compramos una carreta de comerciantes, algo que nos permitió tener el control total de nuestro viaje, y en especial de nuestros tiempos.
Llevábamos varios días viajando por las carreteras secundarias, con el frío implacable del invierno y una nieve densa cubriéndonos a cada tramo. Con dudas en la mente por los comentarios de los ciudadanos en mi cabeza, el tiempo pasó, llevándose dos semanas en un parpadeo.
¿Realmente estamos haciendo lo correcto? Me preguntaba una y otra vez, mientras revisaba los apuntes de mi cuaderno. Si derroco a Boris… ¿podré mantener este nivel de seguridad y progreso? ¿O el Reino caería en el caos por mi culpa?
La duda era un veneno lento que avanzaba constantemente en mi cabeza.
Al caer la noche, decidimos acampar en un claro del bosque, protegidos por los árboles de los vientos helados para tener un momento con el grupo mientras nuestros animales descansaban. Encendiendo una fogata, nos sentamos alrededor, compartiendo un estofado caliente que Loniet había preparado.
“Si seguimos a este ritmo, llegaremos al río de Almond en dos meses.” Comentó Jacoby, limpiando su cuchara con un trapo. “Desde ahí, el camino a la capital debería estar más despejado para simples comerciantes como nosotros.”
“Esperemos que sí.” Respondió Lucio, frotándose las manos cerca del fuego. “Ya estoy harto de los malditos controles que nos encontramos cada dos días. Me hacen sentir como si fuera un criminal o algo parecido.”
Entre risas y quejas triviales, la noche se hizo más profunda y el fuego se redujo a brasas brillantes, con cada uno retirándose a sus respectivos cuartos dentro del carromato.
Con cansancio por mis dudas mentales, fui directo a mi cuarto para descansar, aprovechando que no me tocaba guardia esa noche. Al entrar, noté cómo Irisha me estaba esperando sentada sobre la cama, con su pijama puesta y una expresión de preocupación en el rostro, algo que me indicó que mi falsa cara había sido descubierta.
“Te noto distante, Kadian.” Susurró ella, una vez cerré la puerta detrás de mí. “Llevas varios días sin hablar de verdad, y eso es raro… estás distante, pensativo, como si algo malo te estuviera pasando.”
“¿Eh? ¿En serio? Seguramente es por el cansancio. Sí, por el viaje.” Mentí, sabiendo que ella no me creería del todo.
Irisha, al ver que no quería hablar del tema, o al menos no por ahora, no respondió con palabras, ya que me conocía mejor que nadie en este mundo. En su lugar, se levantó y me abrazó, un gesto simple pero cargado de afecto que logró romper un poco la barrera que había levantado. Sus manos recorrieron mi espalda, bajando la tensión de mis hombros mientras me miraba con esos ojos que siempre parecían leerme.
“Recuerda cariño, no tienes que cargar con todo tú solo, me tienes a mí… a la persona que más te ama en todo este mundo… por eso, si no quieres hablar de lo que te aqueja en este momento, está bien… lo entiendo. Al menos espero que esto te ayude a calmarte y sentirte mejor….” Dijo suavemente cerca de mi oído, antes de besarme, lenta y profundamente buscando borrar cualquier mal pensamiento en mi cabeza.
Mis manos, frías por el exterior, buscaron instintivamente el calor de su piel bajo la ropa, y lo que empezó como un consuelo matrimonial se transformó rápidamente en una necesidad mutua, una que no hacíamos hace semanas por culpa de los viajes.
“Irisha….” Susurré, empujándola suavemente contra las mantas de nuestra cama.
Era extraño, pero, tal como dijo Irisha, creo que a lo mejor necesitaba algo como esto, algo que me ayudara a no pensar, a dejar de analizar las estrategias de Boris, a dejar de cuestionarme.
Desnudándola, recorrí cada curva de su cuerpo que conocía de memoria con ambas manos, buscando perder la noción de la realidad en su aroma… y su tacto.
Con desenfreno, la pasión se apoderó de nosotros, rellenando el pequeño cuarto del carromato con el sonido de nuestra respiración agitada, y el hedor que implicaba todo esto.
Tras intensas horas, me sentía más calmado, con la mente fría y el cuerpo relajado por el sexo. Irisha, que al igual que yo estaba agotada, se acurrucó en mi pecho y brazo con uno de sus cuernos como apoyo, haciéndome sentir con claridad su respiración tranquila, y la calidez de su cuerpo desnudo junto al mío.
Suspirando, finalmente cerré los ojos, con una calma y felicidad que no sentía hace semanas.
…
Mi mente, jugando con mis recuerdos y las emociones que sentía me transportaron a cierto lugar, que quise olvidar todas estas décadas.
Este olor lo reconozco… lo recuerdo… metálico y denso como siempre. Sí… es de la sangre, de la sangre de mi familia y de todos aquellos que murieron ese día….
Abriendo los ojos en lo que parecía ser un sueño, me encontré de nuevo en aquel maldito lugar que cambió mi vida para siempre. La Sala del Trono.
Mirando alrededor, noté cómo todos estaban con la boca abierta, silenciosos por lo que pasaba en el centro. Cambiando mi campo de visión, vi que el suelo de mármol blanco, que siempre había brillado inmaculado, ahora estaba teñido de rojo.
“¡Esto solo es el comienzo!” Gritó Cael Rainhard desde el centro, desgarrado por el llanto que contrastaba con lo que había hecho. Lo vi ahí, frente a mí, con los ojos abiertos de par en par, llorando antes de levantar su daga manchada con la sangre del que juró proteger, mi padre el Rey.
¿Por qué Cael? ¿Por qué hiciste algo como eso? Eran mis actuales pensamientos mientras veía cómo Cael se mataba a sí mismo, apuñalándose en el corazón enfrente de todos. Cael… ¿Te hizo algo Boris? ¿Te convenció de alguna forma? O solo fue tu propia decisión….
Con el pasar de los segundos, vi cómo la muerte envolvía toda la sala, con decenas de nobles y guardias muriendo uno tras otro por los hombres de Boris, algo que hizo que mi corazón se llenara de odio nuevamente, por lo sanguinario que era toda la escena.
En ese evento había varias mujeres y niños, civiles nobles que no tenían nada que ver con el juicio de mi hermano… pero aun así, sus hombres no tuvieron piedad y terminaron matando a todo aquel que no fuera su aliado.
Tras despachar a mi esposa junto a Kurt y derrotar a uno de los secuaces de Boris, entré nuevamente a la sala Real, buscando a mi hermana desesperadamente mientras mi respiración jadeaba por el cansancio que sentía. Oh mierda… esta parte… no… mierda no por favor….
El techo del corazón del Reino fue agrietándose, cediendo con el paso de los segundos hasta que finalmente, terminó cediendo por la fuerza con que era empujada, rompiéndose y desenterrando una escena que quise olvidar pero que nunca pude.
Cubierto de una nube de polvo, vi a mi hermano, Boris, con una expresión fría y vacía sujetando la espada que atravesaba el cuerpo de Celina contra el suelo.
Con una mirada que se apagaba, los ojos llorosos de mi hermana se clavaron en los míos mientras su vida se terminaba, gritando en un silencio ensordecedor con su mirada: “Debes detenerlo.”
“¡¡AHH!!” Grité repentinamente en la habitación vacía, tras despertarme de golpe con la cara sudada.
Sentándome en la cama con el corazón a punto de estallar y el cuerpo bañado en un sudor frío. Miré a mi alrededor frenéticamente, buscando algún peligro por instinto, pero al no encontrar nada, me calmé finalmente.
Con el recuerdo vivo de aquellos días manchados de sangre taladrando mi mente, me froté la cara con frustración, sintiendo cómo el sudor frío se pegaba a mi piel.
Me levanté pesadamente y caminé hacia el pequeño lavabo de madera en la esquina del cuarto. Llenando mis manos con agua helada de la jarra, me la eché en el rostro con brusquedad, buscando limpiar las imágenes de mi hermana muriendo a manos de Boris.
Al levantar la vista, me encontré con mi propio reflejo en el pequeño espejo colgado en la pared, iluminado apenas por la luz de la luna que entraba por la rendija.
Patético. Pensé, apretando los dientes mientras veía las gotas caer por mi rostro a través del espejo.
Me sentía molesto. No por el sueño, sino por mi propia debilidad mental, por esa contradicción estúpida que había sentido todos estos días al ver la eficiencia de Boris en Chiple. ¿Cómo podía dudar? ¿Cómo podía siquiera considerar que su gobierno tenía mérito?
Soy un idiota por cuestionarme no seguir… porque lo que hizo fue un genocidio. Mató a nuestra familia, mató a niños, mató a inocentes y a cualquiera que se interpusiera en su camino… incluyendo a mi familia y a mí mismo cuando entré al Reino….
Decidido a seguir, ya que nada iba a impedir mi venganza contra él, me sequé la cara y salí del cuarto, dirigiéndome hacia la parte trasera del carromato que se conectaba con el exterior por medio de una puerta. Necesitaba aire fresco, además de que el frío real me congelara el cerebro.
Al abrir la puerta de madera, fui recibido por el golpe helado de la noche tras quitar mis capas de maná. Esto… es refrescante….
Mirando más a detalle, noté cómo Baduba estaba meditando en la pequeña plataforma que teníamos para dar con el exterior.
El antiguo monje y artista marcial striker estaba sentado con las piernas cruzadas, inmóvil como una estatua de piedra con los ojos cerrados. Su pecho apenas se movía, y a su alrededor, el frío parecía detenerse, ignorando las bajas temperaturas sin necesidad de una capa de maná.
Mierda, olvidé que le gustaba meditar aquí. Pensé, deteniéndome en seco.
No tenía ganas de hablar con nadie, y mucho menos de fingir que estaba bien frente a alguien tan perceptivo. Para cuando quise girarme sigilosamente para buscar otro lugar y no molestarlo, su voz ronca y serena cortó el viento, deteniéndome al instante.
“¿Cómo te sientes, Kadian?” Preguntó con los ojos cerrados, sin mover un músculo de su cuerpo.
Me tensé, confundido por la repentina pregunta, haciendo que buscara una respuesta rápida que me sacara de allí.
“¿Eh? Todo va bien.” Respondí, forzando un tono casual y dirigiendo la conversación a otro lado antes de querer irme. “No ha habido dificultades en el camino ni nada parecido, las ruedas aguantan bien la niev—”
“No hablo de eso.” Interrumpió Baduba, girando su rostro en mi dirección con un tono que pesaba más que cualquier grito. “Hablo de tu estado de ánimo. De la tormenta que llevas dentro después de que descubrieras lo que la gente piensa de tu hermano… y de lo que parece que acabas de soñar.”
¿Cómo demonios…? Pensé, antes de recordar lo que Lucio me había hablado de él, y de sus poderes, haciendo que soltara una carcajada seca, en defensa para ganar tiempo y pensar en mis movimientos.
“Jajaja… vaya.”
Miré hacia la puerta del carromato, antes de silenciar el ambiente a nuestro alrededor con magia, y sellar la puerta para que nadie más nos escuchara.
Sintiéndome un poco más seguro, pero aún expuesto, me senté a su lado en la madera fría, dejando caer los hombros.
“La verdad, no esperaba menos de la persona con mayor capacidad sensorial y percepción que conozco.” Admití, mirándolo de reojo mientras me relajaba para hablar con él con confianza. “A pesar de que te conozco hace poco más de un año, demostraste ser alguien confiable, Baduba.”
Escuchándome, finalmente abrió un ojo, mirándome con una mezcla de calma y seriedad.
“¿Solo en eso?” Preguntó con una leve sonrisa burlona. “Entonces supongo que debo seguir entrenando si quiero impresionarte de verdad.”
El ambiente se relajó un poco, y aprovechando el aislamiento mágico, decidí abrirme en parte con él, entendiendo que ya sabía lo que me pasaba.
Baduba escuchó pacientemente, con los ojos ahora abiertos y clavados en el cielo nocturno, asintiendo levemente sin juzgarme.
“Kadian, tu dolor es grande y justificado… pero, tienes que entender que la venganza es un combustible muy fuerte y peligroso para tu propósito….”
“¿Qué? ¿A qué te refieres?” Preguntó, sin entender a lo que se refería.
“Cuando te conocí en el Continente Central, tuve un presentimiento cuando te vi, uno que no había tenido nunca en todos mis largos años…. Al principio no lo entendía, pero tras meditar y razonar, empecé a comprenderlo. Tú eras importante.” Dijo mirando al cielo.
“Te dijeron y ahora sabes de mi habilidad, esa que me permite ver cosas que nunca vería con mis simples ojos mortales, esa que me dijo que te siguiera y ayudara sin importar qué, y esa que me dice cosas del futuro.” Dijo mirando al cielo, antes de soltar un suspiro.
“Verás Kadian, últimamente tengo sueños extraños… unos en donde las cosas solo salen mal. Muy mal para todos, para todos en el mundo…. No ahora, no en estos años, sino más adelante.”
“¿Más adelante?” Preguntó sin entender, frunciendo el ceño.
“Sí. Es algo oscuro. Algo que incluso va más allá de lo que nosotros como Rango Semi-Dios conocemos….” Susurró sin ocultar el miedo en sus ojos. “No lo sé con seguridad… pero, creo que eso malo que siento que pasará, está relacionado con tu venganza. Con lo que harás cuando el momento llegue.”
Sintiendo una sensación extraña, las palabras de Baduba me causaron un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima, ya que ciertamente las advertencias de alguien con la Magia de nivel divino: Premonition no podían ser tomadas a la ligera.
“Por eso Kadian, debes encontrar un propósito además de la venganza para seguir con todo esto. Porque si solo lo vas a matar por odio, perderás a pesar de ganar.” Sentenció, señalando mi pecho.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com