De Hombre a Dios - Capítulo 48
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Capítulo 48: Capítulo 41.1: ¿Qué somos?
Punto de vista de Zoe Rainhard
Desde mi forzosa confesión a Drake y la repentina llegada de Mork y Ness a nuestro viaje, tal como el sueño de Drake lo había previsto, apenas habían pasado 15 horas, 15 horas que se sintieron eternas, por la nula comunicación que había entre nosotros, debido a lo incómodo, vergonzoso y doloroso que era todo esto para ambos.
Suspirando con pesadez, miré hacia adelante mientras volábamos a gran velocidad a través de las nubes. Montada sobre Mork, mis ojos se clavaron en la figura de Drake, que iba unos cientos de metros por delante sobre los lomos de Ness, dándome la espalda y manteniendo una distancia que se sentía fría a pesar de la capa de maná que llevaba.
Dios… qué difícil es todo esto. Pensé, sintiendo un nudo en el estómago al recordar lo que pasó en la tienda.
Con remordimiento, bajé la mirada hacia mis manos, que aún temblaban ligeramente al recordar aquella sensación. No sé… no sé muy bien qué me pasó esa noche. Nunca antes me había comportado de… de esa manera, y mucho menos había perdido el control de mi cuerpo de esa forma.
Cerré los ojos con fuerza, sintiendo cómo la vergüenza me calentaba las mejillas. Mi comportamiento no tiene excusa… pero si lo tuviera, al menos sería que esa fue la primera vez que sentí las feromonas de un hombre… la primera vez que mi instinto reaccionó con tanta violencia. Me dejé llevar por el calor, por la necesidad de estar a su lado, de sentirlo… y eso causó todo este desastre.
La culpa me carcomía por dentro. Me arrepentía profundamente de haberle mostrado esa faceta tan animal de mí, de haber roto la burbuja de “hermanos” de una forma tan sucia y abrupta.
Con una mirada cargada de tristeza, volví a levantar la vista hacia Ness y su jinete.
“A pesar de que no se lo dije directamente con palabras…” Susurré en voz baja. “Es obvio que se dio cuenta de lo que siento por él.”
Sin poder volver atrás, me resigné con la realidad de que él nunca más me vería como su hermana, y que probablemente había manchado nuestra relación para siempre.
Mordiendo mi labio inferior, tomé una decisión dolorosa pero necesaria. Lo mejor será actuar un poco distante a partir de ahora. Necesito darle el espacio necesario a Drake para que piense, para que procese todo lo que le dije sobre mis padres… y sobre nosotros…
Solo espero que lo digiera rápido.
…
Tras unas horas más volando en el gran silencio que había entre nosotros, finalmente empezamos a descender para aterrizar en las cercanías de Barton, una ciudad comercial clave para reabastecernos antes del largo viaje que nos esperaba hacia la frontera con el Reino de Dunumese.
Aterrizamos en una zona boscosa y alejada para dejar a los dragones escondidos y seguros. Sin intercambiar más palabras de las necesarias, caminamos hasta la ciudad, donde el bullicio de la gente contrastaba dolorosamente con la frialdad que se creó entre nosotros.
Compramos provisiones sin problemas, carne seca, agua, algunas herramientas y ropa de abrigo para soportar el resto del invierno.
Una vez que Drake terminó de guardar el último saco de provisiones en su runa dimensional, se detuvo en medio de la calle principal, dándome la espalda antes de hacer una seña de despedida con su mano izquierda.
“Tengo que ir a hacer algo.” Dijo secamente, sin siquiera girarse para mirarme. “Será mejor que regreses a donde están Mork y Ness y me esperes ahí.”
“¿Eh? ¿Hacer qué? Drake, espera…” Empecé a decir, confundida por su repentino cambio de planes, antes de ver cómo él se mezclaba entre la multitud.
Sintiendo una punzada de ansiedad por su extraño comportamiento, activé inmediatamente Perception, intentando localizar su firma de maná para no perderlo de vista entre tanta gente.
Aquí estás… espera, ¿qué? Pensé, sin entender lo que acababa de pasar. Su rastro, que siempre había sido tan claro y familiar para mí, simplemente había desaparecido en un punto no muy lejano, dejándome muy confundida.
No… debo haberlo hecho mal. Pensé, sacudiendo la cabeza mientras me movía en su dirección para verlo con mis propios ojos.
Al llegar al punto exacto y no ver nada, un calor surgió en mi cuerpo, haciendo que cerrara los ojos y me concentrara aún más en el hechizo, expandiendo mi rango de detección para cubrir decenas de cuadras a la redonda, busqué y busqué con desesperación, sin encontrar resultado alguno.
¡Imposible! ¡Él estaba aquí hace un segundo! ¿¡Qué pasó!?
El pánico comenzó a trepar por mi garganta, obligándome a intentar localizarlo una tercera, cuarta y quinta vez, forzando mi habilidad hasta el límite, pero nada… haciendo parecer como si la tierra se lo hubiera tragado.
“¡Drake!” Grité, olvidándome de la discreción mientras empezaba a correr en una dirección, moviéndome como una loca, empujando a las personas que se cruzaban en mi camino. Ignorando sus quejas y miradas de molestia, mis ojos escaneaban cada rostro, cada callejón, cada tienda, esperando ver su cabello blanco o su capa.
¿Por qué no puedo sentirlo? ¿Está bloqueando su presencia? ¿Por qué haría eso? ¿Acaso… acaso me ha abandonado? Pensé en mi cabeza, sintiendo como esa repentina idea se clavaba cada vez más profundo en mi mente.
No, no, no, eso no puede ser… eso nunca podría ser… Pensé, negando la locura de la idea tras pensarlo.
Las horas pasaban, y tras no encontrar rastro alguno, mi desesperación se transformó en una tortura lenta y agonizante.
Finalmente, cuando la tarde llegó y el sol comenzó a ocultarse detrás de los edificios, tiñendo el cielo de un naranja oscuro, mis piernas fallaron. Sin fuerzas mentales para seguir corriendo, me dejé caer en un banco de un parque que, por suerte, estaba casi vacío a esas horas.
Me senté allí, con la respiración agitada y una mente divagante. Mirando al cielo, vi cómo las primeras estrellas aparecían, y a la vez lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos.
Drake, pensé… pensé que darte espacio era lo correcto. Me dije a mí misma mientras sentía cómo mi espíritu se alejaba cada vez más de mí, debido a la soledad que sentía en ese momento. Pensé que alejarnos un poco ayudaría a que las cosas se calmaran… pero esto… esto es insoportable.
El dolor en mi pecho se volvió físico, una presión asfixiante que me confirmaba una verdad que había estado intentando ignorar.
Lentamente, bajé la mirada del cielo para clavarla en el suelo. Cansada, exhausta, me sequé las lágrimas con rabia mientras sentía en mi delirio la realidad de mis sentimientos o quizá obsesión por Drake.
“No puedo…” Susurré con la voz rota. “No puedo vivir sin él.”
Apreté los puños sobre mis rodillas, entendiendo finalmente que mi plan de ser distante era una estupidez. No podía simplemente alejarme, no podía dejar que él se fuera de mi lado, ni como hermano ni como nada más.
“Tengo que encontrarlo.” Dije, levantándome del banco a pesar del cansancio. “Tengo que encontrarlo y confrontar esta situación de una vez por todas, porque si lo pierdo… si lo pierdo de verdad, mi vida no tendrá sentido.”
Con esa determinación ardiendo en mi pecho, respiré profundamente, llenando mis pulmones de aire frío para calmar mi corazón desbocado y aclarar mi mente antes de empezar a buscarlo.
Justo cuando iba a dar el primer paso, sentí una mano tocándome la espalda. Al voltear rápidamente, con los nervios a flor de piel, me di cuenta de que era Drake, aunque llevaba una capucha diferente puesta, una de tela más basta y oscura que ocultaba gran parte de su rostro.
Mis ojos se iluminaron, y mis labios se separaron para decir su nombre con emoción, aliviada de verlo a salvo. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, Drake, mirando frenéticamente a los alrededores como si buscara amenazas invisibles, me interrumpió, con un firme apretón en mi muñeca, uno que bordeaba lo doloroso.
“¿Por qué no te fuiste a donde estaban Mork y Ness?” Preguntó con una voz un poco molesta, carente de la calidez que esperaba encontrar tras nuestro encuentro.
Su frialdad fue un golpe directo, haciendo que me quedara callada al instante, sintiendo cómo la emoción se convertía en un nudo en la garganta.
“Y-Yo…” Balbuceé, incapaz de formular una excusa coherente ante su dura mirada. “Y-Yo, yo solo…”
Sin dejarme terminar nuevamente, suspiró, antes de jalarme de la muñeca para obligarme a caminar a su ritmo acelerado, mientras miraba a los alrededores a cada rato, como si quisiera evitar que nos vieran juntos las demás personas.
“Rápido, debemos irnos.” Dijo pasando entre la gente, continuando jalándome como si yo solo fuera una carga.
Me sentí completamente confundida, con la mente en blanco ante su repentino cambio de ánimo y la urgencia en su voz. Sin protestar, me dejé llevar, tragándome las preguntas y el miedo que sentía por su extraño comportamiento.
Sin decir una palabra más, regresamos a la zona boscosa donde descansaban nuestros dragones, solo para partir inmediatamente a pesar de que era una noche muy oscura por la falta de una luna.
Seguramente algo pasó que lo obligó a actuar así… sí, eso debió ser. Pensé más calmada, tras digerir la escena en la ciudad.
Tan solo tengo que encontrar el momento adecuado para acercarme de nuevo y preguntar qué pasó… sí, eso haré… Continué con duda, mientras volábamos por los oscuros aires, esperando que esa oportunidad para hablar llegara y llegara… hasta que finalmente pasaron días, semanas y finalmente meses, sin que nada se solucionara, dándome cuenta de que no llegaría.
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