De Hombre a Dios - Capítulo 52
- Inicio
- Todas las novelas
- De Hombre a Dios
- Capítulo 52 - Capítulo 52: Capítulo 42.2: ¿Qué somos? II
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 52: Capítulo 42.2: ¿Qué somos? II
Al amanecer, tras haber pasado mi turno de guardia con la mente hecha un caos por la lectura de anoche, salí a cazar algunos animales por los alrededores para intentar despejarme y pensar en la forma definitiva en la que arreglaría las cosas con Zoe. Tras lograr cobrar un par de presas, regresé al claro, notando cómo ella ya estaba terminando de recoger nuestro campamento como de costumbre, moviéndose en silencio mientras preparaba todo para partir lo más rápido posible hacia la frontera.
Mirándola desde la distancia, un miedo y nerviosismo repentino me invadió, queriendo posponer nuevamente la conversación con ella para evitar la incomodidad y el miedo que rápidamente se transformó en culpa y decepción conmigo mismo por la forma tan cobarde en la que me estaba comportando…
¡Verga! ¿¡En qué rayos quedaste anoche!? ¡Hazlo ahora! ¡Tienes que hablar con ella de una vez! ¡No seas un maldito cobarde! Me recriminé internamente, apretando los puños antes de tomar aire con fuerza y obligar a mis pies a caminar hacia donde ella estaba.
“Z-Zoe…” Dije finalmente, sintiendo mi garganta seca mientras apretaba los dientes en un esfuerzo por mirarla directamente a los ojos. ¡¡Ahhh!! ¿Desde cuándo se volvió tan malditamente incómodo esto?
Ella se detuvo por un segundo, dejando de doblar una de las mantas para girar levemente la cabeza y mirarme con un tono sombrío y alejado que me caló hasta los huesos.
“¿Qué pasa?” Preguntó secamente, sin mostrar ni una pizca de la calidez que solía tener, haciendo que el nudo en mi garganta se apretara aún más.
Tragué saliva con dificultad, sintiendo mis palmas sudorosas mientras buscaba desesperadamente una forma de romper el hielo sin soltar la bomba de golpe.
“Y-Yo… estaba pensando que podríamos quedarnos un poco más aquí hoy.” Solté con nerviosismo, rascándome la nuca mientras miraba hacia el horizonte para evitar su escrutinio. “El clima está perfecto, no hace tanto frío como ayer, y… bueno, pensé que sería genial si entrenáramos un poco antes de seguir hacia la frontera.”
Zoe dejó de moverse por completo, quedándose en silencio mientras me miraba con una expresión de clara confusión, como si estuviera intentando descifrar si me había vuelto loco o si había una intención oculta tras mi propuesta.
“¿Entrenar?” Cuestionó ella, frunciendo el ceño mientras reanudaba el guardado de las cosas con movimientos mecánicos. “¿Por qué quieres hacer eso ahora? Deberíamos aprovechar la luz del día para avanzar.”
Mierda, tiene razón, pero no puedo dejar que nos vayamos así. Pensé, buscando cualquier cosa para que ella aceptara.
En mi mente, el plan que había ideado parecía tener sentido: aliviar las tensiones acumuladas a través de una actividad física. O al menos, eso quería creer, ya que una parte de mí dudaba seriamente de que esta fuera una buena idea para el problema emocional que estábamos pasando, sintiendo cómo mi inseguridad luchaba contra mi deseo de arreglar las cosas.
“Es que… bueno, hace mucho que no entrenamos en serio, ¿sabes?” Continué, inventando una excusa sobre la marcha mientras me obligaba a sostenerle la mirada de forma directa, dándole a entender que no me rendiría fácilmente. “Además… pensaba que podríamos pasar algo de tiempo juntos, ya que últimamente nos hemos alejado un poco, y no me gusta que estemos así.”
Zoe, al escuchar mis palabras, se quedó quieta una vez más, intentando procesar lo que acababa de escuchar antes de devolverme la mirada, notando cómo esta vez no la desviaba, dando a entender que iba en serio. Desviando la mirada, ella dejó escapar un pequeño suspiro de resignación, mientras bajaba un poco los hombros aceptando con una sonrisa ligera.
“Está bien…” Dijo finalmente, bajando la mirada para evitar que la siguiera viendo. “Pero en cuanto acabemos de guardar todas las cosas.”
¿Espera? ¿acaba de sonreír? Pensé con una mezcla de alivio y miedo, dándome cuenta de que ahora me tocaba a mí cumplir con mi parte y no acobardarme tras este primer paso.
Después de guardar el resto de las cosas con la ayuda de Atlas, nos dirigimos en un silencio algo pesado hacia un páramo más despejado, caminando mientras ambos nos sumergíamos en nuestros propios pensamientos sobre lo que haríamos ahora que, por fin, habíamos dado el primer paso para intentar acercarnos nuevamente.
Nos detuvimos casi en el centro de la llanura, dejando a Mork y Ness lo suficientemente lejos para que no interfirieran con nuestro espacio, pero lo bastante cerca para vigilarlos. Allí, Zoe, mostrando una actitud más calmada y serena que me dio un poco de esperanza, rompió el silencio mientras se giraba para mirarme.
“Okey, ya estamos aquí…” Dijo ella, cruzándose de brazos de forma expectante mientras esperaba mis instrucciones. “¿Ahora qué hacemos? ¿Qué querías entrenar o hablar?”
Escuchando su repentina pregunta, me quedé completamente en blanco, sintiendo cómo el pánico regresaba por un segundo mientras mi mente buscaba desesperadamente un plan que nunca llegué a formular por estar pensando en otras cosas.
Rayos… no pensé en absoluto en esta parte. Admití internamente, sintiéndome como un idiota por haberme centrado solo en convencerla de venir y lo que diría una vez habláramos con más confianza.
“¿T-Tienes… alguna sugerencia?” Solté finalmente para no quedar en evidencia, tras verla esperando una respuesta.
Zoe me miró, puso sus manos en su cadera y soltó un suspiro, pero no uno de molestia, sino uno divertido, recordándome a sus reacciones de hace tiempo.
“Tal vez… pero bueno, esta fue tu idea, así que debiste tener algo en mente para traerme hasta aquí, ¿verdad?” Preguntó, dando un paso adelante con una expresión desafiante, presionándome de la misma forma que lo hacía en nuestros entrenamientos cuando todavía éramos unos niños allá en Birton.
Entendiendo lo que intentaba hacer para aliviar la situación, decidí seguirle el juego, poniéndome a hacer expresiones exageradas de estar pensando profundamente, rascándome la barbilla y mirando al cielo como si buscara la respuesta en las nubes, imitando a mi yo de niño cuando no sabía las respuestas a sus preguntas sobre teoría mágica.
“La verdad es que… no tengo ni la más mínima idea.” Dije con honestidad fingida, logrando que Zoe soltara una pequeña risa genuina que me hizo sentir mucho mejor.
Nunca falla hacerse el tonto para aliviar la tensión. Pensé con una sonrisa interna, sintiendo cómo el ambiente se volvía mucho más ligero.
“Pero, creo que antes de entrenar me podrías ayudar con algo, igual que los viejos tiempos.” Continué, haciendo que ella se preguntara qué era.
Usando a Atlas, saqué a Belarus de mi runa dimensional, sosteniéndola frente a nosotros mientras analizaba el metal oscuro que brillaba bajo el sol de la mañana.
“Verás, al principio pensé que Belarus tenía alguna runa real grabada por lo bien que canaliza el maná, pero con el tiempo, entendí que en verdad solo es una espada de buena calidad con algunas inscripciones talladas con maná… a diferencia del arma que tenía… mamá.” Dije al final, fingiendo una seguridad que no sentía mientras mi mente se trababa al no saber cómo referirme a Irisha ahora que todo era tan confuso.
Zoe, sonriendo, se acercó hasta ponerse justo frente a mí. Sin previo aviso, tomó mi mano y la levantó para que ambos pudiéramos ver el arma y mis runas de cerca, haciendo que un sonrojo involuntario subiera por mis mejillas ante la calidez de su tacto mientras ella hablaba con naturalidad.
“Tanto tu runa, como la mía y las de los demás, están sujetas a poderes que van más allá de nuestro núcleo de maná, algo que nos ayuda a hacer cosas increíbles…” Comenzó a explicar, antes de alejarse un par de pasos para darme espacio mientras empezaba a gesticular. “Pero las armas rúnicas de verdad son diferentes, ya que estas están vinculadas directamente al usuario, funcionando como una extensión a las runas que podemos obtener en nuestro propio cuerpo.”
La miré con atención, dejando que su explicación técnica me distrajera de mis nervios.
“Verás, nuestros cuerpos tienen un límite físico. Las runas ocupan mucho espacio en nuestro sistema circulatorio de maná, saturándolo si intentas poner demasiadas.” Continuó ella retomando su papel de instructora, haciéndome sentir como un niño nuevamente. “Es por eso que incluso en el castillo de Clifland lo normal era ver a personas con máximo cuatro runas, o incluso cinco, para genios como… Kadian.
E-En conclusión, las armas rúnicas permiten romper ese límite rúnico gracias a que el peso del poder recae en el objeto y no en tu cuerpo.”
“O sea que funcionan como un slot extra…” Susurré para mí mismo, usando términos de mi otra vida.
“¿Eh? ¿Qué quieres decir?” Preguntó, deteniendo su explicación.
“Oh, nada, nada, continúa por favor.”
“E-Está bien… Decía, las armas rúnicas, como son extremadamente difíciles de conseguir, mayormente están reservadas solo para personas con mucho poder y dinero, siendo muy difíciles de conseguir hoy en día.”
“Ahhh… es por eso que Irisha tenía una.” Comenté, antes de que Zoe lo confirmara con la cabeza.
“Exacto.” Continuó Zoe, cruzándose de brazos mientras una sombra de nostalgia pasaba por sus ojos. “Pero hay algo más… existen registros sobre piezas legendarias que desafían toda lógica, como la armadura del Dios de la Guerra. Se dice que cada una de sus cinco piezas permitía llevar hasta tres runas, dándole al usuario un total de quince… una cantidad de poder que nadie ha vuelto a ver en milenios.”
Al escuchar esa cifra, me quedé mudo, mirando a Belarus en mi mano y sintiendo cómo mi ambición de guerrero despertaba de golpe ante la sola idea de poseer algo semejante.
¿Quince runas…? Eso es una completa locura. Pensé, haciendo un rápido cálculo mental de lo que significaría tener tanta versatilidad y poder en combate. Incluso con mi conocimiento y el Fragmento de Bernal, mi cuerpo nunca superará ese límite físico, por eso… un arma de ese calibre cambiaría las reglas del juego por completo en una batalla contra un gran enemigo.
Sin darme cuenta, miré hacia el horizonte, perdiéndome por un segundo en la teoría mágica que el libro de anoche y las palabras de Zoe estaban formando en mi cabeza.
Sí… tiene sentido, si esa armadura y arma son del Dios de la Guerra, seguramente deben de tener algo parecido a los Fragmentos de Bernal en su interior o composición, ya que esa sería la única forma de que algo así exista. Pensé, antes de volver a la realidad ante la mirada de Zoe.
“Jajaja, perdón, ya me conoces, a veces me pierdo con cosas como estas.” Dije con risas antes de agarrar a Belarus con fuerza y ponerme en una posición de batalla. “Pero bueno, creo que ya fue suficiente teoría, ¿qué tal si pasamos a algo de práctica esta vez? Al igual que hace años. Ya que quiero ver qué tanto he avanzado desde la última vez que nos enfrentamos.”
“Jaja, esa es la actitud.” Contestó sonriendo, antes de tomar distancia y sacar su espada corta de la vaina.
Respirando para calmar una emoción que no podía contener, me puse una gran capa de maná sobre el cuerpo tras sentir una mezcla de insatisfacción por mi equipo actual y un deseo ardiente por encontrar una de esas piezas legendarias.
Si los enemigos que nos están buscando son de Rango Leyenda o superior, una espada como Belarus no será suficiente para proteger lo que me importaba. Pensé, viendo cómo Zoe también se ponía seria después de meses desde nuestro escape en Barton.
Necesitaré un arma así si quiero sobrevivir a lo que viene y proteger a Zoe, no puedo conformarme con menos. Tengo que conseguir un arma rúnica de verdad, cueste lo que cueste. Concluí, activando mi runa a la par que Zoe.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com