De Hombre a Dios - Capítulo 53
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Capítulo 53: Capítulo 42.3: ¿Qué somos? II
“¡Magia de nivel Avanzado, Deflagration!” Grité con una sonrisa de confianza en el rostro, disfrutando por un segundo de la confusión que cruzó el rostro de Zoe al escucharme recitar el hechizo en voz alta.
Esperando que el estallido de fuego se alzara contra ella para bloquearlo, Zoe se quedó quieta por un instante, tras observar con asombro cómo las llamas potenciadas por el canto de mi hechizo eran comprimidas y absorbidas instantáneamente por mi Runa Atlas, desapareciendo del campo de batalla antes de siquiera expandirse.
“Jaja, bien pensado, Drake. Recitar el hechizo para maximizar su potencia, para luego guardarlo y usarlo como una carga instantánea… debo admitir que es una gran estrategia, al menos para oponentes que no sean yo.” Dijo con una sonrisa, antes de activar su Runa Phantom Mirage.
En un parpadeo, su runa empezó a brillar para que, seguido, una presencia de maná gélida y letal apareciera a mi costado izquierdo, obligándome a moverme para evitar ser blanco de su sombra de maná, que parecía materializarse en un plano distinto al físico.
Notando mi movimiento, Zoe empezó a acercarse velozmente junto a su copia, coordinando sus movimientos de tal forma que terminaron rodeándome, atrapándome entre el frente y la retaguardia en una pinza perfecta.
Mirando a mi alrededor y notando que se preparaba para algo, sin muchas opciones, moví a Belarus con ambas manos, sepultándola contra el suelo con todas mis fuerzas para canalizar un pulso de maná terrestre, creando decenas de espinas de piedra que brotaron de la tierra de forma violenta.
Gracias a mi ataque, el avance de la Zoe real se dificultó, mas no detuvo a su sombra, que atravesaba los obstáculos sólidos como si no fueran más que aire.
Levantando mi espada rápidamente al sentir el peligro inminente a mi espalda, intercepté el ataque físico de su sombra. El impacto fue seco y brutal, haciendo que Belarus vibrara violentamente en mis manos, hundiéndome sobre la tierra por lo pesado del golpe.
Prefiriendo no quedarme estancado en un duelo de fuerza, levanté una superficie de piedra bajo mis pies para impulsarme hacia el aire y así buscar una ventaja de altura.
Desde abajo, Zoe me vio ganar elevación y se preparó para atacarme con cuchillas de aire, aprovechando que era un blanco fácil, pero antes de que pudiera ejecutar su contraataque, activé nuevamente mi runa Atlas, liberando una roca comprimida que tenía almacenada desde hace unos meses.
Sin medirlo o controlarlo a la perfección, apunté con mi mano izquierda estirada en su dirección, disparando el proyectil que impactó casi al instante sobre el lugar donde ella se encontraba, generando una gran y absurda nube de polvo y escombros que cubrió gran parte del páramo.
¿Pero qué rayos? No pensé que ese ataque fuera tan poderoso. Confesé tras caer en un lugar seguro, preocupado por la condición de Zoe tras la fuerte explosión.
Recuperando el aliento, vi cómo el polvo se despejaba rápidamente y mostraba a una Zoe cubierta de polvo, apretando el mango de su espada corta mientras me miraba con una ligera sonrisa que no llegaba a ser hostil, sino más bien desafiante.
“Ese fue un ataque peligroso, Drake. Menos mal que no me diste.” Confesó ella, reincorporándose con una agilidad que envidiaba.
“A-Así es… ¿por qué crees que fallé a propósito? No me gustaría hacerte daño en nuestro primer entrenamiento después de tanto tiempo.” Dije mintiendo descaradamente, intentando hacerle creer que controlaba a la perfección la trayectoria y el impacto, cuando en realidad aún no entendía por completo mi ataque.
Sonriendo aún más, como si supiera que estaba fanfarroneando, Zoe densificó el maná que la envolvía tras soltar un suspiro largo con los ojos cerrados, cambiando la atmósfera a una más pesada.
“Bien, ahora sí… veamos cómo te va con la segunda parte de esta batalla.” Sentenció, empezando a caminar lentamente en mi dirección mientras su sombra se desvanecía en el aire, volviéndose imposible de detectar incluso con Perception.
¿Pero qué rayos…? Pensé, sintiendo un sudor frío al darme cuenta de que ahora su rastro de maná era totalmente inexistente. Esto no me gusta nada… mejor hago mi jugada lo antes posible antes de que me acorrale.
Decidido a no darle la iniciativa, empecé a escanear el terreno para planear mis próximos movimientos, buscando cualquier irregularidad en el terreno para sacarle ventaja, pero antes de que pudiera moverme o siquiera pensar, una gran lanza de luz apareció de la nada a unos 10 metros de mí, surcando el espacio con una velocidad aterradora que me recordó a una de las peores experiencias que tuve en este mundo.
Maldición, esto me trae muy malos recuerdos. Pensé riendo dentro de mí, recordando la pelea que tuve contra Kadian cuando era un niño mientras me esforzaba para esquivar la lanza, apenas lográndolo por un par de milímetros. Poniéndome alerta para sus próximos ataques, mi concentración se esfumó al sentir un calor abrasador en la piel de mi hombro derecho.
Jajaja, no puede ser…
Tocando el rasguño, envié un poco de maná a esa zona de mi cuerpo, evitando que el leve sangrado siguiera tiñendo mi ropa.
Mirando al frente, vi aparecer varias lanzas de luz nuevamente, que empezaron a acercarse hacia mí a una increíble velocidad, buscando finalizar el combate a distancia.
No esta vez. Pensé, decidido a cambiar el ritmo.
Tomando aire y densificando el maná en mis piernas, miré directamente a Zoe antes de lanzarme hacia ella a toda velocidad, ignorando su ataque mágico que, al estar a centímetros de impactarme, lo absorbí con Atlas, haciendo que desapareciera en el vacío de mi runa sin dejar rastro alguno.
“¡Mejor dejémonos de juegos y peleemos de frente!” Grité, estando ya a unos metros de ella, con la adrenalina corriendo por mis venas.
Zoe, sorprendida por mi último movimiento y al ver mi determinación de acortar la distancia, respondió con una sonrisa alegre y genuina, una que me animó a seguir con el cambio de planes que tuve a última hora. Espero que esto sea mejor que mi estrategia inicial…
“¡Jaja, me parece bien!” Respondió, desactivando su runa para agarrar su espada corta y lanzarse igualmente hacia mí.
El sonido del metal contra el metal resonó por todo el páramo, iniciando un intercambio de estocadas y cortes limpios donde solo importaba nuestra habilidad con la espada y nuestros reflejos. Entre jadeos y el sudor que empezaba a correr por nuestra frente, ambos sonreíamos, sintiéndonos cómodos y vivos al hacer esto, recuperando a través del combate esa conexión que habíamos perdido.
Sin embargo, mi resistencia física tenía un límite frente a la suya.
Al final, con el sol empezando a ocultarse tras los inmensos cañones del fondo en donde me habían acorralado, terminé tumbado en el suelo, al borde de una gran roca, con el pecho subiendo y bajando violentamente por el esfuerzo.
“M-me rindo… ya-ya no puedo más…” Dije entre jadeos, soltando a Belarus a un lado con una sonrisa de satisfacción en el rostro, sintiendo mis músculos arder con mi mente en paz.
Zoe, suspirando mientras me miraba desde arriba, guardó su arma antes de acercarse a mí con una expresión suave. Sin decir nada, se sentó a un lado mío, y con delicadeza levantó mi cabeza para ponerla sobre sus piernas, empezando a aplicar magia curativa sobre algunos cortes superficiales que me había hecho durante el frenesí.
“Gracias…” Susurré, sintiendo cómo mi respiración se iba calmando poco a poco gracias a la frescura de su magia y la comodidad de estar así con ella.
Mirando hacia arriba, vi su rostro iluminado por los últimos rayos de sol que se colaban entre las montañas, mientras mis ojos se perdían en el horizonte anaranjado. Estuvimos así por un rato hasta que terminó de sanar mis heridas, y a pesar de que ya no había necesidad de estar así, nos quedamos descansando en un silencio que ya no era pesado, sino reconfortante, contentos por simplemente estar ahí el uno con el otro sin necesidad de máscaras, ni distancias…
Con voz baja, Zoe rompió la paz, cargada de un tono bajo y preocupado que me hizo mirarla.
“Perdón…” Dijo ella, mirándome fijamente a los ojos, con una sonrisa triste que contrastaba con el momento. “Perdóname, Drake, perdóname por mentirte.”
“¿Eh?” Contesté un poco confundido por lo repentino de sus palabras, antes de recomponerme y sentarme a su lado para poder verla directamente.
Procesando sus palabras y el peso de su mirada, entendí rápidamente a qué se refería. Suspirando pesadamente, negué con la cabeza, queriendo restarle importancia al asunto que tanto la atormentaba.
“Zoe… no fue tu culpa.” Dije con voz suave pero firme, buscando transmitirle seguridad. “Mentirme sobre nuestro parentesco fue una decisión de Kadian e Irisha, no tuya. Eras solo una niña siguiendo sus órdenes, así que no tienes por qué cargar con eso.”
“Pero aun así…” Replicó ella, bajando la mirada mientras sus manos temblaban ligeramente sobre su regazo. “Yo seguí con la mentira todos estos años. Yo… me aproveché de ti, de esa cercanía al fingir ser tu hermana de sangre, y… y de ese calor tuyo cuando me sentía sola…”
Me quedé en silencio mientras escuchaba cómo su voz se quebraba, creándome un nudo en la garganta. Tragando saliva, intenté organizar mis pensamientos y escoger cuidadosamente mis siguientes palabras para no romper todo el progreso que habíamos logrado en estas últimas horas, sabiendo que si me equivocaba, ella probablemente volvería a encerrarse en sí misma.
“Zoe, escúchame claramente, por favor…” Dije, moviéndome un poco más cerca y obligándola suavemente a levantar el rostro para mirarme a los ojos, haciendo que ella respondiera a mi gesto con una mirada cristalina.
“Tú, Zoe Rainhard, o Helkar, e-res la per-so-na más im-por-tan-te pa-ra mí.” Dije, haciendo que se sorprendiera por la franqueza y forma en la que se lo dije.
“¿Ahora lo entiendes? Tú eres quien, literalmente, más tiempo ha estado a mi lado en esta vida, porque desde que tengo memoria, recuerdo verte ahí. Recuerdo que estuviste para mí, protegiéndome y guiándome cuando era solo un bebé, un niño, e incluso ahora.” Continué, liberando todo lo que entendí hace poco.
“Tú eres mi familia, mi maestra y tutora, mi guía y mi mayor consuelo… Así que, no te atrevas a sentirte mal por haber estado a mi lado, porque si no me hubieras acompañado y cuidado en mis momentos más duros, probablemente no hubiera llegado tan lejos como ahora, y de hecho, tal vez ni siquiera estaría vivo hoy.
Todo lo que tengo, todo lo que vivo y todo lo que soy capaz de hacer es gracias a ti. Y… sé que nunca te lo dije directamente, pero… gracias. Gracias por todo ello. Por estar a mi lado y ser mi pilar en esta tormenta de locos que es la vida. Gracias por sostenerme y socorrerme, por mantenerme consciente de quién soy. Gracias por tu cariño, tu fidelidad y lealtad incondicional, y en especial… por tu amor.”
Solté finalmente, haciendo que Zoe abriera su boca queriendo decir algo, tal vez rebatirme o disculparse de nuevo, pero terminó guardándoselo. En su lugar, dejó escapar un suspiro tembloroso y me regaló una sonrisa sincera que iluminó sus facciones, endulzando el ambiente con su rostro envuelto en los tonos naranjas del atardecer y lleno de una felicidad genuina. Verla así me ayudó a matar de golpe los pocos nervios que aún quedaban en mi mente, llenándome de una confianza absoluta para afrontar lo que viniera.
Nos quedamos en un silencio reconfortante por un buen rato, dejando que el viento soplara a nuestro alrededor, hasta que ella finalmente habló.
“Entiendo, Drake…” Susurró ella, levantando lentamente su mano hacia mí, dejándola suspendida en el espacio que nos separaba. “Entonces, ahora que… ahora que sabemos lo que piensa y siente el uno del otro… ¿qué se supone que somos? ¿Hermanos? ¿Viajeros? ¿Camaradas… o solo amigos?”
Miré su mano temblorosa en el aire y luego sus ojos expectantes. Era la pregunta del millón, la misma que me había hecho anoche al cerrar el libro.
“Jaja… la verdad es que no lo sé. En serio… no tengo ni idea.” Contesté sinceramente, haciendo que la mano de Zoe perdiera fuerza en el aire.
“Mas sí sé esto: no quiero que te alejes nunca. Y haré hasta lo imposible para que sigas conmigo, cambiando el maldito destino que vi reflejado en esa visión hace meses si es necesario.” Continué con determinación, tomando su mano decaída en el aire y haciendo que nuestros dedos se entrelazaran de una forma bastante íntima, sintiendo el encaje perfecto de su piel contra la mía.
Zoe me miró con los ojos muy abiertos, con un sonrojo furioso apoderándose de sus mejillas al sentir nuestro agarre.
“Y… todo esto es, p-porque… te quiero… Te quiero proponer que esperes un poco más por una respuesta a la confesión que me hiciste, ¡porque sinceramente aún me parece un poco bizarro todo esto!”
Rematé, con una gran sonrisa burlona, haciendo que Zoe pasara en un momento de una ilusión máxima a mirarme con pura indignación mientras inflaba sus cachetes para calmarse y no golpearme.
“Tonto.”
…
Punto de vista de Zoe Rainhard
Drake… Drake… Drake… Drake… Drake…
Desde aquella respuesta a medias que me dio Drake, pasaron varios días. Días llenos de charlas cada dos noches en donde entendí que había sido una tonta, tras escuchar lo que en verdad pasó en Barton por boca de Drake.
Estando a pocas horas de llegar a la frontera, me sentí con una calma y felicidad absoluta, recordando lo que verdaderamente sentía Drake por mí, ya que el simple hecho de reproducir sus palabras en mi mente hacía que mi corazón latiera con fuerza, no pudiendo controlar la tonta sonrisa en mi rostro mientras montaba a Ness por los aires.
Seguimos volando tranquilamente hasta que finalmente llegamos a la frontera natural del país, deteniéndonos un rato en el aire mientras mirábamos el inmenso río que dividía las tierras.
“¡Por fin saldremos del reino después de tantas décadas!” Gritó Drake a lo lejos, compitiendo contra el sonido del viento con una voz llena de alivio y libertad.
Sonriendo al escuchar sus palabras, asentí con la cabeza, dándole la señal para seguir avanzando hacia nuestro nuevo destino.
Sintiéndome increíblemente feliz por el futuro que nos esperaba, llevé mi mano hacia la pequeña bolsa en mi cinturón, sacando a escondidas los collares dorados que me dio Irisha hace un par de años, en la época del Augurio de Drake.
Ahhh… falta poco. Pensé con ilusión, acariciando el frío metal con el pulgar. Poco para poder usarlos a ambos, permitiendo que me una a Drake… para siempre.
Guardándolos de nuevo con mucho cuidado, levanté la vista, suspirando mientras miraba el hermoso y despejado día que hacía, sintiendo que por fin nuestra suerte estaba cambiando… hasta que un destello de luz rojiza salió disparado desde una cueva en las montañas inferiores, haciendo que me quedara en shock por el contraste de la situación.
Completamente paralizada y con la mente en blanco por lo repentino que fue todo, mi cuerpo se bloqueó de golpe, impidiéndome reaccionar, moverme o siquiera gritar su nombre. Solo pude quedarme ahí, observando con puro terror cómo esa luz letal cruzaba el aire a una velocidad vertiginosa, impactando de lleno sobre Mork y Drake antes de que pudieran darse cuenta.
Una explosión ensordecedora rasgó el cielo, envolviéndolos a ambos en unas furiosas llamas rojas que cortaron su vuelo al instante, haciéndolos caer en picado hacia el profundo cañón como un meteoro envuelto en fuego.
El sonido del choque llegó un par de segundos tras el impacto, sacudiendo el ambiente y creando una inmensa nube de polvo y roca pulverizada en el lugar del impacto.
Mis manos empezaron a temblar sobre las riendas de Ness, sintiendo cómo el aire abandonaba mis pulmones y el pánico destrozaba mi pecho, borrando cualquier rastro de felicidad.
¿Qué está pasando? ¿Por qué? Pensé, con la mente fracturada por la desesperación e incapaz de apartar la mirada de la nube de humo. ¿Por qué ahora…?
Sintiendo varias firmas de maná a lo lejos, entendí por completo la situación al recordar las palabras de Drake sobre lo que pasó en Barton.
BORIS.
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