Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

De Hombre a Dios - Capítulo 55

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. De Hombre a Dios
  4. Capítulo 55 - Capítulo 55: Capítulo 43.2: Naturaleza demoníaca
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 55: Capítulo 43.2: Naturaleza demoníaca

Con los ojos vendados, el maná suprimido y mis heridas a punto de estar completamente sanadas, Zoe y yo estábamos en una celda improvisada en medio de unos Hoodoos del desierto, lejos de nuestro primer encuentro. Amarrados y resguardados por un par de guardias humanos que apenas nos prestaban atención.

“Drake, ¿cómo te sientes? ¿Ya estás mejor?” Susurró Zoe a un costado mío, asegurándose de que los distraídos guardias no pudieran oírnos.

“Sí… ya mucho mejor, probablemente esté listo en una hora para salir de este lugar.” Respondí con la misma intensidad, verificando que la conexión con mi Runa Atlas estuviera intacta.

Tras mi rendición, tomaron a Belarus y me llevaron con ellos para llamar la atención de Zoe desde el suelo con un par de hechizos, haciendo que esta bajara y se rindiera de igual forma al verme encadenado, vendado y con una actitud relajada.

Confiando en mí, Zoe cooperó con ellos, haciendo que no nos trataran mal del todo desde que nos apresaron. Tras llevarnos a ambos hacia un lugar un poco apartado desde donde estábamos antes, la misma chica humana con la que había hablado dentro del cañón estuvo conversando con nosotros por el camino, explicándonos que no era nada personal y que solo era trabajo.

Gracias a la larga charla que tuvimos con la humana que, de hecho, se llamaba Eris y tenía 16 años solamente, descubrimos que nos iban a llevar a la ciudad fronteriza Fallen God junto a su líder, que nos esperaba allá para luego ser trasladados hacia el Continente Central dentro de un carromato.

Escuchando unos pasos ligeros acercarse a nuestra posición, la voz alegre de la humana rompió el aburrimiento en el que estábamos sumergidos.

“Hola, hola, par de hermanitos.” Saludó Eris en voz alta, deteniéndose frente a nosotros con lo que parecía ser un par de platos metálicos, cuyo olor a estofado caliente hizo rugir mi estómago casi al instante.

Con paciencia y un humor sorprendentemente bueno para alguien que nos había derribado del cielo, casi matándonos, Eris empezó a darnos de comer directamente a la boca con una cuchara, ayudándonos a recuperar las energías físicas que los pesados grilletes en nuestras muñecas nos robaban constantemente al drenar nuestro maná.

“Hola, Eris…” Dije tras masticar y tragar un trozo de carne. “¿Qué tal está afuera? ¿Ya es de noche?” Pregunté, levantando la cabeza en la dirección de donde provenía su voz a pesar de tener los ojos vendados.

“Ya casi, el sol se acaba de ocultar por completo hace unos minutos.” Respondió ella alegremente, acercando otra cucharada a mis labios.

Teniendo una conversación casual y, de hecho, bastante agradable dadas las circunstancias, decidí tantear un poco el terreno con una broma para ver qué tanta información podía sacar esta vez.

“Oye, ya que viste que aceptamos nuestro destino… ¿no podrías bajarle un poco la intensidad a estos grilletes? Absorben tanto maná de golpe que casi me cuesta respirar con normalidad.” Dije con una sonrisa fingida, mostrando incomodidad en mi voz.

“Jaja, me encantaría, guapo, pero no se puede.” Contestó ella riendo con sinceridad. “Porque si los aflojo, podrían intentar escapar rompiendo las esposas con fuerza bruta, y créeme, son demasiado caras como para arriesgarnos a que las rompan por un descuido.”

“Jaja, no pienses tan mal de nosotros.” Respondí haciéndome el resentido, generando una risa en ella mientras me limpiaba la comisura de mi boca con un trapo un poco áspero. “Ya que no lo harás, al menos respóndeme una cosa Eris. Me di cuenta en el camino que esta cosa solo nos debilita a nosotros y no a ti o a los demás guardias que también están a centímetros de nosotros, ¿por qué?”

“¿A que mola? Eso es porque son juguetes especiales de alto nivel.” Explicó con un tono orgulloso, como si hablara de su propia magia mientras alimentaba a Zoe. “Están encantados para absorber únicamente maná Dragontino, y no otros tipos de maná. Por eso a nosotros no nos afecta en lo absoluto.”

Tiene mucho sentido… Pensé, uniendo las piezas de información en mi cabeza mientras me acomodaba hacia atrás para sentarme de una mejor forma en el suelo. Si cada raza tiene su propia firma de maná única, debe ser parecido a los tipos de sangre de mi antiguo mundo, pero aplicado a la energía que producen nuestros núcleos. Han diseñado o comprado un metal que reacciona específicamente a nuestro tipo de maná para que sea más efectivo o más barato…

Terminando de darnos de comer pacientemente, Eris recogió los platos, despidiéndose con un desliz suave y coqueto de su mano sobre mi hombro, dejándonos solos nuevamente bajo la débil vigilancia de los guardias.

Recordando las charlas que tuvimos en el trayecto, sabía que Eris era relativamente nueva en ese grupo de mercenarios. Pero a pesar de ser una novata entre veteranos, logró escalar rápidamente en la jerarquía gracias a su increíble letalidad con hechizos a larga distancia, algo que la hizo muy querida, útil y respetada para el grupo de moles musculosas con las que andaba.

Sintiendo que mis quemaduras ya estaban completamente curadas gracias a mi regeneración pasiva y los nutrientes de la comida, intenté desviar un poco de maná hacia mis ojos para activar Perception de forma discreta, queriendo investigar la fuerza exacta de las personas que nos resguardaban y el tamaño del campamento improvisado en el que estábamos.

Maldita sea… Me quejé internamente tras rendirme a los pocos segundos, soltando un suspiro frustrado.

Fue un intento completamente inútil. Apenas intentaba canalizar una pizca de mi maná, los grilletes reaccionaban al instante, absorbiéndolo con brutalidad y dejándome con una sensación de vacío asfixiante en el pecho y debilidad en el cuerpo.

Incapaz de usar mi magia normal o mis sentidos aumentados, me incliné sigilosamente hacia un lado hasta sentir el hombro de Zoe chocar contra el mío.

“Esperaremos hasta más adentrada la noche.” Le susurré casi rozando su oído, sintiendo cómo ella asentía levemente en respuesta. “Aprovecharemos cuando la gran mayoría de ellos estén profundamente dormidos por la madrugada. Esa será nuestra ventana para salir de aquí.” “Está bien, Drake.”

Tenemos que salir de aquí esta misma noche, cueste lo que cueste. Pensé, apoyando mi cabeza contra la fría pared de roca mientras analizaba nuestra situación. Si esperamos a que nos lleven a esa ciudad, lo más probable es que nos separen al instante, encerrando a Mork y Ness en algún lugar inaccesible y entregándonos atados de manos al misterioso líder que mencionó Eris. Si eso pasa, estaremos acabados.

Teniendo el objetivo claro, repasé mentalmente el plan que había ideado. La estrategia consistía en escapar de esta celda utilizando un método que sabía que a Zoe no le gustaría para nada, para luego salir y crear una distracción ruidosa en distintos puntos del campamento alejados a nuestro objetivo.

Con un caos que nos daría un par de minutos para movernos con mayor facilidad, correríamos hacia donde tuvieran a los dragones y nos alejaríamos por los cielos lo más rápido posible, destruyendo parte del campamento en nuestra huida para asegurarnos de que no pudieran seguirnos fácilmente.

…

El tiempo pasó, y lentamente el ruido del campamento se fue apagando por las altas horas de la madrugada, dejando como único sonido las risas roncas y las voces arrastradas de los dos guardias nuevos que nos vigilaban al otro lado de la celda. Estos, al estar alejados del resto, se pusieron a festejar por su exitoso trabajo, bebiendo licor y pasando el rato mientras comparaban a las chicas de un prostíbulo que planeaban visitar al llegar a la ciudad de Fallen God, confiados de la efectividad de los grilletes.

Rozando el hombro de Zoe en la oscuridad, le di dos pequeños toques para indicarle que era la hora para ejecutar el plan que le conté hace unas horas.

Enfocándome en mi corazón de maná, cerré los ojos y cambié de núcleo con una delicadeza imperceptible, haciendo que la opresión asfixiante de los grilletes desapareciera por completo. Al dejar de emitir maná Dragontino y reemplazarlo por la densa y oscura energía de mi Núcleo Demoníaco, el metal encantado dejó de reconocerme, volviéndose simple chatarra pesada en mis muñecas.

Aprovechando la frialdad absoluta que inundó mi mente, canalicé mi maná y usé Immaterial por un solo segundo, haciendo que la materia de los grilletes se deslizara por el espacio alterado, atravesando mis manos limpiamente sin hacerme un solo rasguño. Una vez libre, los agarré en el aire para que no hicieran ruido, para después guardarlos directamente en mi espacio dimensional usando Atlas, repitiendo el mismo y rápido proceso con las ataduras de Zoe para desaparecerlas.

Al verse por fin libre de la constante absorción, Zoe soltó un pequeño jadeo de alivio antes de agradecerme.

“Gracias, Drake, ahora sí me siento… libre.” Susurró, antes de cerrar los ojos y esforzarse con el casi nulo maná que tenía para activar Perception, algo que yo no podía hacer con este núcleo. Tras un par de intentos fallidos donde su respiración se entrecortaba, sus músculos finalmente cedieron, desplomándose contra mi pecho al llegar a su límite físico y mágico.

“S-solo… hay otras dos personas más haciendo guardia afuera de esta cueva…” Susurró con una voz temblorosa, apenas audible sobre las carcajadas de los guardias borrachos que llamaron nuestra atención. “Ten cuidado, Drake… porque los dos que nos vigilan son de Rango Leyenda y los dos de más afuera de Rango Experto.”

Al escuchar la confirmación de los de Rango Leyenda, me sentí un poco nervioso, antes de que me obligara a calmarme recordando repetidamente en mi cabeza el plan que tenía para agarrarlos por sorpresa.

No verán el ataque, no verán el ataque, no verán el ataque…

“Tranquila, lo tengo controlado.” Le susurré a Zoe con más confianza, apartándola con cuidado para que se quedara sentada recuperando energías mientras yo me ponía de pie en absoluto silencio, antes de caminar directamente hacia la sólida pared de roca de un lado de nuestra celda.

Immaterial. Susurré en mi cabeza, atravesando la pared y desapareciendo en ella por completo.

Al salir por el otro lado, me encontré con las espaldas de los guardias ebrios que seguían riéndose mientras explicaban por qué una prostituta era mejor que la otra.

Atlas, Dark Steam. Pensé, atrayendo a mi mano izquierda la daga de Zoe de mi runa dimensional, mientras que con la derecha fui llenando el espacio con un humo negro y denso que confundió sus sentidos al instante.

Moviéndome con la letal eficiencia de mi núcleo actual, degollé al primer guardia con una estocada limpia y horizontal desde atrás, callando el ambiente rápidamente cuando el golpe sordo de su cabeza y su cuerpo chocaron contra el suelo de piedra.

Sabiendo que ya no había vuelta atrás, giré sobre mi talón e intenté degollar rápidamente al otro guardia. Sin embargo, a pesar de estar ebrio y cegado por mi hechizo, sus instintos de Rango Leyenda lo hicieron levantar los brazos cubiertos de una capa de maná por puro reflejo para bloquear mi ataque. Afortunadamente, al estar tan cerca y no dejar que usara todo su poder, la espada cortó profundamente a través de su piel, carne y huesos, destrozando sus antebrazos y dañando gravemente su cuello, haciéndolo caer de espaldas con un leve estruendo, malherido y escupiendo sangre.

Acercándome con frialdad para darle el golpe de gracia antes de que pudiera gritar y alertar a los demás mercenarios, el hombre me miró directamente a los ojos con una risa grotesca y ahogada.

“Jaja… i-idiotas…” Escupió entrecortadamente, con la sangre manchando sus dientes cada vez más. “Todas las posibilidades d-de vivir se esfumaron… porque a-ahora, ¡morirán! P-Porque é-él estará aquí…”

Sin dejar que terminara de balbucear sus advertencias, hundí la espada en su garganta, silenciándolo mientras mi mente procesaba sus palabras, resultando en que a lo mejor se refería a otros mercenarios.

Agachándome rápidamente, registré los bolsillos y cinturones de los cadáveres en busca de la llave de la celda.

Maldita sea, acá no hay nada. Pensé con una fugaz molestia al no encontrar nada metálico en ellos.

Ignorando el contratiempo, me acerqué a los gruesos barrotes de la celda. Canalizando un poco de maná en la daga de Zoe, golpeé la cerradura con precisión y fuerza bruta, rompiendo el mecanismo interno con un crujido metálico antes de abrir la pesada puerta.

“Vamos, es hora.” Dije, tendiéndole la mano.

Zoe asintió y se puso de pie con evidente dificultad, dando un par de pasos hacia la salida antes de que sus piernas le fallaran por completo, cayendo de rodillas sobre la fría piedra.

“Mierda…” Maldije en voz baja, dándome cuenta de que los grilletes la habían debilitado mucho más de lo que aparentaba.

“Drake… apenas puedo mantenerme en pie.” Confesó ella, apretando los dientes con frustración mientras miraba el suelo.

Acercándome rápidamente para sostenerla, analicé la situación por unos segundos en silencio antes de tomar una importante decisión.

“Zoe, cambio de planes. Yo me encargaré de la distracción solo.” Le dije con voz firme, levantándola con cuidado para apoyarla contra la pared más cercana mientras mi mente terminaba de procesar lo que haría a partir de ahora. “Te dejaré en un lugar seguro para que te escondas hasta que escuches las explosiones. Así que… solo concéntrate en recuperar tus energías.”

Zoe abrió la boca queriendo protestar, queriendo decir que pelearía a mi lado, pero se detuvo al darse cuenta de su propia condición. Apretando los puños con impotencia, bajó la mirada.

“Perdón…” Dijo en voz baja, con un tono cargado de culpa. “Se supone que debía ayudarte, y ahora… ahora soy más un estorbo que una ayuda. Perdóname.”

Al escucharla decir eso, la frialdad de mi núcleo demoníaco retrocedió por un instante, reemplazada por una calidez protectora. Me agaché a su nivel y le puse una mano suavemente en la mejilla, obligándola a mirarme.

“Para nada es así, Zoe.” Le respondí con una sonrisa sincera y decidida. “Tú me has cuidado toda la vida. Ahora… es mi turno de protegerte.”

Zoe me miró a los ojos, dejando que la frustración abandonara su cuerpo antes de devolverme la sonrisa con una mezcla de cansancio y un inmenso cariño.

“Gracias, Drake.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo