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De repente, estoy casada - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Chapter 14 ¡Tú ya no eres mi hija!
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14: Chapter 14 ¡Tú ya no eres mi hija!

14: Chapter 14 ¡Tú ya no eres mi hija!

El padre de Scarlett se sorprendió al escuchar las palabras de Megan.

En ese momento, estaba en una reunión importante con un socio, pero se disculpó y le pidió a su asistente que se encargara de todo.

En el trayecto al hospital, no pudo evitar quejarse, porque pensaba que quizá podría perder ese cliente, otra vez por culpa de Scarlett.

Llegó media hora después de recibir la llamada de Megan y preguntó directamente por Joyce.

Una enfermera lo llevó a la habitación que estaba en el segundo piso, a la derecha.

Esperaba encontrar a una mujer en un estado lamentable, e incluso en coma.

Sin embargo, al abrir la puerta de la habitación, el panorama era totalmente distinto.

La madre de Megan estaba sentada en la cama con una bata de hospital, y cerca de ella, un médico marcaba unas casillas en una tableta.

Él cerró un poco los ojos y constató que Joyce tenía vendados la cabeza y los pies, pero que lucía muy bien.

Sin embargo al verlo, cambió de actitud de inmediato y su rostro se transformó en un rictus de dolor.

“¡Papá, al fin llegaste!”, se quejó Megan.

“Vine lo más rápido que pude.

¿Ella está bien, doctor?”
Joyce frunció el ceño molesta, porque él no le había preguntado a ella directamente.

El médico le explicó que había perdido un poco de sangre, pero que por suerte no había sido nada grave.

También le indicó que tenía unas quemaduras en las piernas, debido al café que le había caído encima, e insistió que ella se recuperaría en unas pocas semanas y que tampoco había motivos para alarmarse.

El padre de Scarlett le dio las gracias y se volteó hacia Megan.

Apenas la miró le dijo: “¿No sé qué está pasando contigo?

¿Me hiciste salir corriendo de una reunión en la oficina para encontrarme con esto?”
Megan jadeó sorprendida y respondió: “¡Papá!

¿No te das cuenta de la gravedad del asunto?”
“Ya escuchaste al doctor.

Dijo que tu mamá se recuperará sin problemas.

Creo que perdí mi tiempo viniendo para acá”, contestó él.

“Está bien papá.

Realmente me estás haciendo molestar.

¿Crees que es una pérdida de tiempo venir a ver a mamá?

Pues, ella está aquí por culpa de Scarlett, sólo que tuvo mucha suerte y sus lesiones no fueron tan graves.

Ahora bien, ¡el caso es que tu preciosa hija la atacó, y ahora mi madre tiene una herida en la cabeza y quemaduras en los pies!

¡Me parece increíble que aún pienses que todo fue una tontería!”
Megan agarró la ropa de Joyce y se la mostró para que viera que estaba empapada de café.

Acto seguido, el hombre gruñó en voz baja: “¿Todo esto es obra de Scarlett?”
“Sí”, respondió con firmeza Megan, aunque sabía que había sido ella quien había derramado el café.

“Cuéntamelo todo desde el principio sin omitir detalles”, ordenó él.

“Al salir de tu oficina esta mañana, decidí ir a tomarme un café con mamá a la cafetería que está cerca de Quarry.

No sé cómo Scarlett se enteró de que estábamos allí, y se apareció hecha una fiera amenazando a mi madre.

Le dijo que se alejara de ti y otras cosas más.

Mamá sólo trató de defenderse y le respondió algunas cosas, pero tu hijita perdió el control y hasta la golpeó en la cara.

Sin duda, quería desfigurarle el rostro, quizá para que tú no voltearas a verla nunca más.

Por último, le lanzó el café hirviendo, pero por suerte mi madre pudo evitar que le cayera todo encima”.

Mientras Megan hablaba con su voz chillona, Joyce permanecía cabizbaja y sollozando.

En ese instante, él vio fijamente las heridas que tenía y se imaginó a Scarlett haciendo todas esas cosas tan espantosas.

“¿Dónde está Scarlett?”, preguntó en voz baja.

“Aquí, en la habitación 413.

La están atendiendo en este momento, pero estoy segura de que sus heridas no son tan graves como las nuestras, papi.

Sólo espero que seas justo, porque aunque sé que Scarlett es tu hija predilecta, lo que ella hizo hoy es terrible y debes hacérselo ver”.

“No Meg, por favor…”, se quejó su madre, como parte del teatro para dar lástima, y agregó: “No pongas a tu padre en contra de Scarlett.

Aunque estaba muy enfadada, sólo cometió un error porque ella no es una mala chica…

De hecho, no voy a denunciarla en la policía”.

“Eres demasiado noble, mami.

Si yo estuviese en tu lugar, no dejaría esta acción sin castigo, porque Scar debe aprender la lección de una vez y para siempre”.

Joyce se volteó hacia el padre de Megan y le dijo:
“Cariño… No le hagas caso a Meg porque ella también está muy enfadada.

Sólo ve y habla con la chica para que entre un poco en razón, ¿de acuerdo?”
El hombre no respondió y se limitó a negar con la cabeza, antes de salir molesto de la habitación.

Al voltearse, no se percató del intercambio de miradas pícaras entre las dos mujeres.

A fin de cuentas, el plan había funcionado a la perfección.

A su vez, Scarlett ya sabía por qué la habían invitado en primera instancia a esa cafetería.

Era una trampa y por eso, se reclamó a sí misma por no haberle hecho caso a su sexto sentido y no acudir a esa cita.

¿Por qué había sido tan estúpida como para ir a meterse directamente a la boca del lobo?

Ese gigoló estaba en lo cierto cuando le dijo que ella era una boba.

Estaba segura de no haberle tocado ni un cabello a la madre de Megan.

En realidad, ella había perdido el equilibrio y se dejó caer como si quisiera lastimarse adrede.

Sabía que no era culpable de lo sucedido.

Se chupó los dientes cuando el enfermero le aplicó una pomada en las quemaduras que tenía en las manos.

Éste le dedicó una sonrisa de disculpa y terminó de arreglarla, justo antes de que su padre entrara.

La chica suspiró, pues sabía que las cosas terminarían mal.

El Sr.

Devins se veía muy enojado y no escucharía nada de lo que ella iba a decirle.

Al sentir la gran tensión en la atmósfera, el cuidador salió de prisa, mientras su papá gruñía con ironía: 
“¡Buen trabajo, jovencita!”
“Papá, no vayas a empezar, ¿de acuerdo?

Por si no te has dado cuenta, yo también estoy herida, e independientemente de lo que le haya pasado a esa mujer, no tengo nada que ver en eso.

Ella perdió el equilibrio y al caer, se golpeó la cabeza con la mesa.

Si me pides mi opinión, te diría que lo hizo adrede”.

Scarlett también quería decirle que Megan le había lanzado la p*t* tetera y que ése había sido el único y verdadero ataque en todo ese asunto.

Pero por supuesto, su padre no le haría caso porque ya se había formado una opinión sobre los hechos ocurridos horas antes, y a su modo de ver, ella lucía extremadamente culpable.

Estaba convencido de que ella había atacado a la madre de Megan y que ahora intentaba librarse de toda responsabilidad.

Se sentía tan decepcionado, que tenías unas ganas inmensas de abofetear a su hija.

Scarlett también se dio cuenta, pero su padre se contuvo, como si no quisiera tocarla, por lo enfadado que estaba.

Ella deseaba llorar, pero se había quedado sin lágrimas.

Además, ¿de qué serviría hacerlo, si él la veía como un monstruo?

“Estoy completamente decepcionado de ti.

¡Desearía que no fueses mi hija!”, exclamó él.

“¡Y yo quisiera que no fueras mi padre!”
Él se chupó los dientes y la abofeteó tan rápido, que ella no pudo percatarse de lo que su papá haría.

Al instante, se le durmió un lado de la cara, y se cubrió la mejilla con la mano temblorosa.

El Sr.

Devins se arrepintió de inmediato, pero a Scarlett no le importó, pues ésa era la tercera vez que había intentado pegarle, aunque nunca antes había sido violento con ella.

“Me decepcionaste”, dijo ella en voz baja, y añadió: “Las preferiste a ellas, papá.

Pero un día cuando la verdad salga a la luz, te vas a acordar de este momento y te vas a sentir muy mal.

Sin embargo, ya será muy tarde para enmendar el error”.

“No voy a arrepentirme de nada, Scar, pero tú sí lo harás, porque si aún te queda algo de juicio, vas a escuchar mi consejo.

Joyce no va a presentar cargos contra ti porque decidió actuar con prudencia.

Por ello, deberías aprovechar esta oportunidad e ir a disculparte con..”.

“¡Primero muerta, papá!

¡Nunca le voy a pedir disculpas a esa desdichada!”
“¿Entonces no piensas ceder ni un poco?

Déjame decirte que yo no tengo una hija mentirosa que lastima a los demás, sólo porque está haciendo una pataleta.

Por eso, si no vas a disculparte con la madre de Megan, ya no serás parte de mi familia”.

“Está bien.

Eso no me da miedo porque voy a sobrevivir sin ti y sin tu dinero.

¡Yo puedo mantenerme!”.

Scarlett miró a su padre con determinación.

Él se percató de que ella estaba hablando en serio, pues ella había heredado esa terquedad de él.

Por ende, el Sr.

Devins tampoco se retractaría de lo dicho, aunque se le hubiese encogido el corazón al pronunciar estas palabras: 
“Muy bien Scarlett, veo que ya tomaste una decisión…

De ahora en adelante, no tendré ningún tipo de relación contigo.

No te atrevas a buscarme cuando tengas algún problema.”
Scarlett sonrió con tristeza, agarró el bolso que estaba sobre la cama y miró a su padre por última vez, y le dijo:
“Gracias, papá…

¡Gracias por todo esto!”.

Luego se volteó y salió de la habitación.

Mientras iba caminando por el pasillo, su respiración se sentía fuerte y agitada.

Sin embargo, Scarlett se prometió a sí misma que no lloraría todavía, porque corría el riesgo de toparse con sus dos archienemigas, y debía ser fuerte.

Se detuvo frente al ascensor, temblorosa y sobrecogida.

Cuando se abrieron la puertas, trató de entrar, pero observó que alguien conocido salía en ese momento.

Para su sorpresa, al levantar la vista, vio que era Ryke.

El prox*net* se le paró al frente también atónito, y abrió la boca como con intención de preguntarle qué estaba haciendo ahí.

Sin embargo, ella no quería hablar porque temía que la voz la traicionara.

Él miró con insistencia la mejilla inflamada de Scarlett, donde se apreciaba claramente la marca de unos dedos.

Sin pensarlo mucho, se le acercó y la sujetó por la barbilla, moviendo la cabeza de un lado a otro.

Su ojos brillaron de furia, al comprobar que alguien la había abofeteado.

“¿Quién te hizo esto?”, le preguntó apretando los dientes.

El labio inferior de Scarlett tembló ligeramente, porque el contacto de su mano en la mejilla fue como un suave bálsamo, después de esos días tan difíciles.

Asimismo, al mirar su cara, ella notó que estaba realmente preocupado, aun cuando él era sólo un extraño.

Se emocionó al percatarse de que alguien quería protegerla, cuidarla y confiar en ella, sin importarle nada.

Ryke lo entendió todo al verla a los ojos.

Luego, deslizó el pulgar lentamente por la zona suave de su mejilla, aunque lo que deseaba hacer en realidad era inclinarse y darle un beso para mitigar el dolor.

Le afectaba demasiado ver a Scarlett de esa manera.

“¿Quién te abofeteó?”, le preguntó de nuevo, pero con un tono más dulce.

Scarlett sencillamente negó con la cabeza, pero el muro de contención que intentaba colocar alrededor de su corazón se derrumbó.

No tenía fuerzas, no delante de un hombre con esa mirada tan dulce.

Se fue en llanto y Ryke apretó su diminuto cuerpo contra su pecho.

Aunque había tenido a muchas otras mujeres entre sus brazos, ninguna de ellas había logrado que el corazón le latiera de esa manera, con tal sólo aferrarse a él y depositándole toda su confianza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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