De repente, estoy casada - Capítulo 15
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15: Chapter 15 ¿Quieres que me quede aquí contigo?
15: Chapter 15 ¿Quieres que me quede aquí contigo?
Verla llorar era una tortura para él, pero había un aspecto positivo en todo aquello, porque había tenido la oportunidad de estrecharla contra su pecho.
En ese momento de vulnerabilidad, ella había bajado la guardia y no había sido grosera.
Scarlett se convirtió en una chica más, que está en busca de un poco de afecto.
En cierto modo, le recordó a la chica que había conocido en esa habitación de hotel, sin duda totalmente drogada, pero aun así se había mostrado muy divertida y simpática.
Ryke extrañaba esa faceta de la chica y deseaba volver a verla así.
Ella lloró sin cesar un buen rato y cuando la gente empezó a verlos con demasiada insistencia, él la llevó al interior del ascensor y presionó el botón de planta baja.
Scarlett no levantó la mirada ni una sola vez, y mantuvo la cara enterrada en el pecho, mientras Ryke la sujetaba por la cintura.
Estaba seguro de que tenía la camisa hecha un desastre porque estaba tan empapada de lágrimas, que sentía como si hubiese estado un rato bajo la lluvia.
En otras circunstancias, se habría enfadado, pero una vez más, todo era distinto cuando se trataba de Scarlett.
La sacó del hospital y ella no se opuso en ningún momento, quizá porque no se había percatado a dónde la estaba llevando.
Sólo prestó atención cuando llegaron al auto y Ryke le abrió la puerta para que entrara.
Scarlett frunció el ceño, pues se dio cuenta de que no era el Maybach que tenía en la mañana, sino un Bentley nuevo.
De todas maneras, se subió y esperó que él hiciera lo mismo.
“¿Acaso era otro carro prestado?”, se preguntó ella, apenas él se sentó al volante.
“Sí”, respondió con un leve tono de molestia en la voz.
Acto seguido, le dio otro pañuelo para que se secara las lágrimas.
A pesar de lo agradecida que estaba con él, Scarlett no podía evitar pensar que él era un sinvergüenza, porque se aprovechaba de esas mujeres descaradamente sin un ápice de remordimiento.
¿En la mañana tenía un Maybach, y ahora un Bentley?
En realidad, ¿cuántas mujeres ricas estaban con él?
Debería sentir pena por ganarse la vida de esa manera, y sin embargo, alardeaba de ello abiertamente.
Sin duda, debía hacerles cosas horribles a esas señoras, para que ellas le dieran tanto dinero…
Ryke empezó a conducir y la miró varias veces, preguntándose qué podría estar pensando.
Incluso se puso un poco incómodo, cuando ella volteó a verlo directo a los ojos.
En ese instante, se aclaró la garganta y dijo lo primero que le pasó por la mente:
“¡Mírate!
Parece que es cierto eso que dicen por ahí de que la mayoría de las mujeres está hecha de agua.
Estoy seguro de que te quedaste sin lágrimas porque tengo la camisa toda mojada, al igual que tu cara.
De verdad, te ves patética”.
Scarlett sintió que se llenaba de ira otra vez, y le lanzó el pañuelo, el cual le cayó en las piernas, aun cuando su verdadera intención era pegárselo en la cara.
“Es sólo una camisa, ¿no te parece?
Pero de todos modos, eso no te da derecho a insultarme”, replicó ella.
Mientras hablaba, Scarlett miró la camisa de seda toda mojada y se percató de que quizás era una prenda costosa, y que quizá valía mucho más dinero del que ella tenía en ese momento.
De hecho, no tenía un centavo y por ello, estaría en una situación aún más embarazosa, si él le exigiera que se la pagara.
Afortunadamente, Ryke no lo hizo.
“Sólo quiero que me cuentes lo que pasó en ese hospital”, afirmó él por el contrario.
Sin embargo, Scarlett todavía mantenía su actitud obcecada.
“No te voy a decir ni una palabra”, gruñó ella cruzando los brazos.
“Bueno, no tienes por qué hacerlo, pero igual puedo adivinar lo que pasó.
Tu media hermana se volvió a meter contigo, ¿verdad?
En otras palabras, no me sorprendería en lo absoluto que fuese así.
Sin embargo, te lo pregunto porque has estado llorando sin cesar, como si pudieras resolver todos los problemas de esa manera.
¿Cuál es la idea de moquear a mares y no hacer nada para defenderte?
¿Para qué tienes un cerebro en esa linda cabecita?”, respondió él.
Scarlett suspiró frustrada al darse cuenta de que ese hombre no había cambiado en lo absoluto.
Seguía siendo un malhablado y parecía empeñado en hacerla sentir mal.
Sin embargo, a diferencia de la mañana, la idea de bajarse de su auto otra vez no le resultaba tan atractiva.
En ese momento, necesitaba mucho su ayuda porque no tenía a dónde ir, y él era la única persona que al parecer se preocupaba por ella.
Por ende, permaneció sentada con el ceño fruncido, pero se aseguró de mostrarle lo molesta que estaba.
El no responder a sus comentarios fue bastante efectivo, porque al volver a hablar el tono de voz era menos agresivo.
De hecho, le dijo más calmado: “Sólo responde si estás de acuerdo o no, porque lo único que quiero es ayudarte”.
Ella vio su mirada sincera y creyó que en ese momento le estaba diciendo la verdad.
Necesitaba toda la ayuda que le pudieran dar, y por ello decidió contarle todo lo que había pasado, desde que salieron en la mañana.
Ryke la escuchó hasta el final sin interrumpirla, y parecía que sólo estaba conduciendo el auto sin rumbo fijo.
“¿Así que permitiste que la estúpida de tu hermana te manipulara de nuevo?
Deberías haber sabido que esa invitación era una trampa.
Tuviste suerte de que no terminaste con el rostro desfigurado y encerrada en la cárcel”, afirmó él.
“Uf, ya lo sé.
No es necesario que me hagas sentir peor de lo que ya estoy”.
“Ahora bien, ¿qué piensas hacer?”, preguntó.
“No tengo ni la más mínima idea.
Lo único que sé es que no me voy a disculpar con esas p*rr*s.
Papá literalmente eligió ponerse del lado de ellas, y a mí que soy su hija, me execró de la familia y me dijo que cortaría todo nexo conmigo, hasta tanto no les pidiera perdón a esas z*rr*s.
Pero eso no va a suceder jamás.
Voy a salir adelante sin él porque tengo un empleo que me permitirá mantenerme”, explicó Scarlett.
“¡Vaya, pero eso es muy noble de tu parte!” dijo Ryke sarcásticamente y luego le preguntó: “¿Entonces vas a permitir que tu media hermana y su madre se muden a tu casa y se apoderen de todo lo que te pertenece?
¿Dejarás que te roben tu vida, sin hacer nada al respecto?”
“¡Qué dices!
¿Quieres que vaya a pedirles disculpas para que pisoteen mi dignidad, y yo quede en ridículo?”
“Nunca dije que te disculparas, sólo quiero que caigas en cuenta de que no eres tan frágil como crees.
Les estás dejando el camino libre para que sigan adelante con su plan sin problemas.
Deberías defenderte, después de todo lo que te han hecho”.
“¿Luchar por qué y para qué?”, susurró Scarlett con tristeza y añadió: “Ese dinero ni siquiera me pertenece porque es de mi papá, y él ya no quiere tener nada que ver conmigo.
Tampoco quiero regresar a la casa.
Es más, prefiero facilitarle la cosas a Megan, que depender nuevamente de mi padre”.
“¡Eh!”, suspiró él y agregó: “Eres demasiado ingenua.
Deberías saber que esas personas que te han lastimado no se detendrán ante nada, hasta que no te vean totalmente en la ruina.
Ahora bien, irte a vivir sola y mantenerte no es la solución, porque de todas formas seguirán buscando la manera de hacerte daño…
Además, eres una princesita que está acostumbrada a su vida de lujos.
Es muy lindo e inocente de tu parte pensar que puedes sobrevivir por cuenta propia, pero créeme que va a ser muy difícil.
Algunas veces, sentirás que estás en el infierno”.
Scarlett analizó sus palabras y pensó que él estaba diciendo la verdad.
Quizá su vida se convertiría en su suplicio a partir de ese momento, pero ¿qué otra opción tenía?
En realidad, ella no quería volver a casa de su padre y mucho menos rogarle.
“Ya veré cómo me las arreglo…”, dijo más para sí misma y añadió: “Sé que voy a estar bien porque soy más fuerte de lo que aparento.
Puedo vivir sin mesada y cenas costosas, y sin ir de compras semanalmente…
Por supuesto que sí, porque sólo necesito comida y un lugar dónde pasar la noche…
¡Todo saldrá bien!”
Ella no se dio cuenta de la leve sonrisa en el rostro de Ryke al escucharla.
Era una mujer demasiado linda para ser verdad, y de ninguna manera él la iba a dejar sola en ese momento.
Quería tenerla cerca por un tiempo, al menos hasta que se aburriera de ella, pues estaba convencido de que así sucedería a la postre.
“Puedes vivir aquí conmigo”, le ofreció Ryke de repente.
“¿Quedarme contigo?”, jadeó Scarlett.
Él asintió con la cabeza y al instante ella se quedó boquiabierta, porque no se esperaba algo así.
¿Cómo sería vivir con un gigoló?
¿Acaso él invitaría a sus clientes al apartamento?
La idea de escucharlo tener s*x* en cualquier lugar de la casa, mientras ella estuviera encerrada en una habitación, le causó grima.
Sintió un escalofrío en la espalda, con tal sólo pensar en eso.
O lo que era peor aún… ¿Y si Ryke intentara ponerse creativo con ella?
Ya se habían acostado una vez, con la excusa de que no podía reprimir sus impulsos…
¿Qué tal si sucediera de nuevo?
Por supuesto, era un hombre guapo y algunas veces Scarlett hasta se preguntaba cómo luciría ese cuerpo desnudo, pero eso no quería decir que tendría s*x* con un prox*n*ta de nuevo.
¿Le tenía la suficiente confianza como para vivir en el mismo lugar?
¿O sería otra celada que él había planeado con Megan?
Ryke ya se estaba incomodando al ver que ella estaba dudando tanto.
“¡Bueno, está bien!
Tampoco tiene que ser una tortura.
No tienes que hacerlo, si no quieres quedarte aquí”, gruñó él y añadió: “¿A dónde quieres que te lleve entonces?”
“N-no, espera un mo…”, gritó Scarlett, pues era consciente de que no tenía más opción, y añadió: “…Bueno, me voy a quedar aquí, pero te voy a pagar un alquiler.
También quiero dejar claro que no podrás entrar a mi habitación”.
Ryke contestó levantando una ceja: “¿No estarás pensando que quiero f*ll*r contigo otra vez, verdad?
Lamento decirte que no te hagas ilusiones porque en aquella primera oportunidad, estuvimos juntos por error, ¿está claro?
Esa noche yo no te habría tocado, si no me hubieses obligado a hacerlo”.
“¡Está bien, ya cállate!”, exclamó ella.
Luego se burló mientras miraba por la ventana.
Ryke contuvo la risa, al ver que ella se había incomodado de repente, porque no quería recordar cómo se había comportado aquella noche.
Por su parte, él había revivido esa escena en su mente una y otra vez todo el día.
Quizá algún día, Scarlett se comportaría igual que ese día….
El gigoló sacó su teléfono y llamó a su asistente para que le buscara un apartamento a Scarlett, porque desde su regreso de Europa, él estaba alojado en el hotel Drunken Moon, y no le parecía apropiado invitarla a quedarse en su suite.
Tampoco podía llevarla a la mansión de la familia y exponerla a todos esos comentarios malsanos.
Por ello, pensó que lo más conveniente sería buscar un departamento nuevo para la chica.
Su asistente personal, el Sr.
Goldwin, solucionó todo en veinte minutos, y lo volvió a llamar para darle la dirección.
Scarlett lo miró boquiabierta, preguntándose cómo un prox*n*ta como él podía tener un secretario privado ¿Qué secreto ocultaba aquel hombre?
En realidad, no sabía ni siquiera su nombre y de pronto se dijo a sí misma qué estaría haciendo en el hospital, porque había aparecido en el momento justo, como si supiera que ella estaría ahí.
No creía que Ryke la estuviese acosando, ¿o acaso sí?
Se quedó con la duda y no le preguntó nada.
Como él la estaba llevando al complejo residencial donde se hospedaría, Scarlett pensó que quizá debía darle una oportunidad para conocerlo mejor.
El apartamento estaba ubicado en Soho, uno de los vecindarios más costosos de Nueva York.
Era un lugar agradable con dos dormitorios principales, un estudio y una cocina de concepto abierto.
A Scarlett le gustó la decoración, y además todo lucía impecable.
Esbozó una sonrisa mientras recorría el apartamento, con Ryke siguiéndola de cerca.
Al abrir la heladera, se molestó un poco porque estaba vacía y tendría que salir a comprar algunas cosas más tarde.
Sin embargo, su sonrisa reapareció, al voltear y ver que él estaba esperando su opinión.
“¿Qué te parece, princesita?”, le preguntó.
“Es hermoso”, admitió ella.
Pero después, vino a su mente el tema del alquiler.
Sin duda alguna, un apartamento de esa categoría en Soho le iba a costar un ojo de la cara.
Sin embargo, de lo que sí estaba segura era de que no estaba dentro de su presupuesto.
Ryke se inclinó sobre el mostrador en donde ella estaba parada al otro lado, y quedaron tan cerca que ella se sonrojó.
Scarlett no podía apartar la mirada porque esos ojos plateados la tenían hipnotizada…
“¿En qué piensas?”, preguntó él.
“Uhm… sólo me preguntaba cuánto me cobrarías de alquiler”
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