De repente, estoy casada - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Chapter 17 Perdí el conocimiento
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17: Chapter 17 Perdí el conocimiento 17: Chapter 17 Perdí el conocimiento Megan y su madre se quedaron un rato más en el hospital después de que el Sr.
Devins se fue.
Joyce seguía empeñada en exagerar la gravedad de las heridas y obligó a los médicos a decir que necesitaba quedarse esa noche en observación, aun cuando ya se había recuperado.
Megan fue buscar unos cafés y al regresar le entregó el vaso de Starbucks a su mamá, con una gran sonrisa en la cara.
“Papá acaba de llamarme”, dijo ella sonriendo.
Su madre la miró intrigada, esperando a ver qué iba a decir.
“Me contó la discusión que tuvo con Scarlett.
En este momento me siento como en las nubes porque mi papá está muy enojado con ella, ya que está convencido de que te atacó y que encima de eso, se negó a disculparse contigo.
¿Sabes que le dijo al final?”
“¿Qué le dijo?”
“Que iba a cortar toda relación con ella.
No la quiere en la casa y le canceló todas las tarjetas de crédito hasta nuevo aviso.
¿No te parece maravilloso, mamá?”
Megan vio el brillo de satisfacción y malicia en los ojos de su madre.
Después se echaron a reír y brindaron chocando sus vasos de café para celebrar las buenas nuevas.
“Aún no puedo creer que papá se haya puesto de nuestro lado”, se rió Megan.
“Te lo dije”, respondió Joyce y agregó: “Lo conozco, y sé que es tan e*túpid* como Scarlett.
Sin duda, no son rivales para nosotras porque fue muy fácil ponerlo en contra de su propia hija”.
“Nunca más dudaré de tus palabras, mami”.
“Sí, pero sólo hemos ejecutado la mitad de nuestro plan.
No es suficiente con haber sacado a Scarlett de la casa, debemos encontrar la manera de que su padre no la perdone nunca”.
Megan asintió con tristeza porque también había estado pensando en eso.
Independientemente de lo que habían logrado, sus planes no habían sido tan eficaces como deshacerse de una vez por todas de Scarlett.
“¿Pero qué tienes en mente, mamá?”
La mujer tomó un sorbo de su café lentamente e hizo una pausa para aumentar la curiosidad de su hija.
Después susurró como si temiera que alguien pudiera escucharlas:
“Tenemos que buscar la manera de deshacernos de Scarlett de una manera fácil y sigilosa, para que no se den cuenta”.
Al ver la cara de confusión de su hija, Joyce suspiró e hizo un gesto que implicaba cortarle la cabeza.
Megan se quedó petrificada al percatarse de que su madre estaba hablando de asesinar a Scarlett.
Casi se desmaya con tan sólo pensar en esa idea, porque hasta ahora le había parecido gracioso planear unas trampas macabras contra ella, pero nunca había pensado en llegar tan lejos como para asesinarla.
En realidad, le parecía demasiado.
“Mamá…¿Estás hablando de asesinato?”
Joyce le pidió que se callará al ver unas sombras en la puerta de la habitación, y entonces Megan susurró:
“No sé nada de eso, mamá.
Matar a una persona es cosa seria y no es tan sencillo como parece, ¿no te parece?
Es más, creo que la policía iría detrás de nosotras cuando encuentren el cuerpo, ya que no tendrán ningún problema en averiguar todo lo que ha sucedido en los últimos días.
“No seas tan cobarde.
No hay de qué preocuparse porque ya me encargué de todo.
La policía no va a sospechar de nosotras, ya que parecerá un suicidio”.
“¿Un suicidio?”
“Así es.
Su propio padre repudió y echó a la calle a la pobre princesita Scarlett, justo después de que ella supiera que su prometido la había engañado con su mejor amiga.
En realidad, estaba tan desconsolada y triste, que no sería una sorpresa para nadie que haya decidido ponerle fin a su vida, ¿no crees?
Megan abrió los ojos desmesuradamente.
“Ah… no había pensado en eso”.
“Exactamente.
Haremos que parezca un suicidio y con todo lo que le ha sucedido últimamente, nadie tendrá ninguna duda.
Meg, como ya te dije, puse mi plan en marcha desde el momento en que hablamos, y muy pronto no tendremos que preocuparnos por Scarlett”.
Le guiñó un ojo a su hija y se bebió el último sorbo de café, mientras Megan forzaba una sonrisa para disimular lo nerviosa que estaba.
Al otro lado de la ciudad, Scarlett estaba justo en frente de la residencia de su padre, pero el “Uber” se quedaría esperando en la entrada.
Ella ingresó el código de acceso y empezó a caminar por ese jardín que le era tan familiar, pero que ya no podría disfrutar más.
Contuvo sus emociones y llegó en un instante a la puerta principal, la cual se abrió apenas tocó.
Scarlett sonrió al ver frente a ella a Rosa, una mexicana regordeta y de baja estatura que había trabajado para su padre desde que ella tenía uso de razón.
Sintió que había transcurrido una eternidad, aunque no se veían desde hacía sólo unos días.
“¡Hija!”, exclamó Rosa en español y añadió: “Dios, estaba muy preocupada por ti.
¿En dónde te metiste todo este tiempo?
Tu papá no quiso decirme ni una palabra.
La mujer la agarró por un brazo para hacerla pasar y cerró la puerta.
Scarlett sonrió, pero no parecía estar tan contenta como quería aparentar.
Lamento que te hayas preocupado por mi ausencia, Rosa, pero estaba en casa de un amigo”.
“¿Un amigo?”, repitió Rosa, con una leve sonrisa en el rostro y añadió: ¿Acaso es el Sr.
Austin?”
“¡D*m*nios, claro que no!
Nosotros ya terminamos nuestra relación.
Estaba con otro amigo, pero en otro momento te cuento todo con más detalles porque ahora tengo un poco de prisa”.
Scarlett se dirigió rápidamente a las escaleras y Rosa fue detrás de ella, casi corriendo para poder mantener el paso de la chica.
Cuando por fin llegaron al piso de arriba, la doméstica le preguntó casi sin aliento:
“¿Hija, te vas a quedar a almorzar?
Preparé tu plato preferido; ya verás que te encantará.
Tu padre no vendrá a almorzar, pero quizá tú si podrías quedarte a comer conmigo, ¿verdad?”
“¡Ay no puedo!
Gracias Rosa, pero de verdad no puedo”.
Ya en su habitación, Scarlett sabía exactamente qué puerta tenía que abrir para sacar tres de sus maletas.
Las colocó en el piso después de abrirlas, y comenzó a llenarlas de ropa, cosméticos y accesorios, mientras Rosa la observaba asombrada.
“¿Hija, a dónde vas?”
“Umm, me voy a tomar unas pequeñas vacaciones, Rosa”.
“Ah…E..entonces déjame ayudarte a empacar”.
Ambas metieron todas las pertenencias que pudieron en esas tres maletas, aunque lo más difícil fue bajarlas por las escaleras y llevarlas hasta la puerta principal, como efectivamente hicieron.
Al final, Scarlett estaba tan agotada, que parecía que acababa de correr un maratón.
Se volteó hacia Rosa que también estaba tratando de recuperar el aliento, le dio un abrazo y la besó en la frente.
Ésta sonrió y le dijo:
“Espero volver a verte pronto, hija”.
Scarlett se limitó a asentir con la cabeza, sintiendo un nudo en la garganta, pues sabía que no la vería en mucho tiempo.
No obstante, no quería decirle que su padre la había repudiado.
El conductor del Uber dio la vuelta y luego la ayudó a meter el equipaje en la cajuela.
Después, se despidió de Rosa una vez más antes de subir al auto y se marchó.
Estaba feliz porque no se había topado con su padre.
De regreso a Soho, ella notó que una camioneta los seguía de cerca.
Frunció el ceño y miró por la ventanilla trasera.
Se había percatado de lo que sucedía porque ya había visto ese automóvil antes, cuando salió del complejo residencial.
Sin embargo, en aquel momento le restó importancia, porque después de todo, en la Ciudad de Nueva York había muchos vehículos de ese tipo.
Al llegar, tuvo que maniobrar mucho otra vez para llevar las tres maletas hacia el vestíbulo del edificio, y luego por el pasillo del décimo piso hasta llegar al apartamento.
Scarlett suspiró aliviada después de meter el equipaje en la habitación, pero le dolían mucho los brazos por el peso que había cargado.
Como le temblaba todo el cuerpo por el cansancio, se arrastró hasta la cama y se acostó boca arriba mirando el techo.
Había sido una faena ardua, pero finalmente se había traído todo lo que necesitaba.
Ya estaba cansada de ponerse el mismo vestido todos los días y por eso, decidió ducharse y ponerse una falda de dril y una franela negra manga larga.
“Me estoy muriendo de hambre”, dijo viendo su imagen reflejada en el espejo, mientras se recogía su rubia cabellera en una cola de caballo.
No había comido nada en todo el día, y después de todo el esfuerzo que acababa de hacer, definitivamente merecía comerse algo rico.
Por ello, tarareando una melodía, tomó el teléfono que estaba sobre la cama y abrió su aplicación favorita para ordenar domicilios.
Le provocaba un churrasco y papas asadas, pero por primera vez, reparó en los platos costosos de los restaurantes que frecuentaba.
Su estómago rugió en señal de protesta, cuando Scarlett colocó de prisa el móvil nuevamente sobre el lecho, porque sabía que no era una buena idea pedir comida.
En vista de su situación actual, ella tendría que pagar un dinero que no tenía.
Lo mejor sería ir a la tienda de comestibles y comprar comida para llenar la heladera.
Aunque no sabía cocinar, no pensaba que sería muy complicado hervir un poco de pasta.
Volvió a agarrar el teléfono y le envió un mensaje de texto al hombre al que ahora llamaba arrendador.
¿Dónde sueles ir a comprar comida?
Tan pronto envió el mensaje, se dio cuenta de que era una pregunta boba porque él no había vivido nunca ahí.
Probablemente no estaba muy familiarizado con la zona y además, sería más rápido verificar en internet.
Acto seguido, ubicó el supermercado más cercano y llamó un servicio de Uber para que la llevara.
Scarlett se puso los zapatos, agarró su teléfono y salió del apartamento por segunda vez.
Llegó a la entrada del edificio, pero aún faltaban unos minutos para que llegara el auto.
Mientras esperaba, vio a ambos lados para ver si venía el vehículo que había pedido, y observó algo que le provocó un brinco desagradable por dentro.
Una camioneta oscura que estaba estacionada cerca de su edificio comenzó a avanzar lentamente hacia ella.
No tenía cómo comprobarlo, pero estaba casi segura de que se trataba del mismo auto que ya había visto en dos oportunidades.
Volvió a sentir el mismo mal presagio, pero esta vez con mayor fuerza.
¿Acaso la estaban siguiendo de verdad?
Como para confirmar lo que estaba pensando, el auto se detuvo frente a ella y el vidrio de la ventana delantera comenzó a bajar, dejando al descubierto la cara sonriente de un hombre que no parecía tan amable como aparentaba ser:
—¿Señorita Devins?, preguntó con una voz suave y grave.
“Umm… ¿Usted es el servicio de Uber que solicité?”
No encontró otra explicación en el momento que justificara por qué aquel hombre sabía su apellido.
“Sí”, respondió el conductor.
Sin embargo, ella dudó porque se suponía que el auto estaba al menos a cinco minutos de ahí.
Por ello, sacó el teléfono para verificar, pero apenas se encendió la pantalla, otro hombre abrió la puerta trasera y se bajó sin ni siquiera molestarse en sonreír.
Scarlett no tuvo tempo de decir nada, porque éste la agarró por un brazo y la metió en la camioneta a la fuerza.
El vehículo arrancó y ella gritó con todas sus fuerzas, aunque pensaba que nadie la estaba escuchando.
El individuo que la sujetaba con firmeza al asiento apestaba a cerveza barata.
“¡Cállate, perra!”, le gritó.
A pesar de sus propios gritos, Scarlett escuchó cuando el conductor dijo:
“¡Golpéala para que desmaye, idiota!”
Y justo en ese momento, ella sintió un impacto fuerte y pesado en la parte posterior de la cabeza, y de inmediato perdió el conocimiento.
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