De repente, estoy casada - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Chapter 19 La huida
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19: Chapter 19 La huida 19: Chapter 19 La huida El auto siguió andando unos minutos más, pero Scarlett sintió que había transcurrido una eternidad.
Ahora sí estaba segura de que estaban en las afueras de la ciudad y que por ende, la situación se complicaría si la policía quisiera rastrear su ubicación, cuando finalmente se percataran de su desaparición.
Como era de esperarse, tendría que convertirse en su propia heroína si quería sobrevivir en ese fin de mundo.
El automóvil se detuvo abruptamente después de innumerables curvas y giros en esas colinas rocosas.
Scarlett estaba muy mareada y tenía muchas ganas de vomitar, por el solo hecho de estar metida en esa camioneta.
Apenas se detuvieron, el hombre que iba a su lado se movió y abrió la puerta.
El conductor, que según había escuchado se llamaba Stan, preguntó si ella seguía inconsciente, y éste le respondió que sí.
“Creo que le di un codazo muy fuerte”, añadió el sujeto con una risita est*p*da.
“Pero no la mataste, ¿verdad?”, preguntó Stan preocupado.
“Claro que no porque está respirando.
Más bien vamos a sacarla de aquí”.
Entre los dos la bajaron del auto y luego Stan se la montó en el hombro como si fuese un saco de papas.
Scarlett estuvo a punto de golpearlo al sentir que le estaba tocando el tr*s*ro, pero se contuvo porque sabía que debía esperar una mejor oportunidad.
Después ella escuchó que abrieron una puerta y entraron a un lugar que olía a polvo, madera y alcohol.
Los dos sujetos caminaron un poco más, abrieron otra puerta y la lanzaron bruscamente sobre una cama vieja, que despedía un olor tan desagradable como el resto del lugar.
Ni siquiera le permitieron descansar un rato.
Apenas la depositaron en la cama, Scarlett sintió que uno de los hombres se inclinó y comenzó a tocar sus senos cubiertos bajo el top negro.
Al parecer, no pensaban al menos desatarla primero para luego vi*larla.
“¿Qué estás haciendo, Stan?”, preguntó el otro hombre.
“¿Qué pasa?, creí que íbamos a divertirnos un poco”, respondió el conductor.
“Sí, pero la idea fue mía, ¿no?
Entonces, me toca a mí primero”, argumento el otro secuestrador.
“¿Pero no íbamos a hacerlo los dos al mismo tiempo”, preguntó Stan.
“¡Por supuesto que no!
No quiero ver tu pequeño p*n*, ¿de acuerdo?
Por mí, te puedes ir ya a la m*erd*.
Tú tendrás tu turno, después de que yo termine”.
“…No seas idi*t*”.
Scarlett suspiró de la manera más disimulada posible, cuando finalmente Stan se apartó y salió de la habitación, haciendo un fuerte ruido al pisar.
Sin embargo, ella sabía que lo peor estaba por venir.
Aun cuando no podía ver su cara, estaba segura de que el otro hombre era más despiadado y quería torturarla.
Ella confirmó sus sospechas al escuchar la risa malintencionada de aquel hombre, mientras se acercaba a la cama.
Acto seguido, éste le dio un codazo en un costado para comprobar si realmente estaba inconsciente, y tras verificarlo, comenzó a apretarle los muslos con sus pesadas manos.
En ese instante, Scarlett realmente se arrepintió de haberse puesto una falda, pero de todas maneras trato de mantener las piernas bien juntas.
“Ya verás lo que te voy a hacer…M*ldit* niña mimada..Seguro piensas que eres superior a los demás, y por eso te quieren asesinar”, dijo él.
Scarlett apretó los dientes y se sintió tan alterada, que apenas podía seguir fingiendo que estaba inconsciente.
El sujeto trató de introducir sus gruesos dedos entre las piernas de la chica, pero éstas estaban tan herméticamente cerradas, que él la ma*d*jo en voz baja.
“¿Quieres hacer las cosas más difíciles, verdad?
Pues ya verás…”.
De repente, Scarlett escuchó un sonido parecido al clic de una navaja de bolsillo y contuvo la respiración.
Sin embargo, el hombre no quería cortarla, como ella pensaba, sino soltarle las cuerdas que le sujetaban las piernas.
No obstante, éste prosiguió y le zafó también las ataduras de las muñecas.
“Así está mucho mejor”, se dijo a sí mismo.
Scarlett permaneció inmóvil como una estatua, mientras aguardaba el momento preciso.
El hombre empezó a deslizar sus dedos debajo del top para luego acariciarle el estómago y subir hasta el sujetador del sostén.
En ese instante, ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no temblar, al sentir que él estaba introduciendo su desagradable mano áspera por debajo de la prenda íntima para apretarle los seños desnudos, rozando a la vez el pezón.
¡Qué c*g*da!
Estaba segura de que su intención era quitarle el sostén, pero no había podido desabrocharlo.
Por eso, él se dio rápido por vencido y decidió primero quitarle la cinta adhesiva de la boca y destaparle los ojos.
El corazón comenzó a latirle tan aceleradamente, que la chica pensó que se le iba a salir por la boca.
En ese momento, el sujeto se inclinó y le lamió la barbilla, llenándola un poco de saliva.
“Déjame probar estos labios carnosos antes de quitarte la ropa”, dijo él.
Scarlett cerró aún más los ojos, pensando en que no podía permitir que ese hombre la desnudara.
Debía hacer algo pronto para impedirlo.
Él la besó en la barbilla por última vez y después aprisionó sus labios entre los suyos, y ella sintió unas fuertes ganas de vomitar en la boca de aquel sujeto.
Fue el ósculo más brusco y repugnante que le habían dado en toda su vida, porque ese individuo había introducido la lengua en su boca, derrumbando la barrera dental e invadiendo toda la cavidad bucal.
¡Ya no podía soportar ni un minuto más!
Ella abrió los ojos y miró fijamente esa cara que estaba demasiado cerca para su gusto.
Luego, levantó una mano lentamente y acarició el cabello pelirrojo de aquel sujeto.
Al instante, éste emitió un sonido típico de evidente sorpresa, pero Scarlett lo agarró de una manera que sabía que le agradaría.
Acto seguido, hizo un gran esfuerzo para que su lengua jugueteara con la de él.
El hombre gimió de placer y era evidente que estaba tan relajado, que la chica sintió que se sonreía mientras la besaba.
Scarlett aguardó pacientemente hasta estar segura de que el hombre había bajado la guardia, y le mordió el labio inferior.
En ese momento, él pensó que se trataba de una caricia traviesa de la chica, pero nada más lejos de la realidad.
De repente, ella le mordió el labio con fuerza y él gritó como pudo.
Sin embargo, la chica no se detuvo hasta sentir el sabor de la sangre en la boca.
De no haber sido por la firmeza de los labios, se lo habría arrancado sin duda alguna.
El hombre logró zafarse y se arrastró hasta el otro extremo de la cama, gritando con fuerza y con la barbilla cubierta de sangre.
Sin embargo, Scarlett siguió adelante, y sin darle oportunidad de reaccionar, le dio un puñetazo en el ojo derecho y otro en la garganta.
“¡Mi*rda!”
Ella saltó rápidamente de la cama y abrió la puerta del dormitorio.
Aunque tenía los ojos desorbitados por el miedo, la adrenalina que recorría su cuerpo la ayudó a serenarse un poco para enfrentar lo que venía.
Sabía que no podía detenerse y en lugar de ello, detalló el lugar donde se encontraba.
Era una cabaña abandonada y llena de basura por todas partes, pero afortunadamente, no tardó mucho en encontrar la salida.
Cuando se disponía a salir, escuchó que el hombre venía detrás de ella mald*ci*ndo en voz baja.
Al abrir la puerta de la cabaña, se encontró de frente con Stan, quien estaba fumándose un cigarrillo.
Éste la miró asombrado como si hubiese visto un fantasma.
“¿Qué c*ar*jo está pasando aquí?”
Instintivamente, Scarlett agarró de inmediato el cigarrillo y se lo estripó en el ojo izquierdo.
Stan empezó a gritar más fuerte que su compañero y en vista del dolor tan intenso que sentía, se tropezó y cayó de espalda, cubriéndose un lado de la cara con la mano.
En ese preciso momento, ella aprovechó para correr hacia el bosque sin mirar atrás, a pesar de escuchar a uno de ellos que decía: “¡Esa p*rr* malvada, me quemó el p*t* ojo!”
“¡Vamos tras ella!
¡No podemos dejar que se escape!”
Scarlett iba corriendo lo más rápido que podía, con una sonrisa de loca dibujada en el rostro.
Sabía que ellos venían detrás de ella, pero con un poco de suerte, tal vez podría escurrírseles entre los robustos árboles del bosque.
Quizá alguien podría escuchar los gritos y m*ld*ciones de sus secuestradores, y acudir en su ayuda para rescatarla.
La chica se tropezó varias veces con rocas y enredaderas, pero no se detuvo ni un momento, ni siquiera cuando perdió uno de sus zapatos en plena huida, y tuvo que seguir corriendo en medias, mientras se iba clavando piedras afiladas en la planta de los pies.
Era casi imposible ver por dónde iba, porque era de noche y sólo la luz de la luna alumbraba el camino.
Los dos hombres que se iban acercando cada vez más le gritaban:
“¡Te voy a matar, p*rr*!
¡Reza para que no te atrape!”
Scarlett gemía, mientras las lágrimas recorrían su rostro, pero nunca se detuvo.
Le dolía todo el cuerpo, le ardían las piernas, y tenía heridas en los brazos, debido al impacto de las ramas afiladas de los árboles.
Sin embargo, independientemente del dolor que estaba experimentando,ella sabía que eso no era nada, en comparación con todo lo que le sucedería si esos delincuentes lograran alcanzarla.
Scarlett había dejado medio ciego a uno y al otro casi le había arrancado el labio.
Por ello, era evidente que si la volvían a agarrar, no sólo la vi*lar*an, sino que la torturarían hasta matarla.
Lo peor del caso era que ella estaba disminuyendo la velocidad y ellos venían cada vez más cerca.
Sin embargo, Scarlett aprovechó su contextura delgada y comenzó a saltar de un tronco a otro, para no tocar el suelo.
De hecho, parecía que iba volando pero no era suficiente, y eso la desesperaba cada vez más.
Se arriesgó a voltear y sintió un enorme vacío en el estómago, al ver a los dos hombres acercándose con un brillo fulminante en la mirada.
En ese pequeño descuido, Scarlett no vio el camino por dónde iba, y estrelló una de las piernas contra una roca enorme.
La chica gritó de dolor, pero lo peor estaba por venir.
No se percató de que estaba al borde de un precipicio, perdió el equilibrio y cayó cuesta abajo por el accidentado barranco.
Scarlett no tuvo ni tiempo de gritar, pues tenía la boca llena de llena de tierra y su cuerpo se iba estrellando contra rocas y troncos de madera, en una caída que parecía eterna, al menos hasta que chocó contra otra roca enorme y sintió como si el pecho le fuese a estallar en pedacitos.
La chica estaba mareada, casi inconsciente y quizá tenía fracturada una costilla.
La caída había sido muy grande y aunque sabía que los secuestradores no bajarían al fondo del barranco a buscarla, ella escuchaba sus voces en la distancia.
“¿Crees que deberíamos bajar allá?”, preguntó uno de ellos.
“J*d*r, no me parece.
Después de esa caída, seguro que está muerta”, dijo el otro.
“Yo no estoy tan seguro de eso…
Necesitamos…
¿Qué es eso?”
Scarlett gimió de dolor al tratar de levantar la cabeza para ver dónde estaba.
En ese instante, entre los frondosos árboles, ella percibió de las linternas y el eco distante de pasos y voces a los lejos.
“¿Quién c*r*jo es esa gente?”
“Mi*rd*…
Vámonos de aquí ahora mismo”.
“¿Pero, qué vamos a hacer con la chica?”
“Si aún no se ha muerto, pronto lo estará”.
“¿Y si estas personas la encuentran?”
“Claro que no… No la van a encontrar porque allá abajo los árboles son muy frondosos.
Es más, mejor nos vamos antes de que nos vean aquí.
Scarlett escuchó cuando se fueron, mientras las luces de las linternas seguían alumbrando desde lo lejos.
Sin embargo, no estaba segura si se estaban acercando o alejando de ella.
Por eso, trató de gritar para que la escucharan, pero sólo alcanzó a susurrar:
“A-ayuda…
Ayúdenme…”.
En ese momento, se percató de que había una piedra grande a un lado, la agarró y la lanzó contra un árbol para hacer ruido.
¿El sonido habría sido lo suficientemente alto como para llamar la atención de esas personas?
En realidad, anhelaba que sí.
Lo único que sabía era que otra vez había comenzado a perder poco a poco el conocimiento, y que cuando volviera en sí, estaría sana y salva o sería un cadáver.
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