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De repente, estoy casada - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Chapter 20 ¡Sana y salva!
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20: Chapter 20 ¡Sana y salva!

20: Chapter 20 ¡Sana y salva!

Afortunadamente para Scarlett, a la mañana siguiente se despertó en condiciones mucho más favorables.

Evidentemente, le dolía todo el cuerpo, pero al abrir los ojos se percató de que estaba en el hospital, en una suite lujosa y con un monitor al lado de la cama que sonaba a cada instante.

Al tratar de incorporarse, se quejó pero de inmediato sintió una mano cálida en el hombro.

Parpadeó y volteó a un lado, y lentamente se fue aclarando la imagen de una persona sentada junto a la cama.

De pronto, se percató de que era Ryke, el único bello rostro que deseaba ver en ese momento.

Jadeó una vez más al tratar de sentarse, pero él le apretó el hombro, como pidiéndole que se quedara tranquila.

Lucía cansado, pues tenía uno círculos oscuros alrededor de los ojos, pero aun así, le obsequió una sonrisa tranquilizadora que evidentemente la hizo relajarse un poco.

“…

Tuve el sueño más extraño de mi vida”, murmuró ella mirando sus pupilas plateadas.

“¿Sí?

¿Qué soñaste?

“Que me escondí en un bosque…

para protegerme de un peligro que me acechaba, pero que tú llegaste y me rescataste.

En realidad, no creo que haya sido un sueño porque tú me salvaste, ¿verdad?”
“Casi”, contestó él con tristeza.

Ryke vaciló, pero después levantó la mano para acariciarle el cabello.

Al sentir su contacto, ella se acercó más a él, porque le reconfortaba estar a su lado.

Aquel hombre le inspiraba seguridad, aunque no quería demostrárselo abiertamente.

En ese momento, la embargaba una sensación de rabia y tristeza a la vez.

“Tú te salvaste”, dijo él apretando los dientes y agregó: “Yo sencillamente llegué en el momento justo para llevarte al hospital”.

Su expresión se tornó rígida al recordar la noche anterior.

Cuando encontraron a Scarlett, él pensó que la había perdido para siempre, porque era casi imposible que aún estuviese con vida después de una caída como ésa.

Sin duda, ella había tenido mucha suerte.

Casi enloqueció cuando sus hombres le dijeron que el teléfono de Scarlett estaba ubicado a varias millas de la ciudad.

Ryke se percató al instante de que algo raro sucedía, porque ella no se habría ido tan lejos sin avisarle.

De inmediato giró instrucciones al equipo para que se trasladaran allá, y él se les unió un rato después.

En encontraron restos de la camioneta negra en el bosque y empezaron a inspeccionar el área.

Fácilmente podrían no haberla encontrado, porque Scarlett estaba escondida detrás de una roca y varios arbustos.

Sin embargo, ésta tuvo el reflejo de lanzar una piedra, y Ryke escuchó ese leve sonido en la distancia, y decidió seguir esa pista hasta hallar sobre el terreno mojado a una chica pálida y llena de moretones.

Él no podía expresar con palabras la ira que experimentó en ese momento, pero en realidad estaba enojado consigo mismo porque no había sabido protegerla.

“¿Cuán grave estoy?”, susurró Scarlett, tratando de que él le dijera algo.

“Bueno, el médico te examinó hace veinte minutos.

Sin embargo, lo más importante es que estás bien y que tuviste mucha suerte porque sigues con vida.

En realidad, fue una caída muy fuerte y te estrellaste contra una piedra, pero por fortuna, no tienes ninguna fractura.

Eso sí, te vas a sentir débil y adolorida por un tiempo, y te van a quedar unas cicatrices y algunos moretones que no son graves.

De verdad lo siento mucho”, dijo él.

“Bueno …Estoy muy feliz de seguir con vida.

Pero, ¿qué pasó con…

con esos hombres que me secuestraron?

¿Los atraparon?”
Ryke apretó los dientes de manera evidente y sacudió la cabeza con cierta tristeza.

“No.

Encontramos su escondite y el auto, pero ellos ya se habían ido”.

“Oh no.

No podían haber huido; no sin antes decir quién les pagó para que me secuestraran.

Le quemé un ojo a uno con un cigarrillo y al otro le mordí el labio, y creo que uno se llamaba Stan.

¿Acaso no pueden rastrearlos con esa información?”, dijo ella.

“Voy a contárselo a la policía y ya veremos.

De igual forma, ellos ya están trabajando en el caso, pero me temo que van a tardar algún tiempo en encontrarlos.

Ese bosque es muy grande y será muy difícil ubicarlos, si aún permanecen escondidos allá.

Además, tenemos razones de sobra para creer que se trata de delincuentes experimentados, que conocen bien esa zona.

No obstante, los vamos a atrapar; sólo debemos tener un poco de paciencia, porque no permitiremos que esto quede impune”, explicó él.

Scarlett sonrió con nerviosismo, consciente de que Ryke estaba diciendo todo eso con el ánimo de tranquilizarla.

Su actitud era totalmente diferente a la del prox*n*ta arrogante y grosero al que estaba acostumbrada.

Por supuesto, siempre supo que él tenía un lado bueno, pero ésta era la primera vez que se lo mostraba tan abiertamente.

Es más, casi arma un berrinche cuando él dejó de acariciarle el cabello y se puso de pie, porque ya estaba extrañando esa sensación de calidez que le generaba.

“¿A-a dónde vas?”, preguntó ella.

“Aquí mismo”, aclaró él y añadió: “Sólo voy a decirle al doctor que ya te despertaste.

No te preocupes por nada, ¿de acuerdo?

Ahora mejor descansa un poco porque lo necesitas, mientras yo me ocupo de todo”.

Scarlett asintió con la cabeza, aunque en el fondo no quería que se fuese.

Al verlo salir, suspiró mirando al techo porque ni siquiera se había atrevido a preguntarle lo más importante: ¿cómo la había encontrado en ese bosque tan grande?

¿Ese hombre era en realidad un ser humano de carne y hueso?

¿Por qué siempre estaba en el lugar y en el momento preciso para salvarla?

Ésa hubiese sido la primera pregunta que habría hecho cualquier persona normal, pero Scarlett se había resistido a hacerla.

En cierta forma, muy en el fondo, ella no quería indagar en el misterio que rodeaba a Ryke.

En realidad, necesitaba todo su apoyo y si comenzaba a hacerle tantas preguntas, quizá podría asustarlo.

Por ello, tal vez era mejor no darle importancia a ese tema por el momento.

Minutos después entró una enfermera con el desayuno.

Apenas ella vio el café, las tostadas con mantequilla, los huevos revueltos y el jugo de naranja, su estómago empezó a gruñir.

Evidentemente, Scarlett no había comido nada durante todo ese tiempo y se estaba muriendo de hambre.

La mujer la ayudó a sentarse y le colocó la bandeja enfrente.

“Recuerda que debes comer despacio”, le recordó.

Scarlett asintió, pero fue muy difícil seguir esa recomendación porque la comida estaba deliciosa y parecía derretírsele en la boca.

Sintió que había aspirado lo que había en la bandeja, ya que en menos de diez minutos había terminado de comer.

Cuando estaba tomándose el vaso de agua, uno de los médicos abrió la puerta sonriente.

Ella se sintió un poco decepcionada, al percatarse de que Ryke no venía con él, y se preguntó si éste se había ido.

“Buenos días, señorita.

¡Me alegra verla despierta!”, exclamó el médico.

“Buenos días…”, respondió ella.

El doctor se acercó y revisó los signos vitales.

Parecía satisfecho con los resultados, mientras hacía una notaciones en la libreta.

“¿Cómo te sientes?”, le preguntó.

“Estoy bien, sólo tengo un poco de dolor”, respondió Scarlett.

“Sí, eso es normal, tomando en cuenta la fuerte caída que tuviste.

Te voy a prescribir algunos analgésicos, pero también voy a mandarte unas pomadas para esas heridas profundas que tienes en los brazos y piernas.

Vas a colocártelas en la mañana y en la noche.

En realidad, tienes mucha suerte de tener ese novio, porque él se encargó de untártelas anoche”, prosiguió el doctor.

“Oh…

Umm, gracias”, dijo ella un poco sorprendida.

Tan pronto el médico salió de la habitación, Scarlett examinó sus brazos y miró sus piernas debajo de las sábanas.

Era cierto lo que le había dicho el doctor porque tenía cortaduras en carne viva, que por fortuna no le molestaban mucho, pero que debían curarse todos los días.

Al levantarse la bata, notó que las heridas llegaban hasta los muslos.

En ese momento, pensó que quizá tenía tantas cortaduras porque al momento del accidente llevaba puesta una falda corta.

Al verse las piernas, se puso roja de la rabia, pues cayó en cuenta de que Ryke la había visto desnuda cuando le aplicó la pomada.

Claro, ellos ya habían tenido s*x*, pero ella no se acordaba de eso, pero aún se sentía extraña ante la idea de que la hubiese tocado…

Como si sus mentes estuvieran conectadas, Ryke tocó la puerta y entró a la habitación en ese mismo instante.

Traía unas pomadas en la mano, que quizá le había dado el médico.

Apenas atravesó la puerta, él notó que ella estaba sonrojada e incómoda, y por ello le preguntó con el ceño fruncido:
“¿Te sientes bien?”
Ella asintió con la cabeza, con los labios bien apretados.

Ryke se acercó y colocó todas las cosas sobre la mesita de noche, y luego comenzó a abrirlas mientras decía:
“El médico me pidió que te pusiera estas pomadas otra vez en las heridas.

Anoche te las unté y es evidente que has mejorado bastante, porque no están tan feas como ayer.

¿Podrías levantar un poco la sábana?”
“Umm…”, expresó ella con cierta duda.

Las diminutas manos de Scarlett se aferraron con más fuerza aún al cobertor, mientras lo miraba con evidente incomodidad.

Ryke le volteó los ojos y le preguntó exasperado:
“¿Y ahora qué te pasa?”
“N-nada, sólo que..… ¿Por qué el médico no viene a colocarme las pomadas en lugar de ti?”, preguntó ella.

“¿El médico?”, replicó él sin entender la pregunta.

Luego empezó a reírse, mostrando otra vez esos profundos hoyuelos que tenía en las mejillas y su dentadura perfecta.

Después le preguntó:
“¿Te da pena conmigo?

¿Crees que voy a fijarme en tu cuerpo desnudo en este momento?”
“¡Uf, no!

Sólo que…”, balbuceó ella.

“Le dije al médico que yo te pondría las pomadas, porque pensé que no querías que una persona extraña te tocara.

Sé que básicamente no nos conocemos mucho, pero ya hemos vivido ciertas cosas juntos y supuse que eso debería tener algún peso en este momento.

Además, no soy un pervertido que va a babearse al ver tu cuerpo, si eso es lo que te preocupa”, explicó él.

Scarlett no parecía estar muy segura y, por ende, Ryke dijo suspirando:
“Está bien, voy a llamar al médico para pedirle que te unte las pomadas, si así te sientes más tranquila”.

Él se volteó y cuando estaba a punto de salir de la habitación, Scarlett dudó por un instante.

Sabía que Ryke tenía razón en algo, ya que no quería que un extraño la tocara, incluso si era un profesional.

En realidad, prefería que él lo hiciera y por eso, cuando él se aprestaba a retirarse, le dijo:
“N-no te vayas…

H-hazlo tú, por favor”.

Como él le estaba dando la espalda, ella no pudo ver la pequeña sonrisa que se dibujó en el rostro de Ryke, al escuchar esas palabras.

Por supuesto, disimuló, se volteó con la cara seria y asintió.

Acto seguido, Scarlett de puso a un lado la sábana, y dejó al descubierto sus piernas y brazos llenos de heridas.

Ninguno de los dos emitió sonido alguno, mientras él le aplicaba las pomadas con pequeños trozos de algodón.

Scarlett lo miraba en silencio, mordiendo su labio inferior, y él parecía todo un profesional de la materia, que habría pasado por médico si hubiese tenido puesta una bata blanca en ese momento.

No se parecía en nada al gigoló que en realidad era.

Él se sentó en el borde de la cama y comenzó a untar la pomada en la parte inferior del cuerpo.

Scarlett respiró profundo cuando Ryke le agarró una de las piernas con fuerza y delicadeza a la vez, y la puso sobre las suyas.

Luego, se inclinó y comenzó a aplicar el ungüento.

Estaba tan cerca, que Scarlett sentía su aliento sobre la piel desnuda.

El medicamento estaba frío y ella sintió un ardor en las heridas, pero decidió concentrarse en la manera cómo él la estaba tocando y en su presencia reconfortante.

No había ni la más remota pizca de placer en lo que él estaba haciendo.

A decir verdad,  ella se sentía segura a su lado, aun cuando se estaba acercando a la parte superior de las piernas, y los dedos de aquel hombre parecían danzar sobre esa piel tan sensible.

En un instante, él terminó de untarle las piernas y los brazos y ella creyó que eso era todo.

Sin embargo, de repente él hizo el amago de desabrocharle el botón de la parte superior del vestido, y Scarlett frunció el ceño.

No obstante, no se estremeció cuando la tocó y sólo se limitó a ver cómo iba desabotonando lentamente la prenda dejar al descubierto el área justo encima de los senos.

En ese momento, cayó en cuenta de que también tenía unas heridas en esa zona.

“Esos árboles me cortaron por todas partes, ¿verdad?”, dijo ella sonriente.

La sutil sonrisa de Ryke le provocó una ligera sensación de calidez en su interior.

Él se había acercado aún más a su pecho, a fin de ver mejor las heridas.

Scarlett percibió por completo el olor a cigarrillo y a colonia costosa que emanaba de aquel cuerpo varonil.

En ese instante, empezó a sentir mariposas revoloteándole en el estómago, mientras un mechón negro le rozaba la cara, crispándole los dedos por el deseo de colocarlo nuevamente en su lugar, pero le dio mucha pena hacerlo.

Al observar la mano de Ryke frotándole la pomada en el pecho, no pudo evitar pensar que sus senos cabrían perfectamente en esas enormes manos, y…

¡Mi*rd*!

‘¿En qué di*bl*s estoy pensando?’
“¡Listo!”, exclamó Ryke un poco después, y Scarlett parpadeó muerta de vergüenza, por lo que le había pasado por la cabeza.

“Gracias”, respondió.

Después, ella empezó a abrocharse nuevamente el vestido, y Ryke se puso de pie, mientras cerraba los tarros de pomadas.

“Ves que no estuvo tan mal, ¿verdad?”, le dijo él mucho más tranquilo.

“No, para nada.

De verdad, muchas gracias.

En realidad, creo que no he sido lo  suficientemente agradecida contigo”, aclaró ella.

“No digas eso por favor.

Sólo deseo que te mejores pronto…

Ahora, debo irme pero regresaré en la tarde, ¿está bien?

Te voy a traer algo sabroso de comer porque sé que la comida del hospital es una mi*rd*”, prometió él.

Scarlett sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos, pero no quería que él la viera así.

Por ello, fingió que estaba muy cansada y se acostó en la cama, dándole la espalda.

“Es…está bien, nos vemos un un rato”.

Ryke no se fue de inmediato.

De hecho, ella sintió que la miró durante un rato sin decir nada, y luego escuchó que se apartó de la cama,  abrió la puerta y salió de la habitación, dejándola sola y en silencio para que pudiera llorar a sus anchas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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