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De repente, estoy casada - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Chapter 21 ¡Travesura cumplida!
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21: Chapter 21 ¡Travesura cumplida!

21: Chapter 21 ¡Travesura cumplida!

Megan le trajo una sopa a su madre, quien ya tenía dos días hospitalizada, a pesar de que sus heridas no eran graves.

Los médicos y enfermeras estaban desesperados, pero no se atrevían a darle el alta, ya que estaba en una habitación VIP, y había pagado correctamente los gastos.

Cuando entró a la habitación, Megan se sorprendió al ver a su madre con una sonrisa de oreja a oreja, pues se veía demasiado contenta, para ser una persona que siempre se había quejado de la comida de los hospitales y de lo aburrido que era estar ahí.

Le colocó la bandeja al frente y le dijo: “Te traje un poco de sopa, mamá.

Pero ¿a qué se debe esa sonrisa?”
Joyce le sujetó la mano y le pidió que se sentara, y Megan se acomodó obedientemente a un lado de la cama que estaba vacío.

“Acabo de recibir una llamada”, susurró la madre.

“¿Una llamada?

¿Sobre qué o quién?”
“¡De Scarlett, por supuesto!”
El corazón de Megan brincó de angustia:
“¿Qué…

qué le pasó?”
“El trabajo fue todo un éxito.

¡Scarlett ya es un cadáver!”
La chica se llevó la mano automáticamente al cuello y forzó una sonrisa, pero estaba blanca como una hoja de papel.

Aunque eso no quería decir que no estuviera de acuerdo con la desaparición de Scarlett, ahora que era un hecho, sintió un extraño escalofrío en todo el cuerpo.

Lo peor de todo era que su madre era la autora intelectual del asesinato y ella la cómplice.

“Pensé que ibas a estar dando brincos de alegría”, dijo Joyce.

Megan ahuyentó esos escalofríos y malos augurios de su mente, y le regaló una gran sonrisa.

“Lo siento, mami… Me impactó la noticia porque aún no puedo creer que nos hayamos librado de Scarlett.

¿Quiere decir que ya no tendremos que preocuparnos nunca más por ella?”
“Sí cariño.

Ya todo acabó y ahora nada se interpondrá entre la fortuna de la familia Devins y nosotras”.

Madre e hija intercambiaron miradas y sonrisas de maldad, y en ese instante, Megan sintió que se disipaba su angustia.

¿Acaso éste no había sido su gran anhelo toda la vida?

“Ya te ayudé a deshacerte de tu enemigo.

Ahora el resto depende de ti.

Debes ganarte a tu papá y convertirte en su hija predilecta.

No será muy difícil porque no tienes competencia.

Además, sabes muy bien lo que no debes hacer, es decir, ser testaruda con él.

Por el contrario, debes obedecerlo en todo, ¿entendiste?”, sentenció Joyce entre una y otra cucharada de sopa.

“Sí, claro.

Nunca seré tozuda como Scarlett.

Sólo espera y verás que seré la hija perfecta.”
“Está bien, confío en ti”.

La madre tomó otra cucharada de sopa y se humedeció los labios, mientras Megan la veía disfrutar de su comida.

Sin embargo, la chica sintió que la sensación de angustia había comenzado a invadir otra vez su corazón lentamente.

“Mamá…?”, susurró ella.

“¿Sí?”
“¿Estás totalmente segura de que Scarlett está muerta y de que no habrá complicaciones?”
Megan nunca escuchó la confirmación que esperaba, porque apenas su madre abrió la boca, ambas oyeron el ruido de la puerta.

Al instante, apareció el Sr.

Devins y ellas guardaron silencio.

Al observar el rostro serio del hombre se preguntaron para sí mismas si él ya estaba al tanto de la muerte de Scarlett, porque no había vuelto a visitarlas al hospital desde el día del incidente.

El Sr.

Devins caminó lentamente hacia la cama donde ambas estaban sentadas.

“Buen día”, les dijo en voz baja.

“¡Oh!”, exclamó Joyce mostrando cierta molestia, y añadió: “Cariño, ¿al fin te acordaste de que yo existo?

Tengo dos días hospitalizada y ni siquiera te has molestado en ver si aún estoy viva”.

El hombre permaneció callado un rato.

Luego entrecerró los ojos y fijó la mirada en el rostro de Joyce, hasta el punto de hacerla sentir un poco nerviosa, y luego se disculpó:
“Lo siento…

En realidad, he tenido mucho trabajo en la empresa”.

Sin embargo, Megan no estaba del todo convencida, porque su padre se veía cansado, ojeroso y con la frente sudorosa.

Para ella, parecía agotado y preocupado a la vez.

“¿Papá, te sientes bien?”, preguntó la chica con el ceño fruncido.

El hombre asintió con la cabeza, pero no lucía convincente.

Luego, se sentó en el sofá que estaba frente a la cama y se puso la mano sobre el regazo.

Tenía los labios herméticamente cerrados, los cuales habían adquirido un tono grisáceo muy parecido a la ceniza.

“¿Saben dónde está Scarlett en este momento?”, preguntó él de repente.

Megan cruzó una mirada de asombro con su madre, pues les parecía insólito que ya estuviese preocupado por Scarlett.

Sólo habían transcurrido 72 horas desde que ella se había ido, y en vista de la forma cómo se habían separado, él debería haber estado disgustado con ella, por lo menos una semana.

“No sé”, respondió Megan apretando los diente y añadió: “¿Por qué, ya la estás echado de menos?”
El hombre se chupó los dientes, visiblemente disgustado.

En ese momento, la chica sintió la mano de su mamá sobre la suya, como diciéndole que no dijera nada más, y tomando su lugar, Joyce preguntó:
“¿Qué pasó, cariño?

¿Le sucedió algo a Scarlett?

El Sr.

Devins se encogió de hombros y tenía los puños sobre el regazo.

“No sé”, dijo suspirando, y agregó: “La mucama me dijo que ese día había ido a la casa para llevarse todas sus cosas, pero no se molestó en llamarme o dejarme una nota.

Incluso yo intenté comunicarme con ella, pero ni siquiera contestó la muy estúpida.

Me pregunto en dónde estará viviendo o si le habrá ocurrido algo”.

Megan estaba literalmente temblando de envidia.

No soportaba ver a su padre preocupado y desesperado por saber de Scarlett.

Una vez más, la dura realidad le golpeaba en la cara, porque a su progenitor sólo le importaba su otra hija.

Nunca antes lo había visto tan desconsolado, como si estuviera a punto de romper en llanto.

Se preguntó cuál sería su reacción cuando se enterara de que su preciosa hija estaba muerta.

Quizá esa noticia iba a acabar con su vida.

“No creo que debas preocuparte tanto por eso, cariño”, afirmó la madre de Megan con dulzura, y añadió: “Scarlett ya es una mujer de veinte años, y estoy segura de que sabrá cuidarse muy bien durante un rato.

Es más, vendrá corriendo a buscarte cuando necesite dinero, porque no puede estar lejos de ti por mucho tiempo”.

Megan recordó que el asesinato de Scarlett aparecería como un suicidio, y para hacerlo más creíble, debía recordarle a su padre todo lo que su media hermana había sufrido durante los últimos días.

Sin embargo, para ella lo más importante era hacerlo sentir culpable de esa muerte.

“¿Sabes una cosa…?

Me parece normal porque entiendo la reacción de Scarlett.

No sólo le suspendiste las tarjetas, sino que le dijiste que ya no era tu hija, cortaste toda relación con ella e incluso la abofeteaste, papá.

Por supuesto que se iba a ir de la casa, porque ella es muy orgullosa.

Además, creo que últimamente la ha estado pasando muy mal, especialmente después de haberse enterado de que tenías otra familia y todo lo demás.

En este momento, debe sentirse traicionada, pero dale unos días, papi, porque estoy segura de que regresará”, dijo Megan.

Parecía que las palabras de la chica habían surtido efecto, porque al instante vio la expresión de culpa y arrepentimiento reflejada en el rostro de aquel hombre, por haberle dado la espalda a su hija predilecta.

Acto seguido, se levantó de la cama, se sentó a su lado y le dijo tomándolo de las manos:
“No te preocupes, te voy a ayudar a encontrarla”.

“¿Encontrarla?”, repitió él y agregó: “¡Uf, ni siquiera te molestes!

Si ella es testaruda, debería saber que yo lo soy mucho más que ella”.

“No papá.

Sé que estás molesto, pero estoy segura de que no estás hablando en serio.

Yo voy a buscar a Scarlett por mi lado y te aviso tan pronto sepa algo, ¿de acuerdo?”
“UMM…”
El Sr.

Devins miró a Megan, le acarició suavemente la mejilla y le dijo:
“Gracias princesa”.

Megan sonrió contenta, y su padre se quedó un rato más antes de irse otra vez a la empresa.

Tan pronto salió, madre e hija comenzaron a reír de felicidad, al ver todo el caos que estaban causando a su alrededor.

“¿Le viste la cara?”, preguntó Joyce con los ojos llenos de lágrimas de alegría.

“Enc*br*damente molesto…

Como si Scarlett fuese la única persona que existiera en este mundo”.

“Bueno, así aprenderá la lección de una vez por todas.

Cuando se entere de la muerte de su hija, sólo podrá culparse a sí mismo”.

“¡Exactamente!”
Megan sonrió porque definitivamente se había contagiado de la confianza que irradiaba su mamá.

En realidad, la chica estaba muy feliz porque Scarlett ya no sería un obstáculo en su vida.

No obstante, muy dentro de sí, seguía experimentando ganas de vomitar.

De alguna manera, sentía algo extraño, pero no podía explicar exactamente qué era.

Esperaba que sólo estuviese paranoica, y que no sucediera nada que pudiera revertirse en su contra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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