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De repente, estoy casada - Capítulo 22

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22: Chapter 22 ¡Nos está siguiendo!

22: Chapter 22 ¡Nos está siguiendo!

Después de pasar tres días hospitalizada, finalmente le dieron de alta a Scarlett.

Los médicos revisaron sus signos vitales y constataron que ya estaba recuperada.

Asimismo, las pomadas que Ryke le había aplicado en la mañana y en la noche eran muy efectivas, porque las heridas estaban prácticamente curadas.

El único problema era que aún sentía dolor, aunque no tenía ninguna fractura.

Una enfermera la ayudó a ponerse un mono deportivo y una sudadera sin mangas que Ryke le había traído de la casa.

Sin embargo, cada vez que se movía, Scarlett apenas podía contener los gritos y cuando terminó de vestirse, tenía los ojos llenos de lágrimas.

Luego, se sentó en el borde la cama y se tomó el analgésico que la mujer le dio.

Cuando estaba tomándose el agua para bajar el calmante, Ryke entró a la habitación, vistiendo una playera que dibujaba perfectamente sus bíceps.

Era la primera vez que no lo veía en traje, es decir, desde aquel día en que despertó a su lado sin camisa, por supuesto.

Independientemente de si se percató o no de que ella estaba sonrojada, él no dijo ni una sola palabra.

Sencillamente la saludó y se dedicó a firmar unos documentos que le había entregado el médico.

“¿Estás lista para irnos?”, le preguntó al rato, con la mirada clavada en los documentos.

“Sí”, respondió Scarlett en voz baja.

Quería disculparse y agradecerle todo lo que estaba haciendo por ella, pues sentía que se había convertido en una carga para él.

Aunque la clínica quedaba en las afueras de la ciudad de Nueva York, Ryke siempre encontraba tiempo para ir a verla dos veces al día.

Además de eso, estaba pagando todos los gastos médicos, le había untado las pomadas en las heridas y se había asegurado de que comiera adecuadamente…

Tenía que agradecerle tantas cosas, pero en realidad no sabía cómo hacérselo entender, pues tenía mucho miedo de enredarse toda, al momento de darle las gracias.

Ryke terminó de firmar los documentos y los colocó sobre la mesita de noche.

Estaba lo suficientemente cerca de Scarlett como para que ella percibiera su reconfortante fragancia.

En realidad, estaba preocupada por la manera como ya dependía de él, pues se había vuelto adicta hasta al olor de su piel.

“Ven acá”, le dijo él.

Luego la tomó suavemente por ambas manos para ayudarla a levantarse.

Scarlett apretó los dientes para tratar de ahogar los gemidos de dolor, pero ese hombre parecía entender a la perfección cómo se sentía ella.

Tan pronto se puso de pie, la agarró por la cintura y acercó su cuerpecito al suyo, de manera que se apoyara completamente en él para caminar, y minimizar un poco la presión sobre las piernas.

“Gracias caballero”, dijo ella sonriente.

Ryke aceptó sus palabras de agradecimiento y la ayudó a llegar a la puerta.

Ella no se quejó de dolor ni un momento porque iban caminando poco a poco y con cuidado.

Lo miró con tanta admiración, que su única esperanza era haber sido lo suficientemente discreta, mientras se preguntaba qué había hecho para que la trataran de esa manera tan especial.

Se despidieron de las enfermeras y de los médicos con quienes se encontraron al salir, y tan pronto experimentó el aire fresco del verano, Scarlett respiró profundamente y esbozó una sonrisa.

Sentía que esos tres días de hospitalización habían sido eternos porque extrañaba todo lo que tenía al frente.

Al voltear a los lados, observó la entrada del bosque que estaba a unos cuantos metros del estacionamiento de la clínica.

Todo ese buen humor se esfumó en un instante, al recordar el secuestro y cómo había logrado escapar afortunadamente.

Al pensar que pudo haber muerto en ese momento, un escalofrío recorrió su cuerpo, pues ella habría sido un asesinato más en un bosque oscuro, y quizá otra investigación sin resolver..

“Ey”, dijo Ryke sacándola de sus pensamientos, y luego le preguntó: “¿Te sientes bien?”
“¿Qué?

Ah sí.

Sí, estoy bien.

Disculpa…”, contestó ella.

Ryke volteó hacia dónde ella estaba mirando y observó con detenimiento el bosque, pero sólo vio unos árboles enormes.

Acto seguido, le apretó un poco la cintura para tranquilizarla, y siguieron caminando hacia el auto.

Scarlett le volteó los ojos al ver que tenía otro automóvil: una Range Rover color oscuro.

“Por favor”, dijo ella sarcásticamente y añadió: “Deja de restregarme en cara que tienes amigas ricas que te prestan sus autos lujosos, ¿de acuerdo?

No puedes seguir cambiando de automóvil cada rato; ¡tienes que parar!”
“¿Estás celosa?”, dijo él burlándose de ella.

Scarlett le volteó de nuevo los ojos, pero esta vez con una sonrisa.

Acto seguido, Ryke le abrió la puerta del lado del copiloto y la ayudó a subir.

Después colocó su bolso y las medicinas en el asiento de atrás, y se sentó frente al volante.

Ella se puso el cinturón de seguridad y suspiró feliz, porque finalmente se iba a casa.., sin importarle incluso que no era un verdadero hogar.

En ese momento, se preguntó si su padre se habría enterado de su secuestro.

Quizá no lo sabía e incluso se dijo que no le sorprendería que ni siquiera se hubiese acordado de ella, ya que seguramente se estaba divirtiendo con su nueva familia, ¡la misma que había planeado asesinarla!

Scarlett frunció los labios de inmediato, porque se enfurecía con sólo pensar en Megan y su madre.

Sin embargo, esta vez no permitiría que se salieran con la suya.

“Sr….

¿Hay alguna pista sobre los secuestradores?”, le preguntó a Ryke.

“Todavía no, pero la policía está trabajando en eso”, respondió él.

Scarlett asintió con la cabeza y no dijo nada.

Salieron del estacionamiento en la Range Rover y tomaron la carretera que bordeaba el bosque.

Según el GPS, se encontraban a una hora de Soho.

Reinaba un silencio agradable, pero Ryke estiró la mano y encendió la radio.

Al instante se escuchó una vieja canción de la década de los sesenta: “Sentirse bien” de Nina Simone.

Scarlett abrió los ojos sorprendida al verlo seguir el ritmo de la canción, golpeando los dedos contra el volante, y moviendo la cabeza al son de la música.

De repente, la voz grave de Ryke retumbó en el auto, uniéndose a la de la cantante.

“…

La brisa pegándome en la cara,  ya sabes cómo me siento…

Es un nuevo amanecer; es un nuevo día y una nueva vida para mí, y me siento bien…

Me siento bien…”
Scarlett se sorprendió por muchas razones.

Primero, no sabía que a él le gustaran las canciones viejas, y luego nunca había visto a nadie con esa extraña sonrisa, que era una mezcla de nostalgia, alegría y despreocupación y que lo hacía ver aún más atractivo.

Parecía un ángel cuando sonreía.

Es más, esa expresión tan sutil en su rostro era sumamente atractiva.

Aunque no podía verse la cara, Scarlett sabía que estaba roja como un tomate.

Sentía la garganta tensa y el corazón desbocado como si fuese a salírsele por la boca.

Le parecía muy familiar esa cálida sensación que recorría todo su cuerpo.

Siempre había sido una chica de nobles sentimientos que se enamoraba con facilidad.

Sin duda, en ese momento, le estaba sucediendo lo mismo.

Este estúpido prox*n*ta se le había ido colando hasta la médula de los huesos, pero a ella no le agradaba para nada esa situación.

Cuando Ryke la miró, ella volteó rápidamente hacia la ventanilla para esquivarlo.

Al parecer, él no se había percatado de la avalancha de emociones que tenía dentro, porque siguió cantando despreocupadamente.

Scarlett se puso una mano justo en el corazón, tratando de serenarse, y se dijo a sí misma que no existía la menor posibilidad de que le gustara ese hombre.

Él pasaba cada noche complaciendo mujeres y era un casanova que sabía cómo seducir y romperle el corazón a la gente.

No lo permitiría, porque ya había tenido demasiadas decepciones amorosas en la vida, y no iba causarse ese daño.

Mientras veía por la ventanilla, de repente se dio cuenta de que venían dos camionetas negras justo detrás de ellos.

Por un momento, pensó que era una mera coincidencia, y que en realidad no los estaban siguiendo.

Sin embargo, empezó a preocuparse cuando cruzaron en los mismos lugares y emularon la velocidad a la que iba la Range Rover.

En ese instante, casi se le paralizó el corazón, pero no a causa de Ryke, sino por lo aterrada que estaba.

“Caballero…”, susurró ella.

“¿Sí?”, respondió él.

Ryke notó la expresión de terror en el rostro de Scarlett y al instante bajó el volumen de la radio.

“¿Qué pasa?”, preguntó de nuevo.

“Creo…

creo que esas camionetas nos están siguiendo”, siseó ella y le explicó: “Esas camionetas negras que vienen detrás de nosotros”.

Ryke miró por el espejo retrovisor y se relajó de inmediato.

Por supuesto, esas camionetas eran los guardaespaldas que lo acompañaban a todas partes, especialmente ahora que alguien había intentado asesinar a Scarlett.

No obstante, nunca pensó que ella se daría cuenta de ello.

Ryke se rió para sus adentros, preguntándose por qué Scarlett se mostraba tan perspicaz en esa ocasión, sin ninguna necesidad, pero en momentos realmente cruciales, actuaba como una chica cabeza hueca.

Ella se percató de la expresión divertida en la cara de él, y volvió a enojarse.

“¿De qué te ríes?

Te estoy diciendo que nos están siguiendo.

Debemos llamar ya a la policía”.

Ryke no pudo contenerse más y estalló en carcajadas, provocando la mirada iracunda de Scarlett, a quien no le parecía nada divertida la situación.

Acto seguido, él le explicó lo que sucedía:
“No te preocupes.

Son mis guardaespaldas que nos están escoltando”.

“¿Guardaespaldas?”, preguntó ella.

“Sí porque en el medio donde yo me gano la vida, es necesario estar protegido en todo momento”, explicó él.

“¡Oh!”, exclamó ella sorprendida.

Scarlett fue relajando poco a poco los hombros, a medida que iba perdiendo el miedo.

Las palabras de Ryke tenían sentido después de todo, porque ser un gigoló significaba exponerse a personas extrañas, y en vista de lo bien que le iba, muy podría pagarse unos guardaespaldas, verdad?

De todas formas, ella se sintió mucho más segura durante el resto del trayecto a Nueva York.

En un abrir y cerrar de ojos, llegaron al departamento en Soho, y Scarlett estaba súper emocionada de poder verlo con sus propios.

En realidad, la última vez que salió por esa puerta, nunca pensó que le sucederían tantas cosas.

Scarlett siguió a Ryke hasta la sala de estar, donde él le devolvió todas sus pertenencias, inclusive el celular que se había quedado en el auto de los secuestradores.

Tan pronto lo encendió, comenzó a sonar y apareció el nombre de Megan en pantalla.

“¿Para qué me estará llamando esta p*rr*?”, se preguntó Scarlett.

Ryke alcanzó a escuchar y frunció el ceño.

“¿Era tu media hermana?”, preguntó él.

Scarlett asintió bruscamente con la cabeza.

“¿No le vas a responder?”, volvió él a preguntar.

“J*d*r, claro que no”, afirmó ella.

“¡Ésa es chica!”, dijo él con orgullo.

El teléfono siguió sonando, pero dejaron de insistir al rato.

“Creo que ella fue quien planeó mi secuestro con la ayuda de su madre”, le confesó ella a Ryke.

“Sí, me lo supuse”, admitió él
“…Tenías razón.

En realidad, ellas no tienen intenciones de dejarme en paz.

Por eso, tengo que enfrentarlas pero no creo que pueda hacerlo sola”.

“Tú no estás sola porque yo te voy a ayudar”, se ofreció él.

Scarlett sonrió y su teléfono vibró, indicando que Megan le había enviado un mensaje de voz.

De inmediato, lo puso en el altavoz: “Scar, ¿por qué no contestas mis llamadas?

Papá está muy preocupado por ti.

Por favor, llámame apenas escuches este mensaje, o al menos llámalo a él”.

Su voz denotaba preocupación, pero Scarlett la conocía bien y sabía que era otro de sus ardides.

Ryke parecía estar de acuerdo con ella porque respondió:
“Ella únicamente quiere confundirte.

Quizá sólo desea comprobar si aún estás viva”.

“Así es”.

“No deberías devolverle la llamada, ¿no crees?

No te comuniques ni con ella ni con tu papá.

Primero tenemos que trazar un plan”, sugirió él.

Scarlett asintió de nuevo, porque de ahora en adelante, pensaba confiar ciegamente en lo que Ryke le dijera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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