De repente, estoy casada - Capítulo 27
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27: Chapter 27 Solo es sexo 27: Chapter 27 Solo es sexo “No debes hacer promesas que no puedas cumplir”, dijo Ryke.
Scarlett rio entre dientes y sin dificultad lo empujó para quitarlo de su camino.
Intentó salir de la cocina, pero pronto el brazo de Ryke estaba enroscado alrededor de su cintura.
La inmovilizó contra el mostrador de la cocina, impidiéndole irse.
Ryke se sentía confundido.
Por lo general, las mujeres venían corriendo a caer en su regazo sin demasiado esfuerzo de su parte.
Pero nunca antes había tenido que tratar con alguien como Scarlett.
A pesar de que ella le había prometido que se acostaría con él, todavía la veía como algo inalcanzable, un premio que requeriría trabajo duro de su parte.
“¿Quién dijo que no puedo cumplir con mis promesas?”, replicó ella, inclinando su cabeza hacia un lado.
“Te conozco…” respondió Ryke.
“Nunca antes has estado con un hombre.
O estás delirando al pensar que puedes manejar el sexo conmigo, o estás tratando de jugarme una mala pasada.
Sin embargo, en ambos casos terminarás perdiendo.”
Scarlett soltó una carcajada:
“Hmm… O tal vez solo sea que usted tiene demasiada confianza en sí mismo, señor.
No me subestimes, ¿quieres?
Tú no me conoces y no sabes lo que puedo manejar o no.
El sexo no será gran cosa.
Ya lo hice una vez, ¿o no?
Es.
Solo.
Sexo.”
Ahora el turno de reír era para Ryke.
Así que Scarlett no solo parecía tener una respuesta para todo, sino que tampoco se dejaba intimidar.
“Bien”, respondió él, encogiéndose de hombros.
Ryke la sujetó por la barbilla e intentó robarle un beso.
Scarlett se lo impidió.
Ella giró su cabeza justo a tiempo para apartar su boca, de modo que los labios de él apenas lograron rozar su pómulo.
El hombre frunció el ceño con un poco de frustración.
“¿Qué haces?”, preguntó Ryke.
“Pensé que tú y yo teníamos un trato.”
“¿Te parezco estúpida?
No vas a tocarme en este momento.”
Ella lo empujó de nuevo, pero esta vez Ryke apenas si dio un paso atrás.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho y con una pretenciosa sonrisa en su rostro le dijo:
“Eso solo sucederá cuando me traigas la tarjeta de invitación.”
“¿Qué pasa?
¿Acaso no confías en mí?”, se burló Ryke.
“Bueno… Nada me garantiza que realmente vayas a conseguirlo.
¿No crees que me vería tonta si me engañaras?
Pues no, señor.
No vas a j*derme a menos que cumplas con tu parte del trato.”
“Hmm…”
Ryke la miró entrecerrando los ojos, pero no pudo disimular su sonrisa.
Después de todo, Scarlett podía ser inteligente.
Él levantó las manos, asintiendo, para demostrarle que se rendía.
“Muy bien.
Buen punto.
Me resulta un poco divertido que no confíes en mí a pesar de que vives en mi casa y que tu existencia literalmente depende de mí.
Pero está bien… Te lo concedo.
Pero será mejor que no te hagas la difícil de encontrar cuando te necesite más adelante.”
Scarlett se encogió de hombros y salió de la cocina.
Sus piernas aún temblaban un poco.
La tensión entre ella y Ryker era palpable todavía en la atmósfera.
Incluso mientras se dirigía hacia su habitación podía seguir sintiendo sus ojos sobre ella.
Su mirada la siguió a lo largo de todo el pasillo, aunque él permaneció de pie junto a la puerta de la cocina.
Justo antes de entrar a su habitación, Scarlett se dio la vuelta y sus ojos se encontraron de nuevo con los de él, sintiendo de inmediato una oleada de electricidad recorriendo su cuerpo.
Él la miraba como si ella fuera la única mujer en la tierra.
Nunca nadie le había prestado ese tipo de atención antes.
“¿Puedo preguntarte algo?”, dijo ella.
Él se limitó a asentir.
“¿Por qué te interesa tanto acostarte conmigo?
Quiero decir… Eres guapo y muy rico.
Deberías ser capaz de conseguir a las mujeres más hermosas de este planeta.
Además, como acompañante masculino…”
Scarlett se apresuró a detenerse.
De alguna manera, Ryke se enojaba siempre que ella mencionaba su profesión.
¿Sería posible que se avergonzara de ello?
Sin embargo, esta vez se limitó a poner los ojos en blanco y le restó importancia a sus palabras.
“Lo lamento…”, se disculpó ella.
“Te conseguiré la invitación”, dijo él, con resolución.
“Pero será mejor que recuerdes tu promesa, Scarlett Devins.
Sin intentas jugar conmigo, sufrirás las consecuencias.”
“Pero… ¿Cómo es que sabes mi nombre?”
“Sé todo sobre ti.”
A Scarlett, esta última declaración de pareció a la vez aterradora y reconfortante.
Ryke se dio la vuelta y se marchó del apartamento tras recuperar su teléfono móvil de la sala de estar.
Scarlett estaba sola una vez más.
Ya se había duchado, pero se sentía tan húmeda y caliente que tuvo que tomar otra ducha.
Las imágenes de lo que había sucedido momentos antes se repitieron en su mente: El cálido aliento de Ryke en su piel, sus ojos clavándose en ella con lujuria, la propia reacción de su cuerpo… Maldición.
Era difícil de resistir, pero… ¿Estaba lista para tener sexo con él?
Scarlett no permaneció virgen durante tanto tiempo sin una razón.
Lo cierto es que tenía miedo de encariñarse con alguien.
Acostarte con un hombre definitivamente traería consigo ciertas ataduras, especialmente para alguien tan irremediablemente romántica como ella.
Era la razón por la cual había decidido que tendría sexo únicamente con el amor de su vida.
Y, sin embargo, estaba allí, fantaseando con un acompañante masculino.
Ryke era la definición exacta de todo lo que ella temía.
Sin dudarlo se enamoraría de él si llegaran a compartir un momento de semejante intimidad; aunque para él, sin duda, solo sería un encuentro sexual más, sin importancia.
Incluso podría terminar perdiendo el interés en ella y echándola del apartamento.
A Scarlett le aterraba que pudieran romperle el corazón de nuevo.
Austin ya lo había, al igual que todos sus anteriores novios.
No sería capaz de soportar otra traición.
Aunque en su caso no podría hablarse de traición, en todo caso.
Ryke le había dejado muy claro que lo único que deseaba era satisfacer sus impulsos sexuales.
Tal vez, después de todo, lo mejor sería no acostarse con él.
Tal vez debería limitarse a pagar todas las deudas que tenía con él y luego podrían separarse sin problemas.
Pero ¿cómo podría escapar a la promesa que ya le había hecho?
Ryke no lo dejaría pasar, ¿verdad?
Mientras tanto, en el auto que lo llevaba de regreso a su suite del hotel, Ryke pensaba también acerca de su trato.
No pudo evitar reírse por lo bajo, lo que le ganó algunas miradas curiosas por parte de su conductor personal.
Scarlett era más jugadora de lo que hubiera esperado.
Los siguientes días con ella serían muy divertidos.
Como si él hubiera podido leerle la mente, estaba seguro de que solo se hacía la ruda, pero que no sería capaz de acostarse con un hombre al azar, de aquella manera.
Por muy buena que fuera fingiendo, Ryke podía ver a través de ella y sabía que estaba petrificada de miedo.
Si alguna vez tuviera sexo de nuevo con Scarlett, no habría de ser en virtud de un trato.
Sería porque ella estaría dispuesta por completo.
No era la clase de hombre que tenía que chantajear a alguien para que se acostara con él.
Pero no pasaría mucho tiempo antes de que Scarlett estuviera comiendo sobre la palma de su mano.
Lo había visto aquel día, que también ella sentía algo por él.
Tal vez solo hubiera sido el calor del momento, pero Ryke estaba seguro de que ella había estado tan excitada como él en aquel apartamento.
Tal vez si ella no lo hubiera esquivado cuando él trató de besarla habrían pasado más cosas entre ellos.
Ryke no veía las horas de regresar a su hotel y procurarse un alivio.
Algo le apretaba mucho en los pantalones.
Ryke decidió que continuaría jugando con Scarlett al divertido juego del gato y el ratón.
También él podía ser muy paciente y estaba seguro de que la vería quebrarse lentamente, hasta que fuera ella quien suplicara su atención, incluso aunque ya hubiera recibido la tarjeta de invitación.
Por supuesto, nada podía ser para él más fácil de lograr.
Después de todo, él había sido el creador de la Gala Anual Globex.
No tenía más que hacer una llamada telefónica y recibiría la invitación en la suite de su hotel.
Sin embargo, no podía dejar de preguntarse qué planeaba hacer Scarlett con ella.
Scarlett…
Ryke se sentía más y más intrigado con respecto a ella con cada día que pasaba.
No se trataba solo de su rostro pequeño y hermoso y de su cuerpo tentador.
También se trataba de la historia de su vida.
Ryke quería seguir a su lado hasta el final y ver cómo lograría resolver sus problemas.
Más que eso: Él quería ayudarla a resolverlos.
De hecho, se dio cuenta de que se estaba preocupando por una perfecta extraña más de lo que se preocupaba por sí mismo.
Desde que la había conocido, unos días atrás, había descuidado el trabajo y su vida social.
La única persona que lograba despertar su interés era ella.
Es cierto, se trataba de una princesita mimada, pero estaba lejos de ser tan malvada como sus enemigos.
Más bien daba la impresión de ser demasiado inocente para su propio bien.
Ryke no estaba dispuesto a permitir que ella se ocupara de su media hermana por su cuenta.
Mientras él siguiera con vida, se prometió a sí mismo que la protegería, incluso si no sucedía nada sexual entre ellos.
A veces le gustaba fantasear con ella siendo suya.
Ella era su mujer y nadie volvería a lastimarla.
Pero, claro está, aquel no era un pensamiento que Ryke se complaciera en alimentar.
Pues, por muy obsesionado que pudiera sentirse entonces por Scarlett, algún día terminaría aburriéndose de ella.
Simplemente era la naturaleza de Ryke.
Ninguna mujer había logrado antes atrapar su corazón y Scarlett no sería la primera.
Nadie podía domesticar a Ryke.
Con frecuencia debería recordarse a sí mismo que no podía permitirse pensamientos felices sobre una relación con Scarlett.
Eso no era para él y tampoco él era la mejor persona para ella.
Al día siguiente fue a verla como de costumbre, llevándole la tarjeta con la invitación.
Scarlett parecía gratamente sorprendida de que lo hubiera logrado, y además en tan poco tiempo.
Durante unos minutos no pudo hacer sino mirar boquiabierta la tarjeta que sostenía entre sus manos, para luego mirarlo a él, murmurando palabras que al principio él no pudo comprender.
“T… Tú… lo hiciste…”, logró articular Scarlett al fin, con una incómoda sonrisa en su rostro.
Ryke se encogió de hombros.
“Te dije que iba a hacerlo, ¿no?”
“Sí, pero… pero… ¿Cómo?”
“Tú no debes preocuparte por los cómos, Scarlett.
Lo más importante es que obtuviste lo que querías… ¿no es así?”
Scarlett apenas pudo asentir, con su rostro ligeramente pálido.
Así que el acompañante masculino había traído la invitación.
¿Y ahora qué?
¿Debía acostarse con él?
El enfrentarse súbitamente con las consecuencias de su imprudencia casi hizo que se orinara en los pantalones.
Mientras tanto, Ryke la miraba de manera severa y expectante, como en espera de lo que ella tuviera que decir.
Pero Scarlett no pudo pronunciar palabra.
“¿Vas a darme ahora lo que me corresponde?”, preguntó Ryke, arqueando una de sus cejas.
“Bueno… Es solo que…”
“¿Qué fue lo que te advertí sobre jugarme una mala pasada?”
“N…No, no estoy jugando.
Yo solo… Bueno, es que simplemente no esperaba que lo hicieras tan rápido… Yo… No estoy mentalmente preparada para…”
“Está bien.
No creo que necesites ninguna preparación.
Después de todo, es solo sexo, ¿verdad?
Tú misma lo dijiste.”
Scarlett hubiera querido golpearse a sí misma por ser tan estúpida.
Ryke la empujó suavemente hacia atrás, en el sofá en que ambos estaban sentados, de modo que pudiera quedar acostada boca arriba.
Scarlett jadeó aterrada:
“¡¿Aquí?!
¿Ahora?”
“¿Acaso tienes miedo, pequeña dama?
Pensé que eras capaz de manejar cualquier cosa…”
Ryke se cernía lentamente sobre ella, envuelto en su costoso traje.
Scarlett tuvo que cerrar los ojos, con sus diminutos puños descansando defensivamente crispados sobre su pecho.
“¡No!”, gritó ella.
“¡Detente; alto, alto!…
Lo siento… Lo lamento, pero no puedo hacerlo… Lo siento, por favor… Pero yo te pagaré.
Te daré todo mi dinero… Pero, por favor, no haga esto… Lo siento, señor…”.
Scarlett volvió a abrir lentamente los ojos al escuchar la risa divertida de Ryke, quien se encontraba justo encima de ella.
Su rostro, situado a solo unos centímetros del de ella, ya no le parecía tan amenazador.
Sus grandes hoyuelos hicieron que Scarlett se sintiera relajada y soltara sus puños.
“Deberías verte ahora mismo”, se burló Ryke.
“…¿Qué?”
“Sabes que eres muy afortunada de que te haya encontrado, ¿verdad?
No deberías andar por ahí, prometiendo cosas que no puedes cumplir.
Si yo fuera otra persona, me importarían un bledo tus lloriqueos.
Te f*llaría aquí mismo y te enseñaría una lección que jamás olvidarías.”
Scarlett dejó escapar un gemido, con su labio inferior todavía temblando.
Ryke se movió y la ayudó a levantarse.
“No te voy a hacer esto”, dijo él, tornándose más serio.
“Si te ayudo es porque puedo y porque quiero.
Solo procura no actuar como una mocosa frente a mí de nuevo.
Si quieres algo, lo único que tienes que hacer es pedírmelo amablemente.
¿Entendido?”
“Sí…”
Scarlett estaba tan avergonzada que ni siquiera podía mirarlo a los ojos.
“¿Hay alguna otra cosa que necesites?”, preguntó él con amabilidad.
“No…”
“Bien.
Me iré entonces.”
Ryke caminó hacia la puerta, seguido por Scarlett, quien tocó su hombro justo antes de que Ryke abriera la puerta y se diera la vuelta.
Ella se puso de puntillas y le dio un largo y cálido beso en la mejilla.
Cuando ella lo miró de nuevo, Ryke sintió como si hubiera viajado hacia un mundo distinto, perdido por completo en el azul oceánico de sus ojos.
“Gracias”, articuló ella.
Él sonrió.
Ese beso tímido e inocente que Scarlett acababa de darle era probablemente el mejor que le habían dado jamás.
Cuando Ryke se marchó, Scarlett se preguntó por qué ni siquiera le había preguntado sobre sus intenciones de asistir a la gala.
Pero la verdad es que Ryke sabía mucho ya sobre su plan y se encontraba impaciente por verlo llevarse a cabo.
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