De repente, estoy casada - Capítulo 28
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28: Chapter 28 La grabación 28: Chapter 28 La grabación Scarlett no contaba ya con dinero o conexiones, pero tenía a Ryke a su lado.
Mientras sostenía la tarjeta de invitación a la Gala Anual de Globex, su confianza parecía estar siendo restaurada, por lo que ya no le parecía algo imposible el lograr su venganza contra Megan y su madre.
Había tenido la idea perfecta: Las avergonzaría frente a la multitud a la que tanto apreciaban.
La mejor parte era que Megan nunca lo vería venir…
En el dormitorio, Scarlett buscó en su maleta hasta encontrar el preciado objeto que había escondido en uno de los bolsillos secretos.
Era una grabación de una cámara de seguridad, la prueba definitiva de la deslealtad de Megan.
Unos meses antes, Megan se involucró con Austin, el ex prometido de Scarlett.
Por supuesto, ambos la mantuvieron en la oscuridad durante mucho tiempo.
Pero incluso cuando Scarlett descubrió que su prometido y su mejor amiga se reunían en secreto a sus espaldas, no fue capaz de adivinar el alcance verdadero de la situación.
Como un mecanismo de autodefensa, su mente le sugería todo tipo de excusas con la esperanza de que simplemente fuera que estuvieran trabajando juntos o que estuvieran fortaleciendo su amistad.
Scarlett era demasiado ingenua para enfrentarse a la cruel realidad de que las dos personas que más le importaban la estaban engañando.
Sus primeras dudas surgieron cuando descubrió algunos mensajes de texto, en los que Megan coqueteaba, y que iban dirigidos al teléfono de Austin.
En ese momento, Scarlett quedó tan confundida que lo único que se le ocurrió pensar es que se trataba de una broma o algo parecido.
Sin embargo, el envío de los mensajes, ya fuera en una u otra dirección, jamás se detuvo.
Scarlett lo dejó pasar por un tiempo, con la esperanza de que Austin o Megan vinieran a darle una explicación.
Pero eso nunca sucedió.
Al final se dio cuenta de que, si quería obtener respuestas, tendría que buscarlas ella misma.
Comenzó tomando capturas de pantalla de algunos de los textos más escandalosos que se habían enviado el uno al otro y, al cabo de unos días, se convenció de que lo mejor era pedirle explicaciones a Austin.
Una tarde se dirigió a su oficina, pero ni siquiera fue necesario que entrara para obtener las respuestas que buscaba.
Cuando llegó al estacionamiento, observó que el auto de Austin estaba estacionado y dentro del mismo descubrió nada menos que a Megan Hale, su mejor amiga, con su prometido.
Ambos se encontraban compartiendo un largo y lánguido beso.
En ese momento, el corazón de Scarlett se rompió en un millón de pedazos.
Con las piernas aún tambaleantes, corrió de regreso a su auto, donde se escondió mientras lloraba desconsoladamente.
Pese a lo cual siguió observándolos, sin tener el coraje suficiente como para salir y confrontarlos.
Pero entonces ella todavía era débil; siempre lo había sido.
No obstante, incluso en mitad de una crisis nerviosa, Scarlett se percató de que había cámaras de vigilancia en el estacionamiento.
La dolorosa escena que, como una pesadilla, se había desarrollado frente a ella, sin duda había sido captada por las cámaras de vigilancia y pensó que no sería mala idea tener una copia de aquella grabación.
La vería cada vez que olvidara lo que significaba ser traicionada por su mejor amiga y su amante.
O cada vez que fuera tan tonta como para volver a confiar de nuevo en cualquiera de ellos.
Scarlett no tuvo las fuerzas necesarias para conseguir una copia de la grabación en ese mismo momento.
En vez de ello, regresó a casa para llorar, negándose a responder cualquier llamada de Megan o de Austin hasta el día siguiente.
Lo único que hizo fue enviarle a Austin un mensaje de texto en donde le informaba que estaba al tanto de su aventura secreta y que, por lo tanto, considerara roto su compromiso.
Para su sorpresa, Megan y Austin se presentaron en su casa al día siguiente.
Se deshicieron en ruegos y disculpas.
La explicación de Megan fue que se había embriagado en un bar y que se había dirigido desde allí hacia la oficina de Austin, ya que no estaba lejos.
Al ver el estado en que estaba, Austin se preocupó por ella y decidió llevarla a su casa.
Pero una vez en el interior del auto las cosas entre ellos se intensificaron, lo que culminó en un beso sin sentido que ninguno de ellos tenía la menor intención de que se repitiera.
De nuevo suplicaron su perdón una y otra vez.
Más tarde, Scarlett lamentó no haber tenido una copia de la grabación para verla en ese momento como un recordatorio de que ese beso no había sido accidental.
Pero al fin terminaron convenciéndola y ella los perdonó.
Ahora, más que nunca, Scarlett era consciente de su estupidez.
Jamás debió haber confiado en ellos.
Le mintieron de una manera tan descarada y el solo pensar en que la habían tomado por una idiota la hacía temblar de rabia.
Pero al fin había llegado del momento de usar su traición contra ellos mismos.
El mismo día en que Ryke le llevara la invitación a la gala, Scarlett se dirigió al edificio en cuyo décimo piso se encontraban las oficinas de la compañía de Austin.
Pero no fue tan arriba, sino que se dirigió directamente a la recepción donde expresó su deseo de obtener una copia del video de vigilancia ya que lo necesitaba.
Como era de esperarse, tras expresar su peculiar petición, la recepcionista se apresuró a informarle que no creía que fuera posible cumplirla.
Y aunque Scarlett era conocida por ser la prometida de Austin, aun así, nadie podía hacer nada por ella.
“Necesita una razón válida para ver o recibir una copia de nuestros videos de vigilancia, señorita.
Para eso necesitaría una orden judicial o una autorización del gran jefe.”
El gran jefe, ¿eh?
¿Alguien como el dueño del edificio, por ejemplo?
Scarlett no lo conocía.
El edificio albergaba a muchas compañías, pero ninguna era propietaria del mismo.
Scarlett imaginó que era algo que Austin debía saber, pero era obvio que no iba a preguntárselo…
Scarlett se sintió desanimada.
Caminó lentamente por el pasillo, dando ya por imposible su plan, sin darse cuenta de que un hombre acababa de salir del elevador situado a su derecha y se quedó mirándola.
Se trataba del señor Goldwin, el secretario de Ryke.
De inmediato reconoció a la mujer en la que su joven jefe no podía dejar de pensar últimamente.
Llamó de inmediato a Ryke para informarle.
“Señor.
Le llamo para informarle que la señorita Devins se encuentra en el interior de su edificio en Manhattan.”
A Ryke le sorprendió mucho recibir aquella información.
Se preguntó si sería posible que Scarlett hubiera descubierto su verdadera identidad, pero luego recordó que en su edificio de Manhattan estaban las oficinas de la compañía de Austin.
¿Sería posible que Scarlett hubiera ido a ver a Austin, el hombre que la abandonó cuando ella necesitaba más de él?
“Pregúntale el motivo de su presencia ahí”, instruyó Ryke a su secretario.
“Ah… Y si hay algo en lo que puedas ayudarla, simplemente hazlo.
Puedes informarme más tarde.”
“Sí, señor.”
De modo que el Sr.
Goldwin se aproximó con rapidez a Scarlett antes de que saliera del edificio.
Ella nunca antes lo había visto, de modo que no sabía que era el secretario de Ryke.
“¡Señorita…!
Trabajo aquí y me encantaría saber si hay algo en lo que pueda ayudarla”, se apresuró a decir él, con una sonrisa en su rostro.
“Oh…”
Scarlett estaba un poco confundida por el repentino ofrecimiento, pero de todos modos no vaciló en comunicarle al Sr.
Goldwin lo que necesitaba.
Para su mayor sorpresa, él la llevó de regreso a la recepción, donde le dio la orden a la recepcionista para que le diera a Scarlett una copia de la grabación de vigilancia que necesitara.
La mujer parecía igualmente sorprendida, pero obedeció de inmediato.
Scarlett no podía creerlo cuando la vio salir y regresar al cabo de unos minutos con una copia de la grabación de la cámara de vigilancia del estacionamiento de las horas que necesitaba.
Sus pensamientos de inmediato se dirigieron a Ryke, pero se encogió de hombros.
No había manera de que él pudiera estar detrás de esto.
A ella no le cabía la menor duda de que Ryke tenía más poder que cualquier otro acompañante masculino.
Pero ni siquiera él era capaz de hacer posible algo así.
Scarlett comenzó a pensar que simplemente era que había tenido mucha suerte.
“Muchas gracias”, le dijo al Sr.
Goldwin.
“Estoy a sus órdenes, señorita.”
El Sr.
Goldwin la acompañó hasta la salida, donde permaneció observándola hasta que la vio abordar sin problemas a un Uber.
Definitivamente se sentía intrigado por Scarlett Devins.
¿Quién era esta mujer, capaz de hacer que su joven jefe cumpliera todos sus deseos?
El Ryke que él conocía jamás habría perdido el tiempo de la manera en la que lo hacía ahora por una chica.
¿Se habría enamorado de ella?
En el caso de Ryke, incluso sonaba extraño el pensar que le gustara una mujer.
Pero, por lo que Sr.
Goldwin podía ver, su joven jefe realmente sentía algo por Scarlett, fuera lo que fuera.
Cuando Scarlett regresó a su apartamento, se dirigió directamente a su habitación, donde encendió su computadora para reproducir la copia del video de vigilancia.
No pudo evitar reír con amargura mientras observaba de nuevo aquella dolorosa escena.
Bien, eso era todo lo que ella necesitaba.
Ahora que veía de nuevo la escena con más detenimiento, no le quedó la menor duda de lo que realmente había sucedido entre su mejor amiga y su prometido esa noche.
Había sido Megan quien había seducido a Austin, quien lo había besado, aunque él no había mostrado mucha reticencia tampoco.
Ninguno de los dos merecía su respeto.
Scarlett había tomado una decisión.
Primero, necesitaba hacerle algunos ajustes a la cinta de video.
Luego, la mostraría durante la gala, donde mostraría al mundo los verdaderos rostros de Megan y de Austin.
De esa forma, se aseguraría de que todo el mundo supiera la clase de monstruos que eran, arrebatándoles lo más preciados para ambos: el reconocimiento social.
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