De repente, estoy casada - Capítulo 30
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30: Chapter 30 Escándalo 30: Chapter 30 Escándalo Scarlett optó por vestirse de manera informal para poder pasar desapercibida mientras se movía entre el personal del hotel.
Llevaba unos vaqueros, una blusa blanca y el cabello suelto con el fin de que pudiera cubrirle el rostro de ser necesario.
Las personas ricas por lo general suelen ser egocéntricas, de modo que todos aquellos invitados estaban tan interesados en compararse los unos con los otros, que eran incapaces de centrar su atención en alguien que no llevara un smoking o un vestido de noche.
Scarlett aprovechó el despiste de aquella gente para poder espiarlos, preguntándose cómo era posible que a ella le gustaran aquella clase de escenarios.
Tal vez se trataba solo de un hábito.
Después de todo, sus padres solían asistir todo el tiempo a galas y fiestas, u organizarlas.
Por supuesto, Scarlett tuvo que tomar parte en ellas y solo cuando los vio con ojos de espectadora, comprendió lo tontos que le resultaban.
Todas aquellas personas eran tan falsas, fingiendo todo el tiempo cuidar los unos de los otros.
La verdad era que todos ellos querrían ver muertos a sus amigos si con ello lograran ganar unos dólares extra con ello.
Scarlett lo había aprendido gracias a Megan.
Y aunque aquella chica no formaba parte de la alta sociedad, no por ello dejaba de ser tan malvada como ellos.
Scarlett se quedó de pie en un rincón oscuro, sacó su teléfono y revisó una vez más las capturas de pantalla que había tomado de las conversaciones entre Austin y Megan.
Y cuanto más las veía, más disgustada se sentía.
¿Cómo pudo ser tan ciega?
¿Cómo pudo convencerse a sí misma de que la relación entre ellos no era real cuando tenía las pruebas frente a sus ojos?
Bueno… Por lo menos había aprendido ya la lección.
Ahora, había llegado el momento de que los demás también fueran testigos.
Siendo parte de la alta sociedad, Scarlett contaba con los números telefónicos de la mayoría de las personas que asistieron a la gala.
Ella lo había preparado todo desde la noche anterior.
Lo único que tenía que hacer era dar un clic en el botón “enviar” y los mensajes entre Megan y Austin les llegarían a todos.
Antes de hacerlo, volvió a mirar hacia el gran salón, recorriendo a la multitud con la mirada hasta que localizó a Megan y a su madre.
Llevaban media hora en la fiesta y parecía que, de manera lenta y dificultosa, comenzaban a acostumbrarse al ambiente.
Lucían sonrisas forzadas en sus rostros mientras conversaban con un grupo de damas.
Ambas tenían la ingenua idea de que, aunque les llevara algún tiempo, al final se habrían arrastrado poco a poco hacia el círculo para integrarse en él.
No tenían la menor idea de lo que les esperaba.
Observándolas beber champán mientras conversaban descaradamente con otras personas, Scarlett experimentó una intensa oleada de ira que aplastó la culpa que había comenzado a experimentar.
Se recordó que Megan y su madre no merecían su lástima.
Y antes de que pudiera comenzar a dudarlo y convencerse de hacer lo contrario, Scarlett envió el mensaje y un par de segundos después comenzó a escuchar los sonidos de los teléfonos de los invitados al recibirlo.
Junto con las capturas de pantalla, había agregado un texto escrito por ella: “Hace unos meses, descubrí que mi mejor amiga le enviaba mensajes sugerentes, coqueteándole a mi prometido.
Él no dudó en aceptar sus avances y comenzaron a salir juntos a mis espaldas.
Esta noche, descaradamente eligieron venir juntos a esta fiesta, luego de haber pisoteado mi corazón.
Helos ahí: Megan Hale y Austin Miller.”
Megan se encontraba hablando con la hija menor de la familia Smith, cuando esta miró de pronto su teléfono y, tras fruncir el ceño, se alejó apresuradamente, antes de que Megan pudiera preguntarle qué estaba ocurriendo.
Pronto se dio cuenta de que la chica Smith no era la única.
Madre e hija observaron a su alrededor, dándose cuenta de que las personas estuvieron mirando las pantallas de sus teléfonos antes de levantar sus miradas hacia ella, con expresión de sorpresa.
Algunos cuchicheaban entre ellos, en tanto que otros habían comenzado a alejarse de ellas, como si fueran parásitos.
Megan se aferró al brazo de su madre y le preguntó:
“¿Qué es lo que está sucediendo?”
La madre se encogió de hombros con impotencia.
Tampoco ella era capaz de comprender, pero podía asegurar que no le gustaba nada la inquietud que se había asentado en la boca de su estómago.
De pronto se encontraron con que eran las únicas personas que permanecían de pie, ardiendo bajo las miradas de odio del resto de los invitados.
Solo la tía de Austin se atrevió a acercarse a ellas luego de notar el cambio de escenario.
“¿Hay algún problema?”, les preguntó a Megan y a su madre.
“Nosotras… No lo sabemos”, respondió Megan.
“Bueno, en ese caso… Hmm… Tú quédate aquí y yo iré a ver de qué se trata.”
La tía de Austin se movió entre los invitados, dejando solas a Megan y a su madre, de pie todavía, muy cerca la una de la otra.
“Mamá…
no me siento bien con esto.”
“Yo tampoco… Esperemos que la Sra Miller vuelva pronto y nos informe.”
Mientras tanto, ninguna de las dos quería decir a la otra lo que pasaba por sus mentes.
¿Sería posible que Scarlett estuviera involucrada en aquella situación?
¿Scarlett, la muerta?
La tía de Austin se topó con una de sus amigas y, en voz baja, le preguntó qué estaba sucediendo.
La amiga le mostró el mensaje de texto que la mayoría parecían haber recibido, con las pruebas de la traición que Megan y Austin llevaron a cabo contra Scarlett.
La tía de Austin también se sorprendió, sin saber qué decir.
¿Cómo había podido su propio sobrino hacer algo tan desagradable?
No podía creer las conversaciones subidas de tono que sostenía con otra mujer mientras estaba saliendo ya con Scarlett Devins.
Eso había sido el colmo del mal gusto.
En tono confidencial, su amiga le preguntó:
“Te vi hablando con la chica hace un rato.
¿Sabías lo de su relación con tu sobrino?
Es algo tan sucio… No tengo palabras para expresarlo.
Y esa pobre chica Devins… ¿No temes que peligre tu reputación relacionándote con gente tan ordinaria como esa?”
La tía de Austin enrojeció de vergüenza al escuchar las palabras acusadoras de sus amigos.
También había ya una buena cantidad de miradas sucias dirigidas hacia ella, para quien mantener una buena imagen era una de las cosas más importantes.
De pronto se dio cuenta, con desagrado, de que aquella situación había comenzado a volverse en su contra, por lo que se apresuró a buscar a su sobrino.
Austin se encontraba saludando a varios de sus socios.
Al parecer, el mensaje no había llegado todavía a los teléfonos de los invitados masculinos.
Austin dibujó una sonrisa al ver acercarse a su tía, pero la sonrisa se esfumó de inmediato.
Todo parecía indicar que algo andaba terriblemente mal.
“Austin, ¿puedo hablar contigo un momento?”, le preguntó ella, con los dientes apretados.
El asintió y la siguió hacia el pasillo, donde buscaron un lugar tranquilo.
“¿Qué sucede, tía?”
“¿Es cierto que engañaste a Scarlett?
¿Es esa la razón por la que ya no están juntos?”
“¿¡Qué!?”
“Está en los teléfonos de todos los invitados, Austin.
Todo el mundo ha leído las repugnantes conversaciones que sostuviste con esa chica que te atreviste a traer a esta fiesta.
No solo es una cazafortunas, sino que también es una mujerzuela.
Y has sido tú, mi propio sobrino, quien la ha traído aquí… Has manchado el nombre de nuestra familia.”
“¡Oh, por Dios!
¿Pero de qué me estás hablando?
Debe haber un error…”
“¡¿Un error?!
Debes estar bromeando.
Estoy muy decepcionada, Austin…”
Austin trató de ofrecerle una explicación, pero de pronto las luces del pasillo se apagaron.
La gente interrumpió sus conversaciones y cuchicheos, preguntándose qué estaba pasando.
A continuación, un proyector se encendió, proyectando un video sobre una de las paredes, donde todos podían verlo.
“¡Maldición…!”
Austin no tardó en reconocer lo que veía en el video, pero era consciente de que no había nada que pudiera hacer para detener su reproducción.
Segundos después se escuchó un coro de exclamaciones y jadeos de sorpresa por todo el salón, mientras que en la pantalla la gente podía ver a Austin y a Megan en el interior del auto de él, dándose un intenso beso que era todo menos inocente.
Literalmente estaban comiéndose sus rostros a besos.
De no haber estado tan incómodos como parecían, Megan bien habría podido llevar más allá aquel beso, inclinándose hacia el regazo de Austin.
Al pie del video apareció el siguiente mensaje: “Estas son imágenes del día en que me enteré de la relación entre mi prometido y mi mejor amiga.
Yo los vi besándose en interior del auto de Austin, mientras mi mundo se hacía añicos.
Aún no he logrado superar esa traición.
Tal vez nunca lo haga…”
Alguien dejó escapar un sollozo.
El video terminó abruptamente y las luces se encendieron de nuevo, aunque Austin hubiera preferido quedarse en la oscuridad.
Todas las miradas estaban clavadas en él y en Megan, de pie al otro lado del pasillo.
Austin nunca había visto tanto odio en los rostros de la gente, dirigido ahora hacia él.
¿Quién diablos había sido capaz de exponerlo de aquella manera?
Bueno, no tuvo que pensarlo demasiado.
¿Quién más podía ser sino Scarlett?
El mensaje al pie del video se explicaba por sí mismo.
Austin se sentía furioso.
Ahora no le cabía ninguna duda de que debía estar escondida por alguna parte, disfrutando del espectáculo de su humillación.
Ignorando los ojos puestos en él, comenzó a buscar en los rincones más oscuros del pasillo y pronto descubrió a su izquierda algo blanco que llamó su atención.
Alguien parecía estar escondido allí, pero cuando dirigió su mirada con más atención hacia aquel rincón, lo vio desaparecer, como si hubiera corrido.
Austin corrió en aquella dirección, seguro de que allí encontraría a Scarlett.
Incluso empujó a su tía cuando trató de detenerlo, al igual que al Sr.
Devins.
Lo único en lo que pensaba een ese momento eran en atrapar a Scarlett para poder matarla con sus propias manos.
De hecho, es lo que Scarlett había hecho.
Había estado escondiéndose y observando las reacciones de las personas.
Había sido tan satisfactorio para ella el poder observar la vergüenza en el rostro de Austin y de Megan.
Pero, por encima de todo, estaba contenta de haber arruinado la reputación de ambos.
Sin embargo, fue poco lo que duró su alegría, al darse cuenta de que Austin la había visto y había echado a correr tras ella.
Scarlett se refugió en la sala de personal, con la esperanza de que allí no la encontraría.
Había visto la mirada asesina en el rostro de su exprometido y supo que sería mejor no confrontarlo.
Su respiración era entrecortada y dificultosa mientras corría entre bastidores, pero todas las puertas con las que se encontraba estaban cerradas.
Se topó con algunos miembros del personal, quienes la miraban como si estuviera loca.
De pronto, alguien la cogió del brazo y, dándole la vuelta, la empujó contra la pared.
Scarlett gritó de dolor.
Todavía no se recuperaba de las secuelas de su secuestro y el ser arrojada de aquella manera le dolió como un demonio.
Cuando levantó la vista se encontró con un par de ojos llenos de ira.
Sintió su corazón hundirse hasta el fondo de su estómago al estar cara a cara con Austin.
“¡Sabía que eras tú!”, exclamó Austin, escupiéndole a la cara.
“Maldita perra… ¿Cómo te atreves a intentar arruinar mi reputación?
Pero no voy a dejarte que te salgas con la tuya…”
Scarlett abrió sus ojos, llena de miedo.
Sabía que estaba condenada…
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