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De repente, estoy casada - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Chapter 32 Las máscaras han caído
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32: Chapter 32 Las máscaras han caído 32: Chapter 32 Las máscaras han caído Un hombre dio un paso delante de entre la multitud.

Se trataba del socio comercial que el Sr.

Devins había encontrado en la entrada del hotel.

Lucía una mirada grave en su rostro y no devolvió la sonrisa que le dirigió el padre de Scarlett, pese a la larga amistad que había entre ambos hombres.

“Jeffrey…”, comenzó a decir el Sr.

Devins, pero fue interrumpido por su amigo.

“Espera, Dan… ¿Todo lo que he escuchado es verdad?

¿En realidad engañaste a tu difunta esposa y expulsaste a tu hija del único hogar que ha conocido?”
“Escucha, Jeffrey… En realidad no es tan malo como se oye…”
“No puedo creerlo…”
Scarlett, quien había permanecido a un lado, dio un paso al frente.

En ese momento, como si un proyector la iluminara, todos los ojos convergieron hacia ella, como si fuera la única persona que importara en ese salón lleno de invitados VIP.

Las miradas la siguieron mientras se acercaba a su padre, quien seguía de pie junto a su socio comercial.

La gente la señalaba, comentando aquel atuendo tan sencillo en una reunión como aquella.

Todo el mundo se mostró horrorizado por el hecho de que su propio padre le hubiera hecho algo así.

La había despojado de todo, dejándola sola.

¿Cómo podía concebirse una crueldad semejante?

A pesar de toda aquella atención que estaba recibiendo, Scarlett mantuvo la cabeza en alto, mirando a su padre, quien, con la mandíbula apretada, parecía estar muy molesto.

Pero, una vez más, Scarlett no pudo recordar la última vez en que su padre la mirara con algo que no fuera enojo y decepción.

La gente empezó a especular de nuevo.

“Oh, por Dios… Dan Devins es el peor…

¿Cómo ha sido capaz de abusar así de su hija e intentar reemplazarla con una chica barata y su madre?”
“¿Verdad que sí?

Mira a la pobre señorita Devins, se ve tan lamentable en este momento.

Y mira lo que lleva puesto.

Esa ropa ni siquiera tiene marca… ¡Pobre chica!

Su difunta madre debe estar observándola horrorizada desde el cielo…”
“¿Cómo ha podido el Sr.

Devins llegar a pensar que habría una mujer capaz de compararse con Alicia?

Ella era el epítome de la belleza y la elegancia.

Mira a su hija; se parece a ella…”
La opinión de todos era unánime: El Sr.

Devins era un monstruo, alguien que no merecía ya el respeto de la gente.

Lo que se aplicaba también a Megan y a su madre, aunque, para empezar, nunca lograron impresionar a la multitud.

Joyce se sintió llena de indignación al escuchar las palabras desagradables dirigidas contra ella y su hija.

Siempre había pensado que se veía mejor que el resto de mujeres de su edad y, sin embargo, ahora alguien decía que era menos atractiva que una maldita persona muerta… Le hacía hervir la sangre que, aún después de muerta, Alicia siguiera haciéndole difícil la vida.

Nunca en su vida se había sentido tan humillada.

Mientras tanto, Megan se había escondido ya tras sus espaldas, intentando, sin conseguirlo, escapar de su propio dolor y humillación.

Necesitaban escapar de aquel horrible lugar.

El rostro del Sr.

Devins se había tornado de un rojo carmesí.

Bien pudiera ser que se sintiera aun peor que Megan y su madre, a quienes habían tratado de forma tan injusta.

Y todo era culpa de Scarlett.

Su propia hija estaba decidida a llevarlo a la tumba.

A pesar de la forma en que la había castigado, había regresado; y más fuerte.

Regresaba dispuesta a todo por destruir su reputación.

No podía creer que la gente fuera incapaz de ver lo malvada que era y se pusiera de su lado.

Pero ya encontraría él, más adelante, la forma de cobrar venganza.

Lo que más le importaba en ese momento era encontrar la manera de salir airoso frente a toda aquella gente.

El silencio que lo envolvía lo estaba matando.

Pero, ¿qué cosa podría decir que no lo hiciera sonar como un completo imbécil?

Reprimiendo la ira que había en su corazón, se dirigió hacia Scarlett y, con una voz falsamente cariñosa, le dijo:
“¡Scarlett, cariño…!

¿Cómo has llegado hasta aquí?

¿Dónde estuviste todo este tiempo?

No he dejado de buscarte ni…”
Los ojos de Scarlett se llenaron de lágrimas.

Por supuesto, no creía ni una sola de las palabras de su padre.

Lo que más la molestaba era el darse cuenta al fin de lo astuto y malvado que era.

Y, como había sucedido con Megan y Austin, había estado demasiado ciega para ver su verdadero rostro.

“¿Por qué insistes en hacer esto, papá?”, replicó ella, llorando.

“Detente.

Esto se terminó… Debes entender que no hay manera de salir de esta situación… El fingir que eres un padre cariñoso no va a ayudarte…”
“Scarlett… No vale la pena tener una pelea tan fea con tu padre delante de todas estas personas.

Creo que deberíamos resolver nuestros problemas entre nosotros.

Es claro que ha habido un malentendido, pero ¿por qué exponer de esta manera nuestra vida privada?”
“¿Un malentendido?

¡Llevaste a otra mujer a la casa de mi madre…!”
“Escucha… No es lo que piensas.

Joyce iba a quedarse solo unos días.

Acababan de desalojarla de su anterior apartamento y no tenía otro lugar dónde quedarse.

Solo quería ayudarla, ya que éramos viejos conocidos.”
“¡Patrañas!

Esta noche la trajiste aquí como tu cita.

Me dijiste que te casarías con ella y que debería aceptarla en adelante como parte de nuestra familia.

Hasta el propio Austin me lo confirmó…”
“Bueno, pues Austin no sabe de qué diablos está hablando.

Lo que pasa es que está amargado y celoso; pero ese es un problema que deben resolver entre tú, Megan y él.”
Scarlett estaba indignada.

Su padre era una persona tan terrible que estaba dispuesto a echarle la culpa a cualquier otra persona con tal de eludir sus responsabilidades, incluso a las personas que se supone que le agradaban.

¿Pero es que acaso le agradaba alguien?

¿Había acaso algún otro motivo que explicara por qué de pronto quiso que Megan y su madre llevaran oficialmente su apellido?

Al parecer, no.

De forma egoísta, él había elegido proteger sus propios intereses.

En ese momento, Megan, Joyce, Austin y Scarlett miraban al Sr.

Devins como si acabara de crecerle una segunda cabeza.

Todos estaban igualmente sorprendidos de comprobar hasta dónde podía llegar su egoísmo.

“Entonces, ¿quieres decir que Megan y su madre no te importan en lo absoluto?”, preguntó Scarlett a su padre, con una voz de la que chorreaba repugnancia.

“Para nada…”, confirmó el Sr.

Devins, con frialdad.

“Y, sin embargo, las trajiste a esta gala…”
La Gala Anual de Globex no era un evento al que pudieras llevar desconocidos al azar.

Después de todo, la gente hacía hasta lo imposible por conseguir una invitación; aun los más ricos.

Y, sin embargo, en vez de presentarse acompañado de su hija legítima, el Sr.

Devins había llegado acompañado de dos mujeres que, según decía, no significaban nada para él.

Nadie sería tan estúpido como para creerlo.

Él también lo sabía y, pese a mantener un rostro aparentemente tranquilo, por dentro lo consumía la rabia.

¿Cómo se atrevía Scarlett a ponerlo en un aprieto semejante?

De no haber habido tantos testigos la habría abofeteado nuevamente, sin compasión.

“Megan vino acompañando a Austin”, comenzó a explicar con calma.

“Ella no tiene nada que ver conmigo, ¿de acuerdo?

En cuanto a Joyce… Bueno, yo sabía lo mucho que quería asistir a un evento tan grandioso como este.

Pensé que podía ser no solo la primera, sino también la última vez que tuviera esa oportunidad, así que le ofrecí que me acompañara.

Me sentí mal por ella, Scar.

Además, tú te habías marchado y no pude encontrarte por ninguna parte.

De lo contrario, habrías sido tú quien me acompañaras.

Tú lo sabes…”
“Ah… ¿Entonces es así?”
Scarlett sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos, aunque su padre no se percató de ello.

Una sensación de alivio se apoderó de él, pensando que su hija se había tragado su red de mentiras.

Scarlett se volvió hacia donde se hallaban Megan y su madre y les dijo:
“Bien, supongo que, después de todo, malinterpreté a mi padre… El asunto es que recuerdo a Joyce y a Megan diciéndome que me quitarían a mi padre y a mi prometido.

Joyce me dijo que ella era la amante de mi padre y que se acostaba con él desde hacía mucho tiempo, cuando mi madre aún vivía.

¿Serías capaz de haberme mentido solo para arruinar a nuestra familia?”
Megan y su madre se encogieron aún más, con las miradas de todos aquellos ojos vueltas hacia ellas.

De repente parecía que ellas eran las únicas culpables de todo y que el Sr.

Devins estaba fuera de peligro.

“¿C… cuando te dije eso?”, respondió Joyce.

“Tu… Tu padre… Tu padre no es más que un viejo compañero de clase para mí…”
“Hmmm… Qué extraño… Pues si ese fuera el caso no deberías haber aceptado venir con él aquí esta noche.

Apuesto a que eres tan estúpida como para no haber pensado en la manera como lo vería la gente.

Lo importante para ti es que aparecerías como la cita del Sr.

Devins.

¿Tenías algún motivo oculto para hacer eso?”
“¡No!

Yo solo tenía curiosidad por asistir a un evento como este.

Pero, créeme, ya he visto suficiente y no volveré jamás.

No me gusta la forma en que estás tratando de pintarme como la mala en este asunto, Scarlett.

Por favor, detente.”
“Bueno, Sra.

Hale, cuánto lo lamento.

Es tan fácil malinterpretar las cosas… También su hija estaba tratando desesperadamente de seducir a mi prometido, ¿sabe?

Se hizo amiga mía y compartió conmigo lo difícil que era la vida para ella siendo pobre, con el fin de despertar mi compasión y que le permitiera entrar en mi vida.

Y a cambio de eso, ella me apuñaló por la espalda y, literalmente, intentó despojarme de todo.

Es difícil pensar que sus motivos sean muy diferentes a los de su hija.”
Pero Scarlett ni siquiera les dio tiempo a responder, pues, volviéndose hacia la multitud, les dijo:
“Muchachos… Conozco a estas dos mujeres mejor que a nadie, pero, de acuerdo con lo que he escuchado hasta ahora, ¿no las encuentran sospechosas?

Mi impresión es que trataron de unirse a mi familia con el fin de poder relacionarse con personas como ustedes, infiltrándose en este círculo y usándolos a ustedes para su beneficio.”
Las palabras que Scarlett acababa de pronunciar eran crueles y engañosas.

Pero la gente asintió con la cabeza.

Los más atrevidos de entre los invitados no temieron en decir lo que pensaban:
“¡Qué tan desvergonzada puede llegar a ser la gente!

¿Estas mujeres en verdad piensan que somos tan estúpidos como para dejarlas entrar en nuestras vidas?”
“Todos vimos el video.

Es claro que la hija es una mujerzuela y que sin duda lo aprendió todo de la madre…”
Los rostros de Joyce y de Megan se torcieron en desagradables expresiones.

Scarlett había logrado volver la situación a su favor, haciendo fracasar los planes de aquellas dos mujeres, quienes, con los dientes apretados y los puños cerrados, no dejaban de maldecirla en sus corazones.

Megan hubiera querido estrangularla hasta la muerte.

¿Por qué no había terminado de morir en aquel maldito bosque?

¿Cómo era posible que hubiera escapado?

Antes de que su madre pudiera detenerla, Megan respondió:
“¡Eres una maldita p*rra, Scarlett Devins!

Austin y yo estamos enamorados.

Entiendo que la amargura te haya llevado a intentar destruir mi reputación, pero por lo menos ten la decencia de no involucrar a mi madre.

Esto es algo que debes tratar directamente conmigo.”
“Oh, cariño…”, dijo Scarlett, haciendo un puchero de fingida preocupación.

“¿Te sentiste excluida?

No te preocupes, no me he olvidado de ti.

Guardé lo mejor para el final… Tu madre puede ser una víbora, pero tú eres mucho peor.

Antes era demasiado ingenua para verlo, pero ahora soy perfectamente consciente de todas las cosas horribles que has hecho.

No te bastó con robar mi vida, sino que incluso trataste de matarme para acabar así con todo.

¿Quieres que la gente sepa la verdad?

Papá acaba de decir que me mudé de casa y que desaparecí… Pero apuesto a que él no sabe que en realidad contrataron gente para que me secuestrara, me violara y me asesinara, ¿verdad?”
Todos los invitados en el salón, incluyendo al padre de Scarlett, dejaron escapar exclamaciones de asombro.

Los rostros de Megan y su madre habían palidecido muchísimo y sus labios se habían reducido a dos finas líneas.

Scarlett era la única persona en el salón que seguía sonriendo.

“¿Acaso no tienes nada que decir?”, dijo Scarlett, retadora, mirando directamente a los ojos de Megan.

Sabía que había ganado.

Para sus enemigos, aquello había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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