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De repente, estoy casada - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 Chapter 33 ¿Quién te salvó
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33: Chapter 33 ¿Quién te salvó?

33: Chapter 33 ¿Quién te salvó?

Así que Scarlett hacía revelaciones al público sobre su secuestro.

Megan no podía creer que pudiera atreverse.

La estúpida, la ingenua y crédula Scarlett ahora se defendía frente a todo el mundo, lo que no era nada bueno para Megan.

Megan se encontraba a punto de tener un ataque de pánico, pensando en todo lo que podría salir mal para ella.

Diablos, incluso podrían enviarla a la cárcel por el resto de su vida.

“¿De qué rayos hablas, Scarlett?

¿Un secuestro?

¿Qué tiene eso que ver conmigo?”
“Ya veo que tu único método defensivo en este momento es la negación.

Bien, eso no hará más que incriminarte, querida.

Mi muerte no hubiera beneficiado a nadie más que a ti.

Quiero decir… Probablemente pensaste que, si me iba para siempre, la gente comenzaría a llamarte Scarlett… Después de todo, me robaste la vida entera.”
La gente seguía estupefacta.

Si antes odiaban a Megan y a su madre, ahora el odio era absoluto.

Ya ni siquiera podían soportar el mirarlas.

Ser una perra era una cosa, pero el secuestro y el asesinato… Aquello era imperdonable.

“Lo siento mucho por ti, pero, ya lo ves, soy más fuerte de lo que creías.

Admito que me lastimaste, muy seriamente, pero me recuperaré.

Pero mira, como pensaste que estaba muerta, no dudaste en mudarte pomposamente a la casa de mi familia.

No puedo creer que te consideres un ser humano.”
Scarlett sabía que todos estaban de su lado.

Las evidencias presentadas contra Megan y su madre tenían demasiado peso como para ser ignoradas o intentar excusarlas.

Y no solo eso: La gente había comenzado a dudar de la integridad del Sr.

Devins.

¿Era posible que no supiera nada de lo que le estaba pasando a Scarlett?

Aquello no tenía sentido.

Debía ser un hombre tan malvado como aquellas dos mujeres y como el propio Austin.

“Eso fue tan despiadado…”, le increpó un hombre a Megan.

“¿Cómo fueron capaces de hacerle algo tan despreciable a otro ser humano?”
“Son capaz de cometer los peores crímenes solo por tener unos dólares en tus manos.

Qué aterrador…”
“Este asunto debe ser manejado por la policía.

Tenemos a dos criminales con nosotros, mientras que su lugar está en la cárcel.

Hagamos justicia por la pobre, pequeña Scarlett.”
Las palabras corrían por todas partes, volviéndose un tumulto abrumador a medida que la multitud se enfurecía más, al punto que Megan y su madre comenzaron a temer por sus vidas.

Permanecieron la una junto a la otra, retrocediendo lentamente hasta que sus espaldas quedaron pegadas a la pared, listas para defenderse si alguien las atacaba.

Sin embargo, lo más impactantes estaba aún por llegar.

El padre de Scarlett al fin rompió el silencio.

No podía creer que Megan y su madre fueran lo suficientemente crueles como para hacer lo que su hija decía:
“¡Tonterías!

Megan nunca haría eso a su hermana.”
“¡¿Tonterías?!”, gritó Scarlett, sorprendida de que su padre continuara defendiendo a Megan.

“¿Acaso crees que esto es una broma?

¡Mira mi maldito cuerpo!”
Scarlett se arremangó la blusa para mostrar sus brazos cubiertos de moretones debido a su accidente en el bosque, y que comenzaban a desvanecerse.

De no haber llevado vaqueros habría mostrado también sus piernas.

Pero las heridas de sus brazos fueron suficiente para sorprender a la multitud.

“El día que me expulsaste fui secuestrada.

Estos moretones y cicatrices son la prueba.

Megan y su madre contrataron a dos hombres para que me secuestraran y luego me mataran.

Y no solo eso, pues también estaban decididos a violarme.

No tienes idea de todo el sufrimiento que he experimentado esta noche, papá, ¡así que no vengas a llamarme mentirosa en mi maldita cara!”
Con un dedo tembloroso, Scarlett señaló hacia la esquina donde estaba Megan:
“Me quitó a mi novio, me quitó a mi padre, usurpó mi maldita casa y planeó mi asesinato solo para poder disfrutar en paz de esa vida que no le pertenecía.

¿Estas son las personas a las que eliges defender por encima de mí?”
El Sr.

Devins miró a Megan, cuyo rostro estaba oculto por sus propias manos, por lo que volvió a concentrarse en Joyce, preguntándose en silencio si lo que Scarlett decía podía ser verdad.

Joyce estaba aún tratando de superar su sorpresa.

Demasiadas cosas habían ocurrido en el lapso de unas pocas horas.

Para comenzar, Scarlett no solo seguía viva, sino que había conseguido ingresar a la gala.

Megan había quedado expuesta frente a todos como una mujerzuela que le había robado el prometido a su mejor amiga solo por dinero.

Además de eso, Scarlett había dejado al descubierto su plan para secuestrarla y matarla.

En ese momento Joyce temía ya por su vida, pero, pese a todo, mantuvo la serenidad.

Si algo le había enseñado la vida es que siempre había una salida para todos los problemas.

En ese momento, esa salida se le manifestó bajo la forma de su amante, el Sr.

Devins.

Parecía obvio que les estaba ofreciendo la oportunidad de redimirse, por lo que ella no iba a desaprovecharla.

“¡Ella está mintiendo!”, exclamó Joyce, fingiendo llorar mientras miraba directamente a los ojos al Sr.

Devins.

“Soy una mujer común y corriente, Dan; tú lo sabes.

No tengo las conexiones para hacer algo así.

¿Cómo podría tener la posibilidad de contratar a unos secuestradores?”
Scarlett rio con amargura.

“Deja ya de hacerte la víctima.

Tú no eres inocente, ¿de acuerdo?

Te acostaste con un hombre casa, con quien tuviste a una hija con el único fin de poder usarla más adelante en su contra.

¿Qué clase de mujer que se dice inocente podría hacer algo así?”
“¡Cállate, Sacrlett!”, gritó su padre.

“Y cuida tus palabras.

Joyce merece algo de respeto.”
Scarlett negó con la cabeza.

Su padre no solo era un hombre malvado, sino también ciego y estúpido.

¿Acaso no se daba cuenta de que, cuanto más defendía a la madre de Megan, peor quedaba ante los ojos de la gente?

Para todos era obvio que estaba eligiendo a dos extrañas por encima de su hija legítima y haciéndose de la vista gorda en relación con sus golpes y cicatrices.

Megan, quien hasta entonces había estado llorando en silencio todo el tiempo, encontró el coraje suficiente para hablar de nuevo:
“Eres una mentirosa, Scarlett.

La única razón para todo lo que has dicho es porque estás amargada porque Austin te dejó por mí.

¿Secuestro?

Estás diciendo estupideces.

Si ese fuera el caso, ¿cómo explicas que hayas conseguido escapar con vida, ¿eh?”
El Sr.

Devins frunció el ceño y dijo:
“Bueno… Esa es una muy buena pregunta, en realidad.

¿Cómo pudiste escapar de los secuestradores si es cierto lo que dices?”
Scarlett puso los ojos en blanco y dijo:
“¿De modo que tengo que darte una explicación para que me creas, papá?

Bueno, ya que quieres saberlo, pude ofrecer resistencia y le di una paliza a esos hombres.

Luego, corrí hacia el bosque y a duras penas logré escapar con vida.

De no haber sido por mi salvador…”
Scarlett se detuvo a tiempo.

Hubiera preferido no mencionar a Ryke en aquella situación, pero comprendió que ya era tarde para eso.

Joyce levantó la cabeza y sus ojos brillaron con malicia.

“¿Salvada por alguien?”, repitió ella.

“Eso es extraño.

¿Quién es la persona que te salvó?”
El tono de la pregunta era de escepticismo, pero la curiosidad de Joyce era legítima, ávida por saber por qué Scarlett seguía con vida.

¿Quién la había protegido?

“¿Por qué debería decírtelo?”, replicó Scarlett.

“¿Para que puedas buscarlo para vengarte de él?”
Joyce soltó una risa desagradable.

Era obvio que Scarlett estaba tratando de proteger a alguien, pero eso solo la hacía parecer como una mentirosa.

“Hmmm… A mi parecer, no solo no existe tal salvador, sino que toda tu historia de secuestro no es más que una red de mentiras.

Porque, a menos que puedas nombrar a tu supuesto salvador, no tenemos motivos para creerle…”
Una de las invitadas, quien se hallaba de pie a pocos pasos de Scarlett, se adelantó hacia ella para hablar:
“A mí me parece que las lesiones de la señorita Devins son verdaderas.

No creo que ella haya sido capaz de infligírselas a sí misma y son la clara señal de que algo le sucedió.”
“Eso no prueba que haya sido secuestrada”, replicó Megan, arrastrando las palabras.

“Quizás, detrás de esas heridas haya una historia menos heroica.”
Austin dejó escapar una risa burlona, llamando la atención por primera vez desde hacía por lo menos una hora.

La gente incluso parecía haberse olvidado de su presencia.

“Scarlett es una astuta manipuladora.

No creo en esta patraña del secuestro”, declaró, con el rostro impasible.

Scarlett apretó los dientes al darse cuenta de que sus enemigos comenzaban a fortalecerse, sembrando dudas razonables en la mente de las personas.

Si quería que le creyeran, no le quedaba más remedio que revelar la existencia de Ryke.

Y eso era algo que no quería hacer.

Lo que Scarlett no sabía era que, en algún lugar del salón, un hombre observaba la escena con divertido interés, esperando únicamente el momento adecuado para saltar hacia la escena y salvarla…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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