De repente, estoy casada - Capítulo 34
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34: Chapter 34 El salvador 34: Chapter 34 El salvador Austin mostraba una actitud petulante, y Scarlett había sido la primera persona en humillarlo tanto que no sabía dónde meterse.
No le interesaba proteger a Megan y a su madre, pero si eso significaba lastimar a Scarlett, lo haría sin reparo.
Por su parte, Megan también tenía una pose altiva.
No había superado la traición de Austin la noche anterior, y esperaba ver a Scarlett destruida.
El hombre caminó hacia su ex, la ira distorsionaba sus rasgos faciales.
“Planeaste todo esto, Scarlett, admítelo.
El video que compartiste, las acusaciones de secuestro, todo es una puesta en escena.
Nos manipulaste”.
“¿¡Perdón!?
¿Acaso no me engañaste?
Se veía bastante claro en el video”, gritó Scarlett.
“No, no te engañé.
Tú y yo habíamos terminado antes de que empezara a salir con Megan”.
Austin era una máquina de fabricar mentiras; era confuso y difícil saber a quién creerle, todos parecían sospechosos, incluso Scarlett.
“Hay mensajes privados entre los dos que prueban su relación mientras tú y yo todavía salíamos”.
“Y eso qué tiene que ver, claro que me enamoré de Megan, pero no fue hasta que tú y yo terminamos oficialmente que la relación con ella avanzó, incluso esa fue su condición.
Megan está lejos de ser la mujer malvada que intentas mostrar.
El hecho de que seas una Devins y te creas superior a ella no te da derecho a montar historias falsas sobre esa mujer para ganarte la compasión de personas ingenuas”.
Austin la desdijo de un tirón, esfuerzo que le tornó el rostro colorado.
Sonrió al notar que se había quedado sin palabras, pero ella no guardaba silencio porque ya no pudiera defenderse, sino porque se había quedado perpleja ante la disposición del hombre para mentir y defender a Megan.
Como si fuera poco, la tía de Austin también apareció en escena de repente, Scarlett, en su momento, la había visitado y se había esforzado por acercársele, solo porque significaba mucho para él.
Sin embargo, también la estaba apuñalando por la espalda.
“Si en verdad te secuestraron, lo demostrarás con pruebas.
Al menos, dinos quién te rescató de los secuestradores y veremos si respalda tu versión”.
El silencio no la favorecía, las personas esperaban con ansias una respuesta, y quedarse callada la dejaba como una mentirosa.
¿Pero cómo iba a traer a colación que se trataba de Ryke?
Él no pertenecía a la alta sociedad, no era conocido, pensarían que era todo un invento.
Y aunque viniera y lo confirmara él mismo, nadie querría creer las palabras de un acompañante.
La verdad era que la habían acorralado y estaba indefensa; no sabía cómo salir ilesa y se preguntaba dónde estaba su ángel de la guarda cuando más lo necesitaba.
Pero entonces, en el momento menos esperado, una voz imperturbable dominó el silencio sepulcral del salón.
Provenía de la entrada, a la altura del buffet.
“La prueba soy yo”, desveló una voz masculina.
“Salvé a la señorita Devins de una muerte segura, ¿mi respuesta es suficiente?”.
Todas las miradas se volvieron hacia la persona que había hablado; susurros excitados se dispararon al reconocerlo.
Scarlett era bajita, así que tuvo que torcer el cuello y ponerse de puntillas para saber quién hablaba, cuando vio al hombre alto y delgado, lo reconoció de inmediato.
Su rostro se iluminó: era Chris, el hermano de Charlotte.
Sostenía una copa de vino, y sus ojos azules se clavaron en los de Scarlett, que eran del mismo color.
Le resultó un alivio ver por fin una cara conocida en ese mar de extraños.
Pero ¿por qué dijo que la había salvado?
Scarlett y Charlotte eran compinches desde la infancia, habían crecido juntas, y les gustaba tratarse como hermanas, pero Scarlett no era muy cercana al hermano de su amiga.
Después de todo, Chris tenía fama de donjuán que disfrutaba romperle el corazón a las chicas.
Charlotte le había advertido al respecto, y Scarlett optó por mantenerse alejada de él, sobre todo cuando entraron en la adolescencia y Chris le dirigía miradas que insinuaban interés.
Le resultaba extraño que mintiera para salvarla en ese momento, ¿estaría haciéndolo solo por el bien de Charlotte?
“¿Fuiste tú?
No te creo.
¿Qué relación tienes con Scarlett y cómo la salvarías en ese supuesto bosque?”, preguntó Austin con cara de pocos amigos, pero Chris se rio entre dientes y deslizó una mano por su cabello rubio, lacio y sedoso con delicadeza.
“Scarlett es una querida amiga mía y de mi hermana, preguntar por qué la salvé resulta una pregunta un tanto ridícula.
¿No es tu tío el que dice que uno siempre debe estar dispuesto a arriesgar su vida para salvar la de otro, Austin?”.
Austin apretó los dientes, estaba claro que ese tal Chris sabía más de él de lo que él esperaba.
“Con que son amigos, ¿eh?
¿O serás uno de los tantos hombres con los que se acostó mientras aún estábamos juntos?”.
“¡Vete al infierno, Austin!”, intervino Scarlett.
“¿Crees que todo el mundo es tan descarado como tú?”.
“Bueno, por muy sinvergüenza que parezca, no eres más noble que yo, Scarlett.
Quería preservar la poca dignidad que te queda, pero como te empeñas en ponerme a prueba, será como tú quieras.
Déjame contarle a todo el mundo por qué decidí romper contigo en primer lugar.
“Claro que sí, hijo.
No la protejas, ella no dudó ni un segundo en difamarte”, despotricó su tía.
“Por supuesto, yo no la engañé primero, ella lo hizo.
Se acostó con la mitad de la ciudad, eso es lo que la señorita Devins ha hecho, señoras y señores.
Ha estado prostituyéndose”.
Scarlett estuvo a punto de golpearlo en el estómago, pero no quería ensuciarse con él.
“Te mueres por calumniarme, pero ¿tienes pruebas, Austin?
Digo, todos te vieron en la pantalla besar a una mujer que no era yo, en cambio, ¿hay alguien que afirme haberse acostado conmigo?”.
“¡Eso es fácil, querida!
Este hombre es la prueba.
Verás, no creo que Chris te salvara de una muerte segura.
Creo que estuviste con él en algún cuarto de hotel todo este tiempo”.
“Cuida tus palabras, Austin Miller…”, masculló Chris.
“¿Qué, lo niegas?”.
“Sí, Scarlett es una chica de conducta intachable.
No conozco a nadie tan noble, así que piensa antes de hablar, o te romperé la nariz”.
Chris había sustituido su habitual expresión alegre por una mirada amenazadora, y Austin sabía que el hombre hablaba en serio.
No estaba dispuesto a enfrentarse con él, pero, aun así, prefería morir antes que dejar que Scarlett se marchara sin que su reputación se viera seriamente dañada.
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