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De repente, estoy casada - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Chapter 36 Muffin de arándanos
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36: Chapter 36 Muffin de arándanos 36: Chapter 36 Muffin de arándanos Aquella misma noche en su mansión, el señor Devins se reunió con Megan y su madre, Joyce.

Todos permanecieron sentados en silencio en la sala a media luz y no se habían dirigido la palabra desde que abandonaron la gala hacía una hora, los tres coincidían en una cosa: había sido la peor velada de toda su existencia.

Megan lloraba en silencio con la esperanza de despertar la lástima de su padre, había dicho que iba a dejar la mansión, pero no quería hacerlo, así que esperaba que su padre se sintiera mal y le pidiera que se quedara.

Por otro lado, el señor Devins estaba preocupadísimo por su reputación arruinada.

Y pensar que su propia hija lo había planeado todo…

Le revolvía el estómago.

¿Cómo se suponía que miraría a la cara a sus colegas, a sus socios y a sus empleados después de esa noche?

Estaba seguro de que estaría en la primera plana de los periódicos a la mañana siguiente, la prensa estaría relamiéndose ante la posibilidad de ensombrecer la reputación de un famoso hombre de negocios y nadie querría asociarse con él después de un escándalo tan horrendo.

Como si pudiera leerle la mente, Joyce se aclaró la garganta y se compadeció: “Qué noche has pasado, cariño…

¿Estás bien?”.

Pero el señor Devins no respondió, solo gruñó y apretó los puños.

La mujer suspiró.

“Los hijos son desagradecidos hoy en día…

Después de todo lo que hiciste por Scarlett, ella no dudó en apuñalarte por la espalda.

Pero bueno…

sé que también contribuimos a generar tantos problemas.

Como prometí, mi hija y yo dejaremos tu hogar y volveremos a la vida de antes…

¿Estarás bien solo, cariño?

Será difícil sobrellevar la mala imagen que Scarlett te ha hecho”.

Joyce tenía razón, Dan Devins no creía ser capaz de enfrentarse al periodismo y a las personas indignadas y curiosas que no tardarían en rodearlo.

Scarlett no solo quería arruinar su reputación, también quería que se quedara solo e indefenso.

Bueno…

Él no lo iba a permitir.

“¿Quién dijo que se fueran de la mansión?”, gritó enojado.

Megan y su madre se encogieron de hombros por el miedo que les provocó, no esperaban oírlo expresarse en ese tono.

“¡Esta es mi casa!

El que decide aquí soy yo, y ustedes dos se quedarán el tiempo que yo decida, Scarlett no tiene por qué meterse.

Ahora, váyanse a sus habitaciones y no quiero volver a verlas, ¿entendido?”, añadió, señalándolas con un dedo amenazador.

No necesitaban que se lo dijeran dos veces, ambas mujeres se pusieron de pie, corrieron escaleras arriba sin mirar atrás y se encerraron en lo que solía ser la habitación de Scarlett y que había pasado a ser la de Megan.

Se miraron, sin poder creer lo que acababa de pasar.

“¿Nos permitió quedarnos después de todo lo que pasó?”, Megan jadeó.

“Sí…

Sí, lo hizo.

Es un viejo idiota”, su madre asintió, con una mano sobre el pecho.

“¡Mamá, no digas esas cosas, nos oirá!”, la regañó Megan.

La mujer hizo un ademán de indiferencia porque sabía que Dan Devins no se acercaría a ese dormitorio.

“Es tan egocéntrico, como Scarlett, tienen tanta soberbia que son capaces de cometer cualquier estupidez.

Ahora, solo para desafiar a su hija, dejará que nos quedemos.

Pero eso no significa que vayamos a olvidar cómo nos trató esta noche, negó toda relación con nosotros y tendrá que pagar por ello”.

“Y…

¿Qué más podría haber hecho?

Era la única manera de proteger su reputación”.

“No me importa, nos trató como si fuéramos basura, no pensó en nuestra reputación, ¿o sí?”.

Megan se encogió de hombros y se sentó en el mullido sofá, en cierto modo, agradecía poder disfrutar de todas esos lujos un poco más, porque le daría tiempo para pensar en un plan de venganza contra Scarlett.

Las dos mujeres continuaron conversando sin oír los suavespasos de Rosa, la vieja sirvienta, que subía las escaleras para llevarles lasopa.

Estuvo a punto de tocar la puerta, pero justo antes de hacerlo, Megan volvió a hablar: “Esa maldita de Scar…

No puedo creer que nos haya expuesto así en el evento de Globex.

Ella no murió, mamá”.

“Lo sé, tiene más suerte de lo que esperaba.

Pero está muy equivocada si cree que evitará terminar como su madre”.

“¿Su madre no murió de una enfermedad terminal o algo así?”, preguntó Megan confundida.

“Esa es la versión oficial, cariño”, Joyce se burló con frialdad.

“Alicia Devins todavía estaría viva si no fuera por mi culpa, pero esa es una historia para otro momento…”.

Rosa, que seguía de pie detrás de la puerta, se tapó la boca y abrió desmesuradamente los ojos presa del asombro.

¿Había escuchado bien?

Al día siguiente, Scarlett se despertó a las diez de la mañana relajada y tranquila.

Hizo su rutina de ejercicios, tomó una ducha y se fue a desayunar a un Starbucks cercano.

De camino al café, recibió una llamada telefónica de Ryke; ella le contó todo lo sucedido la noche anterior con mucha emoción sin saber que él ya estaba al tanto de todo.

Incluso tenía grabaciones de lo ocurrido en la gala, y los periódicos también se hicieron eco del nuevo escándalo.

Sonrió al otro lado del teléfono, encantado de lo adorable que sonaba la muchacha al relatar su victoria.

Pero a diferencia de ella, Ryke no era tan ingenuo como para creer que la historia terminaría ahí.

“Te voy a visitar y me sigues contando”, él le propuso.

Scarlett estuvo de acuerdo.

Pidió el desayuno para los dos y regresó a casa.

Media hora después, Ryke había llegado, y se veía exhausto.

Scarlett no pudo evitar pensar que, tal vez, había pasado la noche en la cama de otra mujer y que había tenido que correr allí para verla, lo que explicaría por qué estaba sin aliento.

Lo miró con recelo cuando él se sentó en la encimera de la cocina y sacó su teléfono para enviar una serie de mensajes de texto sin siquiera saludarla primero.

Siempre parecía muy ocupado, como si tuviera el trabajo más importante del mundo, y esa actitud casi la hizo reír a carcajadas, pero se contuvo.

Tenía que mostrarle respeto como fuera, después de todo, lo que había pasado la noche anterior no habría sido posible sin su ayuda.

Sacó el paquete con el desayuno y se lo entregó; Ryke frunció el ceño bastante confundido.

“¿Para mí?”, preguntó.

“Sí.

Te compré un muffin de arándanos, un cruasán y un café con leche.

Espero que te guste”.

Ryke miró en el paquete y se quedó helado, no salía de su asombro.

Scarlett, por su parte, no entendía qué le pasaba.

¿No le gustaba el muffin de arándanos?

No lograba leer su expresión facial en absoluto.

“¿Está bien?

¿Te ofendí?”, insistió preocupada.

“¡No!”, contestó de forma inesperada, haciéndola retroceder.

Ryke notó cierta inocencia en sus ojos, como la de una niñita.

“Lo siento…

Es que no esperaba que me trajeras el desayuno”.

“Pero por supuesto.

Me alimentas todo el tiempo, así que es lo menos que puedo hacer.

¿No tienes hambre?

¿Ya desayunaste?”.

Ya había desayunado, pero no se lo dijo, sacó el muffin de la bolsa de papel y le dio un mordisco.

Sintió que estaba comiendo el bollito dulce más rico del mundo por el solo hecho de que Scarlett se lo había comprado.

Ryke no recordaba haber recibido nunca ese tipo de atención de otra persona, ni siquiera de su familia.

La generosidad de Scarlett había calado hondo en él, podía parecer un acto insignificante para otros, pero para él no lo era.

“Gracias”.

“Dios, ¿cuándo te volviste tan goloso?

Te traeré muffins más a menudo así puedo ver tu preciosa sonrisa”.

Ryke se sonrojó levemente y, para escapar de su timidez, acercó el bollito a sus labios.

“Pruébalo, está muy bueno”, le contestó.

Esperaba que ella le quitara el muffin de la mano, pero, por el contrario, se inclinó y mordió el pastel que Ryke aún sostenía.

Se quedó sin aliento ante la repentina cercanía, y la perspectiva que el escote le proporcionó fue una sublime imagen del pecho de Scarlett que iba a permanecer en sus recuerdos durante mucho tiempo.

“Mm…”, gimió ante el dulce sabor, y Ryke imaginaba cosas sucias que lo hicieron tragar con dificultad.

Ella lo miró de manera penetrante, como si fuera a hechizarlo.

Ryke se percató de que no intentaba coquetear, pero cada uno de sus movimientos le causaba un gran impacto.

¿Cómo podía una persona ser tan sexy y tan bonita al mismo tiempo?

Cortó el panecillo en dos y le dio la mitad; comieron juntos en silencio.

“¿Te dio vergüenza?”, preguntó en un momento dado; él se encogió de hombros.

Se le escapó una risita al verlo sonrojado.

¿Un acompañante masculino que se ruboriza después de algo tan simple?

Aunque era virgen, Scarlett ni se inmutó.

Bueno…

al menos virgen en su mente.

El caso es que no le disgustaba en absoluto ver un poco de emoción en la cara de Ryke.

Era un alivio saber que hasta un hombre físicamente dominante como él podía ser tímido.

De alguna manera, le parecía que el respeto que le tenía aumentaba cada día un poquito más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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