De repente, estoy casada - Capítulo 40
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40: Chapter 40 Sin valor no hay interés 40: Chapter 40 Sin valor no hay interés Megan y su madre todavía estaban enojadas por la forma en que Scarlett las había echado de la mansión.
Sin importar cuánto les rogaron, los dos guardias de seguridad se negaron a dejarlas entrar de nuevo.
Desesperadas y sin muchas opciones, tuvieron que caminar hasta un café cercano y esperar allí.
Un camarero les sirvió café con leche, pero Megan apenas le prestó atención, tenía los ojos pegados a la pantalla del teléfono mientras revisaba las noticias.
Era increíble cuánto odio recibían ella y su madre a través de las redes.
Los medios habían tergiversado los relatos de la gala de los Globex para que pareciera que eran unas malvadas.
Bueno…
algo de cierto había en eso, pero ¿qué necesidad había de exponerlas públicamente?
La joven maldijo en voz baja, pues odiaba ver cómo alababan a Scarlett en las noticias, le resultaba desconcertante.
Sin embargo, lo peor de todo era que Dan Devins las ignoraba, Joyce lo llamaba con insistencia, pero siempre terminaba en el buzón de voz.
Bebieron su café con leche y lograron comunicarse con el empresario alrededor del mediodía.
Joyce le dijo con gran vigor que Scarlett se había presentado en la mansión y las había echado por medio de engaños a los guardias de seguridad.
“¡No vas a creer lo humillada que me sentí!”, se quejó furiosa la mujer.
“Esa niña irrespetuosa…”, masculló Dan.
“¿Y ahora qué hacemos?
No podemos entrar a la mansión porque Scarlett les pidió a los guardias de seguridad que no nos permitieran el ingreso.
Por cierto, nuestras cosas todavía están ahí”.
“Bien, iré a ver qué sucede”, resolló el señor Devins bastante molesto y colgó.
A Joyce no le gustaba nada la manera en que la trataba, como si fuera una molestia; ella consideraba que merecía más respeto de su parte, al menos, iba a conseguir entrar en la casa de nuevo gracias a él.
Ni bien Dan terminó la llamada, se puso de pie y se dispuso a salir hacia su casa, pero antes de llegar a la puerta de la oficina su joven secretaria entró con una notable preocupación.
“Señor Devins, hay reporteros afuera, están esperando para entrevistarlo”.
“¿Qué?
Deshágase de ellos de inmediato, lo último que necesito son reporteros”, reprobó Dan.
“Como diga, pero…
son reporteros de la BBC, señor.
Creo que darles una entrevista podría ser muy beneficioso”.
“¿La BBC?”.
Lo pensó por un momento, después de todo, la BBC era una de las fuentes de noticias más confiables en los Estados Unidos y, por lo general, no se ocupaba de escándalos.
Tal vez los reporteros querían hacerle preguntas sobre sus negocios.
“¿Sabes por qué están aquí?”, quiso ratificarlo con su secretaria.
“No estoy segura, pero creo que debe estar relacionado con las noticias que han sido tendencia”.
“¿Qué noticias?”.
El señor Devins tenía sus años y no se mantenía al día con lo que era tendencia en internet tanto como debía.
No tenía idea de que su nombre había sido buscado innumerables veces en los últimos días y que, por desgracia, estaba lejos de ser algo bueno.
En su momento, la secretaria dudó en decírselo, debido a todos los insultos que estaba recibiendo su jefe en línea, pero sabía que no tenía otra opción que informarle.
“Bueno… Desde los eventos en la gala de Globex, su nombre ha sido tendencia, junto con el de tu hija y el de Austin Miller… Pero a usted no lo beneficia”.
El señor Devins estaba tan enojado que pateó la puerta.
Por una vez, estaba recibiendo la cantidad de atención que pensaba merecer, pero de la peor manera.
Era probable que los reporteros de la BBC hubieran ido a burlarse de él, y sería una de las pocas personas escandalosas a las que iban a entrevistar.
Cuando se casó con Alicia, su vida había dado un giro positivo, se había vuelto un profesional exitoso y había logrado formar una familia feliz.
Por el contrario, su mayor error había sido iniciar una relación con Joyce Hale y dejarla embarazada, y aunque veía a Megan y a su madre como un obstáculo en la vida, lo peor, sin duda, era Scarlett.
Su propia hija había hecho todo lo que estaba a su alcance para humillarlo.
“¡Scarlett, la mocosa!”, se quejó con su secretaria que no tenía idea de cómo reaccionar.
“Dígale a seguridad que se deshaga de esos reporteros de inmediato”.
“Señor, creo que rechazar una entrevista no contribuirá a su imagen.
Quedará como un cobarde o un irresponsable, debería salir y hablar con ellos, al menos un poco, para demostrar que no tiene nada a qué temerle.
También es una buena oportunidad para mencionar la sociedad con la corporación Globex…
Quizás eso ayude a disipar este escándalo”.
“¿Perdón?
¿De qué sociedad habla?”.
“¿No se enteró?
Está todo en internet, señor.
Parece que Chris Montgomery anoche salió de fiesta y se emborrachó un poco…
Reveló que nunca salvó a su hija en el bosque y que en realidad fue el misterioso director general de la corporación Globex quien lo hizo.
Sin embargo, para proteger su privacidad, le pagó al señor Montgomery para que dijera que él la había rescatado.
Parece que su hija está fuertemente conectada con ese hombre poderoso y, si ese es el caso, es una ventaja importante para usted”.
Dan no salía de su asombro.
¿Su Scarlett, asociada con el rey de Nueva York?
Era demasiado bueno para ser cierto.
Con la ayuda de su secretaria, revisó los diversos artículos en línea y, en efecto, eso fue lo que había dicho Chris Montgomery.
Por supuesto lo negó al día siguiente después de recuperar la sobriedad, y alegó que no hay que hacerle caso a un borracho.
Pero Dan no creía en el pobre intento de corregir el error, y estaba seguro de que Chris no habría dicho eso si no fuera verdad, más aún si estaba ebrio.
Una mueca perversa asomó en el rostro de Dan cuando pensó en lo que esta situación podría significar para él.
La razón por la que había permitido que Megan y su madre se mudaran a la mansión no era porque quisiera vivir con ellas en un ambiente familiar, ni mucho menos.
El motivo principal había sido el repentino interés de Austin Miller en Megan.
Dan estaba desesperado por asociarse con los Miller, cuya empresa había experimentado un rápido crecimiento en los últimos años.
Austin era el único sobrino al que los poderosos tío y tía trataban como a un hijo.
Sin duda, iba a heredar su imperio en el futuro, y ese era el tipo de poder del que Dan quería rodearse porque a su compañía no le va tan bien.
Siempre pensó que eso que tanto ansiaba llegaría por medio de Scarlett, quien se convertiría en la prometida de Austin, pero cuando Megan le dijo que el joven ahora estaba interesado en ella, cambió de opinión.
Ese fue el momento en que, para él, Megan pasó a ser más valiosa que Scarlett.
De hecho, decidió cuánto iba a amar a sus hijas en función de cómo ellas podían beneficiarlo.
Con esa nueva información, la situación volvía a cambiar.
Los miembros de la familia Miller eran alimañas al lado de un hombre como el director de Globex.
¡Qué bueno sería tenerlo a él como yerno!
Sería beneficioso no solo en lo profesional, sino también en su vida social…
A Dan le brillaban los ojos de tanto entusiasmo.
“Pero, ¿cómo pudo esa niña inútil conocer a un hombre tan reservado?”, se preguntó pasándose una mano por el mentón.
La secretaria se encogió de hombros, pues no tenía idea.
“¿Importa, señor?
Debería concentrarse en lo más importante, descubrir cómo sacar ventaja de esta situación.
A mi modo de ver, debería empezar por cuidar mejor a su hija Scarlett, señor Devins.
Con todos los escándalos que rodean al señor Miller y a su otra hija, no creo que la relación dure mucho más”, expuso la secretaria con la misma sonrisa malvada que mostraba su jefe.
Por supuesto, Dan asintió porque sabía que la joven tenía razón.
Lo que más odiaba en la vida la gente rica era el escándalo y la humillación que solía acarrear esa condición.
Había pocas o ninguna posibilidad de que la familia de Austin le permitiera seguir saliendo con Megan después de que se filtrara lo sucedido.
A los ojos del señor Devins, Megan había perdido todo su valor y ella se había convertido en una carga de la que necesitaba deshacerse lo más rápido posible.
Al final, Scarlett había dado en la tecla al echarlas de la mansión, porque lo eximía de hacerlo él mismo.
Por consiguiente, Dan cambió de planes y volvió sentarse en su escritorio.
Con una actitud soberbia, apagó su teléfono para no volviera a sonar.
Al cabo de una hora, Joyce intentó volver a contactarlo; sin embargo, como era de esperar, saltó el buzón de voz.
Lo mismo le ocurrió a Megan, ella tampoco pudo comunicarse con su padre, así que ambas entraron en pánico cuando empezaron a darse cuenta de lo que estaba pasando.
“Mamá…
¿papá nos abandonó?”, resopló, Megan.
Joyce deseó haber podido decir que no, pero parecía que era justo lo que ocurría.
Estaba tan enfadada y desesperada que estrelló el teléfono contra la pared, lo que atrajo algunas miradas de preocupación entre los clientes de la cafetería.
Megan nunca había visto a su madre tan furiosa.
“El pedazo de mi*rda apagó el teléfono”, gruñó la mujer.
“¿Cómo pudo hacernos esto?”, preguntó Megan muy ofendida por las acciones de su padre.
“Tu padre es una persona despreciable, Meg…
Si intentó deshacerse de Scarlett, a quien vio crecer, no le resultaría difícil hacer lo mismo con nosotras”.
“Pero…
¿Qué se supone que haremos?
¿Dejar la mansión y volver a la vida que llevábamos?
¡Todo lo que logramos habría sido en vano!”.
“No, Meg, no lo permitiré.
Tu padre nos da la espalda porque cree que no le servimos para nada.
Tendremos que demostrarle lo contrario…
Todo se debe a que tu relación con Austin terminó”.
“¿Cómo que terminó?
No es así, estamos juntos”.
Megan se atragantó con la saliva; Joyce la miró como si fuera la persona más estúpida del mundo.
“¡Espabílate, niña!
¿Cuándo fue la última vez que te llamó?
Apuesto a que bloqueó tu número, igual que lo hizo tu padre.
Así son los ricos, Meg, te apartan de sus vidas con un chasquido de dedos si les causas el más mínimo problema, y tú, querida, has traído la vergüenza a la familia Miller.
Nunca dejarán que esta relación continúe, ¿entiendes?”.
A Megan esas palabras le dolieron en el alma, porque caía en la cuenta del mundo cruel en el que se estaba metiendo.
¿Merecía la pena formar parte de la alta sociedad si iba a estar rodeada de desalmados que medían su importancia por el valor que les aportaba?
Estaba tan asqueada que sintió ganas de vomitar.
En ese momento, sonó el teléfono: era Austin.
La inocencia que había en ella le hizo creer que iba a demostrarle a su madre lo equivocada que estaba; pero cuando atendió, el joven ni siquiera la saludó, se limitó a decirle: “Escucha, Meg, no tengo mucho tiempo.
Después de lo que pasó, mi tía decidió mandarme al extranjero por un tiempo, hasta aquí llegó nuestra relación, lo siento”.
Ni siquiera la saludó.
Fue tan crudo que parecía que hablaba con una desconocida.
A Megan, tanta amargura le llenó los ojos de lágrimas; Austin no esperó que respondiera y colgó.
Podría haberle enviado un mensaje de texto con las mismas palabras y, tal vez, la habría dañado menos.
Joyce no soportó ver llorar a su preciosa hija y no poder ayudarla, maldijo tanto al muchacho como a Dan en su interior.
“¿Y ahora qué voy a hacer?
Destruí mi amistad con Scarlett, quien me trató como a una hermana hasta que la traicioné; mi padre me negó; mi novio ya no quiere tener nada que ver conmigo; mi reputación está completamente arruinada…
¡Estoy acabada!”, exclamó la joven.
“Meg, mírame”.
Ella, con lágrimas en los ojos, levantó la cabeza para obedecer.
Joyce tomó el rostro de Megan entre sus manos y le habló con vehemencia: “No di a luz a inútil, ¿me oyes?
Naciste para ser reina y estás a tiempo de conseguirlo.
No dejes que una pequeña derrota te afecte.
Tú y yo vamos a ser felices, te lo prometo.
Ahora…
Puedes pensar que has perdido, pero tienes que ser resiliente.
Y la solución en este caso consiste en que voy a conseguir la forma de contactar a tu padre y le diré que estás embarazada”.
“¿Embarazada?
Pero no lo estoy”, contestó confundida.
“Ay, ya sé, Meg, pero tienes que empezar a usar el cerebro, ¿de acuerdo?
No estás embarazada de verdad, fingirás estarlo”.
“Pero…
¿Pero por qué?
No entiendo, mamá”.
Joyce suspiró exasperada.
“Si no quieren estar vinculados contigo, tendrás que obligarlos a hacerlo, y no hay mejor manera que con un embarazo”.
“No sé si sea buena idea agregar una mentira más a todo esto”, vaciló Megan.
“Confía en tu madre, todo va a estar bien”.
Megan suspiró y asintió.
En su cara permaneció una mueca de disgusto mientras sorbía otra taza de café con leche.
Ya había tocado fondo, nada peor podía pasar, aunque siguiera los locos planes de su madre hasta el final.
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