De repente, estoy casada - Capítulo 43
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43: Chapter 43 ¡Estás despedida!
43: Chapter 43 ¡Estás despedida!
Scarlett se despertó muy temprano a la mañana siguiente y se arregló para irse a trabajar.
Cuando agarró el celular, se dio cuenta de que su papá le había enviado un mensaje a medianoche, rogándole que fuese a desayunar con él, e inclusive, la había llamado en tres oportunidades mientras se estaba bañando.
Sintió curiosidad por saber por qué de repente su padre insistía tanto en verla.
Por eso, le respondió confirmándole que se encontrarían en un restaurante, antes de la hora de entrada a la oficina.
Antes de salir, le dio una vuelta a Ryke para verificar cómo seguía.
Al verlo aún dormido, colocó las pastillas que debía tomarse en el día sobre la mesita de noche, y le dejó una nota diciendo que en la cocina había café y algo de comer.
Scarlett se encontró con su padre en un restaurante que no estaba muy lejos de la empresa donde trabajaba.
Como él llegó antes, pidió desayuno para los dos.
Al verla llegar, se levantó sonriente y por un segundo, ella pensó que quería abrazarla, pero por fortuna no lo hizo.
“Gracias por venir, princesa”, dijo él dijo y agregó: “Toma asiento que ya pedí para los dos el desayuno más sustancioso que había”.
“Gracias”, contestó ella.
Scarlett se sentó y al instante les llevaron el desayuno.
Sin embargo, aunque era una glotona, en esa oportunidad no le apetecía comer porque sentía un nudo en el estómago.
La chica miró fríamente a su papá, mientras éste le servía una taza de café recién hecho.
“Buen provecho, princesa.
Hacía mucho tiempo que no comíamos juntos.
En realidad lo siento, pero últimamente he tenido mucho trabajo en el oficina y no he podido compartir tanto contigo como quisiera….”.
“No creo que ésa sea la única razón por la que no hemos salido a comer últimamente”, respondió Scarlett con amargura, mientras le daba vueltas a la cucharilla dentro de la taza.
“Mmm…”, tosió su padre incómodo.
“¡Entonces, papá…!
¿Podríamos ir directo al grano?
Sabes que no me gusta perder el tiempo e imagino que tú tampoco.
Estoy segura de que no me invitaste sólo para pasar un buen rato conmigo.
Dime de una vez para qué querías verme”.
Dan hizo una mueca como si estuviese sintiendo un fuerte dolor, porque era la primera vez que Scarlett le hablaba de una manera tan tajante.
Parecía que estaba conversando con un socio y no con su progenitor.
Él quería aprovecharse de su ingenuidad, pero esta vez sería mucho más complicado de lo que esperaba…
“¡Estás equivocada, Scar!
La verdadera razón era que nos pusiéramos al día sobre los últimos acontecimientos, pero debo admitir que también quería conversar otra cosa contigo”.
“¡Ah!”, exclamó ella blanqueando los ojos, sin sorprenderse, mientras tomaba un sorbo de café.
El Sr.
Devins apretó los dientes, pues detestaba esas actitudes irrespetuosas de su hija, pero aun así debía tolerarlas.
“Escúchame…
¿Te enteraste de los últimos acontecimientos?”
“En cierta forma sí.
¿Por qué?”, contestó ella encogiéndose de hombros.
“En realidad…
El otro día estaba leyenda la prensa en línea y encontré un artículo muy extraño.
Se trataba de una entrevista que le hicieron a Chris Montgomery en un club, donde éste revelaba que no había sido él quien te había rescatado cuando te escapaste de aquellos secuestradores”.
“¿Entonces, ahora sí crees que me secuestraron?”, dijo ella dejando escapar una risa sarcástica.
“No seas así, princesa.
Tienes que admitir que cuando la noticia se hizo pública, tu versión parecía un poco disparatada y difícil de creer”.
“Bueno, se supone que al menos mi padre debería haber creído todo lo que dije en ese momento.
Mi palabra debió prevalecer por encima de lo que dijeran los demás, hasta que se demostrara lo contrario”.
Dan suspiró tratando de calmarse, pero se sentía cada vez más enojado.
“Está bien, te pido disculpas entonces, pero ése no es el meollo del asunto.
En realidad, quería decirte que Chris reveló que la persona que te ayudó esa noche no es un don nadie, sino el director ejecutivo de la corporación Globex, es decir, el hombre más poderoso de la ciudad.
¿Es así o me equivoco?”
De repente todo cobró sentido y Scarlett empezó a reírse.
Entonces, su padre únicamente quería reunirse con ella porque necesitaba que le sirviera de puente para conocer al director ejecutivo de Globex.
En realidad, debía estar bien desesperado, como para creer que ella lo ayudaría con eso, incluso si ése fuese el caso.
Su padre era aún más despreciable de lo que había imaginado, porque era un cr*tin* y un maleante.
“¿Quieres saber si somos buenos amigos?”, preguntó ella.
“Sólo me interesa saber si en realidad fue él quién te ayudó en aquel momento, porque de ser así, debo ir a agradecerle personalmente el haberte salvado.
Eso es todo lo que quiero hacer, Scar”.
“Bueno, puedes ahorrarte el agradecimiento porque eso no es verdad.
Es más, ni siquiera sé quién es ese señor”.
Ella observó que su padre apretaba los puños sobre la mesa, pero siguió riéndose incólume.
“Por favor…
Princesa, sólo quiero que me digas la verdad, ¿de acuerdo?
¿Por qué mentiría Chris Montgomery?”
“No lo sé, tal vez estaba ebrio y seguro le gusta irse de farra”.
“Los borrachos nunca mienten, Scar.
Me parece muy extraño que mencionara especialmente al director ejecutivo de Globex, una persona tan misteriosa como él.
Creo que debe haber una razón…
“.
“¡Papá, ya basta!
¿No te da vergüenza lo que estás haciendo?
Quieres usarme para cerrar un negocio con ese hombre.
¿Acaso crees que soy tan estúpida como para no darme cuenta?
Pues, lamento decirte que estás equivocado porque yo no conozco a ese sujeto”.
Dan se negaba a creer lo que decía y respondió levantando la voz:
“Entonces explícame ¿por qué el gerente del hotel Drunken Moon te ayudó aquella vez que peleaste con Megan en el restaurante?
Te alojaron en una suite VIP, mientras que a nosotros no echaron a la calle como si fuésemos unos mendigos.
Te trataron de esa manera porque conoces sí a ese hombre, ¿verdad?”
“¡No, papá!
¡Ellos me protegieron porque ustedes me estaban acosando en público y parecían unos animales!”
“¡Estás mintiendo, Scarlett!
¿Acaso tienes algo de qué avergonzarte?
¿Te acostaste con él?”
Scarlett jadeó, totalmente asqueada por la actitud de su padre.
Acto seguido, se levantó tan rápido, que la silla se fue de espaldas.
“Me voy de este m*ldit* restaurante y no oses volver a llamarme, ¿escuchaste?
En realidad, es una lástima que tu propia hija no tenga ningún tipo de relación con ese multimillonario.
Por ende, en vista de que ya no te soy de ninguna utilidad, te ruego que ¡te largues de mi vida para siempre!”
Scarlett salió furiosa, sin importarle la mirada de los clientes y del personal del restaurante.
Sin embargo, estalló en lágrimas mientras se dirigía a su trabajo.
Se sentía muy dolida.
Pero, se preguntó por qué estaba triste si ella esperaba que eso sucediera.
¿Cómo era posible que su padre pudiera hacerla sentir tan mal?
No obstante, lo más grave era que en el fondo ella deseaba conocer a ese director ejecutivo, para que así su papá tuviese al menos un motivo para sentirse orgulloso de…
Llegó a la empresa con un aura sombría y los ojos hinchados.
Al parecer, ése no sería un buen día, pues estaba escrito que se encontraría con Austin Miller, uno de sus más acérrimos enemigos.
Scarlett volteó los ojos exasperada, pues rara vez, él iba a esa oficina.
Pero qué casualidad que había decidido ir allá, precisamente el día que ella regresaba de sus vacaciones.
Austin la vio justo cuando Scarlett estaba atravesando las puertas automáticas, y al instante frunció el ceño.
Luego caminó hacia ella, y ésta empezó a rezar para que él no armara otro escándalo ahí en la oficina, y menos frente a tantos colegas que estaban pasando en ese momento.
“¿Qué estás haciendo aquí?”, preguntó él parado frente a ella.
Scarlett lo miró fríamente cruzando los brazos, y le contestó:
“No sé si te acuerdas, Austin, pero yo trabajo aquí…..”
“¡Qué bajeza tan grande!
Si estuviese en tu lugar, ya habría renunciado.
Pero no hay problema…
Si no quieres irte por decisión propia, voy a tener que pedirle al departamento de Recursos Humanos que te despida.
Mientras yo esté aquí, no voy a permitir que sigas trabajando en la empresa de mi familia”.
“Austin, fui contratada porque tenía el perfil para el cargo, de conformidad con los procedimientos de ley.
Por lo tanto, si quieres prescindir de mis servicios, tendrás que darle una buena razón a RRHH para que me despida.
¿Aún estás seguro de que quieres hacerlo?”
“Por supuesto que tengo muchas razones para hacerlo, Scarlett.
Empecemos por mencionar el hecho de que hiciste todo lo que pudiste para manchar el apellido de mi familia.
Además te recuerdo que yo soy el jefe de esta empresa, y por ende, puedo despedir a la persona que me dé la gana con sólo chasquear los dedos.
De hecho, en el caso de una empleadita insignificante como tú, sólo me tomaría unos segundos”.
“Bueno, haz lo que quieras”.
Ella negó con la cabeza e intentó continuar hacia el ascensor, pero Austin se paró al frente con su elevada estatura para bloquearle el paso.
Scarlett estuvo a punto de desviarse para seguir su camino, pero pensó que era innecesario.
De hecho, le parecía tonto jugar ese jueguito con él porque ya no era una niña.
“¿Me permites pasar?”, gritó ella.
“No existe la más mínima p*t* posibilidad de que entres a esta empresa.
Te estoy despidiendo en este preciso instante, así que mejor regrésate por donde entraste, antes de que llame a seguridad para que te saque a empujones”.
Scarlett no podía creer lo mezquino que era Austin.
Sin embargo, analizó un poco la situación y concluyó que él tenía razón.
En realidad, sí era un poco extraño que ella siguiera trabajando en la empresa de los Miller.
Las personas aún los veían raro, y por eso decidió actuar con mayor madurez que su ex, y evitar pelearse con ese personaje.
“De acuerdo.
Me voy a retirar en este momento”, dijo ella retrocediendo unos pasos.
Austin la vio atravesar las puertas automáticas, y a decir verdad, se sintió un poco decepcionado porque esperaba verla enojada y haciendo una pataleta.
Muy por el contrario, Scarlett había estado demasiado ecuánime para su gusto.
Ella disimuló muy bien su desasosiego, porque en el fondo estaba a punto de echarse a llorar.
En realidad tenía razón, ya que acababa de perder el empleo y no tendría con qué mantenerse.
¿Qué se suponía que debería hacer a partir de ahora?
Por el momento, ella decidió irse a casa y tal vez pedirle algunos consejos a Ryke.
Scarlett estaba casi segura de que él se sorprendería al verla regresar tan temprano…
Pero al llegar al apartamento, Ryke estaba en la cocina, tomándose el resto de la sopa de pollo que ella le había preparado.
También tenía un invitado, nada más y nada menos que su asistente, el Sr.
Goldwin.
Éste se sorprendió mucho al percatarse de que su jefe había pasado la noche con una chica ahí.
Sin embargo, no tuvo que pensar mucho en eso, porque tenía algo mucho más importante que decirle.
“Señor, vine a informarle que su padre sufrió un derrame cerebral ayer”, dijo Goldwin colocando los brazos al frente muy respetuosamente, y añadió: “Tendrá que quedarse hospitalizado un buen tiempo porque su estado es delicado”.
Al recibir la noticia, la mirada de Ryke se ensombreció y al instante perdió el apetito.
“Debe estar muy enfermo…”, susurró más para sí mismo.
“En efecto, señor.
Sus hermanos están haciendo todo lo posible para que la información no se cuele a los medios, y pienso que están buscando la manera de hacerse con la fortuna de su padre.
¿Cómo cree usted deberíamos reaccionar en este caso?”
“Mmm…”.
Tras reflexionar un rato, decidió que no permitiría que sus hermanos se salieran con la suya, pero sólo había una cosa que hacer en esa situación.
“Pienso que ya puede anunciar mi regreso a Nueva York, señor Goldwin”, dijo él y se explicó: “Voy a ir a ver a mi padre al hospital e intentaré arreglar esta situación con mi familia, porque creo que ya no podemos darle más largas al asunto”.
El Sr.
Goldwin asintió solemnemente, pero luego recordó algo.
“Señor, si anunciamos su regreso, sin duda alguna la Srta.
Devins va a descubrir su verdadera identidad”.
Ryke sonrió ligeramente al escuchar el nombre de Scarlett y dijo:
“No te preocupes por ella, porque esa chica es tan linda e ingenua que…
Ella nunca va a creer que este pobre gigoló que la está ayudando es en realidad el director ejecutivo de una de las principales empresas de los Estados Unidos”.
El Sr.
Goldwin esbozó una sutil sonrisa y trató de ocultar su sorpresa, pues no tenía idea de que Scarlett pensara que su jefe era un prox*n*ta.
“No dudo de que la Srta.
Devins tenga un corazón muy puro señor, pero por más inocente que ella sea, no creo que usted pueda ocultar esta verdad, después de que anunciemos su regreso.
De hecho, podría hasta llegar a pensar que trató de engañarla”.
“Pero nunca lo hice”, negó Ryke categóricamente, y añadió: “Ella fue la que supuso desde el principio que yo era un gigoló”.
El Sr.
Goldwin se limitó a asentir con la cabeza, pues captó de inmediato que su joven jefe no quería que la chica supiera su verdadera identidad, porque tal vez no deseaba arruinar la relación que tenían.
“De acuerdo.
Voy a ocuparme de inmediato de anunciar su regreso para que pueda ir a ver a su padre lo antes posible”.
Ryke le dio las gracias y el anciano se marchó.
Después, continuó tomándose la sopa con el ceño fruncido, deseando poder continuar su relación con Scarlett, a pesar de la tormenta que sin duda alguna se avecinaba.
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