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De repente, estoy casada - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Chapter 45 ¡Lo que el viento se llevó!
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45: Chapter 45 ¡Lo que el viento se llevó!

45: Chapter 45 ¡Lo que el viento se llevó!

Scarlett se enrolló herméticamente alrededor de Ryke, sin dejar ni un ápice de espacio entre los dos.

A pesar de sentirse aún un poco enfermo, éste logró sujetarla con un brazo, mientras chupaba y mordía su labio inferior, el cual era tan cálido y suave que él tampoco quería apartarse de ella.

Por ello, gimió frustrado, cuando Scarlett decidió bajar las piernas y ponerse de pie.

Ambos separaron sus bocas, para poder respirar profundamente.

Después, con la mirada nublada de pasión, ella lo agarró por el cuello de la camisa y lo empujó para tenderlo boca arriba sobre la cama.

Ella estaba básicamente en piloto automático y lo único que le pasaba por la mente en ese instante era el placer y la necesidad de sentirlo otra vez.

Entonces se arrastró hasta treparse encima de él, y luego soltó una sonrisa al ver su pecho subir y bajar rápidamente.

Scarlett recorrió los abdominales bien definidos de Ryke y después le hundió las uñas en los brazos.

Ryke no la detuvo y no tenía intenciones de hacerlo.

A él le encantaba tener a Scarlett encima, y más de esa manera.

Era como si ella se hubiese transformado en una pequeña fiera, al igual que aquella noche que pasaron juntos.

No protestó cuando ella le quitó la camisa y devoró su pecho con la mirada.

Por el contrario,  nunca se había sentido tan feliz de haber ido al gimnasio todos los días, porque era evidente que a esa chica le agradaba ese cuerpo bien definido.

Al instante, Scarlett se bajó un poco y lo besó casi en el hombro, y éste cerró los ojos y contrajo el rostro.

Luego, empezó a desplazarse encima de él, sintiendo cómo el p*n* de aquel hombre iba creciendo, mientras ella gemía al presionarlo, y besaba sus pectorales con los labios entreabiertos.

“Adoro….

tu…..

cuerpo”.

Él se rió entre dientes y abrió los ojos, observando en ese momento cómo ella iba bajando cada vez más la cabeza, acelerando progresivamente la respiración de Ryke, a medida que se acercaba a la parte más sensible.

“Scarlett”, dijo él, pero ella sólo respondió con un gemido.

Luego, él le puso una mano sobre la cabeza, pero ella lo interpretó como un incentivo para que siguiera adelante.

Scarlett mordió suavemente los abdominales de Ryke y éste m*ldij* en voz baja.

Era la misma Scarlett de aquella noche.

Sin embargo lo que más le sorprendió fue la confianza que demostró en todo momento, tomando en cuenta que se trataba de una chica virgen.

Parecía tener dos personalidades, es decir, era como si debajo de esa piel de corderito se ocultara una fiera ardiente imposible de detener, una vez que entraba en acción.

En sus encuentros con otras mujeres, él siempre tuvo que tomar la iniciativa y encargarse de todo.

Eso era lo esperado y por ende nunca se quejó.

Sin embargo, cuando se trataba de Scarlett, cayó en cuenta de que también disfrutaba al recibir un poco de atención de la otra parte.

Scarlett estaba tratando de quitarle los pantalones, pero a diferencia de ella, Ryke todavía podía controlarse.

Por ello, agarró esas diminutas manos que intentaban quitarle los vaqueros, y levantó su cara hasta quedar de nuevo los dos frente a frente.

“Detente ya, Scarlett.

No estás consciente de lo que estás haciendo, y no quiero que después te arrepientas de lo que hiciste”, le dijo él, mirando fijamente sus labios entreabiertos.

Al escuchar sus palabras, ella frunció el ceño porque sintió que algo se rompía en su interior, y que sus ojos ardientes de placer podía al fin ver claramente las cosas.

En ese momento, Ryke apreció de nuevo un cierto aire de timidez e inseguridad en el rostro de Scarlett, y se apresuró a decir:
“¡Escúchame!

Eres realmente hermosa, y creo que me quedo corto con ese adjetivo.

De hecho, nunca me había sentido tan atraído por una mujer, pero no quiero que pienses que te estoy pidiendo que te detengas porque no lo deseo.

Al contrario, no eres el tipo de chica para tener una aventura de una noche, porque tú mereces mucho más que eso”.

Scarlett empezó a sollozar mientras bajaba de encima de él.

Se sentía tan avergonzada, que la pasión que la invadía había desaparecido por completo.

¿Cómo había podido ofrecérsele a un hombre de esa manera?

Era evidente la razón por la cual él no había querido seguir adelante.

¿Qué estaba pensando hacer en realidad?

Iba a quitarle los pantalones y luego ¿qué?

¿Le haría s*x* oral?

Sentía que era una estúpida ignorante.

Ryke se sentó a su lado porque quería consolarla, pero no encontraba las palabras adecuadas para hacerlo.

Definitivamente, él no era bueno expresando sus emociones.

“Lo lamento”, se disculpó él.

Scarlett negó con la cabeza, pues en su mente, era ella quien debía pedir disculpas.

Entonces, se echó el cabello hacia atrás y se dio unos golpecitos en sus mejillas sonrojadas, en un intento de contener las lágrimas a punto de brotar de sus ojos.

“Soy una idiota”, murmuró ella.

Ryke la agarró por la barbilla e hizo que volteara para que lo mirara a los ojos.

Se le rompía el corazón al saber que él era el culpable de esas lágrimas.

“En verdad, sólo estoy tratando de protegerte”, le dijo él y añadió: “Anoche reaccionaste intensamente cuando nos besamos, pero como te dije, yo soy tuyo y si quieres tener s*x* conmigo, no voy a oponerme”.

Scarlett no pudo evitar reírse.

“Tú no me perteneces”.

“Sí, estoy a merced tuya porque pagaste un millón de dólares por mí”.

“Fue un regalo”.

“Mmm, pero mi oferta sigue en pie.

Literalmente hablando, puedes usarme para explorar tu sexualidad.

Es más, estoy dispuesto a enseñarte lo que desees”.

Scarlett lo miró con los ojos entreabiertos.

¡Dios!

¿Por qué siempre le hacía esas ofertas tan tentadoras?

Sin embargo, él tenía razón porque ella no quería tener s*x* por tenerlo.

Toda su vida había soñado con hacerlo por primera vez con el hombre que amara.

De hecho, le parecía una bendición que no recordara nada sobre aquella noche que había pasado con Ryke.

De esa manera, tendría la oportunidad de vivir esa primera experiencia “real”, cuando así sucediera y por eso, no quería arruinarlo todo.

“Tendré en cuenta su oferta, caballero”, contestó ella.

Él se rió y la besó en la boca, porque ella era irresistiblemente linda.

Scarlett se levantó y afirmó suspirando:
“Bueno, me voy a actualizar mi currículo.

Quédate aquí descansando porque aún estás indispuesto.

No puedo creer que estuve a punto de f*ll*rme a un hombre enfermo”.

Ella negó con la cabeza mientras se dirigía hacia la puerta.

Sin embargo, antes de salir se volteó y le preguntó:
“¿Una pregunta?”
“¿Mmm?”
“¿Exactamente, qué tipo de relación tenemos?”
Ryke guardó silencio un rato, pues no sabía qué responder.

En realidad, él también quería saber la respuesta.

“Supongo que el tipo de relación que tú prefieras”
Scarlett tarareó.

“A…

¿algún día me vas a decir tu verdadero nombre?

Me parece un poco injusto que tú sepas el mío, y que yo aún ignore el tuyo, ¿no te parece?”
“Claro que te lo diré”, le dijo sonriente y añadió: “A la larga lo haré, o quizá tú lo descubras pronto por tus propios medios”.

“¿Pero por qué no puedes decírmelo en este momento?” 
Quería decirle que no quería perderla, pero terminó diciéndole:
“…Porque no tengo el coraje de hacerlo”.

Scarlett asintió con la cabeza, pues esa respuesta le había parecido suficiente.

Entendía muy bien que a veces era difícil revelar una información tan personal a un desconocido, especialmente en su caso, porque él estaba atravesando un momento muy duro.

Cuando ella salió de la habitación, el joven suspiró y se pasó una mano por la cabeza.

No lograba sentirse cómodo en la cama, incluso después de intentar diferentes posiciones.

Tenía muchas cosas en mente, pero sin duda, la principal de todas era el placer experimentado al sentir los labios de Scarlett recorriendo sus abdominales.

Por su parte, Austin ya le había informado a Recursos Humanos que quería prescindir de los servicios de Scarlett.

Sin embargo, él no sabía que el gerente había llamado inmediatamente a sus tíos para ponerlos al corriente de la situación.

Por eso, su tía Melinda lo llamó a una pequeña reunión esa misma tarde, y no se veía muy contenta que se diga.

“¿Cómo está todo, tía?”, le preguntó Austin, apenas se sentó en una de las sillas del jardín de la casa.

“¿Hijo, por qué siempre estás creando problemas?”, preguntó la señora.

“¿Perdón?”
“El verdadero motivo por el que quiero que te vayas del país es evitar que sigas cometiendo tantos errores, pero por lo visto, no tienes intenciones de cambiar por el momento, ¿cierto?”
“¿Y ahora qué hice?” 
“Escuché que quieres despedir a Scarlett”.

“¿Cómo te enteraste de eso?”
Austin se veía claramente sorprendido, lo que le causó mucha risa a su tía.

“Austin, la empresa lleva nuestro apellido, y es evidente que siempre voy a estar al tanto de lo que suceda en ella.

Por eso, me parece increíble que hayas sido tan estúpido al pensar que podías despedir a esa chica sin tener un motivo válido para hacerlo.

¿Sabías que ella podría contratar a un buen abogado y demandarnos?”
“¡Ella no se atrevería a hacerlo!”, respondió él acaloradamente.

“¡Por supuesto!

Así como ella no se atrevió a hacer pública tu infidelidad, ¿verdad?”
Austin bajó visiblemente la guardia porque su tía tenía razón.

De hecho, no soportaba darse cuenta de cuán poderosa era Scarlett en realidad.

“Pero de todas formas, no la quiero en nuestra empresa, tía.

Tenemos que prescindir de ella”.

“Lo deseo tanto como tú, pero como de costumbre, debes ser un poco más inteligente y no tomar decisiones con la cabeza caliente otra vez.

Te pido que siempre me consultes las cosas antes de hacerlas, porque así nos evitaremos dolores de cabeza como éste”.

Austin asintió porque quedó satisfecho con la promesa que le había hecho su tía de encontrar la manera de que despidieran a Scarlett, sin perjudicar a la empresa.

Aproximadamente a las ocho de la noche, Scarlett se despertó de pronto.

Tenía la cabeza sobre la mesada de la barra, pero no recordaba haberse quedado dormida en la cocina.

Como ya había pasado la hora del almuerzo y la cena, se asustó al percatarse de que no le había dado de comer a Ryke, y que no había realizado las tareas pendientes.

Ella se m*ldij* a sí misma mientras abría la heladera y sacaba los ingredientes para preparar una sopa de pescado.

Tardó casi una hora en hacerla, pero además sabía terrible.

Bueno al fin de cuentas, era una comida sana.

Llenó generosamente un cuenco y lo colocó en una bandeja, junto con unas galletas y agua.

Luego se dirigió a la habitación y abrió la puerta.

“¡Lo siento!”, se excusó rápidamente y añadió: “Te juro que no era mi intención dejarte morir de hambre”.

Sin embargo, se quedó muda al instante al levantar la vista y ver que la cama estaba hecha y vacía.

Acto seguido, colocó la bandeja en la mesita de noche y frunció el ceño.

“Umm…

¿Caballero?”
Fue al baño y no había nadie.

Entonces, cayó en cuenta de que en efecto Ryke se había ido.

Quizá se había marchado, mientras ella estaba durmiendo en la cocina, pero, ¿por qué si aún no estaba del todo recuperado?

Además, ¡ni siquiera se había dignado a dejarle una nota!

Scarlett estaba realmente molesta, ya que al menos podía haberle dado las gracias por haberlo cuidado.

¿Por qué se había ido como un m*ldit* cobarde?

¿Y a dónde?

Incluso le había ofrecido que se quedara ahí, hasta que pudiera retomar su rutina diaria.

En realidad, no quería creer que Ryke se hubiese atrevido a volver al estilo de vida anterior, llevándose a cuestas el millón de dólares que era de ella, ¿cierto?

Sin saber ya qué pensar, se sentó malhumorada en la cama, y miró de mala gana la sopa que le había traído.

Por esa razón, no quería preocuparse por nadie, ya que siempre terminaba lastimada y sola.

Definitivamente, era tan tonta que no podía ni siquiera controlar sus sentimientos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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