De repente, estoy casada - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 Chapter 46 Fui a visitar a mi padre
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46: Chapter 46 Fui a visitar a mi padre 46: Chapter 46 Fui a visitar a mi padre Lo que Scarlett no sabía era que Ryke había recibido una llamada del Sr.
Goldwin para que fuese a visitar a su padre, mientras ella estaba durmiendo en la mesada de la cocina.
Quería despedirse de ella, pero se veía tan pequeña y tierna, que no quiso interrumpir su apacible sueño.
Por ello, le acarició el cabello y se marchó.
De camino a la clínica, no podía dejar de pensar en Scarlett.
Ahora era muy frecuente tenerla constantemente en mente, incluso en situaciones donde debía estar muy concentrado.
Se reunió con el Sr.
Goldwin en el vestíbulo de la clínica.
Su asistente ya se había encargado de todos los trámites de rigor y lo llevó al último piso, donde se encontraba la suite VIP del padre de Ryke.
Él encontró en la puerta a una de las criadas y a un guardaespaldas.
Los conocían bien a los dos, porque trabajaban para la familia Stoll, desde que Ryke era niño.
La solterona de origen búlgaro estaba muy feliz de verlo.
“Señor Stoll!”, dijo emocionada ella y se apresuró a agarrar las manos de Ryke.
El joven sonrió, y los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas, porque en realidad lo había echado de menos.
Incluso el jefe de los guardaespaldas que permanecía incólume en la puerta también parecía feliz de ver a Ryke.
“¡Ah ya regresaste!
Nos alegra mucho verte”, suspiró la criada.
“Gracias, Sra.
Elena.
¿Pero, cómo está mi papá?”
“Umm…
No muy bien desafortunadamente, porque su estado sigue empeorando, y estoy muy preocupada por él.
Además no ha dejado de preguntar por ti, ya que de todos sus hijos, tú eres el más despegado, y temía morirse sin verte otra vez”.
El ama de llaves sollozó poniéndose la mano en la boca y Ryke le dio unas suaves palmaditas en la espalda para tratar de calmarla.
“Muy bien…
Ya estoy aquí y todo va a estar bien”, le dijo él.
El guardaespaldas le abrió paso a Ryke hacia la habitación, mientras que el Sr.
Goldwin se quedó atrás.
Apenas entró el joven director general, la puerta se cerró suavemente.
Era una habitación enorme, como era de esperarse en el caso de una persona tan influyente.
Sin embargo, independientemente de lo rico que puedas ser, el dinero no te hace inmune a las enfermedades.
Ryke pensó en eso, mientras se acercaba a la cama y veía la figura enferma, débil y adolorida de su padre.
El viejo Sr.
Stoll apenas conservaba algo de su cabello ralo y canoso, y el tono de la piel era más grisáceo que la propia ceniza.
En realidad, parecía un cadáver porque tenía los ojos cerrados, aunque el suave pitido de la máquina a la que estaba conectado indicaba que aún le quedaba algo de vida.
Al sentir la presencia de Ryke, el anciano abrió lentamente sus ojos plateados y miró primero al techo y después a su hijo.
Sin embargo, el rostro de aquel hombre denotaba incredulidad y por ello, parpadeó varias veces y se aclaró la garganta.
“¿Acaso estoy soñando?”, preguntó con voz casi inaudible.
Ryke se sentó en el cojín de cuero que estaba al lado de la cama, tragó grueso, y luego evitó demostrar sus sentimientos.
Le parecía extraño ver a su padre así, porque la última vez que se habían visto, estaba en perfecto estado de salud.
Era como una lección para demostrarle lo cruel que podía llegar a ser la vida.
“No, no estás soñando papá”, respondió Ryke, sosteniendo la mano huesuda de su padre, y añadió: “Has perdido mucho peso”.
El anciano soltó una risa entrecortada, porque parecía que hasta el hecho de reírse le causaba dolor.
“Estos muchachos de hoy en día…
¿Me estás viendo por primera vez en años y lo primero que se te ocurre decirme es que he perdido peso?
¡Ja!
Bueno hijo mío, eso es precisamente lo que el cáncer provoca en tu cuerpo.
Sólo espero que nunca lo experimentes en carne propia”.
Ryke sonrió, al ver los ojos llenos de amor de su padre.
“Pensé que no te volvería a ver más…”, agregó el anciano.
“No te vas a deshacer de mí tan fácilmente, papá”.
“Mmm…
Si no estuviera enfermo, ¿habrías venido a verme de todas maneras?
Pareciera que ya no quisieras tener ningún vínculo con nuestra familia”.
“Por supuesto que habría regresado”.
“Bueno…
yo no te conozco muy bien, Ryke.
A veces siento que hay tanta distancia entre nosotros, que me pareces casi un extraño”.
Ryke guardó silencio porque en el fondo sabía que su padre tenía razón.
Ya no era tan cercano a la familia, pero lo hacía para protegerse a sí mismo.
A su padre le dolería demasiado saber que sus hijos no se llevaban bien, a diferencia de lo que trataban de aparentar frente a los demás.
Por supuesto, el Sr.
Stoll nunca lo admitiría, pero a decir verdad, Ryke era su hijo predilecto.
Tal vez porque él era quien más se le parecía, ya que había heredado la mayoría de sus genes, además de ser carismático y mujeriego, al igual que su progenitor cuando era joven.
Sin embargo, el Sr.
Stoll también creía que Ryke no tenía ni su sabiduría ni habilidad para los negocios, lo que le parecía muy lamentable.
Según su padre, a él sólo le importaba ir de fiesta en fiesta y de mujer en mujer por la vida.
Por esa razón, lo envió a estudiar al extranjero, con la esperanza de que aprendiera a ser más responsable.
No obstante, el joven más bien empeoró, ya que todos los días el anciano recibía noticias de sus escándalos en Francia o Suiza, sintiéndose muy defraudado por esa actitud, llegando incluso a perder la confianza en el menor de sus hijos.
Tratando de adivinar en qué estaba pensando su padre, Ryke le dio un pequeño apretón de mano.
Realmente deseaba demostrarle que no era tan inútil como pensaba, pero eso lo expondría a un gran riesgo, especialmente frente a sus hermanos, quienes eran muy celosos.
Su papá no podía enterarse, por ningún motivo, de que su hijo menor dirigía la empresa más grande de Nueva York.
“No quiero que te preocupes por nada.
Estoy aquí y no me iré a ninguna parte”, le prometió Ryke.
“¿De verdad?”
“Sí, estoy hablando en serio papá.
A partir de ahora, estaré a tu lado”.
Al parecer, su padre se sintió complacido con esas palabras, porque se relajó un poco sobre la almohada, y le pidió un vaso de agua, y Ryke se la dio complacido con una pajilla.
En ese momento, se abrió nuevamente la puerta de la suite VIP, y entró un hombre de gran estatura.
Se parecía un poco a Ryke, pero tenía más edad y los rasgos más definidos.
Sus ojos marrones de mirada profunda brillaban detrás de unos lentes de montura cuadrada.
“Buenas noches, papá”, dijo el hombre acercándose a la cama.
Ryke apretó la mandíbula al percatarse de que era su hermano mayor.
Por supuesto que esperaba encontrarse con uno de ellos ahí, pero aun así, se sintió un poco enfadado.
Joshua lo miró de reojo, frunciendo levemente los labios, en una mueca de disgusto.
“Buenas noches, hermano.
Ya me habían dicho que habías regresado”.
“Me alegra de verte de nuevo, Josh…”.
“¿Cuándo llegaste?”.
“Anoche”.
“Mmm…
Debiste haberme dicho para irte a buscar al aeropuerto.
Bueno, hasta que por fin te dignaste a venir.
Te estuve llamando para contarte sobre la enfermedad de papa, pero nunca me contestaste”.
Evidentemente, eso era mentira porque ninguno de sus hermanos se había comunicado con él, desde que se había ido a Europa, y mucho menos lo llamarían para contarle algo sobre su padre.
En el fondo, todos preferían que él nunca hubiese regresado, pero Ryke prefirió ocultar su rabia, y mostrar en su lugar una falsa sonrisa.
“¿Intentaste comunicarte conmigo?
¿eh?
Entonces debe haber un problema con mi teléfono, porque no recuerdo haber recibido ninguna llamada tuya en los últimos dos años, Joshua.
¡Qué raro…!”
El tono de voz sarcástico de Ryke era evidente, pero el Sr.
Roll no se percató de ello, porque sencillamente estaba contento de ver a sus dos hijos juntos.
“Llegaste justo a tiempo, Joshua”, afirmó el padre y añadió: “En vista de que tu hermano regresó, creo que es hora de que finalmente contribuya con el negocio de la familia.
Tú sabes que las cosas no están tan bien como antes, y quizá Ryke podría darte una mejor perspectiva de lo que se puede hacer.
¿Por qué no le ofreces un cargo en la alta gerencia de la empresa?”
Joshua se acomodó los lentes, mientras maldecía para sus adentros.
Se preguntó incluso por qué el idiota de su hermanito debería ocupar un cargo en la alta gerencia, si en realidad, éste no tenía ninguna habilidad ni conocimiento para ello.
A su modo de ver, el anciano estaba delirando.
Sin embargo, sabía que no sería una buena idea oponerse, porque aunque él estaba a cargo de la empresa, su padre aún poseía la mayoría de las acciones y podía tomar cualquier decisión.
Joshua había trabajado demasiado duro, para ahora ver desaparecer su sueño de convertirse en el heredero de la empresa, por el mero hecho de decir algo malo sobre el hijo favorito de papá, una verdad que todos conocían muy bien.
“Voy a ver qué puedo hacer, papá”, respondió Joshua con solemnidad.
Ambos hermanos permanecieron algunos minutos más en la habitación, antes de marcharse para que su padre pudiera descansar.
Al salir de la suite, caminaron juntos por la sala sin decir una palabra, hasta que Joshua decidió romper el silencio.
“Entonces, Ryke…
¿Te parece si invito a Eric y Brandon para tomarnos algo entre hermanos?
Así celebramos tu regreso”.
“Ja”, sonrió sin ganas Ryke y añadió: “No te preocupes por eso, Josh.
Estoy seguro de que Eric y Brandon tienen cosas más importantes que hacer de todos modos”.
Joshua tarareó y por el rabillo del ojo, Ryke lo vio sacar algo del bolsillo de la chaqueta.
“Toma esta tarjeta de crédito”, le dijo él y agregó: “Sé que en este momento no debes tener mucho dinero.
Úsala para cubrir tus gastos, hasta que podamos conseguirte un empleo.
En realidad, creo que puedo ayudarte con eso”.
Ryke aceptó la tarjeta que le dio Joshua y la guardó en el bolsillo de su pantalón.
“¿Qué tipo de trabajo puedes conseguirme?”
“Me temo que no puede ser un cargo en la alta gerencia.
En realidad, nuestro padre piensa que es muy sencillo, pero si no tienes las credenciales necesarias, no tendrás más opción que esforzarte mucho para llegar a la cima, Ryke.
Tal vez pueda conseguirte algo en el departamento de administración hasta que demuestres que reúnes los méritos para ser promovido”.
Ryke se burló al escuchar las palabras de su hermano.
“¿Y cuál sería mi sueldo?”
Cuando Joshua le dijo el monto, Ryke casi se echó a reír porque era una cantidad absurdamente pequeña.
Sin embargo, no sólo le parecía ínfima porque él estaba acostumbrado a ganar millones de dólares, sino porque el sueldo era incluso menor al que esperaría recibir una persona común y corriente.
Sin duda, su hermano mayor se quería pasar de astuto, sin ninguna necesidad.
“¿Qué?”, se burló Joshua y luego preguntó: “¿De verdad crees que mereces un cargo mucho mejor que ése, Ryke?”
“Realmente no”, respondió el hermano menor, y añadió: “Es más, creo que es perfecto.
Después de todo, no va a ser por mucho tiempo, ya que tengo proyectos más importantes esperando por mí, Josh, y ambos lo sabemos”.
Ryke se alegró al ver desaparecer la sonrisa de su hermano mayor.
Entonces se despidió de él y salió primero del hospital, moviendo la cabeza.
No importaba cuántos años hubiesen pasado, Joshua seguía siendo el mismo hombre amargado y envidioso de siempre y por eso, casi sintió lástima por él.
Llegó a su auto que estaba parqueado en el estacionamiento y se subió de inmediato.
Tras ver a Josh, Ryke sólo quería relajarse, y la mejor manera de hacerlo era ir a casa de Scarlett.
Acto seguido, la llamó, pero el teléfono timbró varias veces y ella no contestó.
“¿Estará dormida aún?”, se preguntó con el ceño fruncido.
Volvió a llamarla pero esta vez ni siquiera repicó.
En ese instante, él se percató de que Scarlett no quería responderle la llamada, lo que le causó risa.
¿Acaso esa tonta estaba enojada con él porque se había ido sin avisarle?
Ryke negó con la cabeza y encendió el auto.
De verdad que Scarlett era muy tonta, pero no tenía más remedio que ir a disculparse con ella personalmente.
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