De repente, estoy casada - Capítulo 51
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51: Chapter 51 Primera vez, parte 1 51: Chapter 51 Primera vez, parte 1 Ryke condujo rápidamente hacia el apartamento de Soho.
Estaba demasiado ansioso por saber lo que Scarlett le tenía reservado y apenas podía mantener la vista en el camino.
La joven soltó una carcajada cuando sus ojos se encontraron con los de él por centésima vez.
“No vayas a matarnos ahora, Levi”, dijo ella riéndose entre dientes.
“Mira hacia el frente mientras estés detrás de ese volante y deja de voltear a verme a mí”.
“Es que no puedo evitarlo”, respondió él, sonriendo a su vez.
“¡Eres tan hermosa!”.
Scarlett negó con la cabeza, mostrándole una pequeña sonrisa, pero la verdad era que se sentía tan nerviosa como él.
El auto estaba lleno de tensión sexual y la chica tuvo que luchar contra ella misma para no saltar sobre él.
“¿No se enojará tu nuevo jefe?”, jadeó ella.
“Es tu primer día y ya desapareciste detrás de una mujer”.
Ryke alzó los hombros, mientras se humedecía los labios.
“No podría importarme menos lo que piense, honestamente”.
“Ocasionarás que te despida”.
“Pero valdrá la pena”.
Scarlett se odió a sí misma por disfrutar esas palabras que salieron de su boca.
No debía alentar su irresponsabilidad y, sin embargo, no hizo más que morderse el labio inferior y desear que llegaran pronto a casa.
Unos minutos más tarde, Ryke aparcó frente a su edificio en Soho y se bajó.
Entonces, rodeó el auto apresuradamente para abrirle la puerta a Scarlett.
Ella apenas abrió la boca para agradecerle cuando él ya la había jalado hacia la puerta de su edificio.
No les importó el par de vecinos con los que se cruzaron en el pasillo y que los miraban raro porque iban riendo.
Dentro del ascensor, Ryke decidió que no podía esperar más.
Apretó el cuerpo de Scarlett contra la pared y la besó de nuevo.
Ella gimió y lo dejó deslizar su lengua dentro de su boca.
A continuación, ambos estallaron en carcajadas cuando Ryke la agarró del trasero y la acercó hacia su cuerpo.
“Dime que estos ascensores no tienen cámaras”, dijo Scarlett hablando sobre sus labios.
Ryke no dejó de besarla, pero miró hacia una esquina del ascensor y descubrió la luz roja de una cámara.
“¡M*erda!
En realidad, sí tienen”.
Ambos pararon de besarse, pero dejaron juntas sus frentes.
A Scarlett le costó mucho reprimir la risa y, al final, hundió la cara en el pecho de Ryke hasta que la puerta del ascensor se abrió en su piso.
Ella salió primero, con él siguiéndola de cerca y sosteniendo su cintura.
Era como si no quisiera alejarse ni un segundo y a ella eso le gustaba.
Realmente la estaba haciendo sentir como si fuera la única mujer sobre la faz de la Tierra.
Le temblaban los dedos cuando trató de abrir la puerta del apartamento y él hundió la cabeza en el hueco de su cuello, mordisqueándole la oreja con los dientes.
“¡Para!”, gimió ella.
“Ni siquiera puedo abrir esta puerta”.
Pero él no se detuvo, solo se rio divertido.
Después de tres intentos fallidos, Scarlett finalmente pudo abrir y ambos entraron.
Una vez en la privacidad de su casa, ella se dio la vuelta e intentó besarlo de nuevo, pero él fue más rápido.
La cargó en sus brazos y caminó hacia el dormitorio sin dejar de verla a los ojos.
“Nunca he podido dejar de pensar en ti”, espetó él.
“Desde el momento en que te conocí, has estado viviendo en mi cabeza, sin pagar alquiler”.
Una vez que entraron, él dejó la puerta del dormitorio entreabierta y tan pronto como Scarlett estuvo de pie, comenzó a desabotonar su vestido de flores.
“He intentado controlarme cuando estás a mi alrededor, pero cada vez es más difícil, ¡te deseo tanto!”.
Después de desabrochar los primeros botones, él se detuvo y la miró a los ojos donde encontró el mismo deseo ardiente que sentía dentro de él.
“No me detendré esta vez, Scarlett”, dijo con nerviosismo.
Ella le tomó la mano y se la llevó a los labios, sin dejar de mirarlo a los ojos.
Besó cada uno de sus nudillos, lentamente.
La respiración de Ryke se volvió pesada y se detuvo cuando ella puso su mano sobre su pecho.
Podía sentir su pezón endurecido bajo la ligera tela de su vestido.
“Será mejor que no te detengas”, susurró ella.
Esa era toda la confirmación que necesitaba, así que la condujo hasta la orilla de la cama donde terminó de desabotonar su vestido.
La luz del sol se filtraba a través de las cortinas y proyectaba un aura de ensueño en el dormitorio, como si ambos estuvieran en su propio mundo.
Ryke se sentía un poco nervioso, pues solo pensaba en que iba a tener sexo con Scarlett y que oficialmente sería su primera vez.
A pesar de que se sentía honrado, también temía arruinar ese momento.
Quería que fuera una experiencia memorable y placentera.
Sin embargo, no se había acostado con nadie en mucho tiempo.
¿Qué pasaría si perdía el control y la lastimaba en el proceso?
Sin embargo, al mirar los ojos de Scarlett, sus preocupaciones disminuyeron lentamente.
Podía ver su confianza, entonces, decidió que él también confiaría en sí mismo y se dejaría llevar por la corriente.
Estar con alguien como Scarlett requería de mucha paciencia, así que se mantendría enfocado.
Le quitó el vestido que cayó silenciosamente a sus pies.
Ryke admiró su cuerpo semidesnudo, con su ropa interior blanca de encaje.
La piel de Scarlett se erizó a lo largo de sus brazos y los envolvió alrededor de su pecho, tratando de cubrir sus senos.
Las mejillas de la chica estaban teñidas de un claro rubor.
“Eres angelical”, susurró Ryke, rozando un lado de su cara con su pulgar.
“No seas tímida, déjame verte”.
Scarlett respiró con dificultad, ya que era la primera vez que estaba desnuda frente a otra persona y aunque confiaba en Ryke, se sentía cohibida.
Nunca estuvo completamente satisfecha con la apariencia de su cuerpo porque, a diferencia de otras chicas, su estómago no era tan plano y tenía celulitis y caderas más anchas de lo necesario.
¿Y si a él tampoco le gustaba?
Ryke tomó sus muñecas y apartó suavemente sus brazos para descubrir su pecho.
Ella obedeció, pero tuvo que desviar la mirada.
Él dio un par de pasos hacia atrás y ella volteó a verlo soltando un suspiro tembloroso.
Su expresión facial era todo lo que ella necesitaba para sentirse segura.
Él maldijo con voz muy baja y comenzó a quitarse la ropa.
En ese momento, Scarlett sonrió con felicidad al saber que no sería la única desnuda.
Así que él se quitó la camisa y los jeans, quedándose solamente con su bóxer negro.
Unos segundos después, ya estaban ambos acostados uno al lado del otro.
Entonces Scarlett sintió las suaves sábanas debajo de su espalda y empuñó las manos suavemente cuando Ryke se colocó encima de ella.
Su cuerpo estaba entre sus piernas, manteniéndolas abiertas.
Luego, él acomodó una almohada debajo de su cabeza para que ella se sintiera más cómoda.
“¿Tienes miedo?”, preguntó él, al notar el ligero temblor de sus hombros.
“Solo un poco”, replicó ella con voz suave.
“No te haré daño, lo prometo”.
“Lo sé”.
A pesar de que sentía que su bóxer no lo dejaba respirar porque su cuerpo ya necesitaba más espacio, aún no era el momento de quitárselo.
Primero, necesitaba que Scarlett estuviera lista para él.
La primera vez no había sido complicada, ya que ella había tomado un afrodisiaco que la había vuelto loca de deseo, pero ahora que gozaba de plena conciencia, necesitaba mucha preparación.
Ryke acarició sus clavículas con las yemas de sus dedos y luego las bajó a lo largo de sus brazos.
La piel de ella se erizó siguiendo la senda de su pulgar, demostrando que era muy sensible.
Su respiración se aceleró al ver que sus dedos hacían círculos alrededor de sus dos montículos, para después deslizarlos hasta su estómago.
Luego él regresó las manos hacia sus senos y los apretó, uno a uno.
Los labios de Scarlett se abrieron, pero no salió ningún sonido de ellos, solo arqueó la espalda para estar más cerca de su cuerpo.
“Tienes las mejores tetas del mundo, lo sabes, ¿verdad?”, dijo Ryke riéndose entre dientes.
Ella se mordió el labio, amando el cumplido.
“Caben perfectamente en mis palmas.
Es como si yo estuviera hecho para sostenerlas, simplemente, así…”.
Ryke se inclinó y cerró la boca alrededor de su pezón.
Le encantaba sentir sus pechos, tan cálidos y suaves.
Era natural que quisiera probarlos.
Scarlett hizo un ruido de complacencia y él deslizó la punta de la lengua sobre su pecho, chupándolo con fuerza y mordisqueándolo con sus dientes.
Con cada movimiento, el cuerpo de ella se volvía más reactivo y él terminó enterrando sus dedos entre su cabello.
Se movió hacia su otro pezón para pellizcarlo con su índice y su pulgar, sintiendo cómo se volvía duro y sensible.
“¿Te gusta cómo se siente?”, preguntó, retorciendo sus pezones.
“¡Aah, uh!”.
“Siénteme”.
Ella gimió, apretando las piernas alrededor de él y lentamente comenzó a empujar la parte inferior de su cuerpo.
Ryke sonrió ante su impaciencia, pero sabía que Scarlett estaba lista para ir todavía más allá y rozó su mano por todo su costado, enganchando un par de dedos debajo de la orilla de su fina lencería de encaje.
“Voy a quitarte tus calzoncitos, ¿de acuerdo?
Puedes detenerme si hago algo con lo que no te sientas cómoda”.
Ella asintió y Ryke se sentó sobre sus rodillas para bajarle las pantaletas por sus muslos.
Al darse cuenta de que ella estaba empapada, se sintió con mayor confianza.
Dejó caer los calzones al suelo y Scarlett trató de cerrar las piernas, sintiéndose bastante expuesta de nuevo, pero el cuerpo de Ryke se lo impidió.
“Tienes que dejar de esconderte, mi pequeña damisela”.
“Es que me da mucha vergüenza”, gimió ella débilmente.
“No me mires”.
“¿Y por qué me privarías de una vista tan exquisita?”.
Scarlett gimió permitiendo que él le abriera aún más las piernas.
Entonces ella escondió su rostro detrás de ambas manos y, por lo tanto, no lo vio tomar otra almohada que colocó debajo de su espalda baja.
Ryke ahora tenía una visión perfecta de la intimidad de Scarlett, que veía como un capullo de rosa que rogaba por su atención.
Él se lamió los labios y se inclinó para besar con la boca abierta sus muslos y ella volvió a gemir cuando él se acercó a su centro.
Sabía que estaba justo a esa altura.
“Tu c*ño es perfecto”, gimió él, haciéndola apretar los dientes ante esa palabra sucia.
Ryke usó dos dedos para abrirla y ver mejor su sexo, cubierto de un dulce jugo.
Se preguntó cómo podía haber cabido dentro de ella esa primera vez, al ver su agujero tan pequeño.
Metió el dedo medio con firmeza, solo para comprobarlo, y observó la reacción de Scarlett.
Ahora había dejado de cubrirse la cara y sus ojos se encontraron.
“Eres tan pequeña”, dijo con voz muy baja.
“Pero nos divertiremos mucho al estirarte”.
Él movió su dedo lentamente adentro de ella y la espalda de Scarlett se arqueó un poco más.
Seguro se sentía mejor que alguien más le hiciera eso, en lugar de su aburrida masturbación de siempre.
Ella no tenía experiencia con su propio cuerpo, pero Ryke sabía muy bien lo que estaba haciendo.
Agregó un segundo dedo y luego un tercero, pero solo cuando estuvo seguro de que ella podría tomarlos.
La llenaron bien y se enroscaron dentro de ella de una manera que la hizo retorcerse en la cama, anhelando más.
Ryke usó su pulgar para masajear su clítoris con sus tres dedos todavía enterrados profundamente dentro de ella.
“Ay, Dios mío”.
Scarlett no supo cómo manejar la sacudida de éxtasis y de puro placer que se extendió por todo su cuerpo.
Ryke sonrió, mientras sus movimientos se volvían más fuertes, más profundos y más rápidos.
“¡Mi*rda!
Levi, yo…
Yo…
no creo que pueda…”.
Le encantaba escucharla sollozar y ver su piel cubierta de sudor, mostrando en el rostro todo el placer que estaba sintiendo.
Ella se aferró a su muñeca para hacerlo reducir la velocidad, pero Ryke podía sentir que estaba cerca y quería verla durante el clímax.
Siguió haciendo lo mismo cada vez con mayor intensidad, metiendo y sacando sus dedos de su v*gina, mientras presionaba su clít*ris con el pulgar.
Su clímax la sorprendió, pues de repente, sintió que su cerebro explotaba y gritó mientras olas de placer sacudían su cuerpo, una y otra vez.
Ella percibió que sus ojos rodaron hacia la parte de atrás de su cuello, al mismo tiempo que Ryke se acercaba a ella y besaba sus labios entreabiertos.
“¡Qué sexi eres, Scarlett!”, gimió él.
“No tienes ni p*ta idea, ¿verdad?
Voy a hacer que vuelvas a venirte”.
Ella asintió tontamente, mientras su visión regresaba después de ese orgasmo alucinante.
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