De repente, estoy casada - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Chapter 56 Otra cruel estratagema
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56: Chapter 56 Otra cruel estratagema 56: Chapter 56 Otra cruel estratagema Por la mañana, Scarlett se despertó con la sensación de unos dedos suaves que se deslizaban por su cabello, y cuando abrió sus párpados tuvo que cerrarlos rápidamente al sentir la luz del sol inundando sus ojos.
Inmediatamente después se encontró con el atractivo rostro de Ryke.
Parecía que él también acababa de despertarse, pero aun así era el hombre más guapo del mundo.
Ella sonrió levemente y alargó la mano para acariciarle la mejilla con delicadeza.
“Buenos días, guapo”.
Sintió un delicioso calorcito en su corazón, al darse cuenta de que él se quedó a su lado y no se fue como el día anterior.
Ella apreciaba verlo por la mañana, especialmente después de una noche tan íntima juntos.
Scarlett no lo detuvo cuando él volvió a meterse entre sus piernas y se deslizó dentro de ella, sino que suspiró complacida.
Ella solo había escuchado sobre el sexo matutino en la televisión, pero ahora entendía por qué la gente le daba tanta importancia.
Ryke le hizo el amor como lo haría un príncipe, suavemente y sin prisas.
Ella se envolvió alrededor de él, sus manos arañándole la espalda mientras el placer se extendía y la hacía llegar al orgasmo dos veces antes que él.
Él tenía demasiada energía y ella la disfrutaba.
La hacía sentir poderosa el hecho de que la deseara todo el tiempo.
Cuando terminó de hacerlo la primera vez, pensó en intentar una segunda, pero el tiempo estaba corriendo y él tenía que irse a trabajar.
El joven hundió la cara en el hueco que ella tenía entre el cuello y el hombro, y gimió.
“Odio ser adulto”, dijo.
La chica se rio, dándole una suave palmadita en la mejilla.
“No todo puede ser diversión y juegos, todavía no estamos en el cielo”.
Él levantó la vista y miró sus ojos azules con un poco de vulnerabilidad.
“Tú eres mi cielo”.
Scarlett sintió que un escalofrío le recorría la espalda, mientras lo veía con la boca entreabierta tratando de absorber sus palabras.
¡Definitivamente no sabía cómo responder!
Siempre la tomaba desprevenida cuando le hablaba con tanta dulzura; además, sentía que no lo merecía.
“Duchémonos juntos”, soltó ella para cubrir su timidez, pero sus mejillas ya estaban de color rojo carmesí.
Ryke se rio y asintió emocionado.
A continuación, ambos se levantaron de la cama y se metieron juntos bajo la regadera.
A él le gustaba usar su champú y su gel, porque olía a Scarlett.
No podía llevarla a la oficina con él, pero al menos podía llevar su aroma.
Después, se cepillaron los dientes, él usando su dedo porque no había llevado todavía sus cosas al apartamento.
“Deberías traer uno”, dijo Scarlett, mirando su reflejo en el espejo empañado.
Esperaba que él entendiera que era una invitación para que él se mudara.
Ryke asintió con una sonrisa amable.
Se vistieron, ella con un par de leggins y un suéter suelto, él con uno de los trajes que Scarlett le compró el día anterior.
“Te ves bien”, lo felicitó ella, poniéndose de puntillas y besándolo apasionadamente.
“Te echaré de menos”.
Se abrazaron como si sus vidas dependieran de ello.
Temían el momento en que tendrían que soltarse, lo que sucedió muy pronto, porque Ryke ya iba tarde al trabajo.
Scarlett lo acompañó hasta la puerta donde se besaron por última vez y él prometió regresar lo más pronto posible.
La puerta se cerró y ella se dio cuenta del pesado silencio que la rodeaba.
Se apoyó contra la pared y suspiró profundamente.
Realmente necesitaba encontrar un trabajo pronto, porque ya no podía soportar estar en casa sin Ryke.
Tenía miedo de sentirse tan apegada a él en tan poco tiempo.
¡Era como si ese hombre la hubiera hechizado!
Se sentía tan abrumada que decidió salir tan pronto como él se fue, porque quedarse sola en casa era insoportable.
Además, necesitaba urgentemente encontrar unas pastillas para evitar un embarazo.
En otro lugar de la ciudad, Joyce y la tía de Austin estaban poniendo su plan en acción, después de la conversación que tuvieron la noche anterior.
De modo que organizaron un almuerzo con Austin, Megan y el señor Devins, quien sorpresivamente accedió a reunirse con ellas después de echarlas despiadadamente de su residencia.
Por ello, estaban sentados en una de las salas privadas de un elegante restaurante, donde el mesero les servía lo que habían ordenado.
Megan estuvo terriblemente callada durante todo el almuerzo, a pesar de que no había tanta tensión en el ambiente, como ella esperaba.
Su padre se comportaba como si todo estuviera bien entre ellos, fingiendo que no las había echado de su casa, y conversaba alegremente con la señora Miller y su sobrino.
Este tampoco parecía disfrutar el momento, ya que tenía cara de aburrición.
Era como si se hubiera convencido a sí mismo de aceptar lo que resultara de ese encuentro, incluso si no fuera de su agrado.
Después del almuerzo, todos ellos salieron a la calle y la señora Miller se dirigió a su sobrino.
“Cariño, ¿por qué no llevas a Megan a casa?
Eso les dará la oportunidad de hablar en privado.
Seguramente, hay muchas cosas que quieren platicar”.
“Está bien, vamos”.
Austin aceptó la sugerencia de buen modo, por lo que señaló su auto y Megan lo siguió después de despedirse de su mamá.
Entonces ambos subieron al vehículo para irse.
No hablaron durante un buen rato, ya que ella estaba perdida en sus pensamientos y casi olvidó que él iba sentado a su lado.
Sin embargo, Austin rompió el silencio de pronto: “¿Adónde vamos?
¿A mi casa?”.
“¡Como quieras!”.
Así que fueron a su apartamento.
Megan había estado allí antes, por lo que no tuvo problemas para encontrar la cocina y agarrar dos latas de cerveza.
Le dio una a Austin, las chocaron para brindar y bebieron.
Él la miró de arriba abajo.
“Así que…
Embarazada, ¿eh?”.
Megan se encogió de hombros.
“Entonces no deberías estar bebiendo”, agregó Austin.
Era cierto, pero ella ni siquiera había pensado en eso, probablemente porque no estaba embarazada.
No obstante, dejó la lata y asintió.
“Tienes razón”.
“Debes tener más cuidado, Meg.
No quiero un niño retrasado”.
Ante eso, ella lanzó una risa burlona, con la lengua ardiendo por escupir lo que tenía en mente, ya que ansiaba decirle que el niño seguramente sería retrasado mental si heredaba su cerebro; sin embargo, decidió no hacerlo.
Su madre le había pedido que fuera amable con él, porque lo necesitaban.
Encontraba repulsiva la idea de casarse con ese hombre, porque nunca lo amó.
Todo lo que siempre quiso fue lastimar a Scarlett.
Ahora, estaba atrapada en esa maldita relación con la esperanza de asegurar su futuro.
Se acercó lentamente a él y su mano encontró el camino hacia su entrepierna para frotar su p*ne, mientras miraba sus ojos vacíos.
“Nuestros padres quieren que nos casemos”, balbuceó.
“Tal vez deberíamos seguir conociéndonos íntimamente, ¿no?”.
“¡Claro!”.
Ella sabía que Austin nunca podía resistirse al sexo, lo cual le daba un poco de control sobre él.
Fueron al dormitorio, donde ella hizo todo el trabajo, como siempre.
El joven era como un peso muerto, esperando recibir, pero sin dar nada a cambio.
Ella fue la que le chupó el m*embro para ponerlo duro, lo montó hasta que él llegó al clímax y limpió los repugnantes fluidos de sus piernas.
Es más, él no mostró ninguna emoción durante todo el proceso, pues se la pasó viendo el techo, mientras fumaba un cigarrillo, echando la ceniza en el cenicero que colocó sobre las sábanas.
Cuando terminaron, Megan se acostó junto a él, para mirar perezosamente su teléfono.
“Vi a Scarlett besando a otro hombre”.
Ella miró hacia el techo con una ceja levantada, pero, de cualquier modo, Austin no le prestaba atención.
“¿Qué?”, preguntó ella.
“Sí, con el tipo del auto Maybach.
Ella lo estaba besando.
Al parecer, se olvidó de mí fácilmente”.
La chica chasqueó la lengua, terriblemente molesta.
¿Acababan de tener sexo y el idiota ya estaba pensando en Scarlett?
Con razón estuvo tan indiferente, era obvio que solo pensaba en esa estúpida.
Megan ni siquiera se sorprendió cuando él comenzó a sollozar entre calada y calada de su cigarrillo.
“¡Oh, Dios!, ¿qué hice?”, lloriqueó de repente.
“Nunca debí haberla dejado”.
Megan giró el cuerpo para darle la espalda y agarró su teléfono con fuerza, tratando de contener el impulso de aventarlo contra la pared.
“Pensé…
Pensé que no me importaba.
Que solo quería el título y las ventajas que me traería la asociación con la familia Devins, pero…
Ella me atrapó, carajo.
Ella se metió bajo mi piel y no puedo olvidarla”.
“¡Cállate!”, masculló Megan, con los dientes apretados.
“No tolero que ella esté con otro hombre.
Quería que me rogara llorando, que me pidiera que regresara…
Que me besara los pies, pero ni siquiera se lamentó de haber perdido nuestra relación”.
“¡Austin, te lo juro por Dios, que si no te callas la p*ta boca…!”.
“No sé lo que me hizo…
La extraño, la anhelo…
No aceptaré que me cambie por un acompañante masculino.
Un tipo barato que solo sirve para consolar mujeres…
Eso es lo peor de todo esto, en realidad.
El hecho de que haya dejado a alguien como yo por un prostituto…
¡Es tan humillante!”.
Megan gritó y se tapó la cabeza con una almohada para dejar de oírlo, sin embargo, aun así, podía escuchar la débil voz de Austin, quejándose de Scarlett Devins.
Ella creyó que perdería la cabeza y cometería un asesinato.
Podía imaginarse a sí misma estrangulándolo o clavándole treinta veces un cuchillo de cocina.
Pero, entre sus pensamientos asesinos, algo que él dijo llamó su atención.
¿Un prostituto?
¿Qué pasaría cuando la gente descubriera que la virtuosa chica Devins no era tan perfecta después de todo?
¿Cómo tomarían el hecho de que ella tuvo que pagarle a un hombre para tener sexo?
¡Eso definitivamente destrozaría su imagen!
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro mientras ideaba una nueva estratagema para dañar a Scarlett.
Megan se había prometido a sí misma que no descansaría hasta destruir su vida.
Así que, ahora se le estaba presentando una nueva oportunidad y no la podía desaprovechar.
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