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De repente, estoy casada - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - 58 Chapter 58 Una escena desagradable en la oficina de Austin
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58: Chapter 58 Una escena desagradable en la oficina de Austin 58: Chapter 58 Una escena desagradable en la oficina de Austin Los hermanos permanecieron en la clínica, a la espera de recibir noticias hasta que, cerca de las seis de la mañana, un médico de emergencias acudiera a recibirlos.

El médico parecía realmente agotado, luego de pasar toda la noche luchando por salvar la vida del viejo Sr.

Stoll.

Los cuatro hermanos se reunieron alrededor del médico, con los ojos muy abiertos.

“¿Cómo está él, doctor?

¿Se encuentra bien?”, preguntó Joshua.

El médico se quitó al fin el cubrebocas y les sonrió:
“El Sr.

Stoll se encuentra bien, por lo no que tienen por qué seguir preocupándose.

Y les pido perdón por el sobresalto.

De momento, su padre continúa inconsciente y dentro de poco lo llevaremos de vuelta a su habitación.

Debería despertar en el transcurso del día.

No obstante, su salud es aún muy frágil, por lo que mi recomendación inmediata es mantenerlo alejado del estrés.”
“¿Será dado de alta pronto?”, preguntó Ryke.

“Me temo que eso no será posible, señor.

Lo mejor para su padre es permanecer en el hospital hasta que su salud mejore.

Por el momento, les sugiero que descansen.

Vuelvan más tarde y, con suerte, encontrarán a su padre ya despierto para entonces.”
“Gracias, doctor.”
El médico les dirigió una última sonrisa a los hermanos antes de retirarse y dejarlos solos.

Minutos más tarde, éstos presenciaron cómo un grupo de enfermeras sacaba a su padre del pabellón de emergencias y, con rostros sombríos, lo llevaban de regreso a su habitación.

Brandon, Joshua y Eric se sentían decepcionados.

Al parecer, a su padre todavía le quedaba vida en su interior, por lo que la posibilidad de una herencia se hacía lejana de nuevo… Por su parte, Ryke se sentía aliviado de tener cerca a su padre, aunque también triste, porque no había nada que Ryke pudiera hacer para aliviar el dolor de su padre.

“Bueno… Será mejor que me vaya a casa a dormir un poco”, dijo Joshua, quitándose las gafas y frotándose los ojos.

“De acuerdo.

Yo también iré a casa dormir”, dijo Brandon.

Eric asintió en silencio y los tres comenzaron a caminar para abandonar el hospital, pero notaron que Ryke no los seguía.

Lo vieron entrar a la habitación de su padre, donde tomó asiento junto a él, tomándole la mano.

“¿Eh…?

¿Acaso piensas quedarte?”, le preguntó Brandon.

Como toda respuesta, Ryke se limitó a asentir, sin siquiera voltear a ver a sus hermanos, aunque pudo escuchar cerrarse la puerta tras su salida.

Brandon, Eric y Joshua caminaron juntos hacia el estacionamiento.

“No puedo creer que se haya quedado…”, comentó Joshua, apretando los dientes.

“Sin duda intenta hacernos sentir culpables o algo así…”
“Es un insoportable”, dijo Eric, mostrándose de acuerdo.

“Probablemente pretende que, cuando padre despierte descubra que es el único de sus hijos que permaneció a su lado… Y, ahora que lo pienso, tal vez deberíamos habernos quedado también, ¿no creen?

Quiero decir, no quiero que mi padre me saque de su testamento solo porque no estuve con él en su lecho de muerte…” 
Joshua chasqueó la lengua.

Se hallaba claramente molesto, al punto que tuvo que quitarse las gafas para pasarse la mano por su rostro sudoroso.

“Ah… por cierto… Papá quiere que le demos un puesto a Ryke dentro de la compañía”, informó a sus hermanos, con voz cansada.

“¡¿Qué…?!”, exclamaron los dos, al unísono.

“¡Pero si no se lo merece!”, se quejó Brandon.

“Ryke apenas se mantiene por aquí, lo único que hace es andar de fiesta todo el tiempo y…”
“…Bueno, al parecer no es tan diferente de nosotros en realidad…”
Brandon y Eric se miraron.

La verdad es que ambos eran también unos fiesteros y que era muy poco o nada lo que aportaban a la compañía, pese a ser gerentes.

Sin embargo, para ellos era peor que la muerte el solo considerar en darle la misma oportunidad a su medio hermano.

“No puedes permitir eso, Josh”, dijo Brandon.

“Ryke ya es el favorito de papá.

Sospecho que el intentar hacerlo entrar en la compañía es solo el comienzo.

Al final, estoy seguro de que papá terminará traspasando todas sus acciones a Ryke.”
“Lo sé.

Y estoy haciendo todo lo posible para evitarlo.”
“Bien… Haznos saber si hay algo que podamos hacer para ayudar.”
“Claro.

Pero por ahora deberíamos dormir un poco y volver a reunirnos aquí por la tarde.”
Los hermanos aceptaron aquel plan y se marcharon, cada uno en su propio auto.

Más tarde, esa mañana, Scarlett despertó, acostada todavía en el sofá de la sala.

Lo primero que hizo fue revisar su teléfono para ver si Ryke le había enviado algún mensaje de texto, pero no había nada.

No le gustó nada que su jefe lo llamara para trabajar en mitad de la noche.

No era algo que le pareciera ético.

Scarlett llamó a Ryke para saber en dónde estaba, pero el teléfono de él parecía estar apagado.

¿Y si el Sr.

Goldwin lo hubiera llevado en un viaje de negocios?

No, no se atrevería… ¿O sí?

Scarlett comenzó a morderse las uñas con ansiedad, pero al final decidió que lo mejor era descansar.

De todos modos, sabía que Ryke se pondría en contacto con ella en cuanto le fuera posible.

Scarlett llevó a cabo su rutina diaria, consistente en limpiar con rapidez, tomar una ducha y darle la bienvenida al repartidor a quien Ryke le había pagado para que le llevara todas las mañanas a ella un suculento desayuno.

Eso le recordó que tenía que hablar con Ryke al respecto.

El dinero que él gastaba en su alimentación era demasiado y no podían permitirse semejante exceso.

Lo mejor sería guardar ese dinero para necesidades más prioritarias en el futuro.

Pero aquella mañana Scarlett disfrutó todavía de su desayuno, sin desperdiciar ni una migaja.

Con el estómago lleno, y habiendo recuperado sus energías, Scarlett estaba lista para afrontar el día, y había algo muy importante que tenía que hacer… Debía dirigirse a la compañía y verificar si habían tomado en cuenta la renuncia que había presentado.

Regresar a la compañía era algo a lo que se mostraba reticente, más que todo por temor a encontrarse nuevamente con Austin, aunque Scarlett comprendía que, tarde o temprano, tenía que enfrentarlo de nuevo en algún momento y que no había motivos para que dicha posibilidad le aterrara.

Pero cuando llegó a su oficina poco después, pensó que tal vez había otras cosas de las que debiera preocuparse.

Los otros empleados la miraban con extrañeza; no como si hubiera hecho algo malo, sino más bien eran miradas de compasión.

Scarlett mantuvo la cabeza en algo y en su rostro no dejó traslucir ninguna emoción hasta que entró al elevador.

Se preguntó por qué la gente de pronto se compadecía de ella.

¿Se habrían enterado sobre su renuncia?

Bueno, tenía que ser por eso, ¿no?

Después de todo, Austin la había despedido cuando se encontraban en mitad del vestíbulo, donde todo el mundo podía oírlo…
Lo que Scarlett no pudo haber adivinado entonces es que la gente era ya consciente del hecho de que ella había roto con Austin y que éste ya había embarazado a otra chica.

Los rumores viajaban con rapidez en Nueva York.

Scarlett se dirigió al departamento de recursos humanos, donde se reunió con el gerente.

Ella le preguntó acerca de su renuncia y luego de que el gerente hubiera consultado en su computadora le ofreció una tensa sonrisa que parecía no augurar nada bueno:
“Lo siento mucho, señorita Devins…”, dijo él, con una mueca que parecía ser de dolor.

“¿Sucede algo?”, preguntó ella.

“Pues la cuestión es que… Aunque debo informarle que, en efecto, recibimos su carta de renuncia, me temo que la misma no ha sido aprobada todavía por el departamento…”
“¿Y por qué no ha sido aprobada?

Eso es algo que no debía llevarles más de un día.

Realmente necesito ese papel, ¿de acuerdo?

No puedo trabajar en ningún otro lado si todavía me encuentro atada a esta compañía.”
“Lo sé, señorita Devins, pero tendrá que esperar un poco más.

¿Le parece bien una semana?”
“¿Puedo saber cuál es el problema?”
“Todavía estamos esperando una firma de la alta gerencia.

No podemos hacer nada de parte nuestra hasta que hayan dado la aprobación para su partida.”
“Alta gerencia, ¿eh?”
Scarlett no necesitó preguntar para saber quién era el responsable por aquella tardanza.

Como lo había imaginado, Austin aprovecharía cualquier oportunidad para convertir su vida en un infierno, pero no comprendía por qué alargaría aquel procedimiento.

¿Acaso no había sido él quien le dijo que no la quería ya en la compañía?

Scarlett chasqueó la lengua y se puso de pie.

El gerente de recursos humanos la llamó un par de veces mientras ella salía de la oficina, aunque haciendo caso omiso de él.

Scarlett se dirigió entonces directamente al último piso, donde esperaba encontrar a Austin.

Por fortuna, su asistente no se encontraba en su escritorio cuando ella, por lo que Scarlett pudo acceder directamente a la oficina de Austin.

Tal vez debió tocar antes, pero su estado de ánimo en ese momento le impidió pensar en eso.

Scarlett simplemente abrió la puerta y se encontró con lo más repugnante que creía haber presenciado hasta entonces.

Austin estaba sentado tras su escritorio, con una tonta mirada de placer en su rostro.

Bajo el escritorio pudo ver una cabeza moviéndose rítmicamente, y la cual saltó tan pronto como escuchó abrirse la puerta.

En cuanto se abrió la puerta pudo ver a una mujer que se ponía de pie con rapidez, con sus piernas tambaleantes y el rojo lápiz labial corrido alrededor de su boca.

Era Megan.

“¡¿Qué demonios…?!,” exclamó Megan.

Scarlett sintió como si sus ojos estuvieran en llamas, sin poder evitar ver, primero, la blusa a medio abrochar de Megan, a través de la cual podía verse sin dificultad el encaje de su sostén, y luego, hacia Austin, quien con torpeza hurgaba en sus pantalones al abrochárselos.

Tras uno segundos de conmoción, Scarlett se dio la vuelta y salió de la oficina directo hacia el pasillo, donde permaneció unos minutos, respirando profundamente con la esperanza de poder purgar de su mente aquella desagradable visión.

Poco después, vio salir apuradamente a Megan de la oficina de Austin, quien iba tras ella.

“¿Qué diablos haces aquí?”, chilló Megan.

Scarlett ni siquiera le prestó atención.

No estaba dispuesta a dirigirle la palabra a una zorra como ella.

En cambio, dirigió su mirada hacia Austin, quien permanecía detrás de Megan y le preguntó:
“¿Puedo saber por qué no has firmado todavía mi carta de renuncia?” 
“Bueno, antes de responderte, Scarlett, ¡¿puedo saber por qué no puedes llamar antes a la maldita puerta…?!

¿Quién diablos te crees para irrumpir en la oficina de la gente de esa manera?”
Scarlett recorrió con su mano su rubia cabellera y respondió:
“Escúchame, Austin… Odio tanto estar cerca de ti como tú debes odiar mi cercanía… Así que hazte un favor y aprueba mi renuncia de una vez por todas.

De esa manera, ni tú ni yo volveremos a vernos nuca más…”
Scarlett vio cómo se tensaba la mandíbula de Austin.

Si no lo conociera mejor, casi pensaría que en realidad él no quería que ella se fuera.

Austin empujó a Megan para hacerla a un lado y se plantó frente a Scarlett, cuya espalda estaba apoyada contra la pared.

“Tú no vas a decirme qué hacer…”, le gruñó él.

“Firmaré esos papeles cuando se me dé la gana, ¿de acuerdo?

Tú no tienes el menor derecho a presionarme, pequeña zorra…”
Scarlett se sentía tan furiosa que sus hombros temblaban.

Odiaba la manera en que los repugnantes ojos de Austin recorrían su cuerpo.

“Te vi besando a esa prostituta”, dijo él, mirando fijamente los labios de Scarlett.

“Lo estabas haciendo en mitad de la calle, sin el menor asomo de vergüenza… ¿Qué clase de mujer puede rebajarse a tanto?”
Scarlett dejó escapar una risa mezquina y luego deslizó sus labios por la comisura de su boca.

“¡Ah!

De modo que en estos momentos te sientes endemoniadamente celoso, ¿verdad?

Bueno, supongo que yo también lo estaría si fuera tú.

Y en cuanto a esa prostituta, es una persona mil veces mejor de lo que tú jamás serás.

Y en cuanto a ese beso que viste… ¡Dios!

No estás ni cerca de imaginar cómo se sintió.

Luego de eso, no puedo dejar de preguntarme cómo fui capaz de desperdiciar cuatro años de mi vida estando a tu lado…”
Ella batió sus párpados con falsa inocencia, disfrutando la mirada de odio absoluto que desbordaba los ojos de Austin.

“Y lo mejor será que firmes esos papeles cuanto antes, cariño, porque si me haces volver aquí, te prometo que va a ser algo muy feo…”
Scarlett le guiñó un ojo y, dándose la vuelta, se marchó con paso más confiado.

Austin no apartó la vista de ella sino hasta verla desaparecer dentro del elevador.

Solo entonces recordó que no estaba solo, por lo que se volvió hacia Megan, quien lo miraba indignada.

“¿Qué?”, preguntó él, encogiéndose de hombros.

“Literalmente te estabas j*diendo a esa perra con los ojos.

Eres incapaz de superarla, ¿no es así?”
Austin se limitó a poner los ojos en blanco, sin responderle nada porque, para ser honesto, le parecía que Scarlett se había vuelto mucho más atractiva para él desde que habían terminado.

“¡Firma esos papeles de una vez, Austin!”, le gritó Megan.

“¿Qué diablos esperas?”
“¡Escúchame bien, perra!

Te diré exactamente lo mismo que le dije a ella: No voy a dejar que nadie me presione para que haga nada, ¿de acuerdo?

¡Firmaré esos papeles cuando yo quiera!”
Megan se acercó un poco más a Austin, como si de esa manera intentara que su mirada amenazadora pudiera atravesar los ojos de él y llegar hasta su alma.

“Pues yo voy a decirte lo mismo que ella te dijo: Va a ser muy feo si no te apresuras a firmar, Austin.

REALMENTE feo.”, respondió Megan.

Austin tragó saliva al darse cuenta de que Megan hablaba en serio.

Ella pasó junto a él sin mirarlo, dispuesta a marcharse.

“¡Hey!

¿Y qué va a pasar con esto?”, exclamó él, señalando el bulto visible bajo sus caros pantalones de vestir, mientras ella se dirigía hacia el elevador.

Por desgracia para él, Scarlett no había hecho más que aumentar su erección; bastó con él la viera para que se sintiera mucho más excitado que antes.

Pero Megan no estaba dispuesta a continuar donde habían sido interrumpidos.

Lo único que hizo fue mostrarle su dedo medio a Austin antes de que las puertas de elevador se cerraran frente a ella.

Una vez que Megan se marchó, Austin maldijo en voz baja y regresó a su oficina, sintiéndose bastante miserable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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