De Yerno Pobre a Rico - Capítulo 751
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Capítulo 751: Capítulo 751: La confesión de amor de Jerome
Al día siguiente, Joshua montó en una moto eléctrica y fue al Grupo Trotter.
El guardia de seguridad del Grupo Trotter vio que Joshua vestía ropa informal y ni siquiera llevaba traje. Frunció el ceño. —Señor, no permitimos la entrada a personas con vestimenta inapropiada. Por favor, póngase traje la próxima vez. Gracias por su cooperación.
El guardia de seguridad lo miró con desdén. Había visto a mucha gente que quería colarse en el grupo.
Era la primera vez que veía a alguien que no llevaba traje y quería colarse.
Joshua no esperaba que el guardia de seguridad lo detuviera. Se miró la ropa informal y le molestó la burocracia de la gran empresa.
Tuvo que llamar a Amelie.
—Sra. Trotter, hoy no llevo traje, así que el guardia de seguridad me ha detenido. Parece que hoy no podré venir a trabajar —dijo Joshua.
Cuando Amelie oyó que el guardia de seguridad había detenido a Joshua, dijo apresuradamente: —Espera ahí un momento. Iré a recogerte enseguida.
Al ver que Joshua hacía una llamada, el guardia de seguridad resopló y agitó la mano como si espantara moscas. Luego dijo con impaciencia: —Lárgate de aquí rápido. Aquí no eres bienvenido.
Joshua no discutió con el guardia de seguridad y abandonó el Grupo Trotter sin decir una palabra.
El guardia de seguridad vio que Joshua era sensato y no dijo nada. Murmuró para sí: —¿Qué demonios hace este imbécil? ¿Cómo se atreve a entrar en el Grupo Trotter?
Amelie tomó rápidamente el ascensor y bajó a la planta baja. Cuando llegó a la entrada, vio que Joshua no estaba allí. Le preguntó al guardia de seguridad: —¿Dónde está la persona que no llevaba traje?
El guardia de seguridad se quedó sin habla y sintió que algo iba mal.
«¿Podría ser esa persona el invitado de honor de la Sra. Trotter?», se preguntó.
El guardia de seguridad dijo apresuradamente: —Se acaba de ir, pero no ha ido lejos. Está en un banco del parque.
Amelie asintió y llamó a Joshua: —Oye, Joshua, estoy en la entrada. Ya puedes venir.
—Bien.
Joshua no esperaba que Amelie bajara tan pronto y sonrió con ironía.
Al ver que Joshua se acercaba, Amelie dijo con calidez: —Joshua, la próxima vez que vengas, llámame con antelación. Yo te recogeré.
Joshua sonrió. —No, gracias. Eres la presidenta. Tienes muchas cosas que gestionar y estarás ocupada.
El guardia de seguridad sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver a Joshua y Amelie hablando y riendo.
«¡Este hombre de aspecto corriente en realidad conocía a la presidenta!», pensó.
Los que conocían a Amelie eran peces gordos, pero el guardia de seguridad no esperaba que un pez gordo vistiera con tanta humildad y montara en una moto eléctrica.
El guardia de seguridad había ofendido al invitado de honor de Amelie. ¿Lo despedirían?
Amelie se volvió para mirar al guardia de seguridad y dijo fríamente: —Ve al Departamento de RRHH y liquida tu sueldo. A partir de mañana, no hace falta que vengas a trabajar.
La noticia fue un duro golpe para el guardia de seguridad. No solo recibía buenas prestaciones por trabajar en el Grupo Trotter, sino que también tenía un salario generoso y un estatus elevado.
Cuando su familia se enteró de que trabajaba en el Grupo Trotter, todos se sintieron orgullosos.
Ahora Amelie lo había despedido. ¿Dónde podría encontrar un trabajo tan bueno?
Joshua frunció el ceño. —No ha hecho nada malo. Solo ha seguido las normas de la empresa. No hay necesidad de despedirlo, ¿verdad?
—Bueno, por ti, puedo dejarlo pasar por esta vez.
Amelie quería desquitarse por el mal trago de Joshua. Al ver que a él no le importaba, Amelie no le pondría las cosas difíciles al guardia de seguridad.
El guardia de seguridad miró a Joshua con gratitud y dijo sinceramente: —Gracias.
—De nada.
Joshua sonrió.
Joshua siguió a Amelie hasta su despacho y le entregó la información que había preparado.
Amelie lo cogió y descubrió que era una copia del certificado de matrimonio de Joshua.
Además, su esposa era Pamela, a quien Amelie conocía.
Amelie miró a Joshua conmocionada. De hecho, Joshua no había mentido. Amelie no se lo esperaba. Realmente estaba casado.
Amelie guardó silencio un momento y dijo: —¿De verdad estás casado?
Joshua señaló el certificado de matrimonio y dijo: —¿Cómo va a ser falso?
Amelie se mordió los labios y dijo con firmeza: —Joshua, sigo esperando que puedas ser mi guardaespaldas personal.
—¿Qué? —Joshua miró a Amelie sorprendido. Ya le había dejado las cosas claras, pero Amelie seguía sin ceder.
Amelie explicó: —Tengo una buena relación con Pamela. Se lo explicaré. No dejaré que te malinterprete.
—No te preocupes por eso.
—Además, cuento contigo para que impidas que Jerome me persiga y para destruir la alianza matrimonial entre la familia Bass y la familia Trotter.
—Cuando este asunto se resuelva, seremos solo amigos normales.
—Si no me crees, podemos firmar un contrato ahora mismo.
Dado que Amelie lo había planteado así, Joshua no podía negarse.
Además, Joshua también tenía un conflicto con Jerome, así que podía saldar rencillas viejas y nuevas de una vez.
Joshua asintió. —De acuerdo. No necesitamos firmar el contrato. Te creo.
Amelie se alegró de que Joshua aceptara. —Gracias, Joshua.
En ese momento, una fuerte voz llegó desde la planta baja: —Amelie, me gustas. Cásate conmigo.
Amelie frunció el ceño y miró hacia abajo por la ventana. Vio a un hombre gritando con un micrófono.
Detrás de él, había un gran camión de rosas azules.
Mucha gente estaba descargando la mercancía y formando un corazón con las rosas.
Las mujeres de alrededor sentían mucha envidia de Amelie.
—¡Qué preciosidad de rosas azules! Si alguien me enviara tantas rosas, sin duda me casaría con él.
—Es demasiado romántico. Este hombre es tan guapo y atento… La persona que le gusta debe de ser muy feliz.
Cuando Jerome oyó los comentarios a su alrededor, se apartó el flequillo con orgullo.
Esta vez había preparado especialmente las rosas azules más caras. Pensó que Amelie se conmovería y aceptaría su proposición.
Cuando pensaba en la figura perfecta de Amelie, su temperamento sereno y elegante, y sus exquisitos rasgos faciales, se excitaba.
Y no podía controlar su deseo.
Amelie miró a Jerome con asco y dijo: —Es como una mosca molesta y no para de incordiarme. Lo odio.
«Ya que sabes lo molesto que es que te incordien, ¿por qué me incordiabas tú a mí?», pensó Joshua para sus adentros.
Al ver que Joshua no hablaba, Amelie pensó que estaba celoso. Se apartó un mechón de pelo de la oreja y explicó apresuradamente: —Bajaré a echarlo.
Al ver que Amelie no respondía, Jerome pensó que no lo había oído y ordenó a la gente que estaba a su lado: —Preparen más altavoces. Quiero que todos en este edificio oigan mi voz.
Varios guardaespaldas fueron rápidamente a por los altavoces.
Las mujeres alrededor de Jerome miraban expectantes, con las manos en las mejillas. Luego gritaron: —¡Es tan dominante y varonil!
Jerome se pasó la mano por el pelo engominado, mostrando una sonrisa que él creía encantadora.
Tenía el presentimiento de que Amelie quedaría sin duda encantada con él.
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