De Yerno Pobre a Rico - Capítulo 760
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Capítulo 760: Capítulo 760: Jerome se pone sobrio
Como dice el refrán, cada momento romántico era precioso.
Tras una noche de desenfreno, Jerome empezó a despejarse.
Cuando vio a la mujer que estaba debajo de él, una expresión de horror apareció en sus ojos. ¿Qué había hecho anoche?
¿No era ella la mujer que a menudo venía a su casa a mendigar?
Se decía que ya tenía más de cincuenta años.
Lo que era peor, era feísima.
Por no hablar de las arrugas que cubrían su cara, también tenía pústulas, sarpullidos y cosas por el estilo. A Jerome le dio asco.
Aquel fuerte hedor podría asfixiarlo hasta la muerte.
¿Cómo pudo haberse acostado con una mujer así?
Jerome se arrepintió profundamente de lo que había hecho.
Se tapó la boca, deprimido.
Cuanto más pensaba Jerome en ello, más se le revolvía el estómago y más ganas le daban de vomitar.
Lola pensó que se había ganado el corazón de Jerome y que había conseguido ascender socialmente.
Miró fijamente a Jerome con una expresión tímida, y esta escena aterradora casi hizo vomitar a Jerome.
Jerome empujó a Lola apresuradamente, temiendo que lo relacionaran con ella.
Si alguien lo viera acostándose con una mujer tan fea, ¿no se arruinaría su reputación?
Cuando Lola vio que Jerome la había apartado de verdad, lo miró estupefacta.
«¿No fue él quien tomó la iniciativa de acostarse conmigo anoche?», pensó Lola.
¡Desde luego, los hombres son todos unas bestias desalmadas!
¡Después de acostarse, no lo admiten!
¿Cómo podría Lola, que en un principio había pensado que había conseguido ascender socialmente, dejarlo pasar?
Un sentimiento de ira y depresión se instaló en su corazón, lo que hizo que Lola se derrumbara por completo.
Lola apuntó a la nariz de Jerome y le espetó: —¡Jerome, desgraciado!
—Anoche tomaste la iniciativa de acostarte conmigo, y después de hacerlo, me desprecias. ¡Estás yendo demasiado lejos!
La voz de Lola era muy alta, y Jerome temía que atrajera a curiosos.
Después de todo, era una deshonra, e incluso podría decirse que sería la sombra que lo marcaría de por vida.
Cada vez que Jerome recordaba la horrible cara de Lola, sentía náuseas.
Jerome sacó un cheque y se lo arrojó a los pies a Lola. —Puedes poner la cifra que quieras —dijo con frialdad—. ¡No vuelvas a molestarme!
Dicho esto, Jerome se dispuso a marcharse.
Lola agarró la mano de Jerome y dijo con insistencia: —¡No puedes irte! ¡Debes hacerte responsable de mí!
Jerome se rio con desdén y miró a Lola con sorna. Se zafó de su mano con violencia y dijo con frialdad: —¡No me toques con tus sucias manos!
—¡Más te vale ser sensata y largarte con el cheque. Si no, la arena del río será tu tumba!
Las palabras de Jerome estaban cargadas de amenazas.
En opinión de Jerome, si Lola no recogía el cheque, la haría desaparecer.
La ira del rostro de Lola desapareció de repente.
Se agachó para recoger el cheque, que era exclusivo del Banco de la familia Bass. Cuando bajó la cabeza, sus ojos estaban llenos de resentimiento.
Una vez que una mujer pasaba del amor al odio, se convertía en un desastre para un hombre.
Aunque esa mujer no tuviera estatus ni dinero, a veces podía llegar a ser terriblemente letal.
Lola se acarició el bajo vientre y sonrió con frialdad.
Finalmente, echó un vistazo a la villa de Jerome. La lujosa mansión estaba envuelta en la sombra de imponentes árboles centenarios. Estaba muy silenciosa e incluso transmitía una extraña y lúgubre sensación.
Lola apretó los dientes y se marchó.
Jerome suspiró aliviado al ver que Lola se marchaba discretamente y sin armar jaleo.
Si Lola se hubiera atrevido a armar un gran escándalo, habría sido problemático incluso aunque Jerome hubiera podido sofocarlo.
Jerome odió a Joshua aún más y juró que se la haría pagar a Joshua.
¿Cuándo había él, el hijo de la familia Bass, sufrido semejante pérdida?
¡Jerome juró vengarse de Joshua!
Al pensar en la mujer de la tienda de mascotas y en Amelie, Jerome sonrió de forma siniestra.
«Joshua, ¿no te crees la gran cosa?», pensó.
¡Quiero ver cómo puedes proteger a tus mujeres!
Joshua y Jorge llevaron el ginseng de mil años de vuelta al Club Brisa Primaveral.
Harper suspiró aliviado cuando vio a Joshua regresar sano y salvo.
Si algo le hubiera pasado a Joshua por su culpa, no tendría paz el resto de su vida.
Incluso si muriera, moriría con remordimientos.
Joshua sonrió a Harper y le dijo: —Harper, traje de vuelta el ginseng de mil años. No te preocupes. ¡Tu enfermedad se curará!
Harper vio la herida de Joshua y dijo con tristeza: —Lo siento. ¡Ha sido por mi culpa que te has herido!
Joshua sonrió y, señalando a Jorge, dijo: —En realidad, esta vez deberías darle las gracias a Jorge. Para conseguir el ginseng de mil años, ¡él sufrió muchas más heridas que yo!
Harper miró a Jorge y, al ver que la palma de su mano se había vuelto de un morado oscuro, preguntó apresuradamente: —¿Estás bien?
—¡Estoy bien! —dijo Jorge con una sonrisa inocente.
Ivy echó un vistazo a la palma de Jorge y dijo con frialdad: —¿Que si estás bien? ¡Si no recibes tratamiento, quedarás tullido!
—¡Estarás bien después de la amputación!
Jorge se asustó y rápidamente puso su palma delante de Ivy. —¡Ivy, por favor, sálvame! —dijo con cara de pena—. ¡Si no, no podré proteger a Joshua!
Ivy no se anduvo con rodeos y cogió directamente el equipo para tratar a Jorge.
El equipo drenó la sangre de la palma de Jorge. Pronto, el color morado oscuro de su palma se desvaneció, pero quedó un poco hinchada.
Ivy sacó un emplasto y se lo entregó a Jorge. —Ponte el emplasto —dijo con sencillez—. ¡Estarás bien en unos días!
Jorge vio que estaba bien y entonces soltó un suspiro de alivio.
Joshua sacó el ginseng de mil años de la caja de madera y se lo entregó a Ivy. —Ivy, lo conseguimos —dijo con impaciencia—. ¡Por favor, salva a Harper!
Ivy se secó el sudor de la frente, cogió el ginseng de mil años y entró en la sala interior para preparar la medicina.
Después de un buen rato, Ivy salió con un cuenco de líquido apestoso.
El líquido era de un negro intenso y extremadamente viscoso, como el petróleo.
Harper y los demás se taparon la nariz y se mantuvieron a distancia del líquido.
No es que quisieran hacerlo, pero es que simplemente apestaba demasiado.
—¡Bébetelo! —dijo Ivy sin expresión alguna.
Harper puso cara larga, pero no se negó.
Era la medicina que Joshua y Jorge se habían esforzado tanto por conseguir. ¿Cómo podía desperdiciarla?
¡No podía desperdiciarla!
Harper cogió el cuenco de líquido negro y se lo bebió de un trago.
El sabor amargo y apestoso le llenó la boca al instante, y casi hizo que Harper lo escupiera.
Tras bebérselo con gran dificultad, Harper no paraba de toser.
Incluso tosió sangre.
Joshua entró en pánico al ver la sangre y preguntó: —¿Ivy, qué ha pasado?
Ivy le tomó el pulso a Harper y frunció el ceño. —¡Está en muy mal estado!
—Aunque el ginseng de mil años ayuda a Harper a mantenerse con vida, ¡su estado es inestable y grave!
—¡Me temo que, como mucho, solo le quedan tres meses de vida! A menos que ocurra un milagro, si no…
Ivy no terminó la frase, pero Joshua y los demás sabían lo que quería decir.
El rostro de Harper estaba lleno de desesperación. Por fin había tenido un atisbo de esperanza, y este se había extinguido sin piedad.
Nadie podría soportar un golpe así.
Joshua consoló a Harper: —Harper, en el mundo ocurren muchos milagros. ¡Habrá una forma de curarte!
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